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Fecha: julio 31, 2011
La Red Social
Enrique Falcó 31-07-2011 | 7:27 | 2

 

Enrique Falcó; “Adicto a la comunicación”

YA les comenté la semana pasada que desde que me emancipé trato de sobreponerme a un síndrome de Diógenes, en lo que al papel se refiere, que arrastro desde mi más tierna infancia. Aquello de encontrar las viejas cartas de amigos y ‘novietas’ de mi época de adolescente me hizo reflexionar y pensar cuándo fue la última vez que escribí una carta de mi puño y letra, y lo que es más importante: ¿A quién iba dirigida? Si les confieso la verdad, tengo que reconocer que a pesar de mi prodigiosa memoria no lo recuerdo. Desde la aparición del bendito correo electrónico (vaya invento) se acabaron por fin las pesadas cartas redactadas a mano (con mi pésima caligrafía) y todo lo que conllevaba enviar una de ellas: los malditos sellos, la posterior visita a correos o a un buzón, desear que la carta llegara, y llegara bien, que esa era otra, esperar la respuesta durante días…

Hoy en día toda la parafernalia de las relaciones entre las personas ha mejorado notablemente con las redes sociales, hace años con el Messenger, y principalmente ahora con Facebook y Twitter, pues la comunicación de sus usuarios es fluida y casi instantánea. Hace aproximadamente un año que mi menda dispone de cuentas en dichas redes y mentiría si no les confieso que mi vida ha cambiado y para mejor. Yo, que antaño las aborrecía, no tuve más remedio que admitir mi error y rendirme ante ellas cuando comencé y aprendí a utilizarlas. Nadie puede poner en duda que si estas se utilizan correctamente, las redes sociales son tremendamente útiles y prácticas. Además de recuperar el contacto con viejos amigos y facilitar nuevas relaciones, con ellas puedes promocionar cualquier arte u oficio que cultives, ya sea dando cobertura a tu blog o artículos en prensa, o a tus cómics, a tu grupo de música, a tu equipo de fútbol o a tus fotografías. Te permiten entablar contactos con personas con quienes de ninguna otra forma hubieras podido intercambiar jamás palabra alguna, contactos a la postre que pueden venirte muy bien para tu vida y profesión, y con los que además puedes llegar a consumar una amistad sincera y real. Y todo ello sin necesidad de mencionar que, nos guste o no, las redes sociales entretienen que es una barbaridad. Otros afirmarían por el contrario que lo que consiguen es hacernos perder el tiempo, y ahí entra de nuevo mi amigo Javi.

Facebook y Twitter consiguen que, por muy vulgares o cotidianas que sean las acciones que realices, sientas la inmediata necesidad de compartirlas con tus amigos

 

 

 

Mi amigo Javi, ya lo conocen, íntimo mío y de la gula, como quien suscribe, siempre se cachondea del personal cuando observa que algún tema en un muro cualquiera de Facebook acapara docenas de comentarios «¡Cuánta gente ociosa! ¿No?» – pregunta travieso y con bastante mala idea–. Desde hace un año he intentado convencerle de lo útil de las redes y siempre le insisto en que Facebook y Twitter han otorgado voz a mucha gente que tiene que decir cosas importantes e interesantes. Mi amigo Javi me contraataca con la inteligencia que le caracteriza y apuntilla «¿y los que no tienen nada importante ni interesante que ofrecer, qué es lo que aportan?» Ante tan profunda apreciación no me queda más que cerrar el pico rindiéndome ante la evidencia. Como en todos lados existen quienes no encuentran más utilidades a las redes que colgar sus fotos de marcha o en pelotas para que las disfruten sus parejas y de paso toda la Red, o para poner canciones o mensajes vacíos y sin contenidos. No pretendo engañarles. Yo mismo siempre presumo de que empleo las redes sociales para promocionar mis tribunas de opinión y mi blog, pero mentiría si no les confieso que también de vez en cuando las utilizo para «chorraditas» varias como cualquier hijo de vecino. Anunciar que estás medio dormido y te vas a tomar un café, lo que se dice aportar no aporta mucho, lo mismo que subir una foto de la tostada tan deliciosa que te estás metiendo para el cuerpo en un descanso del tajo, pero Facebook y Twitter consiguen que por muy vulgares o cotidianas que sean las acciones que realices, sientas la inmediata necesidad de compartirlas con tus amigos. No pretendamos engañarnos. A la mayoría nos encanta que los demás estén pendientes de nosotros, muy especialmente de que sean conocedores de las cosas buenas que nos ocurren. Todo este tinglado de las redes no ha hecho sino potenciar ese aspecto tan nuestro de compartir con nuestros amigos y conocidos todo lo que nos acontece. Si el hombre por lo general es proclive a vivir en sociedad, las redes sociales han conseguido que también anhele serlo en Internet, donde se dan paradojas bastante curiosas, interesantes, e incluso absurdas, como aquello de twittear con cierta persona mientras jamás has cruzado una palabra con ella en la calle. O más curioso aún, mantener una buena relación por Facebook con alguien mientras que en la vida real lo detestas. Lo peligroso de estas redes es su poder adictivo, pues enganchan, ya lo creo, y más con la ayuda de las aplicaciones de las redes en los teléfonos móviles de última generación. Yo no sé ustedes, pero si un solo día, por las circunstancias que sean, no consigo asomarme por Facebook o Twitter… a mí me falta algo la verdad.

Algunos dicen que esto de las redes es una moda pasajera que se la llevará el viento. Es posible, pero yo espero que no, pues ellas me ayudan a llegar a más lectores cada día. Me permiten conversar y escribirme con personas que aún tienen mucho que enseñarme e incluso con algunas con las que estoy retomando mi relación personal de amistad, amén de procurarme amigos nuevos, y ya saben ustedes que quien suscribe opina que los mejores amigos, son los que todavía están por conocer. Las redes sociales son una indudable herramienta de una practicidad a toda prueba. Anímense a utilizarlas en su provecho y no me permitan que los demás les hablen de sus maravillas. Sea usted mismo quien lo haga, desde el perfil de su propia red social.

 

Publicado en Diario HOY el 31/07/2011 

 

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