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Categoría: Don de LOCH LOMOND
La Infanta Elena y el “Marchivirito”

 

La Infanta Elena, gran deportista, ha participado recientemente en un Concurso Nacional de Saltos en Badajoz. ¡Bien por ella!

La Infanta Elena, gran deportista, ha participado recientemente en un Concurso Nacional de Saltos en Badajoz. ¡Bien por ella!

El sábado pasado, mientras quien suscribe aún le daba vueltas a los cilindros del Gran Hotel Casino de Extremadura, mis hermanos disfrutaban de una copiosa cena en mi fonda predilecta, “El Marchivirito“. Allí se encontraron con una comensal tan de excepción como inesperada: La Infanta Elena, quien había acudido a nuestra ciudad para participar en un Corcurso Nacional de Saltos.

Me consta que horas antes, tras atravesar el Puente Real (seguramente para visitar de incógnito el nuevo Centro Comercial El Faro) la Infanta Elena torció la nariz más de la cuenta. Le comunicaron que en plan de coña los pacenses nos referíamos al paso como “el puente de Urdangarín” ya que va directo hacia el “Infanta Cristina”. Entre eso y lo de Cáceres con el Estadio “Príncipe Felipe” a la mayor de las infantas le dio pelusilla, y acudió por la noche a relajarse y cenar a un restaurante del que había oído hablar mucho y bien.

Chuletón de Retinto al plato caliente. Mi plato estrella del Restaurante Marchivirito de Badajoz, mi fonda predilecta.

Chuletón de Retinto al plato caliente. Mi plato estrella del Restaurante Marchivirito de Badajoz, mi fonda predilecta.

No quiero dármelas de nada, a pesar de que ya son conocedores de mi pequeña dosis de vanidad. Pero cierto es que mi blog recibe muchas visitas desde Madrid, y la sombra de la sospecha en este caso es más que alargada. Ustedes también pensarían lo mismo si les hubiera llegado el rumor de que Doña Elena recomendó pedir el chuletón de retinto al plato caliente y una botellita de Protos joven (que en este establecimiento – indicaba – está muy bien la relación calidad-precio).

 

Pepe Domínguez, aficionado taurino y gran profesional en la Restauración. Su restaurante,

 

El dueño, (José Domínguez) mi amigo Pepe, le preguntaba extrañado a mis hermanos que cómo era posible, que de entre los cuatro, el que más veneraba públicamente su establecimiento, no hubiera acudido a la cita y se hubiera perdido tan inusual anécdota disfrutando de un buen LOCH LOMOND de postre. No te preocupes Pepe. Cuando en vez de 300 libros, venda 300.000, me construiré una casa al lado del “Marchivirito” y sin cocina. Tu ya me entiendes. La cosa pinta bien. ¡No voy a estar en crisis toda la vida!

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Más saludable menos divertido

 

Ayer fui al Mercadona de al lado de mi casa para cambiar unas patatas en mal estado. Si esto me hubiera ocurrido hace un par de años, debido a los irrisorios tres euros que suponen las molestias de tener que volver otra vez hasta el súper en cuestión, las hubiera tirado directamente a la basura. “Total… Por no ir” – hubiera pensado el menda imaginando la pereza de tener que salir exclusivamente para tan poca cosa. Pero llegaron peores tiempos, y en el Gran Hotel Casino de Extremadura, donde me gano la vida girando los cilindros de las Ruletas, las propinas no abundan últimamente. Si a ello le añadimos las consiguientes subidas en alimentación, Internet, luz, teléfonos móviles y gasolina, sumadas a los gastos habituales, uno se sorprende a sí mismo reflexionando que no está la cosa como para tirar el dinero.

Mientras volvía con la nueva bolsa de patatas, caminando para ahorrar gasolina, me dio por pensar que J. López Lago una vez más tenía razón. En su reportaje del lunes en HOY afirmaba que nuestra alimentación ha variado como consecuencia de la crisis. Que comemos menos y más barato. Que compramos más pollo y menos cerdo, y hemos dejado de adquirir platos pre-cocinados, snack, golosinas, dulces o alcohol. Algunos han dejado hasta el tabaco. No hay mal que por bien no venga, pensarán algunos. El propio profesor José Enrique Campillo, experto en nutrición, con el que coincidí en una de mis apariciones televisivas en ECOS, insiste en que no hay nada de malo en comer menos marisco y más sardina, ya que los nutrientes son similares.  El problema es que yo iba mirando las patatas, y no podía dejar de pensar que como sigamos así dentro de poco comeremos patatas con carne en vez de carne con patatas. Ustedes ya me entienden.

El experto en nutrición  Don José Enrique Campillo sostiene la máxima

Es curioso lo del profesor Campillo. Uno de sus libros, “Adelgaza” figura en el escaparate de la librería “UNIVERSITAS” junto al “Don de Loch Lomond” de un servidor, como si el eminente experto en nutrición me estuviera echando una bronca realmente merecida. El destino no está carente de cierta ironía. Mi querido amigo “El poeta” Ángel Manuel Gómez Espada, inmortalizó el momento en una foto que causó rechifla general entre mis amigos y conocidos a través de las redes sociales. Hoy quiero compartirla con todos ustedes, mis queridos y desocupados lectores, para que también se echen unas risas que nunca está de más.

Por mucho que Don José Enrique Campillo (con quien a pesar de haber coincidido en una sola ocasión guardo un respeto reverencial y gran afecto) insista en que lo saludable es más barato, yo me quedaré siempre con una de sus mejores frases: “Comer es la cosa más divertida que los humanos podemos hacer vestidos“. Y que ni el propio Campillo me haga bajar del burro, porque me divierte más comer marisco que sardina, chuletón de retinto que una pechuguita de pollo, y si nos ponemos prefiero beber Loch Lomond a Loch Castle. Esto tengo que discutirlo con Don José Enrique mientras nos divertimos vestidos. Lo dicho, más saludable pero menos divertido. Como diría mi amigo Manolo López: “Avé”.

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Perdón… Un poco más hacia el oeste

 

Siempre me gustó la radio. Desde muy niño ya me tranquilizaba escuchar su sonido acompañando la cena de mi padre cuando llegaba tarde de trabajar del Diario HOY. Desde los diez años era una cita obligada y no me separaba de ella cada domingo desde las cuatro de la tarde, para escuchar cómo trascendía la jornada futbolística. Hasta hace bien poco, debido a mi horario, era un hábito dormir y despertar escuchando los programas deportivos y de noticias respectivamente.

¡Qué gustazo, años después, cada vez que me requerían para cualquier entrevista en radios locales o regionales con motivo de los conciertos, festivales, maquetas o discos que tenían que ver los grupos musicales de los que formaba parte!

Indudablemente, desde que sin comerlo ni beberlo, me convirtieron en articulista y luego en bloguero, el mundo de la radio y el menda nos hemos llamado a la puerta alguna que otra vez. Unas veces por problemas de horarios, otras por falta de remuneración, y algunas por desavenencias o incompatibilidades no se pudieron materializar. Pero después de todo el verano probando, parece que los amigos de El sol sale por el oeste de Canal Extremadura Radio y quien suscribe nos hemos puesto de acuerdo. Ellos quieren que continúe, y yo también quiero seguir aprendiendo y divirtiéndome en la radio. Así que de momento, si nadie lo remedia, a la faceta de articulista dominical en HOY, y de bloguero en hoy.es, se suma la de “agradador de oyentes” en la tertulia semanal de los jueves en El sol sale por el oeste. Por lo tanto ya saben donde encontrarme, mis queridos y desocupados lectores, que espero, desde hoy, también sean oyentes. Como siempre, y como diría mi querido profesor Tornasol: “Perdón… un poco más hacia el oeste”.

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¡Por favor… tengo hambre!

 

Hoy me he acordado de esta viñeta de Mafalda

Hoy me he acordado de esta viñeta de Mafalda

Ayer estaba muy contento. Tampoco como unas castañuelas pero sí de buen humor. Quien suscribe tiene sus problemas como todos, y más a último de mes, pero uno siempre trata de burlar el pesimismo que nos invade últimamente disfrazándolo de optimismo y poniendo al mal tiempo buena cara.

Además acababa de estrenarme como tertuliano en la radio por la mañana, en el programa de Canal ExtremaduraEl sol sale por el oestey la verdad es que sentía buenas vibraciones.

 

 

¡Que paren el Planeta de los Simios que yo me apeo!

¡Que paren el Planeta de los Simios que yo me apeo!

 

Todo resultó muy divertido y el momento fue de lo más agradable. Ostento una experiencia más que discreta en radio, pero siempre en formato de entrevista, nunca colaborando en una tertulia.

Lo pasé realmente bien y me encontré muy cómodo, como si huera estado realizando labores de tertuliano toda mi vida por lo que repetiré lo más seguro el martes que viene.

Al llegar a casa me regalé los sentidos con un arroz amarillo con pescado que me queda la mar de bien, con ese toquecito entre caldoso y seco que al menda tanto le gusta. La siesta reparadora y reconfortante, y antes de acudir al tajo una llamada del siempre excelente servicio de atención al cliente de Citroen. Por lo visto la avería no era para tanto, y me harían un buen descuento.

 

Mafalda tiene razón... el mundo está enfermo

Mafalda tiene razón... el mundo está enfermo

Fue en los aledaños de mi trabajo, en el Gran Hotel Casino de Extremadura donde me topé con él. Ya lo conocía de vista.

Desde hace unos cuantos años aparece y desaparece por temporadas, y aparca coches, o ayuda a aparcarlos, o cualquier cosa a la que se dediquen estos denominados “gorrillas“.

Este particularmente no tiene mala sangre. A mi personalmente me cae bien. Incluso nos saluda con un “buenas tardes” o un gesto amigable con la mano a los trabajadores del complejo.

Es el tipo de hombre que sabes que no te dará problemas nada más mirarlo de frente a los ojos. Pero ayer se me acercó. Nunca me había pedido dinero y tampoco lo hizo en esta ocasión. Me miró a los ojos, con la más triste de las miradas y más que hablarme me imploró:

 “Por favor” – suplicaba – “¡Tengo hambre! ¡Cómprame un bocadillo! ¡Tengo 43 años, no voy a volver a pedírtelo en la vida, pero por favor… tengo mucha hambre!”.

Sé que cualquiera pensará que es una burda excusa para sacar dinero, que es un truco muy viejo ese de dar pena aludiendo al hambre para procurarse alcohol, tabaco u otro tipo de drogas, pero les aseguro que había algo en aquella mirada y esa voz que me partió el alma y me maldije a mí mismo por no llevar dinero y no poder comprarle ese bocadillo, que si bien no hubiera limpiado mi conciencia, al menos me habría permitido pasar una noche tranquila, sin darles vueltas a la cabeza a esas frases que no se evaporarán fácilmente de mis peores pesadillas: “¡Por favor… tengo hambre!”

 

 

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¿Dónde estabas tú en Barcelona 92?

Barcelona 92. Sin duda los Juegos Olímpicos más importantes, emocionantes y emotivos para los de mi generación.

Barcelona 92. Sin duda los Juegos Olímpicos más importantes, emocionantes y emotivos para los de mi generación.

25 de Julio de 2012, ¡Por fin arranca la Olimpiada de Londres 2012! Se recuerda mucho en los últimos días que son 20 los años que han pasado ya desde aquellos memorables Juegos Olímpicos de Barcelona 92. No sé donde estarían ustedes o si se acuerdan o no, pero yo aun los rememoro como si fuera ayer. Tal vez me pillaron en el momento más oportuno de mi vida para disfrutarlos: Verano de un recién acabado Octavo de EGB, con apenas 14 años recién cumplidos y una ganas enormes de comerme cada especial momento que tornaría a histórico. Contaba con ilusión e impaciencia los días que faltaban para el arranque de los Juegos desde el comienzo del verano, por lo que la Ceremonia de Apertura no podía presentarse de manera más deseada.

La bella gimnasta adolescente Tatiana Gutsu, quien además ganó un Oro en Barcelona, me tenía enamorado.

La bella adolescente Tatiana Gutsu, quien además ganó un Oro en Barcelona, me tenía enamorado.

Hoy, 20 años después, las ganas y la ilusión no son ni por asomo las mismas, ni la situación, ni el momento, ni siquiera la oportunidad. Echaré un vistazo desde el trabajo si los clientes me lo permiten, pero no creo que vuelva a emocionarme como con aquel emocionante “HOLA” , el número del Mediterráneo o el fascinante encendido con flecha de la antorcha olímpica. No creo que sea solo cuestión de falta de tiempo la que me impida tumbarme a mis anchas en el sofá como antaño y disfrutar a diario de cada prueba. Salvo contadas excepciones como el baloncesto, apenas estoy al tanto de los deportistas (españoles y de los demás países) que acuden a los Juegos, y ni mucho menos espero poder encontrarme con las gimnastas Tatiana Gutsu y Kim Zmeskal que me tenían enamorado como a un quinceañero en el que aun no me había convertido.

El número inaugural del

Aún así no puedo negar una especie de hormigueo. Una pequeña brizna de ilusión que me impulsa a sentir que después de todo, una Olimpiada más, es algo digno de vivir sintiendo cada momento como el último, y que seguramente dejará grandes momentos para la historia que merecerán ser evocados. De lo que estoy más que seguro, es que esas especies de hormigas que corretean por mi estómago no son más que los restos del niño de ayer, que se resiste a abandonar definitivamente, cual inquilino moroso, lo más profundo del corazón del hombre de hoy.

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Aromas de fin de curso

Artículo publicado en la Revista Oficial del EXCMO. Ayuntamiento de Badajoz. Feria de San Juan 2012

 

 

La de San Juan es sin lugar a dudas, la feria más grande e importante de Extremadura. Y no solo porque acoja a miles de ciudadanos, tanto extremeños como del resto de España, y a un importante número de vecinos portugueses. San Juan es importante por lo que significa para los ciudadanos de Badajoz. Como pacense, cuando pienso en La Feria de San Juan, o escribo y converso sobre ella, lo primero que viene a mi cabeza son buenos recuerdos, de diversa índole, pero siempre gratos y reconfortantes. San Juan, inevitablemente, huele a fin de curso en mi cabeza, a libertad y felicidad, a colofón de las odiadas clases y a bienvenida del maravilloso verano, que se presentaba ante ti como el más largo y próspero de tu vida, ya que aun no habías consumido ni uno solo de sus interminables días. Algo parecido a contemplar en tus manos el más dulce de los helados al que aun no has pegado el primer mordisco. Sinceramente, y sin deseo de restar a nuestros vecinos emeritenses o de Zafra valor alguno a sus Ferias, no creo que si la Feria de Badajoz se celebrara en Septiembre tuviera para con los pacenses las connotaciones de alegría, optimismo, buen humor, cachondeo y buen rollo que irradia la de San Juan por los cuatro costados.

Hablar de la Feria de San Juan, necesariamente significa referirse al recinto ferial, al viejo y al nuevo, con la polémica de fondo relativo a lo bueno y a lo malo del importante cambio que se produjo a finales de los 90 cuando se trasladó de Valdepasillas al actual recinto de Caya. Indudablemente el vetusto recinto había quedado pequeño, y el traslado al enorme espacio supuso un paso natural, que ha otorgado a la Feria de San Juan una mayor proyección, pues tan importante paso supuso la posibilidad de aumentar las cifras de visitantes, así como del número de casetas y atracciones participantes. Pero cierto es que también también se materializó el fin del encanto para una generación, la de los que ahora rondamos la treintena. Aquella generación que aún recuerda el gustazo que suponía acercarse a las 16 años dando un paseo al viejo ferial, sin necesidad de que te llevaran en coche, o de depender de un autobús o un taxi. Los botellones se hacían en los aledaños, en “La piedra” como los llamábamos al principio, y en Mapfre como empezó a denominarse poco después. Y era divertido recorrer aquella suerte de jaurías de botellones dispersos, junto a los amigos, y encontrar a esta y aquella pandilla de la ciudad, y charlar un rato con  amiguetes de otros centros o de otros grupos de conocidos. Una vez inmersos en la magia de la Feria, todo estaba mucho más localizado y se sentía más cercano. Recuerdo, aún con risas, lo celebrada que fue la anécdota de los churros, cuando me enfrenté por primera vez a la no siempre fácil tarea de plasmar en papel mis primeros recuerdos de la Feria de San Juan. Quedó inmortalizada en el Diario HOY, el 27 de Junio de 2010, y para siempre en mi primer libro “Don de Loch Lomond”. Permítanme que la recuerde muy brevemente para los lectores que aun no la conozcan:

Don de Loch Lomond de Enrique Falcó. Un libro que no deben perderse

Don de Loch Lomond de Enrique Falcó. Un libro que no deben perderse

“Tendríamos unos 16 años, y en aquella edad no comíamos, sencillamente devorábamos. Si nos ponían un buey por delante, le echábamos un poco de “kétchup” y nos lo jalábamos preguntando qué habría de postre. Una mágica noche de San Juan, tras haberlo gozado de lo lindo y volver dando un paseo mientras contábamos batallitas, paramos en una churrería de Valdepasillas que acababa de abrir hacía pocos minutos. Había una pequeña cola en donde nos dispusimos mis amigos y yo. Éramos cuatro, y teníamos claro que de beber íbamos a pedir cuatro chocolates. “¿Cuántos churros vas a querer tu Enrique?” – me preguntó mi amigo Javi (íntimo mío y de la gula, como quien suscribe) “No sé, contesté yo… ¿unos diez?” – a todos les pareció bien  “Yo también diez…o doce” contestó aquel. El caso es que cuando nos tocó el turno, el churrero nos preguntó “¿Qué queréis?” Yo contesté con toda la buena educación del mundo “pónganos, si es tan amable, cuatro chocolates y sesenta churros” (nuestro voraz apetito nos recomendó pedir alguno más de la cuenta por aquello de que es mejor que sobre que no que falte) “¿Sesenta churros?” exclamaron el churrero y toda la cola al unísono. “Si” contestó mi amigo Javi con toda naturalidad y fingiendo algo de desgana “es que no estamos muy churreros hoy”. Y es cierto, no lo estábamos… ¡Sobraron dos!”

Esta simpática anécdota (les aseguro que es verídica) jamás volvió a producirse desde el traslado al nuevo recinto de Caya. La considerable distancia, unido a la ingesta de alcohol y al peligro de caminar de noche, no aconsejan aquello tan nuestro de antaño de volver dando un paseo, bromeando y charlando. Podemos afirmar sin ninguna duda que quizás La  Feria de San Juan, tal y como la entendíamos, dejó de convertirse en algo muy nuestro que se abría a una concepción de la Feria mucho mayor de lo que la sentíamos y que se nos escapaba. Nunca olvidaré la primera vez que acudí junto a mi novia y mis amigos a conocer “la nueva feria”. Aunque quizás, denominarla como primera vez no sea el término más acertado… ya que no fuimos. Tras la compra del botellón y el resto de toda la parafernalia, nos situamos en una de las paradas de autobús que el Ayuntamiento había dispuesto (No sé si fue exactamente en la Avenida de Europa o Fernando Calzadilla) el caso es que nada más llegar a la parada comenzaron a pasar autobuses que se dirigían a la Feria. Escribo “pasaban” porque no paraba ni uno. Estaban todos completamente hasta las trancas, y era desesperante observar como pasaban de largo sin ni siquiera detenerse para decirnos “ahí os quedáis”. La espera comenzó a resultar aburrida, hasta que a alguien se le ocurrió abrir la primera botella de ron. Cuando quisimos darnos cuenta eran las cinco de la mañana, como en la canción del inigualable Juan Luis Guerra. Ya ni siquiera mirábamos si venían autobuses, cuales náufragos en desiertas islas que han abandonado ya toda esperanza a ser rescatados. El caso es que lo pasamos muy bien, pero nuestro objetivo de conocer el nuevo recinto resultó esquivo.

 

El segundo intento también fue digno de aparecer en estas lineas. Visto que el día anterior no nos podíamos fiar de los autobuses, movilizamos a todos nuestros amigos que disponían de auto y carnet de conducir, que eran bastante escasos, y tras organizarnos como pudimos y cargados con el botellón pusimos rumbo al nuevo ferial… y acabamos la mayoría de los ocupantes de los vehículos haciendo de nuevo botellón, tras uno de los atascos más importantes en los que me he visto envuelto. Finalmente, tras los comprensibles problemas de organización, conocimos por primera vez la nueva Feria, que nos dejó aquel sabor agridulce ante la ilusión de lo más nuevo y el recuerdo de los momentos dejados atrás.

Con los años, evidentemente, dejó de interesarme el botellón, y son ahora los más jóvenes quienes le dan vida y forma, como nosotros cuando éramos adolescentes. Ciertamente acudo con muy poca frecuencia al ferial, pero siempre es agradable pasarse algún día por allí y dar una vuelta para tomarme mi Cariñena con barquillos escuchando de fondo la inolvidable locución de los hermanos Pernía. Es cierto que la magia ya no es la misma, pero después de todo, el recinto ferial, así como los cacharritos o las casetas no son solo sino una pieza más del engranaje de la festividad, que también se celebra en las calles de la ciudad, y no solo en el Casco Antiguo, con la denominada Feria de Día, sino en todos los barrios.

 

Como pacenses que somos es importante que participemos en nuestras fiestas de una u otra manera, y que cada uno la sienta como suya. Personalmente aun no tengo hijos a los que llevar a montarse en los cacharritos, pero me gusta aprovechar la excusa de la Feria para reunirme con amigos y seres queridos y beber y comer un poco más de la cuenta, y disfrutar del  buen ambiente que se respira en Badajoz. Porque ya lo saben. En la Feria de San Juan siempre estoy feliz y de buen humor, sean cuales sean los problemas. Y seguramente la mayoría de ustedes también. Porque aunque no seamos estudiantes, ni sintamos ya el cosquilleo en el estómago al pensar en las chicas que nos aguardan en la mágica noche de San Juan, ligeras de ropa y con pantalón ajustado, o en los furtivos besos al amanecer, y tantos momentos especiales vividos sobre el polvo del ferial, siempre quedará dentro de nuestro corazón esa sensación de libertad y felicidad. Ese aroma inolvidable de fin de curso que nos acompañará para siempre en la Feria de San Juan.

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Fin de la primera parte

Si nadie lo remedia, ya no volveremos a disfrutar de grandes campeones como Rafa Pozo, que tanto hicieron por nuestro Club.

Si nadie lo remedia, ya no volveremos a disfrutar de grandes campeones como Rafa Pozo, que tanto hicieron por nuestro Club.

 

Ayer fue un día triste, a pesar de que ninguna desgracia personal se produjera, y no hubiera que lamentar más daños que una pequeña sombra de tristeza instalada en mi  blanquinegro corazón.

En numerosas ocasiones, en este, su blog, y en mis artículos de opinión en Diario HOY, he hecho referencias al fútbol.  Algunas veces llamando a la cordura, para recordar que en el fondo no es más que eso, un simple deporte, un juego, y otras sin embargo, irónicamente y de la manera más contradictoria, reafirmándome en la idea de que el fútbol es algo más que un deporte.

El Club Deportivo Badajoz, tras 107 años de historia, ha significado para nuestra ciudad bastante más que un puñado de goles, tardes gloriosas o un ir y venir de excelentes jugadores que hicieron las delicias de sus aficionados. Mucho más que un Club, el Club Deportivo Badajoz ha jugado un papel protagonista en la historia de la ciudad durante los siglos XX y XXI, representando el buen nombre de Badajoz y sus gentes por buena parte de la región y del resto del país.

Sin el Club Deportivo Badajoz la ciudad pierde aquello que hace bueno a los vinos generosos, la solera

Sin el Club Deportivo Badajoz la ciudad pierde aquello que hace bueno a los vinos generosos, la solera

Sin el Club Deportivo Badajoz, los pacenses perdemos una pequeña parte de nuestra historia, de nuestra identidad, de nuestros recuerdos, y en especial, la ciudad tendrá que renunciar a la solera, aquello que hace bueno a los vinos generosos. No pretendo señalar culpables, proclamar que todo ha sido una injusticia o lamentar la mala suerte de nuestro Club. Tampoco fomentar una desaforada ilusión a la que los propietarios del Club se aferran ante esa supuesta laguna legal para evitar lo que parece inevitable. Simplemente procuro intentar que cada ciudadano sea consciente de lo mucho que perdemos sin haber luchado todo lo posible para evitarlo. Al menda le queda un atisbo de esperanza, ya que no sería la primera vez que nos dan por muerto y regresamos.

No sé si algún día tendré un hijo, pero si así fuera, y le gusta el fútbol, a lo peor ya no puedo imitar a mi padre y llevarlo al Vivero para que me devuelva en sus ojos la ilusión y alegría que yo sentí tan dichoso antaño. Lo dicho, perdemos, por goleada, y bastante más de lo que algunos piensan. Hoy, más que nunca LOCH LOMOND por el Club Deportivo Badajoz. Toda la botella… y las que hagan falta, para arrinconar las penas hasta  advertir en el fondo de nuestro corazón que todo ha sido un mal sueño. Aunque por mucho que bebamos y finjamos ignorar, algunos nunca olvidaremos que Badajoz, Badajoz es mi equipo. Fin de la primera parte. ¿Continuará?

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¡Mariano… media roja!

 

No he podido evitar una sonrisa nostálgica al leer el artículo en Plaza Alta de HOY de Pedro del Pino sobre La Pajarera.

La Pajarera me trae grandes recuerdos, en especial de desayunos furtivos por la ventanilla de atrás, con la que evitábamos las miradas reprobatorias de los profesores que se encontraban desayunando en sus horas libres. No recuerdo cuanto costaba una tostada en mis tiempos del Instituto Zurbarán, pero aún así era bastante más barato que en cualquier bar. La blanca estaba deliciosa, la catalana (extremeña) muy rica, pero destacaba especialmente la cachuela, la roja como le decíamos, a pesar de que consiguiera quedarte un aliento que te acompañaba en toda la jornada, y que no era precisamente del agrado de las niñas del Instituto. Pero daba igual. ¡Qué ricas que estaban! Las tostadas también, claro. El café de La Pajarera lo probé en muy pocas ocasiones, ya que la visita a la ventanilla de atrás no entendía de tranquilidad ni comodidades. “¡Mariano, media roja!”- Era el grito de guerra. Mariano te servía diligente y rápido, haciendo gala de una discreción y complicidad a toda prueba. Y encima te fiaba si no llevabas dinero.

La gran campeona Nuria Cabanillas en una vieja foto de archivo. Aún recuerdo el cartel que espero siga figurando en La Pajarera

La gran campeona Nuria Cabanillas en una vieja foto de archivo. Aún recuerdo el cartel que espero siga figurando en La Pajarera

Tengo que dejarme caer un día de estos, a ver si todo sigue igual. Nunca se me olvidará esa foto dedicada de una Nuria Cabanillas muy niña, antes de ser campeona Olímpica, dedicada a los amigos de La Pajarera. Menudo caché que le otorgaba al sitio. Si es que los grandes campeones desayunan en los mejores templos. Bien por La Pajarera. Me uno al homenaje de don Pedro del Pino. Y acabo con una anécdota que demostrará lo que significaba La Pajarera para mis compañeros del Zurbarán.

La cachuela de La Pajarera, la roja, es de las mejores de Badajoz

La cachuela de La Pajarera, la roja, es de las mejores de Badajoz

Cuando a finales del curso del 95, nos desplazábamos en avión a Mallorca para el viaje de fin de curso, la mayoría estábamos emocionados. Especialmente como para muchos de mis compañeros, era la primera vez que viajábamos en avión. Nos encantó la maniobra de despegue. Todos aplaudimos y jaleamos al piloto (imagínense cientos de adolescentes con las hormonas revueltas y un pavo curioso). Cuando poco después comprobamos que las azafatas, tan monas como eficientes, se disponían a servirnos el desayuno, mi compañero Curro, que siempre fue un cachondo mental, gritó bien alto y claro. ¡Mariano… media roja! Y todos nos partimos de risa mientras, y a la vez deseábamos que el desayuno del avión se pareciera en algo a esa Pajarera que tan bien nos daba a diario de desayunar. Ya lo saben mis queridos y desocupados lectores, hubo una época en la que la roja era algo más que el nombre de guerra de la selección. En ese sentido, La Pajarera gana por goleada.

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The sound of music

 

Portada de la antigua

Últimamente estoy casi siempre de mal café, y con la leche más agria, para qué nos vamos a engañar. Esta maldita crisis  o estado del mal estar y peor vivir está consiguiendo agrietarnos el carácter a los mayores cachondos mentales de antaño. Aunque no voy a engañarles, no sólo es la crisis. Las injusticias y las tonterías ayudan mucho en este lamentable estado. De mi libro “Don de LOCH LOMOND” se han vendido más de la mitad de los tirados, alrededor de 300, aunque ya imaginarán que aunque loable, no voy a desbancar a Pérez Reverte de los primeros puestos en las listas de ventas. No creo que los autores noveles tengamos suficiente apoyo de los medios locales y regionales. Sin ir más lejos sólo he conseguido una entrevista de radio en un medio para promocionar mi obra en la pasada Feria del Libro de Badajoz. Es lamentable, pero existe algún medio que no quiere saber nada del menda porque escribe en el Diario HOY, y otros sencillamente me ignoran porque no les parezco de interés. Aunque esto no me pilla de nuevas, también me ocurrió con la música, cuando en 2001 nos ficharon a los Left Brothers una discográfica catalana, y sigue ocurriendo con geniales grupos como sin ir más lejos Darksound o The Wish. Nadie Es profeta en su tierra, pero aquí somos expertos, como en el caso de Estopa o Alberto Contador, de apropiarnos de sus éxitos por las raíces extremeñas de sus padre o abuelos. ¡Lástima!

Portada de SOLEDAD (2001 MAIDINS) del os pacenses LEFT BROTHERS

Portada de SOLEDAD (2001 MAIDINS) de los pacenses LEFT BROTHERS

El tema laboral también influye. Se me presentan 13 días seguidos de curro, sin descanso de por medio, y como siempre, de enfrentarme a la realidad de quienes cobran más que tu por trabajar menos y peor. Para colmo el domingo por la noche tuve que bloquear por primera vez en Facebook a un impresentable que no dejaba de decir barbaridades por su bocaza a consecuencia de mi Tribuna dominical sobre Raúl. Que tíos hechos y derechos pierdan los papeles por el fútbol ya no me sorprende pero sí que me enerva y entristece sobremanera.

¿De qué equipo creéis que es Homer?

¿De qué equipo de fútbol creéis que es Homer?

Por todo esto comprenderán que el lunes por la mañana no gozaba de buen estado de ánimo. Sin embargo, por aquello de desfogar la subida de leches me dio por irme dando un paseo al tajo escuchando música, que nunca viene mal para el colesterol, en especial para el mío. Al agenciarme los cascos de mi Blackberry y comenzar a escuchar un tema tras otro el mal humor comenzó poco a poco a dar paso al optimismo, y en apenas diez minutos recuperé la sonrisa y el buen humor mientras berreaba a viva voz temas como “Easy Lover” “Empty man” “Hey Bulldog” o “Pride“.

¡Qué buenos momentos pasados con mi viejo Radio Cassete!

¡Qué buenos momentos pasados con mi viejo Radio Cassete!

Desde el boom del mp3 y los formatos digitales en general parece que ya solo escuchamos música en el coche o cuando caminamos. Recuerdo cuando de más joven me pasaba las horas muertas en mi  cuarto, con mi viejo radio cassette, escuchando toda la música que caía en mis manos. La música, además de ser la más maravillosa de todas las magias, tiene propiedades curativas. Recuerdo a Julie Andrews y a  Ewan McGregor cantando aquello de “Las colinas reviven con el sonido de la música”. Permítanme que cambie la palabra “Colinas” por “corazones”, y brinde con mi mejor LOCH LOMOND por la música. El sonido de la música, que revive nuestra alma y nuestro corazón. Y viene a recordarnos que la vida no es tan dura, o al menos más soportable cuando nos regalan los oídos con hermosas melodías capaces de transportarnos al más maravilloso de todos los sueños.

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“Estudiar” en la biblio

 

 

Seguro que Homer ha estudiado poco en la biblio con sus queridos

En este blog he mencionado y dedicado más de un post a la Biblioteca Pública de Badajoz, de la “Biblio”, como siempre la he denominado cariñosamente. Se habla mucho por estas fechas de bibliotecas, por aquello de que están a reventar con la proximidad de los exámenes de fin de curso. Quien suscribe nunca fue capaz de estudiar en la biblioteca, y solo era entendible la visita a ésta para devolver o sacar algún libro o bien para relajarme con algún cómic de los que no tenía por casa. A mi madre se le ponía la mosca detrás de la oreja cuando le decía que me iba a “estudiar” a la biblioteca, porque como buena madre, me conocía perfectamente, y sabía que a mí me gustaba estudiar tumbado en mi cama con todos los folios y libros desperdigados. La mayoría de estudiantes habla de las distracciones caseras y de embriagarse del espíritu de estudio que se respira en estos sagrados recintos. Les aseguro que en mi caso era mucho más fácil distraerme en la biblioteca que encerrado en mi cuarto. En aquella época no podíamos recurrir a Internet, sino a enciclopedias y otros libros, de los que ya estaba bien surtido en casa. Y yo era ver a un conocido o compañero y ya se me ocurrían cientos de temas de los que tratar con él, y ninguno relacionado con el estudio.

 

Mi querido Homer

 

Estos últimos días, en las bibliotecas de nuestra ciudad, nos encontraremos con estudiantes aplicados por supuesto, pero no se engañen. Que si cigarrito, que si café, que si descansito, llamadita o mensajito por el móvil… Hay quien acude a la biblioteca con la esperanza de hacerle creer a los demás que en realidad se merece aprobar a pesar de no pegar un palo al agua. Ya me imagino a las pobres madres comentándole a sus amigas lo malo que son los profesores con su hijo, que le han suspendido a pesar de que el pobre se pasa el día entero en la biblioteca. Ese es el problema, que en la biblioteca se pueden hacer muchas más cosas, además de estudiar.

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