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Marta Pérez Guillén

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Mitos sobre el agua: no adelgaza

Todos sabemos que el agua es uno de los principales componentes de nuestro organismo, y su ingesta es necesaria para los tejidos, ya que una buena hidratación es fundamental para no caer enfermos. El agua es un elemento esencial para la supervivencia del ser humano y por ello ha sido y es objeto de múltiples leyendas urbanas, mitos y afirmaciones que, en la mayoría de los casos, tienen poco que ver con la realidad. ¿Las más populares? Que adelgaza, que es mejor la envasada que la del grifo o que es necesario beber dos litros al día. Hay que matizar algunas de estas creencias:

1.-Beber agua adelgaza.

Falso. El agua (sea del grifo o embotellada) tiene cero calorías, por lo que ni engorda ni adelgaza. A no ser que sólo bebas agua y dejes de comer, entonces sí perderías peso, pero acabarías muriendo de hambre. No parece una buena opción. Tampoco es cierto el mito de que el agua elimina grasas. El agua ayuda a depurar nuestro organismo y precipita la eliminación de toxinas, pero en ningún caso reduce nuestros niveles de grasa ni de los alimentos que ingerimos. Eso sí, algunos estudios han demostrado que beber agua antes de una comida no te hace perder kilos, pero llena tu estómago y comerás menos.

2.-Dejar de tomar agua en las comidas ayuda a que los alimentos engorden menos.

Esto es totalmente falso, ya que la comida tiene en sí misma agua dentro de sus componentes, al igual que nuestro cuerpo segrega sustancias líquidas para digerir los alimentos y que los nutrientes pasen a nuestro organismo a través de la sangre. Lo que sí es cierto que si nos atiborramos de agua durante la comida podemos tener una digestión más pesada, y más si utilizamos el agua como ayuda para tragar el alimento. Debemos tener en cuenta que no es conveniente tomar agua o cualquier líquido antes de terminar de masticar los alimentos que nos hemos llevado a la boca, porque esto sí puede afectar la fase primera y fundamental de la digestión que corresponde a la mezcla de los alimentos con la saliva a través de la masticación. Tomar agua para tragar los alimentos antes de terminar de masticarlos no ayuda a adelgazar, pero sí puede contribuir a la aparición de problemas digestivos.

3.-Hay que beber dos litros de agua al día. 

No. Debemos beber la cantidad de agua que nos pida nuestro cuerpo para calmar la sed. Obviamente en condiciones calurosas o de alta sudoración necesitamos incrementar la cantidad de líquido que bebemos para evitar la deshidratación. El cuerpo actúa como regulador de los niveles de agua, y lo hace realmente bien. Elimina los excesos a través del sudor y la orina, y cuando los niveles disminuyen, la sed nos empuja a beber más. En cualquier caso también puede obtenerse de la comida que ingerimos (frutas y verduras tienen el 80-90 por ciento agua) y de otras bebidas incluyendo la leche, el té o el café. Aunque es cierto que la cafeína tiene un efecto diurético, es muy leve en comparación con la cantidad de agua que contiene. La mayoría de estas bebidas contribuyen a cubrir la necesidad de agua del cuerpo, sin ningún riesgo de deshidratación. La gente que sigue esos consejos de beber mucha agua lo único que consigue es orinar mucho más, una orina muy clarita llena de agua sobrante, que no limpia los riñones sino que los hace trabajar en exceso.

4.-La ingesta de agua mejora nuestro tono muscular.

Esto no es del todo mentira. El agua es un elemento fundamental de las células que conforman nuestros tejidos. Mantener un buen nivel de hidratación ayuda a que nuestros músculos se mantengan más jóvenes y en perfectas condiciones para entrenar. En ningún caso el agua va a conseguir que se tonifiquen, pues esto se consigue con ejercicio. Es el ejercicio y no el agua lo que determina el tono muscular y nos permite tener un cuerpo firme. Si no haces ejercicios de manera disciplinada, por mucha agua que tomes no lograrás tener la figura corporal que deseas.

5.-El agua mineral es mejor que la del grifo.

En España esta afirmación no tiene fundamento porque el agua que sale de nuestras tuberías es potable y de calidad. Es cierto que en algunas zonas tiene demasiada cal y esto le da un sabor que no agrada a todo el mundo, pero se puede consumir. La OCU asegura que en nuestro país el agua corriente se puede beber con tranquilidad, aunque hay zonas en las que puede ser más dura, menos pura o con un sabor más desagradable. El agua del grifo está sujeta a requisitos de sanidad y seguridad muy estrictos y superiores a los controles de seguridad del agua embotellada, que además consume importantes recursos en el embotellado, transporte y venta de la misma.

 6.-La calidad del agua mineral depende del precio.

No siempre. La calidad no está relacionada con el precio. Hay mucho de publicidad. La OCU elaboró en 2010 un informe sobre 32 aguas minerales naturales que confirmaba que todas eran de calidad, sin embargo, la diferencia de precios según las marcas variaba hasta en 68 céntimos por litro. Además, a la hora de elegir hay que tener en cuenta qué uso se le quiere dar (agua de mesa, preparación de biberones, problemas digestivos, problemas renales…) porque no todas tienen las mismas propiedades.

 

7.-Las botellas de agua pueden reutilizarse.

Se pueden rellenar un par de veces en el mismo día, como mucho, teniendo cuidado de no exponerlas al sol ni al calor. Desde la OCU alertan de que, con el tiempo, algunos componentes del envase de plástico pueden migran al agua. No supone un riesgo inmediato, pero no es saludable. Si queremos tener agua fresca en la nevera mejor optar por las botellas o jarras de cristal.

8.-Todas las aguas envasadas son minerales.

Falso. En el mercado hay tres tipos de agua embotellada: mineral natural (agua subterránea, pura en origen, de composición mineral constante), de manantial (agua subterránea, pura en origen, de composición mineral variable) y potable preparada (agua que se ha tratado para hacerla potable).

9.- El agua es inocua

En principio podemos considerar que el agua no es tóxica. Sin embargo, beber demasiada agua podría causar un desequilibrio electrolítico en el cuerpo conocido como ‘intoxicación de agua’. Los atletas de deportes extremos, como los corredores de maratón, han sufrido en algunos casos esta afección. El esfuerzo que realizan hace que suden demasiado, conduciendo el cuerpo a la perdida tanto de agua como de electrolitos, incluido el sodio. Si bebieran mucha agua en un corto periodo de tiempo sin aportar los electrolitos perdidos, los niveles de sodio en la sangre caerían, lo cual pondría potencialmente poner en riesgo la vida del deportista.

Por Marta Pérez Guillén

Sobre el autor

Periodista por vocación. Pasota ilustrada de libre convicción, que escribiré en este blog de lo último de lo último, que mañana se convierte en lo necesario, y pasado ya está de moda. Sobre los trucos infalibles de la abuela, de la vecina. De todo lo que nos resulte útil para facilitar nuestra vida y que resulte divertida. Sobre cómo sobrevivir a las excentricidades y cómo convivir con las costumbres. Sobre todo esto, y más sorpresas girará este blog.


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