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Fecha: julio 10, 2010
QUE NO ME ESPEREN EN LA GRANADILLA
Enrique Falcó 10-07-2010 | 12:01 | 0

Por lo visto la piscina Municipal de La Granadilla permanecerá hoy Sábado cerrada al público, también lo estuvo ayer viernes y lo estará mañana domingo. Un campeonato de natación de verano tiene la culpa. En mi modesta opinión, por mi podría estar cerrada toda la vida. Y no sólo la Municipal, sino cualquiera de ellas.

A un servidor las piscinas públicas le dan un asco tremendo. No por ello no dejo de respetar que cada cúal se refresque o divierta como mejor le venga en gana. Como a cualquiera, de pequeño me encantaban, y estaba deseando que llegara el verano para bañarme en la piscina de la Juventud, cerca de mi casa, donde por cierto recibí un curso para aprender a nadar que fue muy práctico para mi carrera como nadador estilo perrito. Creo que la última vez que fui por voluntad propia a La Granadilla fue hace unos 15 ó 16 años, cuando precisamente contaba una edad parecida. Desde entonces las piscinas comenzaron a dejar de entusiasmarme.

Cada vez que saco alguno de estos temas me vuelve a venir la idea de que me estoy volviendo viejo, pero es que es cierto. La gente por lo general es muy guarra, y he visto tal cantidad de asquerosidades en las piscinas, que el solo hecho de pensar en sumergirme en sus dudosas aguas me pone malo del estómago.

Uno no puede dejar de pensar que una piscina es una especie de bañera gigante, donde se baña (y sobre todo se mea) todo el mundo, y que quieren que les diga, a mi me gusta bañarme sólo, si acaso con mi novia en un jacuzzi, pero eso es otra historia.

Por lo tanto que no me esperen en la piscina, ni en La Granadilla ni en ninguna. El menda prefiere pasar calor en el salón de su casa (refrescándose con un LOCH LOMOND con hielo), sudar como un pollo, e incluso recorrer la Avenida de Europa de rodillas el 15 de Agosto a las cuatro de la tarde, antes que bañarse en aguas infectadas de orines públicos, pelos de dudosa procedencia y toda clase de fluídos corporales vengan de donde vengan.

¿Se han preguntado alguna vez por qué el agua de la piscina de los pequeños está tan calentita?

Lo dicho, que no me esperen. Yo aún diría más mi querido Hernández: Que no me esperen, lo dicho.

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