Hoy

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EL CROSSFIT Y EL HOMBRE (5/5)
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Marcos Ripalda | 31-10-2017 | 13:07| 0
saltar-comba

PASADO EL TIEMPO

El hombre, tras unos meses de crossfit, decide tomárselo con calma. Piensa en su hijos. En lo que será de ellos si fallece por accidente. O por gilipollas. Por una repetión más, venga, que tú puedes. También piensa en lo que diría su madre en el velatorio. Que era un hombre nada intrépido que intentó imitar a un tal Froning o, sin ir más lejos, a algún compañero más dotado que él, o sea, a todos, y murió deslomado por culpa de ese crossfit del demonio, de ese coach malo, niño malo, y de esos compañeros suyos con o sin camiseta. Que ya le dije yo que esas palizas no podían ser buenas. Bueno, se lo dije yo y todo el mundo, pero parece que encontró su sitio sin destacar lo más mínimo, pobre.
Así que el hombre que ha decidido tomárselo con calma se pone sus calzonas y una camiseta para sudarla bien y se lanza a la calle con el último modelo de las Reebok Nano 17.8 Fosforito MotherFucker a partirse el pecho una mañana más y plantarle cara a barras, discos, cajones y otros objetos ideados para sufrir sin necesidad, conste.
En el Wod de hoy el hombre se pondrá rodilleras, calleras, muñequeras, cinturón y coquilla de protección. El casco lo omite porque de la cabeza no puede estar ya peor: ¡¡hace crossfit!! Bueno, hace como que hace crossfit. Qué mejor prueba de su evidente reblandecimiento cerebral. Ríete de Thor, chacho, y ya lo vemos elevarse una vez más sobre sus brazos y fallar ese muscle up que se resiste tanto o más que el premio gordo de la Lotería.

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EL CROSSFIT Y EL HOMBRE (4/5)
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Marcos Ripalda | 30-10-2017 | 11:38| 0
boxjump

SUERTE, COMPAÑEROS

Pizarra.
Atentos al coach.
Hoy toca un Emon de 12 minutos donde hay que meter cinco HSPU y seis thrusters.
Vamos a ello.
Que si el hombre sabe a lo que va, no va, palabrita del niño Jesús.
La barra mide al hombre, sopesa su interés, sus ganas, sus fuerzas. La barra que la levante su puta madre, piensa el hombre, aunque la inercia le hace ponerse a ello y la barra lo sabe, tiene memoria.
Hasta se ha apuntado un muchacho con evidentes carencias afectivas para recuperar tono muscular y volverse, con el tiempo, un calco de Thor o de He-man.
Pero antes, con esa rueda de tractor que veis a la entrada, dice el coach, vamos (vais) a hacer unos levantamientos, cuidado con la zona lumbar, espalda recta. Y para no enfriarnos, hacemos (hacéis) unos burpess como si no fuera a haber un mañana y este fuera el último día de vuestras miserables vidas.
Ya está en faena el hombre.
No cabe duda de que mañana no podrá andar y el cafetito de media mañana, probablemente, se lo van a tener que sujetar para que no se abrase los muslos al dejarlo caer. Ni con la cucharilla va a poder el pobre. Le va a costar hasta abrir la bolsita de azúcar, lo que yo les diga.
Mañana, si vuelve, al hombre le verán salir del gimnasio-taller con un balón de nuevos kilos al hombro, y algún viandante pensará, probablemente, que sale de una fábrica de tarados, que qué necesidad hay de correr con un balón que parece que pesa lo suyo, oiga. Que se va a torcer el cuello, hombre, grita la del segundo derecha, que se rompe, chacho. Y así.

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EL CROSSFIT Y EL HOMBRE (3/5)
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Marcos Ripalda | 27-10-2017 | 10:13| 0

handstand-pushup
ENTRENANDO QUE ES GERUNDIO

Así que el hombre llega con su mochila, sus ganas, sus muñequeras, sus guantes, sus rodilleras —parece que se va a poner a patinar, pero no—, su bebida intraentreno con aminoácidos ramificados y creatina y otras sustancias sospechosas que posibilitarán que no se desintegre en el entrenamiento y, dependiendo del humor con el que se haya levantado el coach, ponerse a hacer un calentamiento que más bien parece un entrenamiento y un entrenamiento, que acá llaman WOD (WorK of the Day), que más bien parece una prueba para entrar en los SEALS. Exagero, cierto, pero es lo que hay, y las películas que a veces me pongo, y que también le gustan a este hombre que podría ser yo, tienen mucha culpa de ello.
Al hombre le duelen las manos, tiene callos recientes que descansan sobre callos que forman parte de su remozada fisionomía, las piernas le crujen, las rodillas las siente siempre —esa sensación permanente de que tiene rodillas es completamente nueva para él—, tiene los brazos como dos tacos de madera, la zona lumbar es una tabla de planchar, agacharse sin calentar equivale a emitir un gemidito de dolor … Y todo esto pagando cada sesión. ¡Pagando! Y para colmo, no hay espejos para que pueda ver sus progresos y preguntar lo de espejito, espejito, dime tú quién es el más dolorido, o vislumbrar, así de iluso es este hombre, algún oblícuo cuando se estira la goma de sus pantalones cortos de espartano hipster.
Al principio, el hombre pensó que no estaba hecho para sufrir, que su umbral de dolor era tirando a bajito, que no toleraría los esfuerzos gimnásticos, que en los videos de Youtube hay chavales y chavalas que hacían los ejercicios mucho mejor que él, es decir, que eran más rápidos y que levantaban más peso y que sonreían más y mejor, con esos dientes blanquísimos de mentira, pero, en lugar de deprimirse, que sería lo comprensible, por supuesto, reconoce que tienes tus límites y que burra grande, ande o no ande.

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EL CROSSFIT Y EL HOMBRE (2/5)
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Marcos Ripalda | 26-10-2017 | 16:55| 0
snatch

Dedicado a los que estáis y a los que vendréis a probarlo (incautos)

MOTIVACIÓN, LA JUSTA
Con el paso de las semanas, tras olvidarse de las agujetas perennes, el hombre asimilará que tiene superpoderes. Puede medio alzarse haciendo el pino sin llorar o levantar una barra maciza de acero valkirio que pesa veinte kilos sin necesidad de añadirle peso adicional. Ahora, parafraseando de aquella manera lo que dice un personaje emblemático de la gran película Apocalipsis Now, el hombre se levanta de buen humor por el nalpalm que respira por la mañana. El hombre es un miembro de pleno derecho de la secta de crossfit. Hay otros y otras como él; unos majaras, resumiendo.

LA DECISIÓN
Sí, llegó un momento en la vida de este hombre, que cumplió los cuarenta hace pocos días, en que debía decidir si atreverse con algo que ni de joven hubiese hecho o bien estirajarse en el sofá hasta que le pusieran de comer.
Este deporte, vamos a llamarlo deporte por ahora para no herir susceptibilidades, no es más que la constatación de que cuando los hombres (las mujeres también, conste) llegan a cierta edad —hay gente joven que también lo hace, pero para las estadísticas los voy a obviar—, la química de sus cerebros se ve afectada por el ansia de estar más delgados, más sanos, más jóvenes, más fuertes, más de lo más. Porque darse una paliza en un gimnasio donde podría aparcar un camión sin necesidad de apartar máquinas y bancos de musculación es lo que ahora rige buena parte de la vida de este hombre que un día abrió las puertas de aquella nave industrial convertida en gimnasio. El crossfit es lo que le añade un extra de sentido a su efímera existencia, más efímera aún si tenemos en cuenta como se parte el espinazo para no hacer el ridículo ante sus compañeros de fatigas, que también se esfuerzan a su manera. Que esta cosa del crossfit no tenga mucho sentido para las madres y las abuelas, era de esperar.

 

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EL CROSSFIT Y EL HOMBRE (1/5)
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Marcos Ripalda | 24-10-2017 | 11:03| 0
wallball-gs-pro

Dedicado a los que estáis y a los que vendréis a probarlo (incautos)

FIJANDO LA MIRADA

Ni tractores ni mecánicos, pero parece un garage.
Un garage con los techos altos, prácticamente vacío, eso parece. Luego el hombre va enfocando y hay material de gimnasio apilado en algunos puntos estratégicos.
Hay cajas de madera que se llaman cajones, pero no sirven para guardar calcetines o camisetas de entretiempo, o sea, que el hombre no los podrá colocar dentro de su armario.
Sobre los cajones se sube o se salta y el hombre se loncheará la espinilla si se resbala. Porque se resbalará, créanme. Puede que no hoy, puede que mañana tampoco, ay, pero fallará un box jump, y le estará esperando la caja, siempre la caja, la puta caja, el cajón.
Hay tres aparatos de remos al fondo, en posición vertical, que cuando el hombre los ponga en posición horizontal servirán para quemar calorías a velocidad de tortuga.
Hay también una estructura de barras de hierro, acero, adamantium, lo mismo da, donde el hombre podrá practicar para ser el nuevo Tarzán o, simplemente, dejarse secar como un jamón mientras se le van desencajando los hombros o intenta, barriguita mediante, llevar los pies a la barra, la misma barra, ojo, que está sujetando. O subir el pecho a la barra, la cara, los dientes, y si es un fenómeno, que ya les digo yo que este hombre no lo es, hacer un muscle up.
Por supuesto hay discos de colores apilados. Los rojos ni los mira el hombre. A veces para hacer una plancha abdominal se pondrá un disco de diez kilos, que es de color verde, el color de la esperanza, dicen, sobre la espalda, y se quedará haciendo esa posición un minuto hasta que pierda los riñones por compresión.
No hay necesidad, y el hombre lo sabe.
También hay unos bolanchos con mango, llamados pesas rusas, a cada cual más pesado. Y un porrón de mancuernas de las de toda la vida, allá al fondo, pegadas a la pared, y un montón de barras sobre un soporte adherido a la pared, algún banco, una chaqueta como de militar haciendo maniobras que si se la pone el hombre, fijo que se viene abajo.
Por cierto, el lugar donde el hombre sufrirá, está considerado un gimnasio, no les miento. Es aquí donde el hombre viene a hacer crossfit.
Cierto es que no hay máquinas de glúteos, pero sí unas bicicletas raras con mangos de elíptica donde al mismo tiempo que el hombre se deja las piernas, ejercitará los brazos mientras pierde la respiración y va sumando, lentamente, calorías.

 

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Babel incomunicado
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Marcos Ripalda | 21-10-2017 | 17:31| 0
babel

Escuchamos todas las opiniones, se lo aseguro.
Y convendrá conmigo en que lo que usted sugiere va a ser motivo de escándalo y no quisiéramos vernos obligados a desmentirlo.
Le pedimos paciencia.
Lo que tenga que ser, que sea.
No pongamos trabas al progreso.
La Tierra es plana.
El hombre proviene de Dios.
La ciencia, con sus cábalas y sus experimentos innecesarios, sólo quiere apartarnos del único camino verdadero.
Ay, lo sabe usted: la fe no admite diálogo: es o no es.
Escuchamos todas las opiniones, cierto, pero únicamente aceptamos aquella que obliga, que no se discute y que es la única verdadera.
Porque no puede haber otras.
De hecho, la mera suposición de la existencia de otras, supone el descrédito, el destierro, la horca si se opone resistencia.
Y ya sabe que no hay que resistirse.

Créeme que te compadezco, porque este tipo de tara todo el día frente a uno es bastante insufrible. Me gustaría poder aliviarte, pero no tanto como para renunciar a mis vacas por epistolear contigo… jejeje. Tú eres fuerte y si te pones los cascos y procuras no mirarla nunca, igual lo vas llevando, digo yo.
Eso nunca.
Lo que tenga que ser, que sea.
Usted se va a ir sabiendo que se va.
No le engañamos.
Y, si lo piensa, no es tan mal final.
Además las ejecuciones son siempre a la misma hora. Cien por cien garantizado. En esto somos muy escrupulosos.
Sepa que desde este preciso instante está usted en la lista.
No se amilane. ¡Recompóngase! ¡Alégrese!
Despídase con la conciencia tranquila. Rece, sí, rece si quiere. Desde luego, se le harán más llevaderas las horas.
Él lo comprende.
Lo ve todo.
Lo sabe todo.
Y muy pronto usted también lo sabrá.
Qué alivio, ya verá. Y para todos, conste.

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Calistenia
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Marcos Ripalda | 18-10-2017 | 16:21| 0
caligrafia

Resuelto el crucigrama, sólo me resta advertirle, en calidad de presidente del jurado de este concurso infame, que la caligrafía empleada por usted es del todo incomprensible. Sin embargo, me veo en la obligación de felicitarle porque ha sido el primero en acabarlo, así que le otorgamos el premio previsto: un curso completo de caligrafía amanuense avanzada de cuatro minutos de duración con diploma de asistencia telemática al completar las once lecciones del curso y la posibilidad de sumar un total de 0,0063 créditos universitarios opcionales o canjearlos, si así lo desea, por un chupachups sabor limón o sandía.

 

 

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Proporcionalidad
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Marcos Ripalda | 13-10-2017 | 10:27| 0
proporcionalidad
Resignado como era habitual a ser el más bajito de la reunión, había decidido dar el gran salto mortal de su, hasta ahora, insignificante existencia, lanzarse sin red de seguridad ni arneses a por la más alta, que era muy fea, cierto, pero muy, muy alta, alta incluso para un hombre alto, no un hombre muy alto, claro, pero alto de, digamos, metro ochenta y cinco ochenta y seis, y lo que le dijo la alta, cuando se disponían a pasarse el puré de puerros con caviar de erizos, lo lleva intrigando desde entonces, incluso hoy, doce años después, en su aniversario de bodas con la pequeña Enriqueta, una mujer tan bajita como él, excepto cuando se empeña en usar plantillas y tacones, la pequeña Enriqueta, una joya de mujer, que conoció en una reunión de la Asociación de Personas con Problemas de Crecimiento o Bajas (PPCB). De lo que le dijo la chica muy alta no sabemos nada a fecha de hoy. Obviamente, lo que le dijo la chica muy alta no mejoró las expectativas que él imaginó en su momento y ha debido conformarse, en cierto modo, con Enriqueta, la pequeña Enriqueta, esa joya (si vosotros supiérais), la elección más conveniente no solo por altura, aunque ya presagió él, a partir de ciertos detalles (los detalles lo son todo), muy al principio de su relación con Enriqueta, tormentos nada desdeñables, de los que sí que podemos imaginar una gran variedad de acciones concretas que lo encaminaron a la depresión que ostenta y que, desgraciadamente, a fecha de hoy, ya es crónica e insalvable. Eso es lo que dice la psiquiatra de Elías, una mujerona de largos y robustos muslos a la que le atraen muchísimo las personas bajitas, pero no quiere rebasar por nada del mundo la barrera que debe prevalecer entre médico y paciente, barrera, límite, línea divisoria con la que tanto la machacó el profesor de Ética de su facultad y que, por cierto, era un tipo desaseado de casi dos metros que siempre le pareció a ella que estaba ligeramente descontento con su altura.
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Veraneando
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Marcos Ripalda | 04-10-2017 | 15:46| 0
piscina_relato

El hombre que ha descansado tanto que está cansado ya de estar cansado, se gira en la tumbona y le propone al DJ una canción lenta que se pueda bailar solo. El DJ, que es un cachondo, pincha un tema de trash-metal a un volumen demencial que hace que le estallen los tímpanos a ambos.
Sordos como están ahora, el DJ y el hombre cansado de estar cansado, se dan la mano y luego se abrazan y le ponen el broche a la noche bañándose desnudos a la luz de la luna en una piscinita de niño adaptada, mientras el extraterrestre que los observa a millones de años luz desde su macrotelescopio espacial engulle sin apetito un bocadillo de zapatillas de esparto porque estos dos cuerpos extraños —extraños para el extraterrestre, se entiende; amorfos para un nutricionista humano— le ocultan la figura del tullido objeto de estudio (un niño con las piernas como dos alambres) que está haciendo castillos de arena que su padre, el del niño, alumbra con una linterna a la que, se lamenta por enésima vez el padre, tendría que haber cambiado las cuatro pilas de 1.5 V que alberga en su interior, más que nada porque este padre odia la oscuridad y no quiere, además, romperse la crisma mientras sortea a tientas los restos de un macrobotellón que los mantuvo despiertos —a su mujer, al niño de los alambres y a él mismo, que es cojo de nacimiento— hasta las cuatro y dieciseis minutos de la madrugada, hora en que la policía les convino a que se marchasen a un hotel.

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La voluntad en cueros
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Marcos Ripalda | 23-08-2017 | 19:20| 0
cueros

La mujer con serios problemas de alcoholismo profesa una extraña fascinación por el hombre que corre desnudo por el parque de La Encarnación de cinco a seis de la tarde. Esta fascinación no hubiera llegado a ser tal si en ese intervalo de una hora, la mujer con serios problemas de alcoholismo no se empeñara en salir a por el pan, como lleva haciendo desde hace unos días, pues siempre tiene que volverse sin él porque se le cruza este hombre desnudo que corre siempre a la misma hora por el parque de La Encarnación e, inevitablemente, desandar los pocos metros conquistados a la acera para encerrarse, una vez más, en su piso, justo ahora que estaba decidida a atajar su serio problema de alcoholismo mojando pan de pueblo del de verdad en la salsa de oporto del pato al oporto, obviamente, que se había preparado mientras ingería media botella de orujo y dos caipiriñas y que, a pesar de haberse quemado ligeramente —como se puede comprobar a poco que se rasque el fondo de la cacerola y, más que nada, por el tufillo a quemado que desprende—, es perfectamente comestible, y la mujer con serios problemas de alcoholismo, a causa de la extraña fascinación que profesa por el hombre que corre desnudo, se despide, una vez más, adiós muy buenas, de la voluntad justa que le permitió abrir el pestillo y salir a la calle a por el pan de pueblo que nunca ha conseguido comprar. Por eso ya está abriendo, con las prisas y el pulso panderetero que la ansiedad le permite, la útima garrafa de licor de endrinas casero que tiene reservada para un nuevo día que, por supuesto, no llega, y, mientras se va echando dos hielitos en el vaso —en esto pone sus cinco sentidos a trabajar como si arreglase las tripas de un reloj—, aguza el oído, que lo tiene muy fino, para oír como dan las seis en la iglesia y al guarda del parque que ya está gritándole al hombre que corre desnudo, tras su siesta —la del guarda, se entiende—, que dónde va hombre de Dios, joder, todos los días igual, venga para acá, tarado, y tápese, y, sí, puntuales también las sirenas de la ambulancia y los enfermeros cargando sus pistolas de rayos láser para derribar al hombre que corre desnudo por el parque de La Encarnación de cinco a seis de la tarde, y es que está huyendo del notario, eso cree el hombre, el notario que le quiere hacer firmar los papeles del divorcio, los de la hipoteca, los de una Smart TV con pantalla curva de 65 pulgadas, los de una camisa de manga corta que aún no estrenó… ¡Como para no correr, carajo!

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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