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Etiqueta: hijo
La punzada
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Marcos Ripalda | 27-01-2014 | 20:20 |0

PRIMERA PARTE

Sintió una leve punzada en el estómago.
Nada serio. Se recuperaría enseguida. Sólo tenía que tomar las pastillas indicadas. Y si las pastillas no estaban en su lugar o se habían agotado, tendría que bajar a la farmacia y soportar el dolor unos minutos. Nada que no pudiera tolerar.
Las pastillas estaban en su lugar. El bote, al menos, pero vacío. Pronunció un sinfín de palabras malsonantes y tomó el abrigo.
La farmacia estaba abierta hasta las ocho y media y eran sólo las siete y cuarto.
En el rellano de la escalera le saludó a su vecino, un homosexual con cara de bruto y que no parecía homosexual, al que no devolvió el saludo.
El ascensor olía a tabaco. ¡Qué cuesta encenderse el cigarrillo en la calle! No era momento de recordar que él mismo se fumaba dos paquetes al día. Hasta que el médico pronunció las palabras. O dejas de fumar o te mueres. Por supuesto, prefirió morirse. Total, ya tenía cincuenta y cuatro años y con la vida que había llevado tampoco era para esperar un milagro de última hora, un giro repentino en el desarrollo de su insípida y fastidiosa existencia, pero vida al fin y al cabo.
Una mañana se había levantado con

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La fiambrera
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Marcos Ripalda | 22-01-2014 | 11:08 |0

El nuevo amigo de mi mujer y que, además, se acuesta con mi sobrina, ha tenido la brillante idea de traer una piña para celebrar el cumpleaños de mi hijo que es alérgico a esa fruta del demonio.
Por supuesto, he tirado la piña a la primera oportunidad que se me ha presentado. No sé qué patraña me inventaré cuando llegue la hora de servir el postre, aunque confío en que se me ocurrirá algo. Como siempre. Lo que no tengo claro es si mi mujer o mi hijo alérgico, que se han dado cuenta de que he tirado la piña por la ventana del baño, me delatarán.
La piña la arrojé cuando el imbécil se dio la vuelta para apreciar una lámina de Klimt que compré en el VIPS que tenemos abajo y cuyos ocres, los del cuadro, conjuntan divinamente con los cojines del sofá y la pequeña lámpara turca que mi hijo alérgico nos trajo tras visitar fugazmente Turquía. Pero esto no viene al caso. Lo que ahora espero es que mi mujer y mi hijo alérgico se hagan los suecos y me permitan que explique, de una vez por todas, lo de la alergía, que sería, por supuesto, lo más lógico, y no inventarse así, de sopetón, una excusa que oculte lo que de verdad ha sucedido con la piña.
Hay que

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La terrorista frígida
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Marcos Ripalda | 14-01-2014 | 13:02 |0

La raíz del problema nunca ha sido -como nos dijeron en su día los expertos-, la falta de interés sexual de la terrorista, sino el vacío informativo que se instauró en todos los medios de comunicación de la zona. Qué duda cabe de que, aunque la terrorista hubiese perdido el apetito sexual, aquel factor no la imposibilitaba para poner bombas o secuestrar al empresario de turno. De hecho, argumentaron los últimos expertos consultados, puede que precisamente esa falta de interés sexual, esa represión inconsciente de sus más íntimas y despreciables bajezas, la haga, incluso, más peligrosa, pues tiene que descargar todo ese torrente de energía que no ha gastado en acciones violentas, acciones que casi siempre están diseñadas para provocar heridos, mutilados, muertos y, sobre todo, muchísimo dolor a las familias.
La terrorista, ajena a estas disquisiciones sobre si se le han ido las ganas de follar o no, sigue preparando el secuestro que, sospecha, la encumbrará en algún puesto clave de la organización que ella misma dirige. La terrorista planea secuestrar al hijo sarasa de un comerciante de bobinas de hilo que ha hecho fortuna en el extranjero evadiendo

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El hijo de su madre
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Marcos Ripalda | 29-11-2013 | 18:36 |0

Yo de pequeño era muy malo. Me lo decía todo el mundo. Mis abuelos, mis amigos, mi hermana, mi tío Jacinto, la quiosquera, el dueño del taller de neumáticos, la profesora de piano, el churrero. Hasta mi madre me lo decía: “Niño, eres muy malo”. No malo a secas. Muy malo. Y a mis cuarenta-y-muchos mi madre me lo sigue diciendo: “Eras y eres muy malo”. Y lo cierto es que no lo comprendo. Aparte de alguna travesura fruto del desconocimiento, achacable a mi corta edad entonces o a la curiosidad que todo zagal sano muestra, no he hecho nada malo en toda mi vida. Lo juro.
Saqué buenas notas en primaria y en bachillerato. Salvé a una ancianita antipatiquísima de ser devorada por un doberman y el doberman me mordió a mí y con esta mano aún puedo escribir si me concentro y no llueve.  En la universidad aprobé Derecho en cinco años, aunque la manía que me pilló el de Derecho mercantil a cuenta de que hice un comentario (que nunca hice) sobre su incipiente alopecia, estuvo a punto de costarme un disgusto. Me coloqué pronto y bien en un bufete pequeño aunque con proyección nacional y dediqué incontables horas a leer cuentos a los gemelos antes de dormir, pues mi

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El rescate
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Marcos Ripalda | 04-10-2013 | 19:25 |0

Cuando pagaron el rescate esperaban que les devolviesen a su hijo sano y salvo, pero en lugar del hijo lo que les devolvieron fue una abuela con tendencias maníaco-depresivas que los tenía fritos, sobre todo cuando le daba por saltar en mitad de la noche sobre el colchón de uno cincuenta que compartían. A pesar de que lo que han pagado por el rescate no les ha devuelto a su hijo, han decidido darle una oportunidad a la vieja, que sale puntualmente de casa a las 7.35 para sentarse y quedarse dormida inmediatamente en la parada del autobús, mientras los demás niños se suben en dirección al colegio de la zona. El autobús de ruta de la escuela deja a Simón, que ahora también es hermano de la abuela, en la parada a las 14.10, y la abuela, hecha un ovillo, sigue ahí, así que Simón tiene que despertarla y, aunque de la parada a la casa hay apenas quince metros, la vieja se toma sus buenos cinco minutos para incorporarse y ponerse en marcha.
La abuela, con los años, se hizo mucho más vieja, y en su graduación la aplaudieron a rabiar sus padres hasta que le vino un hipo raro y la diño. Los padres, que se han vuelto ahorradores compulsivos desde que tuvieron que

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Las edades de Umberto
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Marcos Ripalda | 20-09-2013 | 09:25 |0

“… Y esta empanada cerebral es lo que llamamos edad del pavo o en su acepción más contemporánea la edad del agilipollamiento, que es más o menos permanente, y varía en según que casos. Hay casos que se dan a edades más avanzadas, pero son casos aislados, excepcionales, como el de Umberto…” [cita extraída de la ponencia “Encuentros en la tercera fase con adolescentes” del profesor Hugh Chesterton]

A Umberto, que para todo era especial, esta edad le llegó de bien mayor, cuando ya tenía hijos casados y ningún nieto porque sus hijos eligieron a mujeres que se negaron en rotundo a compatibilizar trabajo y cuidado de los hijos, instaladas en la certeza de que trabajo e hijos constituían universos irreconciliables. O una cosa o la otra, decían, y como los hijos de Umberto eran de naturaleza horchatica, es decir, que la sangre les llegaba lo justo, pues no se opusieron con argumentos sacados de foros ni de revistas masculinas donde también podían averiguar en un test de 5 preguntas realizadas ad hoc la compatibilidad con su pareja o cómo no darse a la bebida cuando ellas se lo llevan todo o cómo hacer dulce de leche o dónde emigrar si el tema se pone serio.

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Freud nunca durmió solo
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Marcos Ripalda | 14-06-2013 | 16:02 |0

El psicólogo reprende a la madre por haber perdido los estribos. La madre arguye que el hijo, aunque es suyo, eso nadie se lo discute, es una mala influencia para el padre, al que le ha dado por jugar con los playmobil nada más llegar del trabajo y al que hay que pedirle, rogarle que deje de jugar y se siente en la mesa para almorzar. Con reticencias, la cabeza hacia un lado, la lengua colgando del labio inferior, en un gesto que ella reconoce en su hijo y que significa que te den, el padre se sienta en la mesa y ella le pregunta si se ha lavado las manos, cosa que no ha hecho, por supuesto, y entonces se arma un follón para persuadirle de que si no se lava las manos no come. Obviando el hecho de que el menú diario se ha empobrecido cualitativamente, pues solo se puede servir arroz con tomate, huevos fritos, salchichas, filetes de pollo finísimos empanados, algún gallito ocasional sin espinas y, por supuesto, papas fritas, hay que cortarle al padre los filetes en piezas pequeñas para que no se atragante y recordarle continuamente que tiene que beber agua para que el bolo baje. Cuando llega el postre, como estamos en verano, helado; y si no hay helado, nada. La fruta ni

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Flores marchitándose
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Marcos Ripalda | 09-08-2012 | 19:14 |0

La marca era de nacimiento. La botella de medio litro era de fanta naranja. Curro era quien tenía la marca de nacimiento, una islita marrón oscuro en la lechosa pantorrilla de la pierna derecha. Curro era también quien había comprado la fanta naranja de medio litro que se había escapado de su mano debido al manotazo (no intencionado) que le había dado el burro de su hijo, que vestía una camiseta morada con unas visibles letras blancas donde se podía leer Si quieres dejar la bebida, déjala en mi casa. Aquella frase se le había ocurrido una mañana de resaca a su compañero de piso, al de su hijo, que estaba leyendo el fanzine Cave Canem, algo así como “Cuidado con el perro”, en cuya portada Heidi se practicaba un masaje en cierta zona íntima. Y, por supuesto, fue Curro quien advirtió signos de mal humor en su mujer cuando esta le recordó que no había traído nada para ella. Le dijo que tenía pensado compartir la fanta. Aunque lo cierto es que tampoco quedaba ya nada para él.

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Se acabó la Fanta y la fantasía
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Marcos Ripalda | 01-06-2012 | 19:11 |0

A la de una a la de dos y a la de tr… fue lo último que escuchó Bernardino antes de perder el conocimiento tras resbalar con un patito de goma manco del ala que su hijo había dispuesto estratégicamente para repeler el ataque de un pez gamba de colores indeterminados que su hermana le iba a lanzar en cuanto se descuidase el padre que sostenía en aquel momento, antes de caer fulminado, la piñata, tres vasos con Fanta y panchitos adheridos, el regalo del mayor y unas sandalias para su mujer que se había quejado del calor reinante en la sala tras disputarse con su hermana las miradas de profundo desprecio del geiperman de carne y hueso en que se había transformado de segundo a tercero de BUP el sobrino de su marido, Angelito. Hasta aquí, lo normal.
Bernardino volvió en sí pocos segundos después tras arrojarle el geiperman Angelito una jarra de agua, jarra incluida, a la cara de pánfilo que se le había quedado blanco como un mantel hecho a mano por la hermanas Carmelitas en el Monasterio de Santa Terencia, monja que pasó a ser santa y luego a mejor vida. O sea, que Bernardino volvió en sí más por el impacto de la jarra que por el líquido que esta contenía, y

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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