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Etiqueta: cuento
Mamíferos
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Marcos Ripalda | 26-05-2016 | 16:42 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El muchacho que regala cartas de amor no se molesta cuando la princesa de cuento de hadas escoge otra carta porque la que le regaló no la convence. El muchacho que regala cartas de amor le pregunta si no quiere que le escriba una de su puño y letra, y hasta le sugiere a la princesa de cuento de hadas que le dicte las palabras que desea leer. Sorprendida por tal atrevimiento, la princesa de cuento de hadas, que ha percibido cierta sorna en el timbre de la voz del muchacho, lo manda arrestar de inmediato.
El muchacho que regala cartas de amor, que acaba de ser arrojado a un calabozo sucio y maloliente, no se inmuta cuando el verdugo le entrega una nota manuscrita de la princesa de cuento de hadas en la que puede leer que no habrá cielo allá donde va, y estas palabras vienen rodeadas con un círculo de color morado.
Cuando el hacha separa la cabeza del muchacho que regala cartas de amor, la princesa de cuento de hadas, desde la balconada estilo rococó construida para no perderse ningún detalle, aplaude histéricamente. Y sin saber qué maldito hechizo lo provoca, no puede dejar de

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Momo
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Marcos Ripalda | 07-05-2014 | 12:08 |0

Y es que la Momo momito linda se acurruca bajo el flexo con la excusa de que tiene frío y de paso aprovecha y hace como que estudia sigue interesada mis lecturas que son las suyas o  su cola que es de ella y nunca mía zarpazo que te crió si la tocas yo le aparto las cosas de la mesa porque ella tiene su lugar un lugar privilegiado pegada la Momo momito al calor de la bombilla de 60 vatios del flexo se pone a mirar la pared de un tono celeste y cuando la cabecita le arde me mira como diciendo ya puedes dejar de mirarme y trabaja su cola recogida mira hacia arriba hacia la luz esa fuente de calor que no es un radiador pero que calienta igual y cierra los ojitos como si tomase un baño de sol toda digna que no posa a veces gruñe está muy pendiente de la pantalla del ordenador gata negra gata común que no tiene nada de común y cuando alcanzamos la concentración porque está silencioso o porque se concentra de algún modo en la música que pongo eso quiero creer adorable momito y casi no respiro y la Momo momito linda de vez en cuando maúlla con su ujj ujj que yo no entiendo y entonces estás perdido porque se te sube encima y se estiraja sobre uno que escribe incluso

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Los cuentos invisibles
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Marcos Ripalda | 27-02-2014 | 16:08 |0

Mi tío Paco, que nunca fue un hombre de muchas palabras, desapareció literalmente aquella tarde en que se estaba tan bien al solecito.
A mi tío Paco se le podía encontrar todas las tardes escribiendo en el café. Lo hacía en una libretita donde anotaba frases, pensamientos, esbozos que luego convertía en cuentos o, incluso, los cuentos mismos, pues algunos eran mínimos. Supongo que escribió menos cuentos de los que le hubiera gustado. Mi preferido, que nunca vio la luz porque ninguna editorial se lo publicó —ni este cuento ni ninguno—, sigue siendo aquel que escribió después de que su mujer le regañase por haber pisado el suelo mojado que ella acababa de fregar.
Mi tío quería ser Saul Bellow, pero comprendió sin atisbo de amargura, que nunca lo conseguiría. Bellow era imposible; Carver, tal vez; Vila-Matas, a veces.
Recuerdo vivamente la impresión que me causó. En el relato había un jinete (un soldado, creo recordar) que se pierde en la nieve y descubre con asombro que no siente frío, pero el caballo sí, por lo que tiene que abandonarlo y caminar solo hasta descubrir, al final del cuento, cuando llega por fin a una casa que conoce bien —porque en el

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Una historia de la evolución natural
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Marcos Ripalda | 23-10-2013 | 15:42 |0

El honorable señor feudal le prometió a su hija un pretendiente digno de su confianza el día de su decimoctavo cumpleaños, pero como no encontró a ningún pretendiente del que fiarse le pidió a una bruja que le cortase un brazo para que de él sacara, al modo de Adán y Eva y lo de la costilla aquella, a un joven apuesto, hermoso, y, sobre todo, digno de su confianza. Con los años, lo que había sido un brazo y luego un príncipe de discreta belleza, decapitó al honorable señor feudal, que era un tirano de cuento, mientras la hija, felicísima, se dispuso a vivir como una reina.

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El niño bajo el disfraz
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Marcos Ripalda | 03-10-2013 | 15:43 |0

Entonces, ¿qué crees que hizo nuestro héroe? ¿No lo sabes? Pues te diré lo que hizo. Nuestro héroe dejó que lo apresaran porque tenía planeado encontrarse con el capitán Malapata en prisión. Ya se preocuparía de salir de los muros infranqueables de los que nunca había conseguido escapar nadie. Nuestro héroe se dijo a sí mismo que siempre hay una primera vez para todo.
El abuelo le cuenta al nieto la historia que recuerda de cuando era niño y, por supuesto, no evita invenciones sobre la marcha y alguna trasgresión histórica sin importancia. Y el nieto, mientras se embelesa con la historia, también se va quedando dormido, pues ese es el propósito final del cuento, que se duerma, y antes de caer del todo, le llama la atención el tamaño del abuelo, que ha menguado, le parece al niño, que está ya casi dormido, y se ha ido convirtiendo en otro niño de su misma edad, que, metido en una caja de cartón, se defiende de las olas y de las sirenas y con la tapa de una vieja olla evita los abordajes de los piratas Malapatas que pueblan su habitación mientras con la otra mano, no sabe si con la izquierda o con la derecha, cercena las cabezas de monstruos marinos con

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Todo el oro del mundo
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Marcos Ripalda | 22-06-2012 | 21:37 |0

Al niño le gustan los cuentos. Pero le gustan los cuentos así, rapiditos, que no se abunde en los detalles. Porque el niño tiene que dormir sus nueve horas y no permite que estas ficciones, más o menos elaboradas por su madre la mayoría de las veces, a partir de cuentos populares que han sobrevivido generación tras generación, le quiten el sueño. La madre, por supuesto, se pierde en los detalles que nada aportan al desarrollo de la acción y el niño la manda a hacer puñetas. En cambio, cuando el padre le lee un cuento cumple con exactitud lo que demanda el niño, más que nada porque llega a las tantas y se quiere desprender del cuento y del niño lo antes posible, aun a riesgo de que le reprenda la psicoterapeuta. Así que cuando el niño se hace mayor y tiene que contarles un cuento a sus padres -de dónde y con quién estuvo anoche-, elabora un breve discurso que improvisa allí mismo mientras en la tele repiten por vigésimosexta vez el capítulo donde Tito, que está llorando desconsoladamente, anuncia que ha muerto Chanquete. La madre, sorprendida no por la muerte de Chanquete, sino por las palabras del niño, que ya no es tan niño, aunque se empeña en

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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