Hoy

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Manteca colorá
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Marcos Ripalda | 17-08-2017 | 11:06| 0
mantecacolora

El niño que reza todos los días le dice a la niña que come pan con manteca colorá que la manteca colorá engorda, acortando además su vida considerablemente, y que se va a morir antes que después, a lo que la niña que come pan con manteca colorá le responde que al no rezar todos los días como hace él, necesita un poco de ayuda extraordinaria, que no celestial, para coger fuerzas y tener la paciencia necesaria para lidiar con niños como él, y que es precisamente lo que el pan con manteca colorá le ofrece sin pecado concebido amén.

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Breve encuentro, largo idilio
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Marcos Ripalda | 16-07-2017 | 16:00| 0

El niño insensato pregunta a la niña faltona cuánto son dos más dos y la niña insensata le responde que son cuatro y aprovecha para llamarle carajote y decirle que quiere a otro, a lo que el niño insensato le responde con un beso de tornillo que deja trozos de chicle en los brackets de la niña faltona.

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Egotrip
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Marcos Ripalda | 23-06-2017 | 15:21| 0
egotrip

El héroe del ego, Conegoman, se enfrenta esta noche sin estrellas ni previsión de lluvias, a su archienemigo, el villano del ego, Sinegoman.
Las apuestas se decantan por la victoria de Sinegoman por KO, más que nada porque como carece de ego, no hay forma de dañarle emocionalmente, y Conegoman es bastante enclenque como para alzarse con la victoria a fuerza de puñetazos, patadas, mordiscos y llaves de judo. Además, Sinegoman tiene preparada incluso una lista de insultos que probablemente harán mella en el sobrevalorado ego de Conegoman —aunque sus partidarios están convencidos de que no le hará falta tirar de ella para la victoria—, al que, por cierto, le gusta la cocina mediterránea, las meriendas en el campo y una mantita para el fornicio por lo que pueda pasar entre los postres y la vuelta a casa. Así de subidito tiene el ego, Conegoman.
A pesar de todo, es justo reconocer que Conegoman es un buen orador, aunque a Sinegoman jamás le ha preocupado esta habilidad de comer la oreja de Conegoman porque, al carecer de ego, tampoco necesita que lo adulen —es escéptico en grado superlativo—, y nada puede rellenar ese vacío de ego con el que nació una mañana de diciembre zarandeado por un señor que era médico y además padre de un mozalbete que llegaría a alcalde de una pedanía sin importancia y del que, por supuesto, nunca más se supo.
La rivalidad entre ambos es bien conocida por el pueblo soberano. Y hoy el pueblo quiere que se insulten, que se escupan, que se peguen de una puta vez.
Sin embargo, a pesar de lo que clama el pueblo soberano, ninguno de los contendientes se atreve a tomar la iniciativa, dar el primer paso, golpear con saña.
Hay una multitud que grita Olé por Conegoman, qué huevazos tiene, y otra multitud similar en tamaño, aunque más ruidosa y pendenciera, corea Este Sinegoman se va a merendar al tirillas.
Pasan cinco mil seiscientos setenta y tres millones de años.
Conegoman da un paso al frente y dice que se ha levantado un airecito muy agradable y en el ble que se confunde con un blu, Sinegoman le revienta los morros de una hostia que despeina hasta a ese señor con bigote y gomina que se quedó expectante, y ahí sigue.
No hay una multitud encolerizada que aplauda ni que aulle ni que se rasgue las vestiduras ni que coree el nombre del vencedor.
Sinegoman se pasa la mano por la cabeza y se toca un bulto en la nuca que parece una pelota de pinpón. Luego se baja del cuadrilátero y se aleja, mientras Conegoman se incorpora como puede, escupiendo algunos dientes y parte de la lengua. Por nada del mundo querría que le diesen otra bofetada de tal calibre, así que se va arrastrando cual culebrilla hasta una esquina del cuadrilátero y allí expira mientras el planeta Tierra, indiferente, gira y gira y gira.

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Buscaminas
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Marcos Ripalda | 18-06-2017 | 18:53| 0
buscaminas

No se espante, no cometa la insensatez de echarse atrás y no ejercer su derecho a la réplica imaginativa, al bostezo riguroso, a la respuesta acelerada, el tortazo mejorado, el mutis desapasionado, la huida tempestuosa, el silencio ajado. No, no lo haga. Considérese felicitado si cree que debe ser felicitado por algo que tal vez ni siquiera hizo y que, muy probablemente, no recuerde. O sí. No es nuestra culpa, conste. Tampoco vamos a impedirle reescribir la historia. Tenemos relojes de arena con los que puede recuperar el tiempo pasado, cambiarlo a voluntad, ya sabe, olvídese del efecto mariposa. Si a alguna cigüeña catalogada como especie protegida se le ocurre toparse con usted y alguna población asentada sobre arenas corredizas y cimientos infames desaparece, mala suerte. No es su culpa, ¿verdad? De nosotros tampoco, conste. No le estamos obligando a nada. No acepte las felicitaciones si es lo que desea o acéptelas todas. Resulta positivo, y lo tendremos en consideración, que nos haya ocultado su dolencia todo este tiempo, así podremos pagarle con la misma moneda, resolver la cuestión de forma inequívoca, así que adelante los faroles, responsabilicemos al cura, despeñemos al gaitero, recurramos, incluso, a la quinta enmienda sin que sepamos qué se está recurriendo, ay, pero cualquier cosa mejor que dejarse engañar por los falsos imitadores, esos profetas-espejo que habitan en la conciencia. Así que ya sabe, si quiere lo hacemos por usted, no fuerce la máquina, acomódese y sobrevuele, gracias el piloto automático de la indiferencia, esas zonas pantanosas donde habitan los últimos indicadores que una vez le hicieron humano. No olvide ajustar la temperatura de su cobardía hasta que se achicharre y, sobre todo, llegado el momento, pise con garbo, coño.

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La huida cíclica
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Marcos Ripalda | 05-06-2017 | 16:27| 0
plano_ego

Qué le vamos a hacer. Hoy he decidido dimitir de mí mismo y me he propuesto a mí mismo como sucesor. Es lo que tengo más a mano.
Así que desde ahora mismo alquilo mi sentido común con recibidor amplio, dormitorio con vistas a ninguna parte, baño cuco, cocina sin amueblar y salón con derecho a descanso y ningún acceso al patio comunitario situado en las antípodas de donde tú decidas estar.
Los interesados pueden mandar un mensaje encriptado en clave copernicana a la persona que les haya embelesado de la forma más dramática posible en más ocasiones e, incluso, a ninguna persona en particular, y que el azar decida, aunque no les recomiendo esta opción por razones obvias.
Por mi parte, prometo no estar operativo hasta que yo mismo decida que hacer con el que ha dimitido de sí mismo y que, sospechosamente, se empieza a parecer a este otro que nunca quise ser y que siempre soy.

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Solidaridad 2.0
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Marcos Ripalda | 31-05-2017 | 11:13| 0
sacos_boxeo

Yo no quiero que usted se enfade por lo que he venido a decirle. Preferiría, sin duda, que usted me disparase así, a bocajarro, si llego a molestarle de algún modo, que me empujase con violencia para que mi cráneo se quebrase como un coco en aquel arcén oscuro, si usted estimase que mis intenciones no son buenas o, incluso, hasta mejorables. Me estoy limitando, y créame cuando le digo que no quiero extralimitarme en ningún momento, a transmitirle lo que los que le conocen mejor no se atreven, por miedo, sobre todo, a interrumpir sus ablaciones diarias… qué se yo, sólo soy un mensajero que desea cumplir de la mejor forma posible un cometido que nadie ha querido ni ha solicitado, un cometido, ya digo, que ni tan siquiera he querido cargar sobre mis hombros, aunque alguien tenía que decirle las palabras que, por muy mal que le hagan sentir, deben ser pronunciadas, aunque sea bajito, y aun a riesgo de que le calcen una hostia al mensajero, cierto, que en el caso que nos ocupa coincide con mi persona, así que para no hacerle perder el tiempo innecesariamente le ruego que escuche las palabras que he venido a decirle, palabras que son del todo sinceras y que resumen, por supuesto, el sentir general de buena parte de sus allegados: “Benito, estamos contigo”. Convendrá conmigo en que la frase tiene empaque.

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El bocadillo de jamón contra el principio de incertidumbre
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Marcos Ripalda | 24-05-2017 | 15:21| 0

La niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo le propone al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, adivinar el contenido del mismo, pero al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, le gusta paladear esta incertidumbre que sabe que no es tal porque, a poco que rasgue el papel de plata con el que está envuelto, ya huele a Nocilla o a pavo, a salchichón o a paté de cabracho, aunque en esta ocasión, y lo sabe la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo, se va a llevar una verdadera sorpresa, no de una posibilidad entre cuatro, sino de una quinta que el niño no contempla ni imagina, pues la madre, estirando como buenamente puede lo que da de sí la paguita de viudedad y, todo hay que decirlo, en un rapto de creatividad culinaria, le ha metido entre pan y pan una loncha de jamón serrano, una única loncha perfectamente veteada, con el equilibrio perfecto de tocino y carne, de las buenas de verdad, o sea, impregnando el centro del mollete tierno que bajó a comprar esa misma mañana, y que el niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, devora hasta que uno de sexto que corre con el balón pegado a los pies lo arrolla y a hacer puñetas el pan, la loncha de jamón y su último diente de leche, diente que la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo sabía que iba a caer muy cerca de aquel imbornal pero no dentro, nunca dentro, así que adiós ratoncito Pérez para siempre.

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El sentir del gaitero
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Marcos Ripalda | 15-05-2017 | 11:26| 0

“Tómatelo con calma
si hay luz
ya te
encontrará.”
(Charles Bukowski)

 

Pegar la hebra, decidirse por todo un poco y luego nada, acumular las riquezas del vecino, probar a gastar la suela al caminar, voltear una maceta que estaba pocha, argumentar los descansos con raciones de apio fresco, lamentarse cuando el orgullo nos mete un gol, encestar a cuatro manos el pijama, decorar aquel libro infantil con garabatos de viejo, ratificar el acuerdo con el hombre que poda bonsáis, encontrar el concepto, maldecirlo, acabarse la cena y desayunar por lo que pueda pasar, retozar orgulloso en el lodo, proponer dosieres infumables en reuniones de por sí tediosas, pagar a la ninfómana para que cuide a tu hijo adolescente, enhebrar la aguja que marca el norte, solicitar asilo en la propia vivienda de protección oficial, acudir al médico dos veces por semana y decirle siempre que estamos ya mejor, fabricar lápices de colores con la sangre real, recuperar el tiempo perdido tumbado en el sofá, poner en entredicho lo que decíamos ayer mismo, aprender a tocar la flauta travesera, estabilizar el satélite alargando la mano siempre que el cielo esté limpio, decorar la caseta del perro de modo que no quiera volver a entrar, llevarle siempre la contraria al cuñado, amnistiar a un puercoespín que nos resulte mono, acudir a urgencias al grito de libertad para el gallo Kiriko, aparentar fiebre cuando te disparan en el corazón, cometer alguna atrocidad como deshojar una margarita, reventar a pedradas los vidrios de la escuela, rellenar el impreso de inscripción con tinta de limón, hervir una papaya en los mocasines de un gigante, rescatar al enemigo para que podáis seguir batallando por el amor de quien no os corresponde, mezclar diminutivos y gerundios en la misma frase, parafrasear a Wittgenstein si tienes huevos, no pasan más cosas porque Dios no quiere, y el caso es que el gaitero ya siente que le falta el aire cuando sopla.

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La seguridad de los objetos
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Marcos Ripalda | 10-05-2017 | 10:31| 0

El niño que nunca miente le promete a la niña que todo lo pierde que no descansará hasta encontrar su medallón. Sin embargo, la búsqueda del medallón en aquel bosque virgen se alarga toda una vida y se hace inevitable que, con el transcurso de los años, aquel paraje idílico sea transformado en una acumulación de chalés adosados sin ton ni son y mastodónticos centros comerciales. Así que cuando por fin el niño que nunca miente, que ya es un hombre de avanzada edad, encuentra el medallón, la niña que todo lo pierde, y que ya es toda una ancianita entrañable, le dice que ése no es su medallón, pero que gracias, y le cierra la puerta de su piso de protección oficial. El señor de la tercera edad que fue un niño que nunca mintió, se queda con el medallón colgando de una mano y con la otra, que hace unos instantes golpeó con sus artríticos nudillos la puerta de roble lacado del vejestorio que una vez fue una niña que lo perdía todo, no sabe muy bien que hacer y la esconde finalmente en el bolsillo de su abrigo. Este hombre que en dos semanas cumplirá los setenta y dos, se queda de pie, como petrificado por el ungüento de un hábil embalsamador, con la mirada fija en sus raídos zapatos de ante, la frente callosa a solo un palmo de la puerta, construida en madera de pino —no era roble, no— y que acaban de cerrarle en las narices. Como es un hombre que ha vivido lo suyo, consigue recomponerse del chasco ubicando adecuadamente en el puente de su nariz prominente los anteojos y añade una vuelta más a la bufanda, que sigue picándole un poco, y desanda el camino a paso lento —las piernas del niño se convirtieron hace varios lustros en estos troncos que arrastra ahora— hasta llegar, sano y salvo, a su castillo infantil donde una montaña de juguetes que no han sido sacados de sus embalajes le espera hace tanto tiempo que ya no lo recuerda. El camino que le lleva hasta el castillo es liso y aburrido. Una autovía lo cruza y han desaparecido las sinuosas carreteras comarcales y algunos caminos de cabras por los que solía hacer un alto en su búsqueda del medallón para zamparse el bocadillo. Y ahí están las almenas del castillo, ya las ve; las almenas le rozan ahora las rodillas y está el precioso triciclo amarillo, arrinconado entre la hojarasca acumulada, que se ha ido oxidando y ahora parece un animal abatido con el que ni este viejo niño ni ningún otro que cumpla sus promesas pedaleará hasta que se haga de noche y los niños mentirosos y las niñas que nunca pierden sus medallones vuelvan a la seguridad de sus casas.

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Neverending Story
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Marcos Ripalda | 03-05-2017 | 15:06| 0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El alto comisionado nos ha prevenido, como ya supondrá, sobre personas que, como usted, quieren intoxicar y desestabilizar el sistema con utopías del todo irrealizables y que destruirían, caso de ser llevadas a cabo con éxito, aunque, repito, lo dudamos porque se ha demostrado que las utopías no son más que humo, este equilibrio tan razonablemente consensuado en el que una minoría privilegiada ostenta el poder mientras el resto, una mayoría, a poder ser lo más silenciosa posible, acata sus deseos. Es lo que usted conoce como democracia.
Nuestra sentencia, que será firme desde el preciso momento en el que nuestro notario vuelva del spa, le condena a ser conducido a las mazmorras más cochambrosas que hayamos podido encontrar en un plazo razonable, mientras le dejamos disfrutar de la compañía de esos desharrapados a los que usted llama familia. Le aconsejamos que evite excesivos lamentos porque de nada servirán súplicas, llantos y rajadas admonitorias. Asímismo, le informamos de que hemos puesto a su disposición todo tipo de utensilios que harán su estancia mucho más agradable y, sobre todo, breve, a saber: cordones de botas militares, cinturones de hebilla, una soga de esparto de primera calidad, varios metros de cables de cobre y plástico duro, un surtido de corbatas italianas excelentes y de una resistencia contrastada y, por supuesto, no hemos olvidado incluir un juego de sábanas que podrá enrrollar a su gusto. Por supuesto, también hemos dispuesto en su celda cajones de diversa altura para facilitar el salto que debería llevar a buen fin la que será su decisión inapelable. Como verá, lo tenemos todo pensado. Respetamos todas las opiniones. No somos excluyentes para nada. Cualquiera que sea su decisión, sepa que estamos aquí para ayudarle.

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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