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Fecha: junio, 2013
La duda, el principio de la sabiduría

 

 

Como afirmó Descartes, “la duda es el principio de la sabiduría” (‘dubium sapientiae initium’). Es curioso descubrir que al autor  del Discurso del método, con el que pretendía fundamentar el irrefutable discurso de la certeza, se le haya escapado esta sentencia tan humana, tan razonable y tan sensata.

La duda exige, al menos, disponer de dos opciones

La duda exige, al menos, disponer de dos opciones

La duda exige, al menos, disponer de dos opciones, de dos cosas  o de dos posibilidades entre las que se pueda elegir. Quien utiliza un monóculo reduce la realidad al espacio circunscrito por ese agujero, y puede muy bien ver solo ‘una’ cosa, y, por tanto, no puede ‘dudar’.

La raíz indoeuropea ‘dwo-’ (dos) genera la palabra latina ‘duo’ (dos) de la que proviene duda. El latino ‘dubius’ (dudoso, incierto, indeciso) proviene del indoeuropeo ‘bheud’ (ser, existir) significa ‘estar entre dos’, o ‘ser dos’ (duoest).

Los escépticos dicen que no podemos estar seguros de nada, ni siquiera de que dudamos o no sabemos, cuando pensamos que dudamos o no sabemos. Si siguiéramos su consejo, no podríamos hablar de duda, sino más bien de ‘plúrida’ o de ‘infinítida’, dado que estaríamos siempre a merced de la falta de límites, nos faltarían las definiciones.

Borges dijo que la duda es uno de los nombres de la inteligencia. Voltaire pensaba que la ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda. Y Aristóteles ya había indicado que el ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona.

Según la Lógica Clásica, de la duda se pueden seguir diferentes cosas, pero no se puede seguir ‘cualquier cosa’ o ‘todo’, mientras que de la nada, de la contradicción o del absurdo,  se puede seguir lo que se quiera  (“ex dubio sequitur varium; ex absurdo, nihilo vel contradictione sequitur quodlibet, omne”).

La duda es apertura; el absurdo, desmadre. Por poner un ejemplo, ¿por qué cualquier dictadura es un ‘absurdo’? Porque en ella se puede terminar afirmando y negando la misma realidad racional, si hace falta, o según convenga. Por ejemplo, se anulan las libertades generales en nombre de la libertad general (siendo ésta una quimera y aquellas, en cambio, reales). Lo que implica que ‘no hay libertades generales’ y, al mismo tiempo, ‘hay libertad general’. ¡Más o menos! ¿Por qué se consideran temibles los que teniendo poder no saben calcular el valor del diálogo (intercambio de pensamientos a través de la palabra.

Por Juan Verde Asorey

 

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La honradez, un modo de ser vistos

 

 La honra, el honor, la honestidad  no son puros sentimientos internos que a uno se le ocurren, o que uno se construye según su parecer o capricho. Como esos que cuentan, sin dar cuenta a nadie, que  ‘tienen la conciencia muy tranquila‘.

Se trata, más bien, de  la ‘buena’ fama, la basada en aquellas supuestas razones por las cuales se habla ‘bien’ de una persona, porque hace ‘bien’ su trabajo, o porque se comporta como le parece ‘bien’ a la sociedad a la que pertenece, según las costumbres y las leyes.  Por tanto, la honradez  viene de ‘fuera’, es la apreciación externa que de alguien tiene la ‘gente’. Por eso, cuando Ulpiano aconsejaba ‘honeste vivere‘ (‘vivir honestamente)’  lo que proponía es que cada persona se  comportara de tal modo que la gente hablara bien de ella, porque daría la impresión de tener una ‘buena’ conducta, es decir, que se ajustaría a las reglas de las sociedad  a la que pertenece.  Por consiguiente,  tiene poca lógica afirmar: “¡Soy una persona muy honrada!”.

Porque el ‘bien‘ siempre viene determinado por la costumbre de cada sociedad en el correspondiente momento de la historia. Cuando uno solo (o unos cuantos) impone su idea de bien a los demás, ya se sabe lo que sucede.

Sin embargo, en la sociedad actual, ciertos ‘personajes’ se consideran honrados sólo porque ellos lo creen así y exigen que los demás deben pensar como a ellos les parece ‘bien’: “Yo soy una persona honrada y tengo la conciencia muy tranquila”. Creen que eso es lo que la gente debe saber y pensar, aunque su conducta merezca muchas sospechas.

Hasta hace no mucho tiempo, en nuestro país (España) se consideraba que una mujer que perdía (?) la virginidad, perdía también con ella la ‘honra’, porque había dado motivos para que se hablara ‘mal’ de ella. Menos mal que ningún valor es eterno, y que el campo del chismorreo se ha ampliado.

La palabra latina ‘hónor‘ y la griega ‘áinos’, de las que provienen honor y honradez, se refieren siempre a la fama, la reputación, la alabanza. En consecuencia, la honradez es un modo de ser vistos, y no sólo un determinado deseo de cómo nos gustaría que nos vieran. La honradez no es una virtud subjetiva  individual,  de autoaprecio, sino la manifestación y el reconocimiento social de una vida virtuosa, es decir, de una vida que se aproxima a cómo debería ser, según los correspondientes valores éticos (de carácter general),  al margen los gustos o intereses de ciertas personas o grupos.

                                                                                            Por  Juan Verde Asorey

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Desde la AFEx queremos que la actividad filosófica llegue no solamente a alumnos y profesores, sino también a la sociedad en general. La Filosofía es el instrumento intelectual que sirve para analizar y valorar los hechos humanos y las conductas. La Filosofía, como expresión crítica de la conciencia de su época, tiene que ejercer, sin dejar la ironía y el humor, la función del 'tábano' socrático para espabilar, despertar y espolear a la sociedad.