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EL CROSSFIT Y EL HOMBRE (1/5)
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Marcos Ripalda | 24-10-2017 | 11:03

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Dedicado a los que estáis y a los que vendréis a probarlo (incautos)

FIJANDO LA MIRADA

Ni tractores ni mecánicos, pero parece un garage.
Un garage con los techos altos, prácticamente vacío, eso parece. Luego el hombre va enfocando y hay material de gimnasio apilado en algunos puntos estratégicos.
Hay cajas de madera que se llaman cajones, pero no sirven para guardar calcetines o camisetas de entretiempo, o sea, que el hombre no los podrá colocar dentro de su armario.
Sobre los cajones se sube o se salta y el hombre se loncheará la espinilla si se resbala. Porque se resbalará, créanme. Puede que no hoy, puede que mañana tampoco, ay, pero fallará un box jump, y le estará esperando la caja, siempre la caja, la puta caja, el cajón.
Hay tres aparatos de remos al fondo, en posición vertical, que cuando el hombre los ponga en posición horizontal servirán para quemar calorías a velocidad de tortuga.
Hay también una estructura de barras de hierro, acero, adamantium, lo mismo da, donde el hombre podrá practicar para ser el nuevo Tarzán o, simplemente, dejarse secar como un jamón mientras se le van desencajando los hombros o intenta, barriguita mediante, llevar los pies a la barra, la misma barra, ojo, que está sujetando. O subir el pecho a la barra, la cara, los dientes, y si es un fenómeno, que ya les digo yo que este hombre no lo es, hacer un muscle up.
Por supuesto hay discos de colores apilados. Los rojos ni los mira el hombre. A veces para hacer una plancha abdominal se pondrá un disco de diez kilos, que es de color verde, el color de la esperanza, dicen, sobre la espalda, y se quedará haciendo esa posición un minuto hasta que pierda los riñones por compresión.
No hay necesidad, y el hombre lo sabe.
También hay unos bolanchos con mango, llamados pesas rusas, a cada cual más pesado. Y un porrón de mancuernas de las de toda la vida, allá al fondo, pegadas a la pared, y un montón de barras sobre un soporte adherido a la pared, algún banco, una chaqueta como de militar haciendo maniobras que si se la pone el hombre, fijo que se viene abajo.
Por cierto, el lugar donde el hombre sufrirá, está considerado un gimnasio, no les miento. Es aquí donde el hombre viene a hacer crossfit.
Cierto es que no hay máquinas de glúteos, pero sí unas bicicletas raras con mangos de elíptica donde al mismo tiempo que el hombre se deja las piernas, ejercitará los brazos mientras pierde la respiración y va sumando, lentamente, calorías.

 

Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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