Hoy

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Babel incomunicado
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Marcos Ripalda | 21-10-2017 | 17:31| 0
babel

Escuchamos todas las opiniones, se lo aseguro.
Y convendrá conmigo en que lo que usted sugiere va a ser motivo de escándalo y no quisiéramos vernos obligados a desmentirlo.
Le pedimos paciencia.
Lo que tenga que ser, que sea.
No pongamos trabas al progreso.
La Tierra es plana.
El hombre proviene de Dios.
La ciencia, con sus cábalas y sus experimentos innecesarios, sólo quiere apartarnos del único camino verdadero.
Ay, lo sabe usted: la fe no admite diálogo: es o no es.
Escuchamos todas las opiniones, cierto, pero únicamente aceptamos aquella que obliga, que no se discute y que es la única verdadera.
Porque no puede haber otras.
De hecho, la mera suposición de la existencia de otras, supone el descrédito, el destierro, la horca si se opone resistencia.
Y ya sabe que no hay que resistirse.

Créeme que te compadezco, porque este tipo de tara todo el día frente a uno es bastante insufrible. Me gustaría poder aliviarte, pero no tanto como para renunciar a mis vacas por epistolear contigo… jejeje. Tú eres fuerte y si te pones los cascos y procuras no mirarla nunca, igual lo vas llevando, digo yo.
Eso nunca.
Lo que tenga que ser, que sea.
Usted se va a ir sabiendo que se va.
No le engañamos.
Y, si lo piensa, no es tan mal final.
Además las ejecuciones son siempre a la misma hora. Cien por cien garantizado. En esto somos muy escrupulosos.
Sepa que desde este preciso instante está usted en la lista.
No se amilane. ¡Recompóngase! ¡Alégrese!
Despídase con la conciencia tranquila. Rece, sí, rece si quiere. Desde luego, se le harán más llevaderas las horas.
Él lo comprende.
Lo ve todo.
Lo sabe todo.
Y muy pronto usted también lo sabrá.
Qué alivio, ya verá. Y para todos, conste.

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Calistenia
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Marcos Ripalda | 18-10-2017 | 16:21| 0
caligrafia

Resuelto el crucigrama, sólo me resta advertirle, en calidad de presidente del jurado de este concurso infame, que la caligrafía empleada por usted es del todo incomprensible. Sin embargo, me veo en la obligación de felicitarle porque ha sido el primero en acabarlo, así que le otorgamos el premio previsto: un curso completo de caligrafía amanuense avanzada de cuatro minutos de duración con diploma de asistencia telemática al completar las once lecciones del curso y la posibilidad de sumar un total de 0,0063 créditos universitarios opcionales o canjearlos, si así lo desea, por un chupachups sabor limón o sandía.

 

 

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Proporcionalidad
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Marcos Ripalda | 13-10-2017 | 10:27| 0
proporcionalidad
Resignado como era habitual a ser el más bajito de la reunión, había decidido dar el gran salto mortal de su, hasta ahora, insignificante existencia, lanzarse sin red de seguridad ni arneses a por la más alta, que era muy fea, cierto, pero muy, muy alta, alta incluso para un hombre alto, no un hombre muy alto, claro, pero alto de, digamos, metro ochenta y cinco ochenta y seis, y lo que le dijo la alta, cuando se disponían a pasarse el puré de puerros con caviar de erizos, lo lleva intrigando desde entonces, incluso hoy, doce años después, en su aniversario de bodas con la pequeña Enriqueta, una mujer tan bajita como él, excepto cuando se empeña en usar plantillas y tacones, la pequeña Enriqueta, una joya de mujer, que conoció en una reunión de la Asociación de Personas con Problemas de Crecimiento o Bajas (PPCB). De lo que le dijo la chica muy alta no sabemos nada a fecha de hoy. Obviamente, lo que le dijo la chica muy alta no mejoró las expectativas que él imaginó en su momento y ha debido conformarse, en cierto modo, con Enriqueta, la pequeña Enriqueta, esa joya (si vosotros supiérais), la elección más conveniente no solo por altura, aunque ya presagió él, a partir de ciertos detalles (los detalles lo son todo), muy al principio de su relación con Enriqueta, tormentos nada desdeñables, de los que sí que podemos imaginar una gran variedad de acciones concretas que lo encaminaron a la depresión que ostenta y que, desgraciadamente, a fecha de hoy, ya es crónica e insalvable. Eso es lo que dice la psiquiatra de Elías, una mujerona de largos y robustos muslos a la que le atraen muchísimo las personas bajitas, pero no quiere rebasar por nada del mundo la barrera que debe prevalecer entre médico y paciente, barrera, límite, línea divisoria con la que tanto la machacó el profesor de Ética de su facultad y que, por cierto, era un tipo desaseado de casi dos metros que siempre le pareció a ella que estaba ligeramente descontento con su altura.
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Veraneando
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Marcos Ripalda | 04-10-2017 | 15:46| 0
piscina_relato

El hombre que ha descansado tanto que está cansado ya de estar cansado, se gira en la tumbona y le propone al DJ una canción lenta que se pueda bailar solo. El DJ, que es un cachondo, pincha un tema de trash-metal a un volumen demencial que hace que le estallen los tímpanos a ambos.
Sordos como están ahora, el DJ y el hombre cansado de estar cansado, se dan la mano y luego se abrazan y le ponen el broche a la noche bañándose desnudos a la luz de la luna en una piscinita de niño adaptada, mientras el extraterrestre que los observa a millones de años luz desde su macrotelescopio espacial engulle sin apetito un bocadillo de zapatillas de esparto porque estos dos cuerpos extraños —extraños para el extraterrestre, se entiende; amorfos para un nutricionista humano— le ocultan la figura del tullido objeto de estudio (un niño con las piernas como dos alambres) que está haciendo castillos de arena que su padre, el del niño, alumbra con una linterna a la que, se lamenta por enésima vez el padre, tendría que haber cambiado las cuatro pilas de 1.5 V que alberga en su interior, más que nada porque este padre odia la oscuridad y no quiere, además, romperse la crisma mientras sortea a tientas los restos de un macrobotellón que los mantuvo despiertos —a su mujer, al niño de los alambres y a él mismo, que es cojo de nacimiento— hasta las cuatro y dieciseis minutos de la madrugada, hora en que la policía les convino a que se marchasen a un hotel.

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La voluntad en cueros
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Marcos Ripalda | 23-08-2017 | 19:20| 0
cueros

La mujer con serios problemas de alcoholismo profesa una extraña fascinación por el hombre que corre desnudo por el parque de La Encarnación de cinco a seis de la tarde. Esta fascinación no hubiera llegado a ser tal si en ese intervalo de una hora, la mujer con serios problemas de alcoholismo no se empeñara en salir a por el pan, como lleva haciendo desde hace unos días, pues siempre tiene que volverse sin él porque se le cruza este hombre desnudo que corre siempre a la misma hora por el parque de La Encarnación e, inevitablemente, desandar los pocos metros conquistados a la acera para encerrarse, una vez más, en su piso, justo ahora que estaba decidida a atajar su serio problema de alcoholismo mojando pan de pueblo del de verdad en la salsa de oporto del pato al oporto, obviamente, que se había preparado mientras ingería media botella de orujo y dos caipiriñas y que, a pesar de haberse quemado ligeramente —como se puede comprobar a poco que se rasque el fondo de la cacerola y, más que nada, por el tufillo a quemado que desprende—, es perfectamente comestible, y la mujer con serios problemas de alcoholismo, a causa de la extraña fascinación que profesa por el hombre que corre desnudo, se despide, una vez más, adiós muy buenas, de la voluntad justa que le permitió abrir el pestillo y salir a la calle a por el pan de pueblo que nunca ha conseguido comprar. Por eso ya está abriendo, con las prisas y el pulso panderetero que la ansiedad le permite, la útima garrafa de licor de endrinas casero que tiene reservada para un nuevo día que, por supuesto, no llega, y, mientras se va echando dos hielitos en el vaso —en esto pone sus cinco sentidos a trabajar como si arreglase las tripas de un reloj—, aguza el oído, que lo tiene muy fino, para oír como dan las seis en la iglesia y al guarda del parque que ya está gritándole al hombre que corre desnudo, tras su siesta —la del guarda, se entiende—, que dónde va hombre de Dios, joder, todos los días igual, venga para acá, tarado, y tápese, y, sí, puntuales también las sirenas de la ambulancia y los enfermeros cargando sus pistolas de rayos láser para derribar al hombre que corre desnudo por el parque de La Encarnación de cinco a seis de la tarde, y es que está huyendo del notario, eso cree el hombre, el notario que le quiere hacer firmar los papeles del divorcio, los de la hipoteca, los de una Smart TV con pantalla curva de 65 pulgadas, los de una camisa de manga corta que aún no estrenó… ¡Como para no correr, carajo!

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Manteca colorá
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Marcos Ripalda | 17-08-2017 | 11:06| 0
mantecacolora

El niño que reza todos los días le dice a la niña que come pan con manteca colorá que la manteca colorá engorda, acortando además su vida considerablemente, y que se va a morir antes que después, a lo que la niña que come pan con manteca colorá le responde que al no rezar todos los días como hace él, necesita un poco de ayuda extraordinaria, que no celestial, para coger fuerzas y tener la paciencia necesaria para lidiar con niños como él, y que es precisamente lo que el pan con manteca colorá le ofrece sin pecado concebido amén.

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Breve encuentro, largo idilio
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Marcos Ripalda | 16-07-2017 | 16:00| 0

El niño insensato pregunta a la niña faltona cuánto son dos más dos y la niña insensata le responde que son cuatro y aprovecha para llamarle carajote y decirle que quiere a otro, a lo que el niño insensato le responde con un beso de tornillo que deja trozos de chicle en los brackets de la niña faltona.

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Egotrip
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Marcos Ripalda | 23-06-2017 | 15:21| 0
egotrip

El héroe del ego, Conegoman, se enfrenta esta noche sin estrellas ni previsión de lluvias, a su archienemigo, el villano del ego, Sinegoman.
Las apuestas se decantan por la victoria de Sinegoman por KO, más que nada porque como carece de ego, no hay forma de dañarle emocionalmente, y Conegoman es bastante enclenque como para alzarse con la victoria a fuerza de puñetazos, patadas, mordiscos y llaves de judo. Además, Sinegoman tiene preparada incluso una lista de insultos que probablemente harán mella en el sobrevalorado ego de Conegoman —aunque sus partidarios están convencidos de que no le hará falta tirar de ella para la victoria—, al que, por cierto, le gusta la cocina mediterránea, las meriendas en el campo y una mantita para el fornicio por lo que pueda pasar entre los postres y la vuelta a casa. Así de subidito tiene el ego, Conegoman.
A pesar de todo, es justo reconocer que Conegoman es un buen orador, aunque a Sinegoman jamás le ha preocupado esta habilidad de comer la oreja de Conegoman porque, al carecer de ego, tampoco necesita que lo adulen —es escéptico en grado superlativo—, y nada puede rellenar ese vacío de ego con el que nació una mañana de diciembre zarandeado por un señor que era médico y además padre de un mozalbete que llegaría a alcalde de una pedanía sin importancia y del que, por supuesto, nunca más se supo.
La rivalidad entre ambos es bien conocida por el pueblo soberano. Y hoy el pueblo quiere que se insulten, que se escupan, que se peguen de una puta vez.
Sin embargo, a pesar de lo que clama el pueblo soberano, ninguno de los contendientes se atreve a tomar la iniciativa, dar el primer paso, golpear con saña.
Hay una multitud que grita Olé por Conegoman, qué huevazos tiene, y otra multitud similar en tamaño, aunque más ruidosa y pendenciera, corea Este Sinegoman se va a merendar al tirillas.
Pasan cinco mil seiscientos setenta y tres millones de años.
Conegoman da un paso al frente y dice que se ha levantado un airecito muy agradable y en el ble que se confunde con un blu, Sinegoman le revienta los morros de una hostia que despeina hasta a ese señor con bigote y gomina que se quedó expectante, y ahí sigue.
No hay una multitud encolerizada que aplauda ni que aulle ni que se rasgue las vestiduras ni que coree el nombre del vencedor.
Sinegoman se pasa la mano por la cabeza y se toca un bulto en la nuca que parece una pelota de pinpón. Luego se baja del cuadrilátero y se aleja, mientras Conegoman se incorpora como puede, escupiendo algunos dientes y parte de la lengua. Por nada del mundo querría que le diesen otra bofetada de tal calibre, así que se va arrastrando cual culebrilla hasta una esquina del cuadrilátero y allí expira mientras el planeta Tierra, indiferente, gira y gira y gira.

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Buscaminas
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Marcos Ripalda | 18-06-2017 | 18:53| 0
buscaminas

No se espante, no cometa la insensatez de echarse atrás y no ejercer su derecho a la réplica imaginativa, al bostezo riguroso, a la respuesta acelerada, el tortazo mejorado, el mutis desapasionado, la huida tempestuosa, el silencio ajado. No, no lo haga. Considérese felicitado si cree que debe ser felicitado por algo que tal vez ni siquiera hizo y que, muy probablemente, no recuerde. O sí. No es nuestra culpa, conste. Tampoco vamos a impedirle reescribir la historia. Tenemos relojes de arena con los que puede recuperar el tiempo pasado, cambiarlo a voluntad, ya sabe, olvídese del efecto mariposa. Si a alguna cigüeña catalogada como especie protegida se le ocurre toparse con usted y alguna población asentada sobre arenas corredizas y cimientos infames desaparece, mala suerte. No es su culpa, ¿verdad? De nosotros tampoco, conste. No le estamos obligando a nada. No acepte las felicitaciones si es lo que desea o acéptelas todas. Resulta positivo, y lo tendremos en consideración, que nos haya ocultado su dolencia todo este tiempo, así podremos pagarle con la misma moneda, resolver la cuestión de forma inequívoca, así que adelante los faroles, responsabilicemos al cura, despeñemos al gaitero, recurramos, incluso, a la quinta enmienda sin que sepamos qué se está recurriendo, ay, pero cualquier cosa mejor que dejarse engañar por los falsos imitadores, esos profetas-espejo que habitan en la conciencia. Así que ya sabe, si quiere lo hacemos por usted, no fuerce la máquina, acomódese y sobrevuele, gracias el piloto automático de la indiferencia, esas zonas pantanosas donde habitan los últimos indicadores que una vez le hicieron humano. No olvide ajustar la temperatura de su cobardía hasta que se achicharre y, sobre todo, llegado el momento, pise con garbo, coño.

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La huida cíclica
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Marcos Ripalda | 05-06-2017 | 16:27| 0
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Qué le vamos a hacer. Hoy he decidido dimitir de mí mismo y me he propuesto a mí mismo como sucesor. Es lo que tengo más a mano.
Así que desde ahora mismo alquilo mi sentido común con recibidor amplio, dormitorio con vistas a ninguna parte, baño cuco, cocina sin amueblar y salón con derecho a descanso y ningún acceso al patio comunitario situado en las antípodas de donde tú decidas estar.
Los interesados pueden mandar un mensaje encriptado en clave copernicana a la persona que les haya embelesado de la forma más dramática posible en más ocasiones e, incluso, a ninguna persona en particular, y que el azar decida, aunque no les recomiendo esta opción por razones obvias.
Por mi parte, prometo no estar operativo hasta que yo mismo decida que hacer con el que ha dimitido de sí mismo y que, sospechosamente, se empieza a parecer a este otro que nunca quise ser y que siempre soy.

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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