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Autor: mripalda
Egotrip
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Marcos Ripalda | hace 15 horas| 0

egotrip

El héroe del ego, Conegoman, se enfrenta esta noche sin estrellas ni previsión de lluvias, a su archienemigo, el villano del ego, Sinegoman.
Las apuestas se decantan por la victoria de Sinegoman por KO, más que nada porque como carece de ego, no hay forma de dañarle emocionalmente, y Conegoman es bastante enclenque como para alzarse con la victoria a fuerza de puñetazos, patadas, mordiscos y llaves de judo. Además, Sinegoman tiene preparada incluso una lista de insultos que probablemente harán mella en el sobrevalorado ego de Conegoman —aunque sus partidarios están convencidos de que no le hará falta tirar de ella para la victoria—, al que, por cierto, le gusta la cocina mediterránea, las meriendas en el campo y una mantita para el fornicio por lo que pueda pasar entre los postres y la vuelta a casa. Así de subidito tiene el ego, Conegoman.
A pesar de todo, es justo reconocer que Conegoman es un buen orador, aunque a Sinegoman jamás le ha preocupado esta habilidad de comer la oreja de Conegoman porque, al carecer de ego, tampoco necesita que lo adulen —es escéptico en grado superlativo—, y nada puede rellenar ese vacío de ego con el que nació una mañana de diciembre zarandeado por un señor que era médico y además padre de un mozalbete que llegaría a alcalde de una pedanía sin importancia y del que, por supuesto, nunca más se supo.
La rivalidad entre ambos es bien conocida por el pueblo soberano. Y hoy el pueblo quiere que se insulten, que se escupan, que se peguen de una puta vez.
Sin embargo, a pesar de lo que clama el pueblo soberano, ninguno de los contendientes se atreve a tomar la iniciativa, dar el primer paso, golpear con saña.
Hay una multitud que grita Olé por Conegoman, qué huevazos tiene, y otra multitud similar en tamaño, aunque más ruidosa y pendenciera, corea Este Sinegoman se va a merendar al tirillas.
Pasan cinco mil seiscientos setenta y tres millones de años.
Conegoman da un paso al frente y dice que se ha levantado un airecito muy agradable y en el ble que se confunde con un blu, Sinegoman le revienta los morros de una hostia que despeina hasta a ese señor con bigote y gomina que se quedó expectante, y ahí sigue.
No hay una multitud encolerizada que aplauda ni que aulle ni que se rasgue las vestiduras ni que coree el nombre del vencedor.
Sinegoman se pasa la mano por la cabeza y se toca un bulto en la nuca que parece una pelota de pinpón. Luego se baja del cuadrilátero y se aleja, mientras Conegoman se incorpora como puede, escupiendo algunos dientes y parte de la lengua. Por nada del mundo querría que le diesen otra bofetada de tal calibre, así que se va arrastrando cual culebrilla hasta una esquina del cuadrilátero y allí expira mientras el planeta Tierra, indiferente, gira y gira y gira.

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Buscaminas
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Marcos Ripalda | 18-06-2017 | 6:53| 0

buscaminas

No se espante, no cometa la insensatez de echarse atrás y no ejercer su derecho a la réplica imaginativa, al bostezo riguroso, a la respuesta acelerada, el tortazo mejorado, el mutis desapasionado, la huida tempestuosa, el silencio ajado. No, no lo haga. Considérese felicitado si cree que debe ser felicitado por algo que tal vez ni siquiera hizo y que, muy probablemente, no recuerde. O sí. No es nuestra culpa, conste. Tampoco vamos a impedirle reescribir la historia. Tenemos relojes de arena con los que puede recuperar el tiempo pasado, cambiarlo a voluntad, ya sabe, olvídese del efecto mariposa. Si a alguna cigüeña catalogada como especie protegida se le ocurre toparse con usted y alguna población asentada sobre arenas corredizas y cimientos infames desaparece, mala suerte. No es su culpa, ¿verdad? De nosotros tampoco, conste. No le estamos obligando a nada. No acepte las felicitaciones si es lo que desea o acéptelas todas. Resulta positivo, y lo tendremos en consideración, que nos haya ocultado su dolencia todo este tiempo, así podremos pagarle con la misma moneda, resolver la cuestión de forma inequívoca, así que adelante los faroles, responsabilicemos al cura, despeñemos al gaitero, recurramos, incluso, a la quinta enmienda sin que sepamos qué se está recurriendo, ay, pero cualquier cosa mejor que dejarse engañar por los falsos imitadores, esos profetas-espejo que habitan en la conciencia. Así que ya sabe, si quiere lo hacemos por usted, no fuerce la máquina, acomódese y sobrevuele, gracias el piloto automático de la indiferencia, esas zonas pantanosas donde habitan los últimos indicadores que una vez le hicieron humano. No olvide ajustar la temperatura de su cobardía hasta que se achicharre y, sobre todo, llegado el momento, pise con garbo, coño.

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La huida cíclica
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Marcos Ripalda | 05-06-2017 | 4:27| 0

plano_ego

Qué le vamos a hacer. Hoy he decidido dimitir de mí mismo y me he propuesto a mí mismo como sucesor. Es lo que tengo más a mano.
Así que desde ahora mismo alquilo mi sentido común con recibidor amplio, dormitorio con vistas a ninguna parte, baño cuco, cocina sin amueblar y salón con derecho a descanso y ningún acceso al patio comunitario situado en las antípodas de donde tú decidas estar.
Los interesados pueden mandar un mensaje encriptado en clave copernicana a la persona que les haya embelesado de la forma más dramática posible en más ocasiones e, incluso, a ninguna persona en particular, y que el azar decida, aunque no les recomiendo esta opción por razones obvias.
Por mi parte, prometo no estar operativo hasta que yo mismo decida que hacer con el que ha dimitido de sí mismo y que, sospechosamente, se empieza a parecer a este otro que nunca quise ser y que siempre soy.

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Solidaridad 2.0
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Marcos Ripalda | 31-05-2017 | 11:13| 0

sacos_boxeo

Yo no quiero que usted se enfade por lo que he venido a decirle. Preferiría, sin duda, que usted me disparase así, a bocajarro, si llego a molestarle de algún modo, que me empujase con violencia para que mi cráneo se quebrase como un coco en aquel arcén oscuro, si usted estimase que mis intenciones no son buenas o, incluso, hasta mejorables. Me estoy limitando, y créame cuando le digo que no quiero extralimitarme en ningún momento, a transmitirle lo que los que le conocen mejor no se atreven, por miedo, sobre todo, a interrumpir sus ablaciones diarias… qué se yo, sólo soy un mensajero que desea cumplir de la mejor forma posible un cometido que nadie ha querido ni ha solicitado, un cometido, ya digo, que ni tan siquiera he querido cargar sobre mis hombros, aunque alguien tenía que decirle las palabras que, por muy mal que le hagan sentir, deben ser pronunciadas, aunque sea bajito, y aun a riesgo de que le calcen una hostia al mensajero, cierto, que en el caso que nos ocupa coincide con mi persona, así que para no hacerle perder el tiempo innecesariamente le ruego que escuche las palabras que he venido a decirle, palabras que son del todo sinceras y que resumen, por supuesto, el sentir general de buena parte de sus allegados: “Benito, estamos contigo”. Convendrá conmigo en que la frase tiene empaque.

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El bocadillo de jamón contra el principio de incertidumbre
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Marcos Ripalda | 24-05-2017 | 3:21| 0

La niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo le propone al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, adivinar el contenido del mismo, pero al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, le gusta paladear esta incertidumbre que sabe que no es tal porque, a poco que rasgue el papel de plata con el que está envuelto, ya huele a Nocilla o a pavo, a salchichón o a paté de cabracho, aunque en esta ocasión, y lo sabe la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo, se va a llevar una verdadera sorpresa, no de una posibilidad entre cuatro, sino de una quinta que el niño no contempla ni imagina, pues la madre, estirando como buenamente puede lo que da de sí la paguita de viudedad y, todo hay que decirlo, en un rapto de creatividad culinaria, le ha metido entre pan y pan una loncha de jamón serrano, una única loncha perfectamente veteada, con el equilibrio perfecto de tocino y carne, de las buenas de verdad, o sea, impregnando el centro del mollete tierno que bajó a comprar esa misma mañana, y que el niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, devora hasta que uno de sexto que corre con el balón pegado a los pies lo arrolla y a hacer puñetas el pan, la loncha de jamón y su último diente de leche, diente que la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo sabía que iba a caer muy cerca de aquel imbornal pero no dentro, nunca dentro, así que adiós ratoncito Pérez para siempre.

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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