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Fecha: abril, 2012
El oso
Marcos Ripalda 27-04-2012 | 9:36 | 0

José Luis tiene un pijama que le ha regalado su madre y que nunca se pone. Sin embargo, una noche siente un frío espantoso y decide ponérselo. La verdad es que ayuda a combatir este frío. El pijama es de un tejido que le pica un poco pero prefiere eso a pasar frío.
Lo cierto es que no sé por qué le tiene que picar el pijama. Así que el pijama no le pica.
José Luis se siente bien con el pijama puesto. Decide leer. Algún relato antes de irse a dormir. Antes de eso se mete en el baño y se cepilla los dientes. En la cama, enciende la lámpara de la mesilla de noche y estira las piernas. Abre el libro de relatos y busca el que le da título. El abrazo de un oso puede matar a otro oso. Le parece un buen título. Que un oso abrazado por otro oso puede morir entra dentro de lo posible. Si aprieta a conciencia, claro, que el otro oso, piensa, no cree que se vaya a estar quieto. Sería un buen titular. Un oso muere abrazado por otro oso. Y luego un texto breve de entradilla. Se desconoce si se conocían víctima y agresor. En cualquier caso, el abrazo lo mató, al oso.
José Luis apaga la luz y cierra los ojos. Se imagina que es un oso.
¿Sabías que el abrazo de un oso puede matar a otro oso? Esto se lo pregunta su hermano, que es mucho más pequeño de lo que recuerda. Claro que, prosigue el hermano, si el abrazo de un oso puede matar a otro oso, también puede matarme a mí. No hace falta ni que apriete mucho, supongo. Lo que no especifica es si el abrazo te lo da un grizzly, un panda o un oso polar. El panda parece inofensivo pero es un oso a fin de cuentas. ¿Te vale cualquier oso? Porque yo creo que no es lo mismo que el abrazo te lo dé un oso panda que uno de esos enormes osos polares. Y eso por no hablar de la edad, el peso o la estatura del animal. Que digo yo que algo tendrá que ver a la hora del abrazo.
José Luis se despierta al sentir el abrazo del oso.
Te tengo, grita el hermano.
José Luis le da un manotazo al oso y luego apaga la luz.
El hermano llora y llora hasta que aparece mamá osa.

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El sueño eterno
Marcos Ripalda 26-04-2012 | 8:06 | 0

[A Ray Bradbury]

El 14 de agosto Marcos Ripalda supo que ese sería el ultimo día. No lo había soñado, pero tenía una certeza absoluta. Nunca más despertarse y estar en el mundo. Marcos Ripalda sabía. Pero se preguntaba qué hacer con el tiempo que le quedaba. ¿Avisar a los demás? ¿Ponerse a llorar? ¿Un último revolcón siguiendo el imposible Kamasutra? Tantas cosas pendientes, se dijo, y ya nunca más pendientes, nunca más nunca. Estuvo maquetando las páginas del periódico hasta la hora de comer y cuando volvió a casa se descubrió observando a sus hijos de una forma que ellos notaron distinta. A su mujer le dijo varias veces que lo que llevaba puesto la favorecía. Además, era verdad, pero no le decía aquellas palabras con frecuencia, se dejaba llevar por la costumbre, la rutina, la bendición de un día tras otro. Ahora estaba concentrado en sus hijos y, pese a la convicción de que no habría otra vida, quería recordarlos así, por lo que pudiera suceder. Se permitió una pequeña y última mentira. Llamo al periódico y pidió permiso para no ir aquella tarde. Un asunto familiar. Sus hijos durmieron la siesta y su mujer, con la inestimable colaboración de un documental de La2, acabó por quedarse dormida también, ajena a lo que él sabía. Marcos llamó a su madre, que le dijo que estaba conectada a internet, eligiendo el papel pintado para la habitación. Quería que el dormitorio estuviese acabado antes de que la visitarían sus nietos a mediados de septiembre. Su madre le contó lo que había hecho ese día, el viaje que tenía pensando hacera Argentina, la película que echaron en Canal Sur, y los pequeñajos ya creciditos, pesados y encantadores de serpientes, ya nunca más, pero esto último Marcos lo omitió. Se despidió de su madre diciéndole que a él también le gustaría que fuese septiembre.
Por la noche, Marcos pidió pizza y comida china, una fiesta para los niños. Cenaron. Los mayores bebieron vino, los niños zumos de piña. Marcos acostó al niño y su mujer le contó un cuento a su hija. Dormidos los niños, Marcos, que sabía que el final llegaría pronto, regresó al salón y propuso un brindis. Por este momento, aquí y ahora. Nada original, lo sabía. Un último recuerdo, la mujer de su vida brindando con él, sus hijos dormidos, todos ajenos al final que él sabía y que, por unos instantes, apartó de su pensamiento.
Ahora su mujer duerme y Marcos trae al niño a su cama. Hace lo mismo con la niña. Los acuesta a los dos en la cama. Su mujer le pregunta si pasa algo, pero lo hace dormida. Marcos se queda sentado en la oscuridad, oyendo la respiración de su familia que se va acompasando mientras sueñan. Primero un resplandor en el cielo, imperceptible. Luego, oscuridad. No queda nada pendiente.

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Tebeos cerebrales
Marcos Ripalda 23-04-2012 | 7:53 | 0

-Reúnete conmigo ahora mismo.
-Oye, ¿sabes que me estás empezando a hartar?
-Lo discutimos luego. Ahora reúnete conmigo.
-¡Pero si estoy a tu lado! Mira, te toco el brazo.
-¡Coño, qué susto me has dado!
-No seas membrillo. Sabías que estaba detrás tuyo.
-Claro, Wonderwoman, con tu recién adquirida velocidad supersónica ya puedes.
-¿Y qué me dices de los ojos en tu nuca?
-Son de pega.
-¿No eres tú AHundredEyesMan?
-Exageré un poco. Más bien ATwoEyesMan.
-O sea, como todo el mundo.
-Exacto.
-Eres un timo.
-Y tú no existes. Eres producto de mi imaginación sin igual. Oye, ¿qué vas a hacer? Bájame, desalmada.
-¡Dime ahora que no existo!
-Por favor, bájame, te pondré bótox en las mejillas.
-¿Y me aumentarás los pechos?
-Sí, sí, aunque tu velocidad supersónica se verá afectada negativamente por la aerodinámica de tus renovados senos.
-En cualquier caso, correr es de cobardes. ¿Qué más?
-¿Qué más qué?
-¿Solo eso?
-También puedo buscarte un compañero.
-El último era bajito y sin pelo.
-A imagen y semejanza de mi padre.
-Pues con tu padre te lo montas tú.
-Me plantearía una indigestión freudiana.
-Quiero un hombre alto y apuesto.
-Como yo.
-¡Ya quisieras!
-Yo imagino lo que me da la gana, Wonderwoman.
-Y yo te digo lo primero que se me ocurre.
Y así.

 

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Es feo
Marcos Ripalda 20-04-2012 | 7:56 | 0

[A Manos de Topo]

Es feo que me hagas esto. Es feo que me prometas una cosa y al darme la vuelta estés defendiendo la contraria. Es feo que te dejes contaminar así por comentarios intencionados. Es feo que me llames a casa cuando sabes que no estoy. Es feo que te pueda ver por la ventana corriendo de un lado a otro de la calle. Es feo que no digas nada ahora. Es feo callarse. Es feo. Por eso te pido que te lleves tus tubos de ensayo, tu nevera de muestras, tus planos y tu rotring, tus lápices de colores, tus probetas, tus intentos, a veces desalmados, de hacerme tu Frankenstein particular. Es feo, ya digo, que te atrevas a llamar a mi puerta. Nada más que eso, llamar a mi puerta. Es feo que te abra y te quedes callado, mirando tus impecables deportivas de no hacer nada. Es feo no hacer nada. Es feo que te estés derrumbando y que no te importe que la avalancha me sepulte. Es feo tenerte que decir estas cosas. Es feo rebuscar en los cajones, encontrar lo que buscas y no decir nada. Es feo que te vea cada mañana y que no me saludes. Es feo que al llegar a casa tampoco digas nada. Es feo que te calles. Es feo guardarse lo que sabes. Es feo proteger el silencio mientras el eco de lo que sospecho grita en mi cabeza. Es feo que no digas nada y yo lo diga todo. Es feo tenerte aquí delante y no poder convencerte de que hables. Es feo intentarlo. Es feo suplicar. Es feo repetirse. Es feo no decirlo. Es feo, sí, y necesario.

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Teoría de la relatividad
Marcos Ripalda 17-04-2012 | 7:52 | 0

Esta foto no da el mínimo, Pascual.
Lo dice el jefe de imagen de la empresa donde Pascual pasa sus días sin pena ni gloria hasta que algo sucede en su ciudad y lo mandan a cubrirlo, a él, que no había tocado una cámara de fotos en su vida y que lo máximo que había hecho era ponerle un paspartú color aguacate a la foto de su sobrina.
Pascual lleva ya cinco años en el puesto y desconoce la verdadera causa de que no lo hayan despedido cuando el segundo día trajo desenfocada la foto de un maniquí que estaba quieto como un muerto. Es que le ha fotografiado el alma, soltó Aurelio, el redactor de sucesos, cuando el jefe de imagen se la mostró. El descojone, cierto, fue de aúpa.
Y es que la hija de Pascual, sí, la pechugona, tiene un lío con el director del periódico y, por supuesto, a menos que saque una foto completamente blanca o negra como boca de lobo, a él ni mentarle, que por los pechos de la muchacha es capaz de sacrificar su carrera, su puesto de director, su vida, en suma. Su mujer le ha pedido el divorcio y el director lo ha puesto en manos de sus abogados.

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Sobre el autor Marcos Ripalda
‘De subir a la montaña me canso’ es un blog dirigido a los habitantes de la Tierra y alrededores. La intención del autor es publicar un microrelato diario siguiendo la máxima de la Escuela Postirónica: “Hablar de unas cosas para decir otras”.

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