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Etiqueta: nina
El bocadillo de jamón contra el principio de incertidumbre
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Marcos Ripalda | 24-05-2017 | 15:21 |0

La niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo le propone al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, adivinar el contenido del mismo, pero al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, le gusta paladear esta incertidumbre que sabe que no es tal porque, a poco que rasgue el papel de plata con el que está envuelto, ya huele a Nocilla o a pavo, a salchichón o a paté de cabracho, aunque en esta ocasión, y lo sabe la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo, se va a llevar una verdadera sorpresa, no de una posibilidad entre cuatro, sino de una quinta que el niño no contempla ni imagina, pues la madre, estirando como buenamente puede lo que da de sí la paguita de viudedad y, todo hay que decirlo, en un rapto de creatividad culinaria, le ha metido entre pan y pan una loncha de jamón serrano, una única loncha perfectamente veteada, con el equilibrio perfecto de tocino y carne, de las buenas de verdad, o sea, impregnando el centro del mollete tierno que bajó

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Cabezas
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Marcos Ripalda | 26-09-2016 | 16:11 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El niño con cabeza de niña le pide a su mejor amigo, el niño con cabeza de chorlito, que le corte la cabeza y, claro, el niño con cabeza de chorlito se la corta, que para eso se da mucha maña, anda que no. Ahora el niño con cabeza de niña no tiene cabeza; bueno, si que la tiene, pero no la lleva puesta sobre los hombros, sino bajo el sobaco, así que parece que se está paseando con la cabeza de una muñeca rubia, una cosa macabra, se mire por donde se mire. Los niños en el colegio le dicen marica, supone, y supone bien, porque lleva su jeta de niña bajo el brazo, y él, qué duda cabe, no puede cagarse a gusto en las familias de estos niñatos de mierda, más que nada porque donde antes estaba la boca no hay nada y ningún insulto puede salir de ella. El niño que antes tenía una cabeza de niña por cabeza trata de ajustarse la cabeza de nuevo para poder ciscarse en los muertos de los niños y también porque entiende que es la única forma de engullir bocado, pues hambre tiene desde hace rato. Tras fracasar muchas veces intentando sujetar la cabeza al cuello cercenado, ha decidido echarse la sopa, como quien

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Juegos reunidos
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Marcos Ripalda | 23-09-2015 | 09:23 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La niña que era más mala que un dolor se subió al tejado para otear el horizonte de tejas, camisones, bragas-faja y gatos hambrientos y, sobre todo, para poder echarle un vistazo al niño que era más tonto que Abundio, que, al parecer, vendió una oreja porque la tenía repetida.
La niña que era más mala que un dolor no acostumbraba a subir tan alto, pero se aburría de estar en el cuarto callada y esperando que se hiciese de noche para poder chinchar al padre, que llegaba agotado del trabajo y tenía el tiempo justo para cenar e irse a la cama tras un irregular cepillado de dientes. Así que mientras la madre le ponía la cena —más bien fría porque no acertaba con el tiempo de calentado en el microondas—, la niña que era más mala que un dolor le sometía a todo tipo de rayuelas físicas y mentales, que iban desde el abrazo-que-impide-ver-El-intermedio o el achuchón-que-machaca-las-cervicales-que-el-crossfit-ya-machacó a las preguntas y/o peticiones inquietantes del tipo ¿las nubes comparten casa? o ¿cuándo me vas a comprar el iPhone 6 con pantalla retinta extrafina de jamon york?
Cómo descansar con

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imagen, Lectura de una
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Marcos Ripalda | 15-12-2014 | 12:52 |0

Hace tiempo que no escribo. Aunque he estado leyendo a Gombrowicz, a David Foster Wallace y ahora un ensayo sobre True Detective, donde se incluyen relatos de H. P. Lovecraft, Friedrich Nietzsche, Dashiell Hammett y Arthur Schopenhauer, entre otros. Y el asunto no queda ahí. Pendientes están Las palmeras salvajes de Faulkner y El hombre del castillo, obra del autor de la novela que inspiró Blade Runner y que la pereza me impide buscar en Google. También puede que caiga, a modo de desengrasante, algún tebeo, aunque estoy de superhéroes bastante cansado. Miento, tampoco lo estoy tanto tras visionar la macarrada de Los Guardianes de la Galaxia. O sea, que ocupado estoy. Y luego están las tareas de los niños, el gimnasio, comer, relacionarse (poco), dormir, perder el tiempo en Facebook (no siempre), ojear alguna revista, ponerse un disco de este año, capturar el momento (en fotografía, si es posible), echar aceite al coche, madurar, no desesperar, convertir a MPG4 el AVI del video donde éramos mucho más jóvenes, y la ilustradora, Carmen, que me escribe vía email que no le haga ‘escrache’, que me ha mandado una ilustración para otro cuento (siempre estoy pidiendo),

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Haciendo la compra, consecuencias
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Marcos Ripalda | 12-05-2014 | 15:43 |0

La dejo pasar más que nada porque quiero verle el culo.
La señora que va detrás de ella, con el pan bajo el sobaco, me mira mal porque le hubiera gustado saltarse el turno, pero con esa cara de acelga lo único que hubiera podido pasar es que le dijera muy serio que yo también llevaba prisa —esa habría sido la excusa de la señora si llega cinco segundos antes, como si los demás anduviésemos sobrados de tiempo—, aunque habría hecho todo lo posible por meter el desodorante, los yogures y la comida para la gata en la bolsa con la mejor de mis sonrisas y una parsimoniosa lentitud, con el único objetivo de añadirle una arruga más de desprecio a su cara de acelga.
La chica, en efecto, tiene un culazo. Las mallas favorecen su maciza figura y yo sé que todo es para el novio, lo que se ve y lo que no, y ahí se acaban mis ilusiones, pero me contento, qué duda cabe, contemplando su culo haciendo como que estoy pendiente de los niños, que están subidos a un carro, ensimismados pegando un chicle en una de las cerraduras de la consigna y que, por suerte, no es la nuestra, así que podré sacar la mochila con los deberes que, con Dios y ayuda y un pescozón a tiempo,

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Océano moja
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Marcos Ripalda | 03-06-2014 | 15:20 |0

 

En memoria de Momo (2000-2014), descanse en paz

Océano. Sí, moja. Así lo describió cuando supo que su nombre era el mismo. Océano tenía dos años. Nació en la madrugada del 11 de enero de 2009.
Primero un pie y después el otro. Así, muy bien, despacito, no tenemos ninguna prisa. Sofía tuvo que aprender esto. Y otras muchas cosas más. Porque Océano no fue parte de ella hasta mucho años después, cuando el recuerdo imborrable de Océano le advirtió de su error. Entonces, Sofía pudo atreverse a mirar detenidamente ese recuerdo que era también una mirada y un espejo.

Océano me golpea con sus dedos minúsculos. Me toca la nariz, los párpados, la barba descuidada, atrapa mi índice, se revuelca inquieta en su cunita.
Hace poco descubrió a Tor, nuestro viejo mastín. Tor nunca se acerca demasiado a ella. Sus grandes ojos se posan cansados sobre el edredón de la cuna y allí se queda tumbado toda la tarde, en mitad del pasillo, como un centinela adormecido.

Yo deseo llevarme a Océano a la playa para mostrarle el mar. Sofía me dice que Océano estará mejor en casa. Por esta vez le hago caso. Océano debe tomar su biberón, así que después del baño

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Tal para cual
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Marcos Ripalda | 13-12-2012 | 12:00 |0

El niño con cara de viejo resabiado se encapricha de la niña con cara de saber latín, niña que, conforme avanza en su desarrollo físico e intelectual, se convierte en la perfecta compañía para el niño con cara de hacerte la puñeta a la mínima que te descuides, a pesar de que a este niño la que le gusta es la niña con cara de haberse caído de un guindo, a la que, para su desgracia, tiene embelesada el niño con cara de a mí no me hables.

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Los protegidos
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Marcos Ripalda | 21-05-2012 | 20:26 |0

Se van a ir pronto a casa porque nadie entra en la juguetería desde hace horas. Cerrarán con llave la puerta blindada de la tienda y voltearán el cartel de Abierto para que muestre Cerrado y se dirán adiós. Es posible que él carraspee y hasta que ella se muestre preocupada, pero no abrirá la boca. De lo que ninguno se dará cuenta, ni siquiera en el recuento previo de lo que dio la jornada de sí, antes de apagar la luz de la mesilla e irse a dormir, será de que se han dejado a la niña.
La niña se había detenido a contemplar un juguete y ahora es la dueña del castillo. Eso piensa. Hasta que se apagan las luces y el castillo de princesa ya no es un lugar acogedor. Qué almenas tan puntiagudas. Y qué decir del trenecito y su cuerda que asemeja una serpiente.
Encuentran a la niña acurrucada debajo del mostrador. Apenas abre los ojos cuando los ve entrar. Ha dormido asustada pero no tanto. El escudo de He-Man, al fin y al cabo, el que lleva bien agarrado, sea de noche o de día, sigue siendo un escudo.
Ella le regala una muñeca que, al pulsar un mecanismo a la altura del estómago, recita que te quiere, mientras él carraspea a su lado sin atreverse a tocar la

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La viga en el ojo propio
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Marcos Ripalda | 06-02-2012 | 19:21 |0

A mí me parece que esta niña me ha mirado raro. Es una niña cabezona. Y no me refiero a que sea difícil que dé su brazo a torcer, que a lo mejor también. ¡Es que vaya cabezón que tiene la niña! Como tengo que meterme con mamá en el centro comercial la pierdo de vista justo cuando la niña se va a dar un trompazo con la columna del aparcamiento.
Mamá me pone esto y aquello sobre la ropa, habla sola de lo precioso que voy a estar y de lo mucho que le va a gustar a tu padre lo que nos vamos a ahorrar. Por supuesto, no me consulta. No lo necesita. Paga. Los zapatos mejor otro día, dice mamá, que llevamos prisa, y ya sabes que es más difícil encontrar tu número, y hay que mirar más. Así que estoy siendo arrastrado de nuevo hacia el aparcamiento, con mis camisitas y mis pantaloncitos rebajados en bolsas de plástico que tardarán doscientos años terrestres en biodegradarse o degradarse sin bio, que parece que es más lento.
Mamá echa monedas en el parquímetro y, como me suelta de la mano para alcanzar el monedero en su bolso-trampa, me alejo un poco de su aura protectora y un carrito-hoja-de-lechuga-pegada, empujado por una gorda idiota (lo de gorda es evidente,

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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