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Fecha: mayo 6, 2013
No hay garantías

 

Manifestante enarbola la bandera que simboliza el orgullo homosexual, frente al Tribunal Supremo

Manifestante enarbola la bandera que simboliza el orgullo homosexual, frente al Tribunal Supremo

                 Nada garantiza la pervivencia de la especie humana. Quizás nos creímos alguna vez eternos, y los distintos mitos y religiones se han ocupado y preocupado de mantener viva la llama de esta esperanza y de este deseo, inventando cuentos y fantasías que nada tienen que ver con la realidad que nos contempla y nos explica, y que suele tener más que ver con azares y casualidades biológicas y químicas que con propósitos y designios divinos o de cualquier otra índole.

Pero lo triste de esta especie que se denomina a sí misma humana y que algún día se extinguirá, como todas, es que utiliza cualquier argumento o resquicio de la fantasía para apostar en contra de los de su misma especie, para discriminar, excluir y descalificar a todos aquellos que no son como uno quiere que se sean, como impone la tradición a la que se pertenece y las normas que la han ido vistiendo con los ropajes de sus prejuicios, sus ignorancias o sus miedos. Además, a aquellos que no comparten la moral rancia de los que sólo respetan y valoran su propias creencias, se les excluye; a  aquellos que no acatan comportamientos e ideologías de siempre, se les demoniza, sin entender que vivimos en un mundo cada vez más plural en lo concerniente a sentimientos, ideas, proyectos y formas de vida y de emparejamiento, y que todo ello tiene su límite en el respeto a los demás.

La unidimensionalidad de algunas ideologías y formas de pensar y de sentir recuerdan con bastante frecuencia al famoso lecho de Procusto, personaje mitológico que cortaba las partes del cuerpo que sobrepasaban los márgenes del lecho fatal, cuando acostaba en él a los individuos que apresaba.

¿A qué vinieron las palabras del Ministro del Interior, Señor Fernández Díaz, criticando a los matrimonios homosexuales porque, según él, ponen en peligro la pervivencia de la especie?

Si ello fuera así, cientos de años llevan muchos creyentes haciendo voto de castidad y apología del celibato, y convendremos en que éstos tampoco han hecho mucho para la propagación de la especie, al menos de manera oficial; sin embargo, no parece que nadie les critique por tomar una opción de vida a la que tienen todo el derecho a optar. ¿Por qué, sin embargo, se critica una opción y no la otra? ¿Es que unos tienen más derechos que otros a diseñar su propia existencia?

Las sociedades cambian y cada vez más con más celeridad, y la liberación de las personas de los clichés ancestrales es un hecho y un derecho que se ha conquistado con no poco esfuerzo, insertando en la convivencia a los que no siguen los dictados o las inclinaciones de la mayoría o el dictamen de los relatos tradicionales, pero que no por ello deben ser excluidos, apartados o discriminados de la colectividad ni de los derechos que ésta vaya generando en su devenir.

Por Joaquín Paredes Solís

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