Hoy

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Etiqueta: dolor
Siempre fue lo tuyo
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Marcos Ripalda | 06-03-2017 | 11:38 |0

NO
SEAS
NUNCA
MALA.
Nunca juegues al escondite con un amigo que sabe más de laberintos que tú.
No vayas a sorprender a tu peor pesadilla copulando con un alfil porque te producirá dolor de estómago.
Si piensas en mí, tienes que pensar en todos mis yo reunidos para celebrar el día que conocimos cada uno de tus cambios de humor.
No te mueras con desgana porque no podré lavarte la camisa de cuadros.
Deja para luego lo que ibas a hacer ayer. Que otros se cuelguen las medallas. Levanta la mano, jura que ha sido tu compañero de habitación y que nunca me lo dirás.
Cuando te mires en el espejo quita las macetas de delante para que puedas ver cómo descargan en el puerto los bidones de felicidad y las compresas contra el vértigo.
El repartidor de la lotería fue concejal de cultura y luego se le dio mal apostar a caballo ganador.
Particularmente no he podido evitar pensar en tu hipoteca y estoy convencido de que fue la mejor opción posible no hacerme querer.
Cuando bailas pegada a otro ser vivo que se mueve con gracia, te pareces a una doble de ti.
Pega en la oficina un cartel en A3 con un montaje de las fotos que muestran tu evolución hasta el día de hoy.
Hazte una

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La esclava
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Marcos Ripalda | 14-11-2016 | 16:45 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No me voy a alegrar porque las cosas te hayan ido mal desde que decidiste que las cosas te irían mejor. No te voy a reprochar lo injusto que fuiste. Porque tú pensaste que era lo más justo. A qué engañarnos: has tenido razón. Lo que iba ser mejor para ti, no lo fue al final. En absoluto. Ni siquiera voy a alardear de mi buena fortuna. Todo gracias a que te marchaste en lo que te pareció buena hora y fue mala, muy mala para ti.
Cuando te marchaste lo pasé muy mal. Pensaba que no me recobraría y que tu pérdida sería irremplazable.
Ya ves que no ha sido así. Sólo se necesita tiempo. Cualquiera puede recuperarse si pasa el tiempo suficiente.
No sé por qué te hago perder el tiempo leyendo esto, cuando ambos lo sabemos. Porque yo sí lo sé. He aprendido. Déjame, en cualquier caso, decirte algo que no sabes. Quiero que las cosas te sigan yendo mal. Más que eso: quiero que te vayan mucho peor. Siempre que sea posible. Tenemos una increíble tolerancia al dolor, créeme.
Ya te he dicho que no me alegro ni te lo reprocho, pero es tanto el odio que siento que a punto estuve, fíjate qué tonta, de no comprarme

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Juventud sin Dios
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Marcos Ripalda | 28-03-2016 | 17:00 |0

El hombre monta en la bicicleta y se pega un trompazo de manual nada más salir de su jardín.
Unos niños que han observado toda la secuencia —y que lo vieron venir, todo hay que decirlo—, se empiezan a descojonar mientras el hombre se convulsiona en el suelo.
Como las convulsiones van a menos conforme se suceden los segundos, los niños se van desentendiendo del hombre y se ponen a jugar con el balón, que es lo que les apetece y las novedades duran lo que duran.
El hombre no lo sabe, pero le quedan 36 segundos para morirse.
Hubiese bastado un bolígrafo en la tráquea, un estudiante de medicina, una enfermera del montón, un aprendiz de churrero, un oficial de primera.
El duro balón de reglamento lanzado hacia una escuadra imaginaria le da en la cocorota al hombre, que no dice nada porque han pasado ya los 36 segundos.
Uno de los niños —el más flaco, un zagal eléctrico de tez cenicienta— le advierte a otro niño —más entrado en carnes, con los codos rebosantes de arañazos— que darle al vecino no otorga puntos extras.
Por si acaso, el niño seboso le da otro balonazo en el melón al hombre y suena toc.
Un niño despistado aulla gol.

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La tapia
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Marcos Ripalda | 07-10-2015 | 16:22 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es fácil decirte adiós. No es fácil comerte la cabeza para que tú te comas la mía. Es complicado dejarse embaucar por tu prieta orografía cuando no hay consuelo en tus muslos apretándome las caderas mientras estoy lejos o muy borracho dejándome morir. Yo he querido tenerme cerca en caso de necesidad pero siempre me he alejado más de la cuenta y, al subir la marea, me he terminado ahogando. La verdad es que nunca he sabido nada importante de mí, nada que pudiera salvarme a la hora de enfrentarte, ese empuje ilusorio del progresa adecuadamente. Ningún consejo estimable que llevarme a la boca. Solo un enorme vacío como de permanecer sin estar. El ejercicio de defraudarme ha sido siempre mi diversión favorita y este dolor acaba y empieza conmigo sin que pueda apartar la vista de las parejas que pasean animadas por los bulevares de metal, con sus esquinas ribeteadas de aguardientes, de masajes portátiles, de encuentros marítimos, sacudidas, algún peñasco. Perderme en la noche es volverse ciego para los colores, y tú siempre tan negra e indiferente. Lo cierto es que he visto más vida en ese trozo inerte

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Juegos reunidos
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Marcos Ripalda | 23-09-2015 | 09:23 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La niña que era más mala que un dolor se subió al tejado para otear el horizonte de tejas, camisones, bragas-faja y gatos hambrientos y, sobre todo, para poder echarle un vistazo al niño que era más tonto que Abundio, que, al parecer, vendió una oreja porque la tenía repetida.
La niña que era más mala que un dolor no acostumbraba a subir tan alto, pero se aburría de estar en el cuarto callada y esperando que se hiciese de noche para poder chinchar al padre, que llegaba agotado del trabajo y tenía el tiempo justo para cenar e irse a la cama tras un irregular cepillado de dientes. Así que mientras la madre le ponía la cena —más bien fría porque no acertaba con el tiempo de calentado en el microondas—, la niña que era más mala que un dolor le sometía a todo tipo de rayuelas físicas y mentales, que iban desde el abrazo-que-impide-ver-El-intermedio o el achuchón-que-machaca-las-cervicales-que-el-crossfit-ya-machacó a las preguntas y/o peticiones inquietantes del tipo ¿las nubes comparten casa? o ¿cuándo me vas a comprar el iPhone 6 con pantalla retinta extrafina de jamon york?
Cómo descansar con

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No eres tú
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Marcos Ripalda | 10-06-2014 | 11:38 |0

No eres tú más que nada porque has dejado de importarme cuando me estabas importando demasiado y se me estaba haciendo insoportable y no había quien me soportara. Acaban de anunciarme que hay vida inteligente en el dedo gordo de mi pie, así que voy a correr un rato para que veas que no me achanto, a pesar del dolor que produce tener vida inteligente en ese dedo. Ni estás ni te espero ni quiero que vengas porque ni te he llamado ni te llamaré. Entiende que el dolor ha sido insoportable y que no estamos hechos el uno para el otro, que unas cosas son como son, y no hay que darle más vueltas. O mejor: lo que no puede ser no puede ser. Tú, a este lado. Y ese no puede ser de ningún modo mi lado. Me niego. Y a ti tampoco te hará mucha gracia. Que es ponerse. Pero no. Ya te lo digo yo. En el dedo gordo de mi pie han descubierto vida inteligente hace un rato y yo me he ido a correr y ya estoy de vuelta y no te espero. Ni ganas. Estoy como de vuelta de todo. Algo cansado, no confundido. Ya quisieras. Me voy a pasar la lima por el dedo y ya verás dónde se va la vida inteligente. O eso o me voy indefinidamente. No es una amenaza. Verdad de la buena. Para siempre. La vida

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El duelo infinito
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Marcos Ripalda | 23-05-2014 | 10:20 |0

Se levantó temprano como tenía por costumbre, aunque no tenía que madrugar para trabajar. Después de desayunar, se montó en la bici e hizo 7,2 kilómetros mientras escuchaba el último LP de Spain que había recibido la semana anterior. Con el lío que se había montado, no había tenido tiempo ni de sacar el disco de su funda. Se bajó de la bici y se duchó. Ni la figura de Supermán sin piernas sobre la pila del lavabo ni el gel exfoliante para pieles delicadas que asomaba del neceser, le distrajeron de su propósito de aprovechar la mañana. Sin embargo, le asaltaron algunas dudas. ¿Se iba directo al centro y consultaba la lista de libros que desde hacía meses llevaba en la cartera? ¿Se quedaba en casa y escuchaba vinilos, mientras escribía un poco sobre sus emociones? ¿Se iba a tomar una caña y compraba el periódico que sabía perfectamente que no leería? Podía masturbarse y llorar, pero la idea, aunque tentadora, la desechó. Al final, se echó en la cama hasta que el libro que estaba leyendo de Samuel Beckett lo anestesió y se durmió. Despertó tarde y con apetito, así que pidió japonés y se bebió una botella de vino blanco que había guardado para

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Inercia
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Marcos Ripalda | 05-03-2014 | 11:08 |0

1.
Fue lo primero que dijo al despertarse.
Qué puta mierda de lluvia.
Por una vez había que darle la razón. Qué puta mierda de lluvia.
Habíamos tenido un tiempo estupendo.
Estaba claro que se nos había chafado el partido.
Me parece que vamos a tener que conformarnos con el Tetris.
Yo le río la gracia y pienso que lo que ha dicho nada más despertarse resumía lo que sentíamos todos. Sólo había que fijarse en la cara del Melenas. Siempre fumando. Y con lo de encestar unas canastas encuentra una motivación. Y luego la lluvia. Y se acabó.
Desde luego esta lluvia nos ha jodido a todos.
Prefiero no pensar en eso. Está el Tetris además.

2.
Con Leandro he hecho las paces. Le he dicho que se cambie de nombre un millón de veces. Leandro. Pero dice que cuesta dinero y que no le da la gana.
Le agarré del brazo porque lo veía venir. Eres un bruto, me dijo. Pero qué quería que hiciera. Me había prometido que si iba a la fiesta me avisaría. Y yo le había prometido lo mismo. Qué iba a hacer. Leandro se fue sin mí y yo le esperé a que saliera y le agarré del brazo. Hoy hemos hecho las paces, pero no quiere jugar al baloncesto porque no se fía. Sólo me faltaba eso,

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La punzada
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Marcos Ripalda | 27-01-2014 | 20:20 |0

PRIMERA PARTE

Sintió una leve punzada en el estómago.
Nada serio. Se recuperaría enseguida. Sólo tenía que tomar las pastillas indicadas. Y si las pastillas no estaban en su lugar o se habían agotado, tendría que bajar a la farmacia y soportar el dolor unos minutos. Nada que no pudiera tolerar.
Las pastillas estaban en su lugar. El bote, al menos, pero vacío. Pronunció un sinfín de palabras malsonantes y tomó el abrigo.
La farmacia estaba abierta hasta las ocho y media y eran sólo las siete y cuarto.
En el rellano de la escalera le saludó a su vecino, un homosexual con cara de bruto y que no parecía homosexual, al que no devolvió el saludo.
El ascensor olía a tabaco. ¡Qué cuesta encenderse el cigarrillo en la calle! No era momento de recordar que él mismo se fumaba dos paquetes al día. Hasta que el médico pronunció las palabras. O dejas de fumar o te mueres. Por supuesto, prefirió morirse. Total, ya tenía cincuenta y cuatro años y con la vida que había llevado tampoco era para esperar un milagro de última hora, un giro repentino en el desarrollo de su insípida y fastidiosa existencia, pero vida al fin y al cabo.
Una mañana se había levantado con

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La terrorista frígida
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Marcos Ripalda | 14-01-2014 | 13:02 |0

La raíz del problema nunca ha sido -como nos dijeron en su día los expertos-, la falta de interés sexual de la terrorista, sino el vacío informativo que se instauró en todos los medios de comunicación de la zona. Qué duda cabe de que, aunque la terrorista hubiese perdido el apetito sexual, aquel factor no la imposibilitaba para poner bombas o secuestrar al empresario de turno. De hecho, argumentaron los últimos expertos consultados, puede que precisamente esa falta de interés sexual, esa represión inconsciente de sus más íntimas y despreciables bajezas, la haga, incluso, más peligrosa, pues tiene que descargar todo ese torrente de energía que no ha gastado en acciones violentas, acciones que casi siempre están diseñadas para provocar heridos, mutilados, muertos y, sobre todo, muchísimo dolor a las familias.
La terrorista, ajena a estas disquisiciones sobre si se le han ido las ganas de follar o no, sigue preparando el secuestro que, sospecha, la encumbrará en algún puesto clave de la organización que ella misma dirige. La terrorista planea secuestrar al hijo sarasa de un comerciante de bobinas de hilo que ha hecho fortuna en el extranjero evadiendo

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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