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Etiqueta: familia
La tangente
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Marcos Ripalda | 28-01-2016 | 10:58 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al hombre le dice su doctor de toda la vida que le queda media hora de vida, pero que no se preocupe, que con el precario material quirúrgico del que dispone, puede abrirle el cráneo y sacarle los malos pensamientos que lo llevarán a la tumba si no se da prisa, y no pierde la oportunidad para comentarle que ha sido una suerte encontrar la causa de tanta desazón y de tanto estreñimiento últimamente, cuando el hombre  —lo lee en su historial— es más bien de digestiones fáciles.
El hombre, por no llevarle la contraria al doctor, que asistió a su madre en el nacimiento de su hermana, la pequeña —lo que tal vez explique que esté tarada desde su nacimiento, cuando la familia supuso entonces cierta lentitud en el habla porque era una chica sensible (y no una insensible de mucho cuidado)—, le dice que lo disculpe, que le está dando un infarto ahí mismo y que no sabe si lo superará ahora que otras preocupaciones le invaden la cabeza.
El doctor, blandiendo un bisturí que no ha sido esterilizado desde el año de inauguración del centro de salud, quince años atrás, le practica al hombre una incisión

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Tribu
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Marcos Ripalda | 25-11-2013 | 11:12 |0

Unas veces se gana y otras se pierde, dijo el hombre enroscado a una viola. Unas veces tienes más y otras tienes menos, grito la mujer prendida a un alfiler. Unas veces hay océanos y otras desierto, susurró el niño acicalado con cemento. Una veces pamplinas y otras gozos, concretó el abuelo abrazado a un tigre de bengala. Todos ellos, unas veces sí y otras veces no, se parecían a una familia convencional.

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Y el pollo frito quería aprender a volar
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Marcos Ripalda | 16-08-2013 | 16:23 |0

Un pollo frito queriendo aprender a volar. Un pollo vivo podría, sí, tomar lecciones de vuelo con otros pollos en la escuela de aviación, que también las habrá. Pero no un pollo frito, un pollo muerto, que se ha frito para, supongamos, el disfrute de una familia numerosa, y en la que a cada miembro le tocará un cuarto de pechuga o una alita, como mucho. Así que, sorteando a la muerte, el pollo frito vive, respira y, además, expresa su intención de aprender a volar y hasta se fabrica una pancarta rudimentaria en la que, con una caligrafía digna de un amanuense ruso bien entrenado, exige su derecho a volar. El pollo frito jefe, pues todos los pollos están fritos, le dice que es un pesado, un tocahuevos, una mosca cojonera, y sí, las moscas pueden volar, sean cojoneras o no, lo admite, pero no quiere que el pollo frito se vaya por las ramas. El caso es que, pese a que el pollo frito tiene nulos conocimientos de la aerodinámica de su propio cuerpo, no se desalienta. Pasa el tiempo y el pollo frito, con constancia, tesón y un personal trainer que viene todas las mañanas a recordarle cuál es su propósito, consigue realizar sus primeros vuelos cortos, mientras el

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Cobertura
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Marcos Ripalda | 13-06-2013 | 11:47 |0

El hombre de prodigiosa verborrea sube los 5.895 metros del Kilimanjaro y en la cima siente la imperiosa necesidad de contárselo a alguien. Contarle, por ejemplo, lo mucho que ha esperado este momento desde que empezó a hacer los preparativos hasta que por fin se decidió; las reticencias de sus amigos y el apoyo incondicional de su esposa, a pesar de los malentendidos con su familia, que aún hoy se pregunta qué se le ha perdido a él en el extranjero, y tan alto, madre mía. Como la aventura la inició solo, solo sigue y ahora no puede evitar esta imperiosa necesidad de proclamar sus sentimientos, gritarle al mundo su proeza, que tampoco es para tirar cohetes, conste, así que decide narrarse, sin ahondar en detalles, eso cree, la experiencia vivida. Del tostón que se da, aunque al principio estuvo muy pendiente de lo que se contaba a sí mismo, descubriendo, incluso, matices en los que no había reparado hasta ese instante o que había ignorado por parecerle banales, se queda dormido y rueda montaña abajo hasta que una piqueta irregularmente clavada en la roca de una de las tiendas de un campamento base detiene su caída. Cuando la montañera pelirroja sale de su

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Se acabó la Fanta y la fantasía
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Marcos Ripalda | 01-06-2012 | 19:11 |0

A la de una a la de dos y a la de tr… fue lo último que escuchó Bernardino antes de perder el conocimiento tras resbalar con un patito de goma manco del ala que su hijo había dispuesto estratégicamente para repeler el ataque de un pez gamba de colores indeterminados que su hermana le iba a lanzar en cuanto se descuidase el padre que sostenía en aquel momento, antes de caer fulminado, la piñata, tres vasos con Fanta y panchitos adheridos, el regalo del mayor y unas sandalias para su mujer que se había quejado del calor reinante en la sala tras disputarse con su hermana las miradas de profundo desprecio del geiperman de carne y hueso en que se había transformado de segundo a tercero de BUP el sobrino de su marido, Angelito. Hasta aquí, lo normal.
Bernardino volvió en sí pocos segundos después tras arrojarle el geiperman Angelito una jarra de agua, jarra incluida, a la cara de pánfilo que se le había quedado blanco como un mantel hecho a mano por la hermanas Carmelitas en el Monasterio de Santa Terencia, monja que pasó a ser santa y luego a mejor vida. O sea, que Bernardino volvió en sí más por el impacto de la jarra que por el líquido que esta contenía, y

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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