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Etiqueta: muerte
Catálogo
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Marcos Ripalda | 25-08-2014 | 16:00 |0

Impresiones I

Parece. En cierto modo, sí. Parece ciertamente. O más o menos. Sí. Desdibujado, aunque no definitivo. Tal vez un corcho que flota en el océano. En medio de toda esa agua, sí, señor.
Parece. Ahora, tal vez, un poco más. Por la perspectiva, nomás. ¡Coño!, pues sí que parece ahora. Antes también, cierto. No hay duda, ninguna duda. Parece, de todas formas, más grande. Recordemos: la perspectiva, el punto de apoyo, el plano de intersección, la bisectriz y todo eso. Está claro. Un minúsculo melocotón amarillo dentro de una bota de pescador. A grandes zancadas y los peces.  Eso parece. Al menos, fluye. Es bueno saber que estás vivo. En determinadas circunstancias no. Los peces saltan y tienen los ojos muy abiertos.

Impresiones II

No se está nada mal. Es cómodo, aunque algo pegajoso se adhiere a la herida, aunque cómodo de todas formas.
Parece más grande. No tanto, pero lo parece. Es cierto. Estos ojos son un regalo. Pero ellos, los peces, no se mueren. Es imposible.

 

Impresiones III

Hace mucho creímos en los sueños. Y los sueños se apartaron de los sueños. A nosotros no nos está permitido soñar. El sueño de estar soñando por

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Océano moja
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Marcos Ripalda | 03-06-2014 | 15:20 |0

 

En memoria de Momo (2000-2014), descanse en paz

Océano. Sí, moja. Así lo describió cuando supo que su nombre era el mismo. Océano tenía dos años. Nació en la madrugada del 11 de enero de 2009.
Primero un pie y después el otro. Así, muy bien, despacito, no tenemos ninguna prisa. Sofía tuvo que aprender esto. Y otras muchas cosas más. Porque Océano no fue parte de ella hasta mucho años después, cuando el recuerdo imborrable de Océano le advirtió de su error. Entonces, Sofía pudo atreverse a mirar detenidamente ese recuerdo que era también una mirada y un espejo.

Océano me golpea con sus dedos minúsculos. Me toca la nariz, los párpados, la barba descuidada, atrapa mi índice, se revuelca inquieta en su cunita.
Hace poco descubrió a Tor, nuestro viejo mastín. Tor nunca se acerca demasiado a ella. Sus grandes ojos se posan cansados sobre el edredón de la cuna y allí se queda tumbado toda la tarde, en mitad del pasillo, como un centinela adormecido.

Yo deseo llevarme a Océano a la playa para mostrarle el mar. Sofía me dice que Océano estará mejor en casa. Por esta vez le hago caso. Océano debe tomar su biberón, así que después del baño

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Mongolia
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Marcos Ripalda | 26-03-2014 | 16:08 |0

Que todo es ponerse, me dice el mongolo. Y yo que voy a muerte, que mato por este mongolo, me pongo a ello.
Y me cuesta, no crean. No soy yo de renunciar así como así, pero yo por mi mongolo a muerte, hostias. Aunque seguro que me vienen los de la oenegé de turno con alguna pamplina legal para que retire lo de mongolo. Y yo se lo digo con cariño, conste. Que el puesto es suyo. Del mongolo. Que yo no quiero para nada el puesto. Hasta que lo quiera, claro. Y el mongolo tendrá que irse. ¡Bueno que si se va! Pispás, pispás y a otra cosa. Mientras, yo voy a muerte, qué cojones, con mi mongolo hasta la Luna, hostias. Lo abrazo, me abraza, y aunque me da un poco de asco que me soben, contemplo embobado el surco de sudor que se le ha dibujado al mongolo en el sobaco y percibo en la pituitaria un ligero olorcillo rancio, como de jabón lagarto, así que aguanto, resisto, sí, qué cojones, que ya veo la recompensa, que tanto alabar al mongolo tendrá su fruto, digo yo, que soy el namberguán, un corredor de fondo, y ya estoy llegando, ya llego, hostias.
Somos la repera este mongolo y yo. Y encima nos van a votar los mismos que nos votaron, así que ganamos fijo. Qué flojita

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Convivencia
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Marcos Ripalda | 11-10-2013 | 09:24 |0

Para hacer la tortilla se necesita, al menos, un huevo. Le pido un huevo y me da dos porque son pequeñitos y me voy a quedar con hambre. Le digo que estoy a régimen, que con uno me basta, pero él insiste en que son pequeñitos, que me coma dos, y punto. Es su manera de zanjar las cosas, poniendo puntos y aparte. Así que me dispongo a cascar el primer huevo contra el borde de la sartén y el maldito se me escurre y acaba aplastado contra el suelo. Observo como la yema y la clara se mezclan entre sí mientras se esparce la baba resultante por el suelo negro cerámico de nuestra cocina. La visión del huevo me recuerda, no sé a cuento de qué, una escena de una película en la que un actor musculoso saltaba al vacío tras tener una acalorada discusión con un tipo que parecía no conocer de nada y que llevaba placa. El caso es que no se ponen de acuerdo y se tira el guapo y se estrella y se muere, supongo, porque la película la vi hace un montón de tiempo y no me acuerdo bien. Con el huevo que me queda me hago una tortilla. Una tortilla de un solo huevo. Le recuerdo que estoy a régimen. Me dice que siempre me salgo con la mía y yo pienso que no siempre, que a veces

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El señor Klein
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Marcos Ripalda | 20-08-2013 | 10:21 |0

Matías Klein murió a la edad de 57 años con la conciencia tranquila y una pierna atrapada en la cosechadora que conducía un desconocido agricultor cegato que lo arrastró muy lejos de donde estaba merendando. La merienda quedó esparcida en un radio de 8,69 metros y algunos pajaritos se acercaron a picotear el bocadillo de salchichón al que Matías Klein se disponía a hincarle el diente cuando se produjo el incidente fatal que acabó con su vida. El único testigo humano que observó la tragedia, sin contar con el agricultor cegato que no se enteró de nada y que siguió su camino, motor en marcha, arrastrando a Matías hasta que su cabeza golpeó con un canchal y se partió como un coco, ruido que percibió, no se sabe cómo, pues asegura su hermana que oído fino nunca tuvo, lo que le gustaba era el bar y la partidita, quedó tan impresionado por la tragedia que se ha ocultado en un monasterio capuchino a la espera del requerimiento final, su encuentro con la madre noche, con la guadaña que, saldadas las cuentas o no, sesgará su vida de una forma, si cabe, menos ridícula que la del señor Klein.

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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