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CARTAS AL DIRECTOR

Llamar a las cosas por su nombre
Enrique Falcó 26-02-2012 | 6:08 | 5

 

Enrique Falcó. Gordo con sentido del humor

No me voy a descubrir a estas alturas, estaría bueno, después de más de dos años dándole a la tecla para ustedes. Pero me atrevería a afirmar que quien siga regularmente mis artículos adivinará en mí humilde persona (dicho sea de paso con todo el respeto hacia las personas) gran capacidad para encajar deportivamente las críticas, aunque éstas sean demoledoras. En más de una ocasión, incluso me he atrevido a afirmar que las críticas me ponen cachondo (con todo el respeto del mundo para los cachondos), qué se le va a hacer, cosas del morbo, que no tienen sentido ni justificación alguna. Será seguramente por aquello que un amigo me enseñó de que no hay que tener en cuenta los elogios, pues estos te debilitan y consiguen acomodarte, y con ello bajar la guardia. Las críticas sin embargo son como puyazos, que a los toros bravos los hace valientes, mientras que a los mansos (que a pesar de todo según La vida de Brian van a heredar la tierra, en detrimento de los gansos y los queseros) los pone a la defensiva. Soy tan masoca (y que los masoquistas no se me ofendan) que hasta ofrezco un correo electrónico para que el personal se despache a gusto. También, mis desocupados lectores sabrán, que si soy docto en algo es precisamente en llamar a las cosas por su nombre, ya me entienden, que no escribo “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa” (no me refiero a la Rua dos Anjos Pretos de mi amigo el poeta Ángel Manuel Gómez Espada) sino “Lo que pasa en la calle”.

 

Ocatarinetabelachitchix el corso, susceptible y orgulloso

Ocatarinetabelachitchix el corso, susceptible y orgulloso

 

El pasado jueves, en este mismo diario, don Jesús Gumiel Barragán, presidente de COCEMFE en Badajoz, publicó una carta en la sección “Cartas al director” en el que pretendía dar un pequeño tirón de orejas a quienes, amparándose en la intención de provocar la risa, o bien de insultar o denigrar, hacían referencia a personas con discapacidad. No puedo estar más de acuerdo. El problema es que “a modo de pincelada” no se le ocurrió otro ejemplo que el de mi artículo del pasado domingo Con ánimo de ofender, en el que quien suscribe utilizó la expresión “me da la sensación de que en el fondo nos hablan como si fuésemos subnormales” para criticar algunas palabras de los políticos. Hace hincapié don Jesús además en el título del artículo, desconociendo sin duda que se trataba de un pequeño homenaje al maestro Pérez Reverte, pues así se titula su primera recopilación de artículos, donde juega (como era mi intención) con la famosa frase “Sin ánimo de ofender”. En ningún momento, válgame Dios, he tratado jamás de molestar a personas con discapacidad, además no me gusta usar esta palabra,”discapacidad”, entre otras cosas porque a estas personas las considero bien capaces. Subnormal no es más que un adjetivo que significa que una persona tiene una deficiencia mental de carácter patológico. Bien es cierto que muchos la utilizan como insulto y para hacer reír, pero ese es su problema. Lo que no comprendo es cómo don Jesús Gumiel Barragán pone al menda de ejemplo cuando no pretendía ni una cosa ni la otra.

Hemos llegado a un punto de susceptibilidad en el que parece que nos molesta todo y hay que ir pidiendo perdón continuamente. Personalmente estoy muy concienciado de las adversidades que sufren estas personas (¿Quién no tiene amigos o familiares con problemas?) pero no me creo en la obligación de pedir perdón a todas ellas por utilizar una palabra. Durante la carrera coincidí en un curso con un chico ciego (que me perdonen los invidentes, y de paso también los videntes) y jamás se molestó cuando a la hora de hacer un trabajo coloquialmente alguien le preguntaba “como lo ves”, o cuando alguno comentaba que el otro día se puso “ciego de pasteles”. La normalidad en el lenguaje no debería hacerle daño a nadie, y tampoco el buen sentido del humor. Cita don Jesús al maestro Gila, del que recuerda que nunca empleaba palabras malsonantes ni ofensivas para hacer reír. Aunque debo ser bastante más joven que el señor Gumiel no significa que no haya visionando bastante más videos que él del gran maestro del humor. Y podría representarle gags enteros, palabra por palabra. Le recordaría cuando el genio hablaba con las criadas (todo mi respeto para las empleadas de hogar) por teléfono “Sí mi amor, sí mi reina, sí mi tesoro… es la criada… es más tonta… además confunde las palabras…me dice el otro día “Mi novio llora mucho en el cine porque es muy semental”. Qué quieren que les diga, me parto de la risa, igual que cuando parodiaba a los paletos de pueblo (mil perdones a los paletos y a todos los pueblos) “Su padre nos dijo -me habréis matao el hijo…pero lo que me he reído- y va la madre y se enfada, la tía asquerosa, y mi madre dijo – pues si no sabe aguantar una broma que se vaya del pueblo”.

 

No creo que nadie de pueblo, por muy pequeño que sea, se moleste por las divertidas ocurrencias del maestro Gila

No creo que nadie de pueblo, por muy pequeño que sea, se moleste por las divertidas ocurrencias del maestro Gila

 

Lo dicho, que sin ánimo de ofender, me gusta llamar a las cosas por su nombre, y al que no le guste puede privar a sus delicadísimos ojos de leer mis escritos, pero que se abstenga de intentar quedarme en evidencia públicamente tildándome de lo que no soy. Alguna vez por teléfono, cuando el interlocutor no me pone la cara, me ofende con frases como “ah sí, alto, moreno, fuertote” o “gordito” “regordete” u “obeso”. Me gustaría que dijera “Ah sí, alto, moreno, gordo, con gafas”. Nunca me molesto si se refieren a mí como gordo, porque estoy gordo, de la misma manera que si me dicen guapo, ya que soy tremendamente atractivo (con especial perdón a los más modestos). Yo no sé si nos hemos vuelto tontos, y permítanme que no exprese mis respetos a éstos, ya que escribo para personas sencillas y con sentido del humor, y no para aquellos que insisten en complicarse la vida buscando tres pies al gato o tratando de ser más papistas que el propio Papa.

Publicado en Diario HOY el 26/02/2012

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Diego Algaba Mansilla
Enrique Falcó 29-11-2011 | 10:24 | 7

 

La sección EL LOTO AZUL de nuestro Don de LOCH LOMOND cada vez cuenta con más seguidores.

La sección EL LOTO AZUL de nuestro Don de LOCH LOMOND cada vez cuenta con más seguidores.

Cada día disfruto más de la sección EL LOTO AZUL, ya saben, esa que me he sacado de la manga para que ustedes conozcan un poco más a personas de mi entorno que considero que valen la pena. Hasta ahora la experiencia está siendo más que grata y me siguen llegando colaboraciones, más algunas que se encuentran en proceso.

 

Diego Algaba Mansilla colaborador del Diario HOY

Diego Algaba Mansilla colaborador del Diario HOY

El colaborador de hoy es una muestra factible de lo que las redes sociales pueden conseguir. Que el menda llame amigo y ostente una exquisita relación con una persona a la que apenas ha visto un par de veces en la vida. Descubrí a Diego Algaba Mansilla en la sección Cartas al Director del Diario HOY. Era uno de los nombres que se repetían con cierta frecuencia y no solía perderme ninguna de ellas, porque todas eran amenas y entretenidas, muy bien escritas, y casi siempre divertidas. Una de ellas hace casi dos años, me cautivó. En “El hábito y el monje” hablaba de desayunos y carnavales con exquisito sentido del humor. Un texto tronchante al que no me quedó sino hacer referencia en mi blog. En ese momento fue cuando empezamos a mantener contacto y a convertirnos en buenos amigos. Además de un fijo en Cartas al Director, también deja caer de vez en cuando alguna Tribuna o Artículo de Opinión, aunque mi amigo Diego insiste en que se encuentra más cómodo en el formato de las cartas. Sus cartas al director no son sino pequeñas píldoras bibliográficas que deberían ver la luz algún día en forma de libro. Un homenaje a la cotidianidad, al recuerdo, a la buena literatura, y por supuesto al sentido del humor.

Diego Algaba Mansilla disfrutando la noche de su querido Badajoz

Diego Algaba Mansilla disfrutando la noche de su querido Badajoz

La mayoría de lectores de HOY lo conocerán sin duda y habrán leído algunas de sus cartas. Si alguno de ustedes, mis queridos y desocupados lectores, no sabía de su existencia, les animo a recuperar el tiempo perdido a través de su Blog, “Migas Canas” y por supuesto desde la sección Cartas al Director. Diego Algaba Mansilla nos regala hoy a los lectores de Don de LOCH LOMOND uno de esos entrañables textos para el regalo de los recuerdos. Con todos ustedes Diego Algaba Mansilla. Un gran lector y escritor, que aún tiene que escribir muchas páginas en HOY para deleite de sus lectores.

 

Ponme otro 

La oscuridad esconde unas calles cargadas de enigmas ocultos en sombras deformadas. Objetos heterogéneos y abstractos que pierden todo su misterio cuando la luz del día hace recobrar sus formas verdaderas. Noche de matices ayudado por el alcohol. Otra noche de barra y de recuerdos. Los mismos sitios con distintos personas y los mismos personajes, más viejos y más personajes.

 

El olor a hachís perfumaba un bar llenos de muertos vivientes que agitaban sus cuerpos al ritmo que el dj quería. Mi cuerpo aguantaba en pie por si llegaba la oportunidad de mi vida. Esa muchacha formal que me retire definitivamente de la noche y así poder deshacerme de esa fiel compañera que día tras día vigila mis noches de insomnio. Soledad engrandecida por poetas pero que ningún poeta padece. Otra noche de alcohol buscando lo que no hay en bares nocturnos. Ya tampoco encuentro sexo de urgencia en los asientos traseros del coche. ¿Pero quién sabe? Probablemente, después de tanto tiempo, me engaño y lo único que quiero es el efecto narcótico del whisky. Ya tengo noches suficientes para saber que aquí no voy a encontrar lo que ya no quiero. Lo que ya he olvidado. Ponme otro

 

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Desayuno Algaba
Enrique Falcó 04-08-2010 | 12:01 | 0

Homer, como el menda y Diego Algaba Mansilla, disfruta con un buen desayuno.

Homer, como el menda y Diego Algaba Mansilla, disfruta con un buen desayuno.

El domingo pasado leí en HOY una carta al director tronchante, tanto por su hilaridad cómica como su manera directa y sencilla de contar cosas muy cotidianas.

 

Su autor, Diego Algaba Mansilla, esta claro que tiene que ser un cachondo mental. Personalmente no lo conozco, o creo que no lo conozco, pues ya saben que en ciudades tan pequeñas como ésta al final de una u otra manera todos nos conocemos. Lo que sí tengo claro es que debemos de tener muchas cosas en común, ya que me identifico con él en muchos aspectos.

 

Lo de los Buffet de los hoteles es una causa perdida. Yo también soy de un simple café con leche, y a lo mejor apenas media tostada, cuando estoy en casa claro. Es salir a desayunar fuera y no vean los desayunos que me meto para el cuerpo. A veces hasta tomo zumo natural recién exprimido, que no lo tomo en la vida.

 

Con los desayunos de los hoteles me pasa igual. Me privan, y me pongo hasta las trancas. Se me cae el alma a los pies cuando veo que mi novia se contenta con algo de fruta y si acaso una tostada.

 

¡Yo lo pruebo todo! Ingiero suficiente cantidad de calorías como para no tener necesidad de tomar alimento en varias semanas. Más de una vez, alguno de estos súper desayunos me ha costado el no poder disfrutar plenamente de una feliz mañana de playa o visita cultural.

 

Gula lo llaman, sí, y será un pecado capital, pero uno de los mejores. Ahora tengo un truco. Voy directamente a los huevos con bacon. ¡Que delicia! Yo no sé si será que en casa me da pereza preparar un desayuno así, pero es que no se me ocurre. Quizás será que nos gusta la comodidad de que nos lo den todo hecho y esto despierta aún más nuestro apetito.

 

También me reí mucho con lo que cuenta el autor de su encuentro con su jefe en carnavales.

 

Yo aún no he visto a mi jefe disfrazado de oso, Dios me libre, pero siempre me ha dado por pensar en la absurdez de muchas situaiones que se dan en estas fiestas.

 

El último lunes de Carnaval, cuando volvía del trabajo conduciendo mi coche, presencié como un conductor de mediana edad disfrazado de conejo me increpaba por no haber puesto el intermitente.

 

Imaginen mi cara, observando como un hombre hecho y derecho al volante de un BMW te grita cabreado con esas orejas y ese bigotillo tan gracioso.

 

¡A pesar del cabreo del conejo, yo no podía dejar de reír por lo absurdo de la situación! ¡Me estaba gritando un conejo! Ese mismo día, cuando llegué a casa, me encontré en mi portal a un señor vestido de ramo de flores discutiendo con una esquimal porque habían perdido las llaves del piso. ¡Para mondarse!

 

Don Diego Algaba Mansilla, como me gustaría conocerlo y tomarme una copa de LOCH LOMOND con usted. Desde este humilde blog ya cuenta usted con un seguidor. No deje de regalarnos sus cartas regadas con tanto buen humor y aderezadas con ese toque de cotidianidad que las hacen tan deliciosas.

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