Hoy

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Autor: mripalda
Semana Santa
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Marcos Ripalda | 16-04-2017 | 3:19| 0

El niño que no tenía nada que perder le dice a la niña que abunda en razonamientos obtusos, que está perdidamente enamorado de su hermana mayor, a lo que la niña que abunda en razonamientos obtusos le responde que le parece muy bien, pero que su hermana mayor tiene novio formal y que ella, hasta el momento presente, tiene una idea poco aproximada de lo que es el amor, si es que el amor existe, y no es una invención del hombre, igual que lo fue en su momento Dios muy probablemente, a tenor de que nunca hace nada, aunque ella no le ha pedido nada ni a Dios ni a sus padres porque tiene un tito que es rico. Por supuesto, el niño que no tenía nada que perder no tiene juicio a este respecto y, en lugar de decirle esto —que no sabe qué decirle—, se encoge de hombros y, aunque es cierto que no tiene nada que perder, prefiere hacer mutis por si la hermana mayor se arrepiente o se cansa del novio formal, y se va sorteando como puede las vallas que el consistorio ha repartido por toda la ciudad para evitar que entre el público asistente salte algún graciosillo por bulerías —siempre hay alguno, no falla— frente al Cristo Negro y el periódico abra mañana con el titular “Una avalancha humana provoca un muerto y varios contusionados frente a la catedral”, a lo que la niña que abunda en razonamientos obtusos hubiese puesto reparos como casi siempre, obvio.

 

 

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La condición humana
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Marcos Ripalda | 10-03-2017 | 10:44| 0

Hasta le he rogado al doctor con lágrimas en los ojos y sorbiéndome los mocos con poco disimulo, mientras ensuciaba un kleenex tras otro, que me extirpe este sentimiento de culpa tan poco acentuado que llevo ostentando toda mi vida para que, cuando acudas a seducirme por trigésimoquinta vez, sea inmune a tus encantos, a tus senos, a tus piernas boa constrictor y acabemos, como sucede siempre que te pones y me pones, desnudos, probablemente, o a medio vestir, trastabillando con la pernera del pantalón, una braga que se enreda, un arete que se clava en mi mejilla, un botón que tus dedos habilidosos para otros menesteres encuentra complicadísimo de descorchar en cualquier pasillo de hotel, chiringuito o aseo inundado de una discoteca y tú, a punto de llegar al orgasmo o de alcanzarlo yo poniendo a trabajar unos lumbares castigados por el tedio del yogur desnatado frente al televisisor, me susurres, con voz meliflua, que fue un error, tábano mío, que no volverá a pasar, de verdad, nunca más, que esta es la última vez hasta la próxima.

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Siempre fue lo tuyo
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Marcos Ripalda | 06-03-2017 | 11:38| 0

NO
SEAS
NUNCA
MALA.
Nunca juegues al escondite con un amigo que sabe más de laberintos que tú.
No vayas a sorprender a tu peor pesadilla copulando con un alfil porque te producirá dolor de estómago.
Si piensas en mí, tienes que pensar en todos mis yo reunidos para celebrar el día que conocimos cada uno de tus cambios de humor.
No te mueras con desgana porque no podré lavarte la camisa de cuadros.
Deja para luego lo que ibas a hacer ayer. Que otros se cuelguen las medallas. Levanta la mano, jura que ha sido tu compañero de habitación y que nunca me lo dirás.
Cuando te mires en el espejo quita las macetas de delante para que puedas ver cómo descargan en el puerto los bidones de felicidad y las compresas contra el vértigo.
El repartidor de la lotería fue concejal de cultura y luego se le dio mal apostar a caballo ganador.
Particularmente no he podido evitar pensar en tu hipoteca y estoy convencido de que fue la mejor opción posible no hacerme querer.
Cuando bailas pegada a otro ser vivo que se mueve con gracia, te pareces a una doble de ti.
Pega en la oficina un cartel en A3 con un montaje de las fotos que muestran tu evolución hasta el día de hoy.
Hazte una lavado cerebral con olor a anfetaminas.
Descubre el dedo gordo de tu pie atravesando la media de futbolista, aplastando a una hormiga que estaba recolectando.
Enseña las encías si quieres beber de esta jarra.
Las injerencias de hoy serán los tormentos del sustituto mañana.
No te prives de este pastel de hormonas si lo que tienes es apetito. Los chicles no saben conjuntar las esterillas del baño con las pizarras electrónicas.
En la entrada, quiero que dejes flores de camomila y un espejismo tamaño XS.
No temas al difunto día; mañana tendrás oportunidad de convocar el luto de nuevo.
He visitado infinidad de veces las secuencias de nuestra comunión y el traje de marinero me sigue estando grande.
Encuentro los fósiles de tus medias muy excitantes. No me parece tan extraño que seamos tan diferentes. Alguien tiene que equivocarse y ya sabes que no me equivoco nunca.
Préstame unas monedas para comprarle una faja a la lechuga que está pegada al carrito.
Hay una cosa redondita que puedes enganchar ahí mismo.
Me da pereza ir al gimnasio pero me lío a destornilladores hasta que me echen del último garito.
Hay que ver la cantidad de gente que camina por los carriles bici sin que les preocupe la destrucción de la capa de ozono.
He meditado acerca de lo que me dijiste, sí, y no es moco de pavo darle una solución que atenue las diferencias entre la verdad y la mentira o, lo que es lo mismo, entre tú y yo.
Es cierto que nunca estuvimos en París. Y también que te quiero porque me da la gana.
VENGA,
NO
SEAS
ANTIPÁTICA,
BOBA.

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Mejores amigos
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Marcos Ripalda | 01-03-2017 | 11:49| 0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No tengo ningún mejor amigo. Es descorazonador, lo sé, pero, si les soy sincero, me importa muy poco. No me quita el sueño. Tampoco creo que yo sea el mejor amigo de alguien. A decir verdad, creo que soy invisible para la mayoría de las personas. Apenas opino, no entro en discusiones estériles, no voy de listo, mejor permanezco callado, ausente, apartado por decisión personal de conversaciones sobre fútbol, política, la dieta paleo. Tengo amigos, por supuesto, pocos, amigos de carne y hueso a los que puedo reírles una gracia sin sentirme un impostor o no reírla en absoluto, mantenerme firme, porque intuyo que les da igual, y no presumo de amigos en las redes sociales, que también los tengo, y muy buenos amigos, conste, para discutir sin lamentar bajas excesivas. Cuando era más joven sí que iba sustituyendo a un mejor amigo por otro, pero ya no. Tuve un puñado de mejores amigos y puedo afirmar, sin asomo de duda, que hace más de diez años que no me importa si tengo o no tengo un mejor amigo. Sé, de buena tinta, que no lo tengo. Recuerdo que los mejores amigos se decían las cosas que no le dirían a sus otros mejores amigos, y así, sucesivamente, todos los mejores amigos sabían un poco más de su amigo, que no necesariamente tenía que ser el mejor amigo a su vez. Tu mejor amigo podía ser César, pero para César tú no eras su mejor amigo, sino Basilio, que a ti te parecía un imbécil, el imbécil de Basilio, con aquella cara de pan duro o, incluso, te caía bien Basilio, pero no como para auparlo al nivel de mejor amigo, que es lo que consideraba tu mejor amigo. Pero, ya digo, eso era antes, y no sé si las cosas han cambiado al respecto. No me da envidia que, por ejemplo, tú tengas un mejor amigo que no soy yo, porque nunca te he considerado el mejor amigo de alguien.

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Los imponderables
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Marcos Ripalda | 20-02-2017 | 5:37| 0

No supo como decírselo, así que optó por omitirlo. Que su hijo estuviese ciego durante más tiempo. Decirle al amigo que no cabe la menor duda. Afrontarlo como se debe. Qué hubiese puesto aquí Cheever. No más preguntas. Un inncesario modo de operar. Argucias, estridencias para ocultarse mientras el enemigo crece por dentro. Alien. La intimidad de tu coche. Lo que hagas con tu secretaria. A quién le dejas las llaves. Similitudes con la mazorca de maíz. Periplo que no ataja, intuye. El iris de la conciencia. Escribir palabras preciosas que no dicen nada. Así empiezas. Algunos no salen de ahí o ni siquiera llegan. Sólo tienes que mirar tu móvil. Castillos de arena. Uso residencial. Apartamentos de lujo. No hace falta que seas rico. No me cuadra. Voy a dormir hasta que me des una tila. Frenopático. Envía al número que aparece en pantalla y podrás comprarte todo lo que quieras. Una boda múltiple. De color pachuli, ni te imaginas. Marmitaco. Rejuvenecer el pubis mediante una sencilla operación. También me enviaron publicidad para que el escroto sea más terso. Una barbaridad. Un caníbal psicópata puede hacerlo mucho mejor. Lo importante es que estés a la moda, que lo último que hagas sea permanecer en tu zona de confort. ¡Nada de confort, a mover el culo! Pendientes del noticiario se quemaron las pestañas. Ajenos a cuanto sucedía alrededor, murieron desinformados pero tranquilos de verdad. Todas las mentiras. Todas gratis. Contar la situación, presuponerla, hacerse el sueco, el hara-kiri para después. O bien hablar del futuro o rasgarse las vestiduras, restallar heridas, permanecer con los apósitos limpios. Y ahora Ben Hur, cuádrigas, innecesario remake, entretenido divertimento que le da una hostia como un pan a las previsiones de taquilla. Eres irrelevante, desconectas, no voy a entregarte mi alma, Fausto lo serás tú, mejor manejar lo poco que tienes. Hippies. Crispis. Probablemente sepan igual. A lo mejor no hay forma de hacértelo ver. O a lo mejor sí y tenemos que abortar la misión. Lo que faltaba. Periplo de muchos años contaminando el cerebro con lugares comunes, ciertos aromas sospechosos, actividades fuera del horario, principalmente porque eres idiota y te mereces todo lo que te pase. Poder para el pueblo. No se lo daría. En una sociedad democrática las desigualdades son sospechosas. Ponte el abrigo de amianto y cómete este regaliz de lagarto y si hubiera dragones podríamos asar uno y decir, a poco que nos pusiéramos de acuerdo, que la carne estaba sabrosa y que te hacía vomitar fuego si comías demasiado. Dragones en forma de cenicero, ceniceros en forma de alpargatas, alpargatas con forma de pie, pies que son manos. Que te creías tú que esto te iba a salir por la patilla. Carne chamuscada. Hombrecillos grises apuntando a la lata, escupiendo sobre la inalterable recompensa de perder el tiempo más que el compañero. Afeitarse la cabeza, desmadrarse entre algodones de azúcar. La sal del Himalaya sala como una sal que no sea del Himalaya. El sodio es veneno. Jugamos a la ruleta rusa, comparamos las 9mm y después disparamos en fila india hasta que se nos acaban las municiones. Hasta luego sin decirte hola, cambiar los calcetines de cajón y el cajón de edificio y luego volar por los aires el edificio. Los pìes secos. En cuanto eres consciente de que tu escritura automática no es tal, empiezas a narrar lo que haces, escribes de lo que escribirías si escribieses, algo que por lo visto dejó escrito Duras y que Vila-Matas repite en un sinfín de lugares de su literatura. No es este lugar para las quejas, pero le diré algo que no sabría (ni yo), si no hubiera sido porque pegué la oreja donde nadie lo hizo antes que yo. Queda poco tiempo para explicar lo que sucedió, queda poco espacio para ubicar estas nuevas necesidades, queda apenas sitio para un deseo insatisfecho, otro más, y algunos huecos para meter la pata o que la metan otros, la pata desquiciada, desquiciante, la pata. La calle está ahí mismo, sólo tienes que acercarte, pisarla, bajar el pie, disponerte a andar, no pensarlo demasiado, la calle no se va a ir, se parece a otra calle, incluso te diría que es igual que una calle, sí, aquella calle, la calle que se parece a esta otra. Y el aroma artificial tan realista de las flores de plomo dispuestas en el jarrón de porcelana fina. Stand By Me Now. Cómo hemos llegado acá. No tiene sentido pensar en entidades que nos superan en todo. Ellos son más inteligentes, más fuertes. La capacidad lleva aparejada una responsabilidad. Remolinos de agua en el desagüe y boca abajo porque estamos en la otra punta del mundo y nos vemos los pies los unos a los otros. Carpas multicolores se lanzan coletazos de emoción cuando el pescador muere de un infarto tratando de zafarse de la boca de un tiburón amarillo. Vamos a ver. El abogado le dice al perito que en el informe del aparejador ha detectado algunas lagunas clave que hacen entendible e, incluso, criticable sus argumentaciones. Hay que hacer que no se entienda nada, por supuesto, que no se pueda recurrir porque no se sabe que se puede recurrir. Al hacerlo ininteligible es imposible que podamos explicarlo porque tampoco nosotros lo entendemos ni nuestros técnicos ni nuestros miles de alumnos matriculados en Estudios Avanzados e Imprecaciones Varias. Es fácil mantenerse en forma si lo has hecho los últimos treinta años. Por costumbre, más que nada. En las regiones que compiten por abarcar tu alma he hallado cadáveres de sueños posibles y hasta algún aviador con cuerpo de lechuga. Te dicen escribe sobre lo que conozcas, déjate de florituras, di lo que tengas que decir de la manera más simple. Estos consejos me llevaron a un lugar diferente del que estaba, cierto, a una escritura nada preciosista, una escritura con muchos huecos y pocos músculos que la sostengan. No quiero repetirme. Cambiar. Quitas la primera palabra y te quedas con la segunda. Luego, la vuelves a poner cuando haces las correcciones. No hay que fiarse de lo primero que sale, hay que pulir, pero, a veces, no demasiado, cierto; si nos pasamos, le quitamos la sustancia; si podamos poco, nos van a salir ramas por todas partes, ramas innecesarias que no dejan ver la escritura. Yo he estado muchas veces en muchos sitios a la vez. Siempre he querido comunicarte el pensamiento pero las palabras eran, son herramientas imprecisas. Deberían existir lectores de corazón, de cerebros, una ósmosis que deje pasar el pensamiento y así acertar de pleno y hallarnos en la recompensa de entendernos, por fin. No quiero superpoderes, te quiero a ti. He mirado todas las fotos que he hecho estos últimos veintiseis años y he encontrado alguna en la que aparecía yo. Supongo que la timidez me condenó a estar detrás del objetivo. Tengo pocas fotos de mí mismo. No es que tenga especial interés en recordarme. Voy a perderme en alguna isla perdida. Soñaré que me gusta el té. Beberé batidos de frutas y jengibre. Me haré macrobiótico y desayunaré quinoa con frambuesas con algún documental sobre hábitos sanos que agotarán la paciencia de la persona que soy y no de la que veo en esas pocas fotos. El caso es que nos vamos acercando al mutuo entendimiento. Mañana obraremos de otro modo, necesitaremos adecentar un poco la habitación donde trastabillamos y reímos como idiotas. En Nueva York hace frío en invierno y en verano te asas. No te lo discuto. El mundo es un lugar muy grande. La deuda contraída no es reembolsable y sí cada vez más impagable y reconvertible en nuevos y sucesivos dolores de jeta. Bolindres. Esta palabra me acerca a mi infancia, me hace recordar el olor del arroz con habas y tomate de mi abuela, una comida que no he vuelto a probar en veinticinco años y que me apetece una barbaridad ahora. Tengo fotos que demuestran los cambios que hay debajo de esa mesa de ahí. Las cortezas, las pelusas, las uñas mordidas, una moneda, nada serio. Tras escuchar al siempre sorprendente Eels y un disco narcotizante más de lo habitual de Low, no tengo ni idea de qué estoy escuchando ahora, pero me gusta. Creo que me he pasado a Arab Strap. Me gustan, los tenía un poco olvidados. Mezcla de música militar, spoken word y moderneces slowcore con violines y algunos ruiditos digitales. Al final, siempre me descubro tarareando una canción y tú, por supuesto, en Marte.

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA, cuyo nombre en el Registro Civil es Carmen Reja, se licenció en Comunicación Audiovisual y es Técnico Superior en Ilustración. Nacida en Badajoz en 1982, el Mundial de Naranjito se lo pasó durmiendo. Apasionada de Portugal, aunque su sentido de la orientación se desvanece en territorio alentejano, le gusta la vida sencilla y poner bonitos muebles que nadie quiere. Su familia y amigos no la echan de menos porque siempre está ahí, pintando.

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