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Etiqueta: vida
La tapia
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Marcos Ripalda | 07-10-2015 | 16:22 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es fácil decirte adiós. No es fácil comerte la cabeza para que tú te comas la mía. Es complicado dejarse embaucar por tu prieta orografía cuando no hay consuelo en tus muslos apretándome las caderas mientras estoy lejos o muy borracho dejándome morir. Yo he querido tenerme cerca en caso de necesidad pero siempre me he alejado más de la cuenta y, al subir la marea, me he terminado ahogando. La verdad es que nunca he sabido nada importante de mí, nada que pudiera salvarme a la hora de enfrentarte, ese empuje ilusorio del progresa adecuadamente. Ningún consejo estimable que llevarme a la boca. Solo un enorme vacío como de permanecer sin estar. El ejercicio de defraudarme ha sido siempre mi diversión favorita y este dolor acaba y empieza conmigo sin que pueda apartar la vista de las parejas que pasean animadas por los bulevares de metal, con sus esquinas ribeteadas de aguardientes, de masajes portátiles, de encuentros marítimos, sacudidas, algún peñasco. Perderme en la noche es volverse ciego para los colores, y tú siempre tan negra e indiferente. Lo cierto es que he visto más vida en ese trozo inerte

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Unas pocas vidas
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Marcos Ripalda | 12-08-2015 | 10:24 |0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo cierto es que él no tenía dónde ir, pero eso no le importaba. Había dormido en los caminos, a la sombra de lo que quiera que hiciese sombra, y un día, así como quien no se había movido del sitio, se encontró con que estaba frente a la puerta de la Sole, y qué mala suerte, conste.
Esperó muy cauto él a que se hiciera de noche y se coló por los ventanales, encontrando a su Sole querida enfrascada en una discusión amorosa con el otro, y se dijo, “esta vez si que sobro”, y se marchó al puerto, y por una miseria se embarcó en un barco, y cuando estuvo a punto de estirar la pata, vislumbró Chipre, y con un suspirito abandonó este puto mundo, el mundo, que no hay quién lo entienda, el de la Sole, el del otro y el de él, qué remedio, el marido de la Sole, a la que de novios invitó a un crucero, y tuvieron que desembarcar en Canarias, que para tanto no daba el dinero.

 

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El niño que jugaba con los coches
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Marcos Ripalda | 10-09-2014 | 11:50 |0

Para William Cuthbert Faulkner.

Parte de mí está pisando la alfombra.
Las lucernarias no evitan que esté oscuro y parte de mí está asustada.
Cuando acabe esto haré aquello y si te apetece podremos pasear.
No silbes.
Calla.
Parte de mí está alejándose.
La vimos pasar, la vida.
Ahora silba bajito, pajarito, encuentra tu nidito.
Vete preparando.
La alfombra está en su sitio.
Está oscuro y es de noche y es de color negro.
Yo tengo más ganas.
Cuando acabes de silbar, saldremos a pasear.
Ponte a jugar.
Mientras chocan, parte de mí se acuesta en la alfombra mientras se aleja.
Está tan oscuro como antes.
Abre la ventana, deja que se vaya este olor a cerrado.
Parte de mí está oscura, pero ya no se aleja.
Cuando quieras nos vamos.
Silba pajarito, pero no te cagues en la alfombra.
Yo tengo el que más corre.
Parte de mí choca y no hay ruido.
La alfombra silba bajito y está oscuro.
El pajarito de la alfombra y parte de mí en la oscuridad.
Acabo y nos vamos.
Juego porque ya no hay juegos y está oscuro mientras chocan.
¡Ruuuuuuuun, ruuuuuuuun!

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No eres tú
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Marcos Ripalda | 10-06-2014 | 11:38 |0

No eres tú más que nada porque has dejado de importarme cuando me estabas importando demasiado y se me estaba haciendo insoportable y no había quien me soportara. Acaban de anunciarme que hay vida inteligente en el dedo gordo de mi pie, así que voy a correr un rato para que veas que no me achanto, a pesar del dolor que produce tener vida inteligente en ese dedo. Ni estás ni te espero ni quiero que vengas porque ni te he llamado ni te llamaré. Entiende que el dolor ha sido insoportable y que no estamos hechos el uno para el otro, que unas cosas son como son, y no hay que darle más vueltas. O mejor: lo que no puede ser no puede ser. Tú, a este lado. Y ese no puede ser de ningún modo mi lado. Me niego. Y a ti tampoco te hará mucha gracia. Que es ponerse. Pero no. Ya te lo digo yo. En el dedo gordo de mi pie han descubierto vida inteligente hace un rato y yo me he ido a correr y ya estoy de vuelta y no te espero. Ni ganas. Estoy como de vuelta de todo. Algo cansado, no confundido. Ya quisieras. Me voy a pasar la lima por el dedo y ya verás dónde se va la vida inteligente. O eso o me voy indefinidamente. No es una amenaza. Verdad de la buena. Para siempre. La vida

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Océano moja
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Marcos Ripalda | 03-06-2014 | 15:20 |0

 

En memoria de Momo (2000-2014), descanse en paz

Océano. Sí, moja. Así lo describió cuando supo que su nombre era el mismo. Océano tenía dos años. Nació en la madrugada del 11 de enero de 2009.
Primero un pie y después el otro. Así, muy bien, despacito, no tenemos ninguna prisa. Sofía tuvo que aprender esto. Y otras muchas cosas más. Porque Océano no fue parte de ella hasta mucho años después, cuando el recuerdo imborrable de Océano le advirtió de su error. Entonces, Sofía pudo atreverse a mirar detenidamente ese recuerdo que era también una mirada y un espejo.

Océano me golpea con sus dedos minúsculos. Me toca la nariz, los párpados, la barba descuidada, atrapa mi índice, se revuelca inquieta en su cunita.
Hace poco descubrió a Tor, nuestro viejo mastín. Tor nunca se acerca demasiado a ella. Sus grandes ojos se posan cansados sobre el edredón de la cuna y allí se queda tumbado toda la tarde, en mitad del pasillo, como un centinela adormecido.

Yo deseo llevarme a Océano a la playa para mostrarle el mar. Sofía me dice que Océano estará mejor en casa. Por esta vez le hago caso. Océano debe tomar su biberón, así que después del baño

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Fin
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Marcos Ripalda | 26-12-2013 | 11:47 |0

Eran otros tiempos y las soluciones eran otras. Definitivamente eran otros tiempos.
El hombre habla y habla y yo escucho, escucho su pasado, el porvenir podrido de este viejo superviviente.
Hemos esperado todo este tiempo… esperado tanto tiempo… esperado para comprobar que la destrucción puede ser más rápida, más devastadora… definitiva, por fin.
Escucho al viejo, al hombre sabio, las últimas frases del mundo. Y no puedo ni quiero dejar de hacerlo.
Cuando yo no esté, ¿qué vendrá despues? ¿Qué tiempo sin tiempo? ¿Qué espacio ocuparemos en este no-vivir? ¿Seguiré siendo yo?
Pienso que nunca lo sabremos, que nunca nos lo dirán los que se fueron. Porque nadie vuelve para contarlo.
Entonces las palabras serán otra cosa y ya no serán palabras y no habrá quien escuche esas no-palabras.
En pocos segundos las naves aplastarán el mundo que conocemos y el viejo y yo estaremos muertos. Y cuando por fin estemos muertos, completamente muertos, muertos para siempre, todos los que podrían recordarme también lo estarán.
Las naves, rozando con sus gigantescas hélices las ramas de los árboles más altos, inician el protocolo de destrucción.
¿Seguiré siendo

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Tribu
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Marcos Ripalda | 25-11-2013 | 11:12 |0

Unas veces se gana y otras se pierde, dijo el hombre enroscado a una viola. Unas veces tienes más y otras tienes menos, grito la mujer prendida a un alfiler. Unas veces hay océanos y otras desierto, susurró el niño acicalado con cemento. Una veces pamplinas y otras gozos, concretó el abuelo abrazado a un tigre de bengala. Todos ellos, unas veces sí y otras veces no, se parecían a una familia convencional.

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La verdad y nada más que la verdad
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Marcos Ripalda | 21-06-2013 | 19:51 |0

Se operó de la nariz y eso le animó. Se operó la mandíbula, las orejas, se puso la boca nueva. Le gustaba su aspecto, sí. Se miró en el espejo de cuerpo entero, desnudo, y no le pareció desagradable lo que veía. Había grasa abdominal que eliminar, qué duda cabe, pero no era tanta. Empezó a correr, a ir al gimnasio, a nadar, a tomar batidos de proteínas y aminoácidos. Perdió peso, complejos, tiempo. Cuando se cansó de correr, cogió la bici, la mochila, el casco y, pedaleando, conoció el mundo. Volvió de conocer el mundo cansado, satisfecho, con algunos achaques. Se puso la tele. No veía un programa del corazón desde hacía años, muchos años. Él había cambiado, cierto. Sin embargo, la tele, los protagonistas, los jetas, no . Murió solo, en su sillón. Hubo que romperle los dedos para coger el mando a distancia que apretaba en su mano. Su necrológica acababa con esta confesión de su madre: “Fue un vago toda su vida”.

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Nunca seré Saul Bellow
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Marcos Ripalda | 08-06-2013 | 18:02 |0

Tú lo que quieres es escribir como Saul Bellow, no te engañes. No quieres su vida, sus cinco esposas, sus manías. Quieres su genio para la escritura. Quieres su Pulitzer, su Nobel, su reconocimiento, su capacidad intelectual para describir al hombre moderno inmerso en la continua amenaza de perder su identidad espiritual. Tú quieres escribir sus libros, no seguir sus pasos.  No quieres mirar por la ventana de su habitación. Pero ambas cosas son inseparables. Créeme, si yo estuviera en la piel de Raymond Carver, que sabes que tanto me gusta, no querría para nada su genio si tengo que vivir alcoholizado como él. Tú no quieres aquello que está intimamente ligado al acto de escribir: la propia vida, su itinerario por el mundo hasta que murió el 5 de abril de 2005 en Brookline, Massachusetts. Lo cierto es que prefieres ser ese diseñador gráfico que vive a pocos pasos de esta habitación. Hasta parece casi feliz, conforme con la mano que le ha tocado jugar. Lo que tenga que venir, que venga.
No te gustaría ser Saul Bellow, créeme. Muchas veces sabemos lo que no queremos cuando por fin lo conseguimos. Puedes ser electricista, fotografo, director de una galería de

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Culpable
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Marcos Ripalda | 18-06-2012 | 19:09 |0

Hubo quien le prejuzgó sin pruebas. Bastaba verlo allí sentado para darlo por hecho. Aquel aspecto de culpable lo delataba. Lo tenía por mucho que intentara disimularlo. Era un hecho. Indiscutible. Culpable. Se mirase por donde se mirase.
Cuando quebró el gabinete le echaron la culpa a él.
Cuando atracaron la sucursal en la que él estaba sacando dinero en ese momento, a pesar de la evidente imposibilidad lógica, le señalaron todos a una, incluida la cajera que lo atendió.
Cuando decidió tomar el autobús y no el metro y se inundó la línea 6 desde Legazpi a Manuel Becerra le echaron la culpa.
Su pinta de culpable lo delataba. Si se disfrazaba, daba aún más el cante. Así que optó por no salir de casa. Tenía internet y teléfono. Todo al alcance de un clic o una llamada.
Pero no contaba con el servicio técnico.
Le culparon del bajo nivel de cobertura, de que los diez megas prometidos no llegaban a los tres reales y de que ya estaba bien de tarifas abusivas. Y también de la subida de la luz, del aumento del precio del pan y de la leche, de que la sección de congelados del hiper se hubiese puesto en huelga, de los malos resultados del Madrid en la liga.
Un

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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