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NO MÁS CLONES

2010 julio 19

Cuando regresaba a casa, el viernes pasado por la noche, tras una dura tarde de curro, al bajarme del coche cerca de mi portal, escuché claramente el “all you need is love” de los Beatles. Lo estaban tocando en directo y no sonaba nada mal. No eran los verdaderos Beatles, naturalmente. El sonido provenía de muy cerca, y si añadimos que vivo al lado del Auditorio Ricardo Carapeto era evidente que se trataba de un concierto. En seguida me vino a la cabeza una noticia leída en HOY donde anunciaba, entres las actividades de verano, un concierto del grupo “Blackbirds”, quienes entre otros artistas, sobre todo se encargan de tocar temas de los Beatles.

Recuerdo que presencié una actuación suya en vivo y en directo hace algunos años, en 2001 ó 2002 quizás, en un concierto en el López de Ayala y lo hacían muy bien. Llevaban además una gran orquesta y las canciones sonaban de dulce. Pero la verdad, y que conste que esta opinión es algo muy personal, es que nunca le he visto nada especial a eso de dedicarte a tocar solamente canciones de otros artistas. No me entiendan mal. Soy músico, llevo más de 200 actuaciones a las espaldas por Extremadura y gran parte del territorio nacional, un disco, varias maquetas, decenas de festivales, y respeto a todo aquel que ensaya y se prepara para una actuación ofreciendo un sonido digno y trabajado. Además realmente es muy divertido para un músico tocar canciones que te gustan, pero quizás para el público, o un tipo de público como yo, no lo he visto nunca nada interesante. Quiero decir que por muy bien que pueda tocar esta gente las canciones de los Beatles, que las tocan muy bien, la verdad es que a mí, como público, no me aportan nada. Yo, si quiero escuchar a los Beatles tengo mis discos para recordarlos. No creo que vayan a tocar como ellos porque eso es imposible. A lo mejor peor, o mejor, pero no son los Beatles, por tanto un espectáculo dedicado enteramente a versionar canciones de otros me parece cuanto menos muy poco interesante.

Tocar alguna versión de vez en cuando entre tu repertorio no está mal, entretiene a la gente, y al público puede parecerle curioso y disfrutar con ello, pero esta clase de grupos, que se dedican a copiar un espectáculo que ya se ha hecho, no tienen nada nuevo que ofrecer al espectador. Es como ir a ver tocar a una orquesta de verano. Yo mismo, con los “Violent Popes” en nuestra época, tocaba una canción de los Beatles “come together” que tenía una batería bárbara que el menda clavaba, y que narices, le daba un aire más moderno que el del propio Ringo, y la gente se volvía loca. También con los Left Brothers hacíamos una versión muy adaptada a los tiempos del “Venecia” de los Hombre G, o incluso una deliciosa versión de “Una calle de París” de Duncan Dhu, a medio tiempo, preciosa, que hubiera sido un single de éxito al igual que la original. Pero lo nuestro no era ninguna copia, eran adaptaciones, versiones, homenajes, las tocábamos de otra manera, dándole nuestro aire, y eso sí es cuanto menos interesante para el que la escucha. Además se trataba de eso, de una mera anécdota que colábamos en nuestro repertorio, como alguna otra versión de algún otro grupo que nos gustaba.

Al igual que reconozco en líneas anteriores que respeto a todo músico que ensaya y se sube a un escenario para ofrecer un concierto digno, aplaudo aún más aquellos que al menos intentan ofrecernos parte de su creación, y no se acomodan y se convierten en Orquestas que se limitan a copiar nota por nota canciones que ya han sido interpretadas mucho antes que por ellos, por quienes se preocuparon en su día de ofrecerle algo más a ese público que después de todo es el que merece el mayor de los respetos, por muy bien pagado que pueda estar. Yo estuve trabajando en una orquesta un tiempo, y la tuve que dejar, porque aunque ganaba mucho dinero, aquello era no dejaba de ser un trabajo, y no me divertía lo más mínimo. Prefería irme a tocar por dos duros con los “Violent Popes”, o con los “Lich”, o con los “Left Brothers”, mis grupos de entonces, que aunque nuestras canciones no las conocía ni Dios, al menos conseguíamos que alguien en cada concierto se acercara a decirnos lo que le habíamos gustado.

Muy alto levanto mi copa de LOCH LOMOND por aquellos grupos que, mejores o peores, se esfuerzan por innovar, por ofrecer algo nuevo. Espero que algún día tengáis vuestra recompensa. No más clones por Dios, que para eso ya tenemos a los de “operación Truño”