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Hombre y vanguardia

Preguntaron al novelista Javier Marías por qué no se había dedicado a la Filosofía como había hecho su padre, Julián Marías, el discípulo fiel de Ortega. Y él respondió: “He elegido la literatura porque la Filosofía me pone nervioso”.

El filósofo, en principio, no puede jugar con la metáfora, aunque algunos, como Heidegger o Sloterdij, lo disimulen bien. Tiene que precisar conceptos, para poder entrar, en serio, en los procesos dialécticos de clarificación de los mismos, para favorecer el avance ético y legal en la convivencia social. Alguien tiene que encargarse de enseñar a pensar y a saber tomar las mejores decisiones posibles en la vida individual y común.

Para estar de acuerdo o en desacuerdo con alguien, hace falta estar seguros de que los dialogantes hablan de lo mismo, o al menos, pueden llegar a precisar conceptos y términos, que permitan seguir dialogando.

¿Qué es más fácil, refutar a Aristóteles en el concepto de causa, o a Machado en el de ojo? Depende de dónde se considere que están situados. Aristóteles intenta explicar el funcionamiento de los fenómenos de la naturaleza. Pero Machado pretende provocar cambios en la forma de mirar, en la perspectiva. Desde el punto de vista de un lingüista o de un filósofo, Machado se equivoca cuando dice: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve”, ya que se nombra a partir de lo que se ve, y el ojo no se ve a sí mismo, al menos sin espejo. Pero no se equivoca desde el punto de vista del literato. El filósofo no se puede instalar en la metáfora, ni en el señuelo o fascinación artística. Tiene que precisar, definir y argumentar. Ya que puede suceder, por ejemplo, que la metáfora se haya alejado tanto, que resulte difícil de relacionar con su origen. Decir que unos bellos ojos son luceros, expresa una relación no difícil de detectar. Pero decir que el amor es azul resulta un poco más complicado, al menos para cierta cultura de los colores.

Pero nadie puede ser propiamente ‘hombre’ sin ser artista, y nadie puede ser artista sin ser originariamente ‘vanguardista’. Hombre y vanguardia significan lo mismo. El hombre que no va más allá de lo que ve, no es hombre. Y el que después de moverse, se instala en un determinado punto, deja de serlo. Lo mismo le pasa al artista. Y es que en griego ‘ánzropos’ significa lo mismo que en francés ‘avant garde’. La palabra francesa ‘avant‘ significa ‘antes’ y ‘garde‘ significa ‘vista’. De ellas deriva la española ‘vanguardia’, que indica, por tanto, referirse a algo todavía no visto, porque se halla ‘más allá de’ de lo que se está viendo en ese momento. En este caso, parece que el pensador (el que habla) se coloca mentalmente en un lugar todavía no visto, o en una situación no comprendida aún: supera lo visto y se mueve en el mundo de lo nunca visto. Se trata de ‘adelantarse’ a lo que se está pensando o haciendo, a lo que ‘probablemente’ hay (o se puede construir) después del ‘horizonte’.

Es lo mismo que el significado de la palabra griega ‘ánzropos‘, que, para Platón significa ‘el que avanza y calcula mientras avanza’(1). Quizás por eso, el hombre es más artista que filósofo, porque, espontáneamente, huye de la disciplina, del control, de los límites exigidos por el concepto definido. Sin embargo, no se puede filosofar sin ser ‘hombre’, es decir, ‘ánzropos’, o sea, sin avanzar, sin observar, sin hipotesificar, sin calcular, sin soñar, sin ilusión (2). Pero no puede prescindir de los límites de la Lógica y del control de la Experiencia. Por eso no es filósofo el que calcula con ‘revelaciones’ místicas, sueños o ficciones puras. Una de las funciones básicas del filósofo es la de aduanero de la racionalidad, y no puede conchabarse con el contrabandista si no quiere perder el puesto, e incluso la condición de filósofo.

 

Juan Verde Asorey

 

(1) Ánzropos: ‘ant-’ (frente, delante, antes); ‘zrósko’ (saltar, lanzarse); ‘okw-’ (ver), de donde derivan ‘óps’ (ojo) y ‘ópsis’ (vista): El que se lanza antes de ver.

(2) Ilusión: Decidir animosamente la realización de un proyecto o una tarea, a pesar de no poder, o no saber, calcular los resultados. Porque ‘ilusión’ indica introducirse en algo muy parecido a un ‘juego’ (‘ludo’, ‘lusi’, ‘lusum’). Pero se trata de un juego con reglas. Lo que no implica nunca que se pueda saber de antemano el resultado. Aunque, eso sí, se sabe a qué se juega, y se juega libremente.

 

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Sobre el autor

Desde la AFEx queremos que la actividad filosófica llegue no solamente a alumnos y profesores, sino también a la sociedad en general. La Filosofía es el instrumento intelectual que sirve para analizar y valorar los hechos humanos y las conductas. La Filosofía, como expresión crítica de la conciencia de su época, tiene que ejercer, sin dejar la ironía y el humor, la función del 'tábano' socrático para espabilar, despertar y espolear a la sociedad.


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