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NO CREO

2011 mayo 18

No importa lo que digan, quien lo diga y como lo digan. Ya no soy un niño y no me creo todo lo que presentan ante mis ojos como antaño, Quien suscribe sufre una especie de irónica contradicción en su ser, pues a pesar de ser un amante de la palabra, de las palabras, curiosamente cada vez cree menos en ellas. Existen ocasiones en las que un gesto, una mirada o un simple parpadeo provocan en mi persona más confianza que cualquier silabeo de palabras bonitas. Sé que puede sonar dura dicha afirmación, pero llega un momento en que no crees a nada ni nadie.

Por ponerles un ejemplo ni siquiera me creo ya que España ganara limpiamente a Malta, en aquel memorable y épico 12-1 que a la postre nos clasificó para la fase final de la Eurocopa de Francia 84, final que precisamente perdimos ante los anfitriones por un fallo de Arconada que tampoco me creo.

No me creo las acusaciones de plagio vertidas sobre Pérez-Reverte, ni aquello de lo que presumía Cela, ya saben, lo de absorber 2 litros de agua vía anal. No creo en los empresarios que cuando justifican despidos hablan de la crisis, ni en quienes niegan un merecido aumento de sueldo por aquello de que la cosa está muy mala. No creo que los ingeniosos, divertidos, malsonantes y atrevidos pareados que circulan por Twitter sean en realidad obra de Carmen de Mairena. No creo a los que creen que me lo tengo muy creído.

No me creo a ZP cuando acusa a Aznar de ser el responsable de la crisis actual, ni creo a Rajoy cuando afirma que tiene la solución para sacarnos del atolladero. No creo en los Reyes Magos y ni mucho menos en el Ratoncito Pérez. No creo a los que no creen que Bin Laden esté muerto ni a los que ponen en duda que el hombre llegó hasta la Luna. No creo a quienes insisten en que Tintín es gay, ni en los que aseguran que los cómics y los dibujos animados son para niños.

Tampoco creo en los que ponen su vida como ejemplo, ni aquellos que te dicen “deberías ser más humilde y modesto…como yo”. No creo en los que no respetan la opinión de los demás. No creo en quienes apoyan que Bildu esté en las elecciones, ni creo que Celdrán y Vara estén tan tranquilos como confiados Vegas y Monago. No creo, ni confío en quienes se engañan así mismos negando que tengan problemas con las drogas, el juego o el alcohol. No creo en los montajes de la Esteban, la “venenito” y compañía, ni que el vino tinto sea tan bueno ni tan malo. Lo único que me creo es que no puedo creerme que ustedes crean que yo creo que creen lo que creo sobre mi.