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Etiqueta: corazón
ende siècle
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Marcos Ripalda | 13-02-2017 | 11:22 |0

La Tierra desmoronándose.
Dios que se marcha para siempre.
Las carcajadas del sacerdote.
Tiembla y dime que has soñado con esto.
Porque es cierto lo que cuentas en tu última carta.
No es posible observar la marea naranja, se ha interpuesto la luna blanca, la luna asesina que te despoja del cuerpo.
Por eso me acuesto sobre una serpiente dorada. La serpiente no me muerde. Pero lo hará. Sólo tiene que esperar. Noto como se mueve por las venas de cristal, como se estrecha al llegar al torrente sanguíneo mientras se retuerce la espina dorsal. Es una serpiente lista. Eso basta. Se apodera de mi para vaciarme de ti. Le agradezco lo que hace.
Ahora parece que estoy muerto. No puedo sentir nada. Esto es la muerte. No sentir nada. Para siempre. No vengas a buscarme. Muerta también.
Estoy flotando sobre un mar de escombros, de recuerdos. Cientos de buenos propósitos con alas de hojaldre estrellándose sobre las encías de la montaña.
Ahora me espera la nieve. La nieve que no recuerda nada de lo que tú y yo fuimos.
Sí, la nieve.
La nieve amaneciendo sobre el alféizar la nieve que se quita la nieve vampiro la nieve oculta en los corazones la nieve avalancha nieve esperma nieve

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Juegos reunidos
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Marcos Ripalda | 23-09-2015 | 09:23 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La niña que era más mala que un dolor se subió al tejado para otear el horizonte de tejas, camisones, bragas-faja y gatos hambrientos y, sobre todo, para poder echarle un vistazo al niño que era más tonto que Abundio, que, al parecer, vendió una oreja porque la tenía repetida.
La niña que era más mala que un dolor no acostumbraba a subir tan alto, pero se aburría de estar en el cuarto callada y esperando que se hiciese de noche para poder chinchar al padre, que llegaba agotado del trabajo y tenía el tiempo justo para cenar e irse a la cama tras un irregular cepillado de dientes. Así que mientras la madre le ponía la cena —más bien fría porque no acertaba con el tiempo de calentado en el microondas—, la niña que era más mala que un dolor le sometía a todo tipo de rayuelas físicas y mentales, que iban desde el abrazo-que-impide-ver-El-intermedio o el achuchón-que-machaca-las-cervicales-que-el-crossfit-ya-machacó a las preguntas y/o peticiones inquietantes del tipo ¿las nubes comparten casa? o ¿cuándo me vas a comprar el iPhone 6 con pantalla retinta extrafina de jamon york?
Cómo descansar con

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Océano moja
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Marcos Ripalda | 03-06-2014 | 15:20 |0

 

En memoria de Momo (2000-2014), descanse en paz

Océano. Sí, moja. Así lo describió cuando supo que su nombre era el mismo. Océano tenía dos años. Nació en la madrugada del 11 de enero de 2009.
Primero un pie y después el otro. Así, muy bien, despacito, no tenemos ninguna prisa. Sofía tuvo que aprender esto. Y otras muchas cosas más. Porque Océano no fue parte de ella hasta mucho años después, cuando el recuerdo imborrable de Océano le advirtió de su error. Entonces, Sofía pudo atreverse a mirar detenidamente ese recuerdo que era también una mirada y un espejo.

Océano me golpea con sus dedos minúsculos. Me toca la nariz, los párpados, la barba descuidada, atrapa mi índice, se revuelca inquieta en su cunita.
Hace poco descubrió a Tor, nuestro viejo mastín. Tor nunca se acerca demasiado a ella. Sus grandes ojos se posan cansados sobre el edredón de la cuna y allí se queda tumbado toda la tarde, en mitad del pasillo, como un centinela adormecido.

Yo deseo llevarme a Océano a la playa para mostrarle el mar. Sofía me dice que Océano estará mejor en casa. Por esta vez le hago caso. Océano debe tomar su biberón, así que después del baño

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La verdad y nada más que la verdad
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Marcos Ripalda | 21-06-2013 | 19:51 |0

Se operó de la nariz y eso le animó. Se operó la mandíbula, las orejas, se puso la boca nueva. Le gustaba su aspecto, sí. Se miró en el espejo de cuerpo entero, desnudo, y no le pareció desagradable lo que veía. Había grasa abdominal que eliminar, qué duda cabe, pero no era tanta. Empezó a correr, a ir al gimnasio, a nadar, a tomar batidos de proteínas y aminoácidos. Perdió peso, complejos, tiempo. Cuando se cansó de correr, cogió la bici, la mochila, el casco y, pedaleando, conoció el mundo. Volvió de conocer el mundo cansado, satisfecho, con algunos achaques. Se puso la tele. No veía un programa del corazón desde hacía años, muchos años. Él había cambiado, cierto. Sin embargo, la tele, los protagonistas, los jetas, no . Murió solo, en su sillón. Hubo que romperle los dedos para coger el mando a distancia que apretaba en su mano. Su necrológica acababa con esta confesión de su madre: “Fue un vago toda su vida”.

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Habla un árbol
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Marcos Ripalda | 27-06-2013 | 11:24 |0

“Los árboles no dejan ver el bosque. Yo digo: no te olvides del bosque pero observa la de cosas que nos está diciendo este árbol.”
(Clara Duque, Apócrifos de El sur).

Este corazón late deprisa mientras se forma.
Esta historia habla de un corazón, del envoltorio que lo cubre: el hombre.
Pero no es el de un hombre cualquiera.
Ningún hombre es cualquiera. No existe ese tal o cual.
Existe él.
Su nombre no lo diremos.
Pero no es un hombre cualquiera. Sigue sin ser un hombre cualquiera.
Este hombre no nos gusta.
No es que sea malo.
Es un hombre que no suele hablar mucho. Ya no lo necesita.
Al comienzo de esta historia lo encontramos sentado.
Está en el balcón, leyendo.
Se despereza.
Se incorpora.
Deja el periódico en el asiento.
Salta.
Ese hombre que ha saltado no es cualquiera.
Es un hombre que está muerto.
Un hombre que antes no lo estaba.
Muerto.

Este corazón
no es el de un hombre cualquiera.
Este hombre
ya no lo necesita.

[Este relato lo inspiró, para bien o para mal, el tema “El Hombre Bosque En Llamas” del álbum “El bosque en llamas” (2009) de Pumuky.]

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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