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De empotradores, centímetros de menos y féminas que mueven los cocos
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Marcos Ripalda | 22-07-2015 | 10:03

El hombre que baila tangos pero nunca bachata ni salsa se ha dejado seducir (en su imaginación) por la mujer que nunca baila tangos y sí bachata y salsa si el hombre mide más de ciento ochenta y dos centímetros. Y aunque el hombre que baila tangos pero nunca bachata ni salsa mide apenas ciento setenta centímetros, se atreve con la bachata porque de él tira una fuerza superior que le tiene estrujado el paquetón. La mujer que nunca baila tangos y sí bachata y salsa si el hombre mide más de ciento ochenta y dos centímetros observa al torpe retaco —según su simplista y caprichosa forma de catalogar a los hombres que no alcanzan los ciento ochenta y dos centímetros—, acercarse mientras ella no deja de cimbrear la cintura y se le mueven los cocos al compás, y que da gusto verla, oye. El hombre que baila tangos pero nunca bachata ni salsa sí que está bailando algo parecido a la bachata, así que se va aproximando más y más a la carnosa hembra que le tiene cautivado y no se percata, como tampoco lo hará —para la necesaria caramelización de su vanidad— la mujer que nunca baila tangos y sí bachata y salsa si el hombre mide más de ciento ochenta y dos centímetros, de que el hombre que baila bachata, salsa, merengue y lo que le echen y que mide ciento noventa y un centímetros, le ha echado el lazo visual a la mujer que se está dejando cortejar —eso cree el desdichado  hombre que baila tangos pero nunca bachata ni salsa—, que no es otra que la mujer que nunca baila tangos y sí bachata y salsa si el hombre mide más de ciento ochenta y dos centímetros, como es el caso, y que tan pendiente está del ridículo que está montando ese hombre de talla normal, dejémoslo en estándar, otorga, y aspecto aseado, cierto, eso se agradece, que no vislumbra al maromo al que ella le pondría un ático en pleno centro histórico para su deleite exclusivo, y ya está frunciendo el ceño y poniendo carina de asco y, claro, el hombre que baila bachata, salsa, merengue y lo que le echen, pues qué quieren que les diga, que se cree que el ‘asquino’ se lo está produciendo él, y se marcha cabizbajo por donde ha venido, aunque su aroma de empotrador —asegurado por las conquistas que puede contar con los dedos de las manos de sus noventa y seis amigos, incluidos los de los pies—, ya lo olfateó la princesa insípida de los morros color salmón y piernas que le llegan hasta el suelo desde la cintura, y es que una cosa no quita la otra.

Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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