Hoy

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Categoría: El Loto Azul
Adolfo Portillo Campini

 

Adolfo Portillo Campini. Mi querido amigo...mi

Hoy es un día especial en Don de LOCH LOMOND, ya que presentamos una nueva sección que espero logre la delicias de todos ustedes, mis queridos y desocupados lectores. Se trata ni más ni menos que del espacio EL LOTO AZUL en el que de cuando en cuando les iré presentando a una persona que escribirá un post para ustedes. Estas personas pueden ser amigos, conocidos, familiares, blogueros o colegas, o incluso cualquiera de ustedes, nunca se sabe. Las personas llamadas a colaborar en cada ocasión lo harán por una única razón impepinable: La de que quien suscribe considera que es una persona a la que ustedes de una u otra manera deben de conocer. Considero que para que mis lectores me conozcan mejor y se sientan más cercanos al mundo que me rodea, han de familiarizarse con personas que de una u otra forma son importantes en mi vida. Así, conociendo mi entorno, poco a poco irán entendiendo mejor todos los entresijos de este humilde articulista y bloguero, que no persigue otra finalidad cada día que arrancarles una sonrisa y/o hacerles pasar un buen rato.

Las colaboraciones las deciden por entero los invitados a adentrase en EL LOTO AZUL. Texto, imágenes, fotografías, enlaces… Todo. Por lo tanto, en esta sección, espérense ustedes cualquier cosa excepto un post, hasta una pizza a los cuatro quesos o un menú woper infantil.

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Adolfo Portillo Campini tras una actuación en el WOMAD de Cáceres con LEFT BROTHERS

El primer invitado no podía ser otro sino mi primer gran amigo de la infancia, Adolfo Portillo Campini quien además ostenta con éxito el desternillante Blog “El Bajista Bajito”.  Creo que no todo el mundo puede presumir de tener un amigo desde los 5 años de edad, y haber vivido juntos tantas y distintas etapas de nuestra vida . Adolfo y yo tenemos tantas cosas en común, que a pesar de ser físicamente opuestos cualquiera nos confundiría por nuestra manera de hablar, por las chorradas que decimos y sobre todo por nuestro increíble sentido del humor. Los dos somos del Real Madrid, y compartimos desde bien pequeños afición por los comic, los libros, series, películas, mujeres y todas esas cosas de la edad. Esa química como personas también transcendió a niveles musicales, ya que como músicos sumamos larga lista de ensayos, conciertos e incluso autoría de canciones. Adolfo, aficionado también a la fotografía, siempre fue un tío muy listo, bastante más inteligente que yo, y aunque el menda jugaba mejor al baloncesto él siempre entendió mejor las matemáticas y el inglés, y tantas otras asignaturas que con benevolente paciencia me ayudó en su día a aprobar. Aunque como mantengo desde hace muchos años, está “mu” tonto desde segundo de BUP, yo sigo queriéndolo con locura. Lamentablemente hace tiempo que nuestra relación no es tan fluida como antaño, cosas de la vida, aun así siempre está presente en mis pensamientos y en mi corazón, y por ello he decidido que tenía que ser la primera persona en inaugurar esta sección. No acierto a averiguar muy bien por qué, aunque él si tiene una versión del suceso que yo no recuerdo y eso sí que es raro, pero un día, con 14 años o así lo llamé “jefe” y se le quedó de por vida. Sin más preámbulos les presento a una persona imprescindible en mi vida. Con ustedes las palabras, las fotos y la imaginación y el buen humor de:

Adolfo Portillo Campini

Pan, chocolate y tebeos…

Mi amigo de la infancia Enrique me pidió hace un tiempo una colaboración para su exitoso blog, y tras devanarme los sesos buscando un tema idóneo durante unos días, y la presión necesaria por su parte, ya que Enrique siempre fue muy pesad…  convincente, la respuesta cayó por su propio peso. Mi admirado Falcó habla en su blog con cierta frecuencia sobre cómics, afición que  compartíamos cuando éramos unos tiernos retoños, y aún hoy compartimos. Así que, armado con un lápiz y folios me hice un bocadillo de chorizo con tulipán y me dispuse a rememorar las meriendas de la infancia, mi hora favorita para devorar tebeos.

Recuerdo cuando descubrimos de churumbeles que en la zona infantil-juvenil de la biblioteca pública había cientos de cómics. Fue como ver el mar por primera vez, se habría un universo inexplorado ante nosotros. Uno tras otro, nos bebíamos cómics míticos como “Chapeau el esmirriau” o “El sulfato atómico” de Ibáñez, cómics de Lucky Luke,  Astérix o de Tintín, tebeos de Escobar, Vázquez… pero entre todos ellos sentía predilección por Superlópez, el personaje de Jan.

 

Menos mediático que Ibáñez, Hergé o Goscinny y Uderzo, Jan poseía un estilo muy reconocible aunque con claras influncias de la escuela Bruguera.  El primer libro de nuestro superhéroe cañí fue editado en 1980, y fue en esa década donde el prolífico autor parió varias joyas tales como El supergrupo, El señor de los chupetes, fantástico homenaje a la famosa saga de Tolkien, Los cabecicubos, La caja de Pandora, una gran lección de mitología clásica que todos los niños deberían leer, Al centro de la tierra, que como bien imaginarán está inspirado en la novela de Julio Verne y en 1989, Los petisos carambanales y otras petisoperías, libro ante el que me pongo en pie quitándome la boina. En este último tebeo, Jan crea un alfabeto de símbolos y para descubrir qué dicen los petisos carambanales, entrañables muñequetes amarillos de menos de un palmo,  debías traducir previamente letra por letra sus bocadillos. Muy original y un ejercicio con el que disfrutabas el doble de aquel maravilloso libro. Posteriormente, el dibujante leonés ha llegado a crear hasta 54 libros de aventuras de este personaje, aunque yo me quedo con la primera época.

 

Actualmente creo que Enrique está leyendo manga y sigue repasando a su adorado Tintín. Yo me he lanzado por otros derroteros, y soy muy seguidor de autores indies españoles (malditas etiquetas) como Juanjo Sáez, LuisD, Paco Roca (este es menos indie) o para mí el mejor, el premiado autor extremeño Fermín Solís. Si tienen oportunidad, no se pierdan sus obras, es un orgullo para los extremeños tener creadores capaces de alumbrar joyas tales como “Buñuel en el laberinto de las tortugas”.

 

Gracias, amigo , por contar con un humilde servidor para tu blog. Un abrazo.

 

 

 

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UNA CIFRA

FOTO: Enrique Falcó

Parece mentira la importancia que puede tener una sola cifra. Con el comienzo del nuevo año, mi menda, como tantos, va en pos del borrón y cuenta nueva, que como Indulgencia Plenaria ha de purgar mis pecados y exceso cometidos en el último año. Al igual que millones de españoles, mi plena felicidad depende de una cifra. Concretamente de una cifra más y una de menos. Como tantos otros me vendrían muy bien un cifra más en mi nómina y una menos en mi peso, pero es lo que tiene la plena felicidad, que es muy difícil de alcanzar. Mejor así, opina quien suscribe ¿pues que sería de nosotros, los seres humanos sin metas, sueños y propósitos de enmienda?

Una cifra. ¡Parece tan sencillo! Pero seamos realistas, nadie dijo que la vida es fácil, y uno, que no es muy proclive a complicársela prefiere seguir viviendo al día, poco a poco, hallando la felicidad entre placeres sencillos. Y no me despido brindando con LOCH LOMOND por aquello de empezar a aunar méritos para la cifra de menos, que la cifra de más, desgraciadamente no depende de uno, sino de la Diosa Fortuna o la providencia.

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