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Bicicleta, cuchara, manzana
Enrique Falcó 07-03-2012 | 1:16 | 0

 

 

Ayer noche, tras degustar una opípara ensalada de las mías, y de las que tanto le gustan a mi novia (aunque no se lo crean, preparo unas ensaladas que quitan el hipo, no todo va a ser carnaza) me decidí a relajarme y reírme un rato con la divertidísima serie Modern Family en el canal Neox. Me la habían recomendado hace ya muchos meses mis cuñados Jesús y Olivia, quienes insistían en que mi menda les recordaba a Cam (Para que se hagan una idea, el gordo gay de la serie) pero creo que no me decidí a verla hasta hace un par de meses, cuando mis amigos Óscar Vadillo y Adolfo Campini, y sus respectivas, me confesaron lo mismo. Gracias a la magia de Internet en apenas un par de semanas me ventilé las tres temporadas disponibles, unos 60 capítulos desternillantes y lamentablemente de apenas 20 minutos cada uno.

 

Mi personaje favorito (y sosias) Cameron

Mi personaje favorito (y sosias) Cameron

 

 Reconozco que a pesar de mi gran sentido del humor, y mi facilidad para encajar coñas de toda índole no me gustó especialmente lo de equipararme a un “gordaco” que perdía aceite. Pero tras un par de episodios, nada más lejos de la realidad, me siento orgulloso si alguien me relaciona con tan divertido personaje, es más, no paro de presumir desde entonces. Con Modern Family me ocurre lo mismo que con tantas series que me gustan, como Aquí no hay quien viva, Los Simpsons, Futurama, ó La que se avecina, que no me canso de ver una y otra vez los mismos capítulos. Y eso a pesar de mi prodigiosa memoria, que ya la conocen ustedes, pero es que me encanta. Sé casi lo que va a pasar en cada momento, los textos y chascarrillos de cada situación… pero me parto. Creo que todo esto me viene desde que era pequeño, cuando apenas existían una veintena de capítulos de Barrio Sésamo y nos lo emitían cada tarde para merendárnoslo con el pan y el chocolate. Nada más emitir la primera secuencia quien suscribe ya sabía cual era el episodio de turno.

Ironías del destino, tras acabar la serie, zapeando, me encontré con el documental Bicicleta, cuchara, manzana. Una dura película que recoge la intensa lucha contra el Alzheimer que Pasqual Maragall, su familia y su fundación, han mantenido durante dos años.  A pesar de la dureza,  y de ser especialmente sobrecogedora, invita al optimismo. Pero mentiría si no les confieso que me contagió de gran inquietud,  por aquello de si algún día a mí, la ironía del destino, querrá castigarme con tan desolador castigo. Siempre he presumido de mi memoria, y cualquiera que me conozca sabrá que es cierto. Mi madre insiste en que si la hubiera utilizado para estudiar de verdad en lugar del título de magisterio podría haberme sacado una notaría, pero el problema es que sólo funciona con lo que me gusta, y con lo que considero importante. Para que se hagan una idea: La ropa y los coches por ejemplo, no me interesan, al igual que los nombres de las personas, e incluso sus caras, y los olvido fácilmente, ahora bien, soy capaz de recordar casi palabra por palabra las conversaciones que me interesan, así como los diálogos de mis películas favoritas, o situaciones y momentos que me parecen importantes en mi vida. Pensar que algún día pudiera llegar al punto de casi no recordar siquiera quien soy se me antoja insufrible e irónico, y no sé si tendría los bemoles del señor Maragall para echarle un par de belfos como le echa él. El destino no está carente de cierta ironía, pero su seguro servidor, ateo, por la gracia de Dios, ruega a cualquier divinidad existente que no me haga purgar pena parecida por muy indecentes y lamentables que pudieran ser mis pecados (en el tema de los pecados capitales la llevaría clara sólo con la gula, la lujuria y la pereza, y por ese mismo orden). Pasar de ser un ejemplar habitante de la memoria a un simple visitante, sería condenarme a algo peor que a pasar toda la eternidad en las calderas del mismísimo Infierno. Confiemos en que la feliz providencia siempre disponga para nosotros algo mejor de lo que realmente nos merecemos. Y hoy especialmente ustedes me perdonarán que recurra al LOCH LOMOND para despejar tan siniestras hipótesis, que guardaré en el fondo de mi intratable memoria en pos de protagonizar mis peores pesadillas.

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La Caravana
Enrique Falcó 31-03-2011 | 4:37 | 0


“Una fuerza irresistible empujaba a los habitantes del Este de los Estados Unidos hacia las tierras recientemente conquistadas del Oeste. Algunos partían para encontrar oro, otros buscaban la libertad de los grandes espacios vírgenes. Muchos por fin, pensaban que cuanto más lejana está la pradera, más verde es su hierba. Para hacer la larga y peligrosa travesía de un país, salvaje aún, los pioneros se reunían y formaban caravanas de carros, que llamaban “vagones cubiertos”.

Así empieza “< ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />La Caravana” uno de mis cómics favoritos de Lucky Luke. Por supuesto con guión de Goscinny, que sin lugar a dudas son los mejores de la colección. Gracias a que cuando era pequeño leía estos cómics, mi menda aprendía entre otras cosas, como se fue forjando un país como Estados Unidos, al igual que tantísimas materias que me enseñaron de historia y tantas otras los libros de Ástérix o Tintín. Ya he comentado en cientos de ocasiones que no comprendo como amigos y compañeros de generación se han perdido (se siguen perdiendo) tales joyas de entretenimiento y cultura. Gracias a “La Caravana”, quien suscribe, siempre imaginó este conglomerado de carros y vagones como algo digno de no poca importancia, y entre unas cosas y otras ya hay muchos que se están encargando de destrozar el mito a base de dar la tabarra día sí y otro también.

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Por mi horario nunca puedo ver El Intermedio, el Programa de Wyoming (hace ya mucho tiempo que para mí no es gran, sino Wyoming a secas) en La Sexta, pero tras unos días de vacaciones me he dado cuenta de que están abusando del tema de manera desproporcionada. No nos engañemos, todo esto asunto no tiene otra finalidad que proporcionar propaganda electoral a base de mala prensa. A la Sexta se lo han puesto en bandeja, un alcalde del PP, en la COPE, despreciando y ninguneando a los homosexuales, y claro, a explotarlo a más no poder, aunque para ello el nombre de Badajoz se ensucie y desprestigie un poco más en cada programa. Ahora claro, de las palabras de Manuel Sosa, poco, nada o casi nada se ha dicho, no interesa meterse con un partido de izquierdas. Todo esto me da un poquito de “asquete”, y no seré yo quien vaya a lamerles el culo asistiendo a su estúpida Caravana de Palomos Cojos para que se rían de nosotros en nuestra puñetera cara. Las Caravanas siempre han despertado en mí, sentimientos muy serios, como para tener que tragar con semejante gilipollez. Encima, la actuación estelar correrá a cargo de Falete, artista cuyo talento y arte están fuera de toda sospecha, pero lamentablemente sus últimas apariciones en radio y televisión corren por derroteros distintos y enfrentados al de la música y el cante.

Yo fui el primero en criticar al alcalde, y poco después ya a modo de cachondeo, por las circunstancias, a Manuel Sosa, pero hace ya algún tiempo que todo este feo asunto habría tenido que dejar de ser noticia, justo cuando Miguel Celdrán pidió disculpas por sus palabras. Mis padres me enseñaron desde pequeño que de bien nacidos era perdonar y dar segundas oportunidades a las personas, pero me dejaron bien claro que una vez que perdonas a alguien por algo, no puedes estar reprobándoselo toda su vida. Si el colectivo gay aceptó las disculpas del alcalde que se desmarque de esta patraña política donde desvirtúan cada día un poco más el buen nombre de Badajoz. Esta Caravana de despropósitos no le hace ningún favor a nadie, pues desgraciadamente en la actualidad, nuestra ciudad no reúne los requisitos ni proyecta la idea del “sueño” de la antigua y dorada California, ni los metepatas y demagogos de La Sexta y compañía gozan del fervor popular de los pioneros de antaño. Espero que la maldita caravana de palomos, se convierta en la caravana del pitorreo y de la verguenza ajena, cuando a los responsables les golpee en la cara la indiferencia de nuestra ciudad con toda su crudeza, y no hagan más que el ridículo. Entonces será el menda quien brindará con su mejor LOCH LOMOND, deseándoles un feliz regreso a su puñetera casa, donde podrán hacer el imbécil cuanto quieran, y que les aproveche…no, mejor aún, ¡que se les atragante!

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¡Pa loca tú, Sosa!
Enrique Falcó 17-03-2011 | 1:24 | 0

Esto empieza a parecer de cachondeo. Y por ello, no nos queda más remedio que tomárnoslo con sentido del humor. No teníamos bastante con los palomos cojos del alcalde que ahora nos sale Manuel Sosa con sus locas de turno. La verdad es que las palabras del líder de Izquierda Unida me recuerdan demasiado a aquella historieta de Mafalda, cuando el popular personaje creado por Quino le echa en cara a su amiga Susanita que es un poco racista “¿Racista yo? – Contesta su tremenda amiga indignada – ¿Cuándo he dicho yo algo en contra de esos cochinos negros eh, cuando?

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Cuando leí la noticia en HOY me harté de reír, pues me acordé también de uno de mis capítulos favoritos de los Simpsons “< ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />La Fobia de Homer” en el que Homer, creyendo que su hijo Bart pueda estar volviéndose gay, lo lleva a una siderúrgica para que vea como trabajan hombres rudos americanos. La siderúrgica en sí resulta ser toda ella gay. Homer, nervioso y desesperado, exclama dirigiéndose a los trabajadores “Dios mío todo el mundo se ha vuelto gay! ¡Estáis todos locos!” – a lo que una desternillante voz amanerada responde divertidamente “¡Pa loca tú, calva!”. No se pierdan este enlace y verán como disfrutan.

Esto mismo, o algo parecido, es lo que le hubiera tenido que ocurrir ayer a don Manuel Sosa. Que una persona de condición homosexual, de tantas que se encontraban presentes, le hubiera respondido de tal guisa. Reconózcanme que hubiera sido un punto la verdad, y muy divertido. Además, la palabra calva, ya que el político tiene una mata considerable de pelo, la hubiera podido sustituir por su apellido, y gritarle con todas las letras bien alto: “Pa loca tú, Sosa”

Querido Sosa, “en bocas cerradas no entran moscas”. Yo aún diría más, mi querido Hernández “en moscas cerradas no entran bocas”. Esta es mi opinión, y yo la comparto.

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Tintín no es gay
Enrique Falcó 04-07-2010 | 4:38 | 0

 

Hasta el propio Tintín se escandalizaría leyendo en mi artículo en HOY lo de que quieren convertirlo en gay

Hasta el propio Tintín se escandalizaría leyendo en mi artículo en HOY lo de que quieren convertirlo en gay

Como cada Domingo, ya podéis leer mi artículo en el Diario HOY. O bien en la edición digital. Este es el enlace:

http://www.hoy.es/v/20100704/opinion/tintin-20100704.html

Es un tema espinoso y delicado, la homosexualidad, pero está tratado con mucho cariño y mayor respeto. Que os guste, espero vuestros comentarios. Y por última vez: ¡TINTÍN NO ES GAY!

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