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Autor: 19afex95_460
LA CRISIS COMO PRETEXTO


Quienes tienen acceso a la supuesta idea de hacerse rico sin condiciones, ponen en práctica sus ‘artilugios’ económicos, los cuales animan a construir castillos en el aire, donde se refugian incluso quienes apenas tienen dinero, a partir de una fascinante historia que casi asegura ganar el 300% sin hacer nada, solo esperando el paso del tiempo, y sabiendo que el tiempo pasa.

Después llega una ‘tormenta’ y se lleva todo ese ‘artificio’, dejando arruinados a miles de ciudadanos ilusos, y sembrando la desconfianza en casi todas las instituciones que entraron a formar parte de la orquesta que daba la impresión de interpretar maravillosamente aquella sinfonía de ensueño: ganar fácilmente el dinero suficiente para poder disfrutar de todo aquello que supuestamente genera felicidad.

El artilugio se vino abajo. Pero las instituciones garantistas son necesarias para la vida ordinaria de toda la gente. Entonces la sociedad entera, quiera o no, sale al rescate de las mismas.

Se acaban los sueños de los ilusos (buscadores ‘normales’ de dinero fácil), pero sus consecuencias cambian la vida incluso de quienes ni se les había pasado por la cabeza jugar a esas cosas. Se pierden empleos bruscamente, bajan los sueldos, se relajan los servicios públicos (menos médicos -listas de espera-, menos profesores, menos jueces…), aumentan las mafias criminales, se perfeccionan los trucos para no pagar impuestos, crece la desconfianza, se ‘comprende’ la corrupción general, y la decepción se expande.

Los especialistas en montar situaciones de esta clase, conservan suficiente imaginación como para seguir disfrutando de la misma forma de vida (si no mejor), conchabándose con los principales políticos y con los ideólogos de opinión, para que las sociedades acepten la situación como si de una catástrofe natural se tratara, apelando a una expresión mágica: ¡Estamos en crisis! (mundial).

Hay al menos dos clases de personas que saben sacar buenos réditos de las crisis, los ‘crisójetas’, los que se aprovechan, sin miramientos (por el rostro), de las necesidades que la crisis genera en los demás; y los ‘crisigetas‘, los intérpretes, justificadores o apologetas de la situación, es decir, los ‘ideólogos del negocio‘, que saben explicar a la sociedad por qué la situación es inevitable, y cómo los sacrificios son necesarios para impedir que las cosas vayan a peor. Pero también saben explicar, paradójicamente, por qué, antes o después, la crisis pasará. Y llamarán agoreros a quienes intenten informar de la verdad, o sea, de que la crisis se queda, que para la mayoría ya es irreversible, etc., si no se cambia de método para modificar la organización de la convivencia social en el mundo.

La actual teoría política de la crisis es solo un pretexto para que el reducido porcentaje de personas que saben explotar al resto de la humanidad, lo sigan haciendo casi impunemente, dado que, dentro de esa especie de mafia, son pocos los que llegan a convertirse en ‘cabezas de turco’, ya que son muy ‘listos’, y, por otra parte, casi nadie discute que hacen falta los bancos, las empresas, los viajes, el turismo, las organizaciones internacionales, las competiciones deportivas, las manifestaciones religiosas, etc. Por eso, no se habla en serio sobre su existencia, ni sobre las posibles maneras de su transformación.

Todo esto en un momento de la historia de la Humanidad en que la tecnología está a punto de poder liberarla de los trabajos ‘penosos’, y la Eticología ya sabe proponer normas que garanticen la igualdad general en el acceso razonable al disfrute de los valores humanos fundamentales (vida, salud, libertad, justicia, información, creatividad y ocio). Pero la Ética y su difusión dependen de la buena educación. Cosa que sigue sin ser tomada en serio, a pesar de su necesidad ineludible. Por tanto, es ésta la tarea que urge poner en práctica, sin más dilación, en el mundo entero. ¡Se puede! Si los políticos del mundo ponen en ello un poco más de interés. Mientras tanto las crisis serán constantes y álgidamente recurrentes.

 

Por Juan Verde Asorey.

 

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PENSAMIENTOS BREVES

 

 


Bondad y belleza:

De todo aquello

que te digan

que es muy bueno

o muy bello,

procura informarte

lo mejor,

y lo más pronto

que puedas.

No vaya a ser

que se vaya,

o que llegues tarde.

Heridas: A veces, las peores heridas son las que no sangran, porque se dificulta la topicidad de la curación.

Condenado‘: Mi abuela insultaba con la palabra ‘condenado’ (a veces decía ‘conxenado’). Creo que acertaba. Porque el condenado no solo es malo, sino que, además, está comprobado que lo es, ya que ha sido juzgado formalmente antes de colocarle este ‘sambenito’.

Machismo: Un amigo mío, nacido en la falda del monte Pedroso que mira a Santiago de Compostela, dice que el opuesto del machismo es hembrismo, y que también existe, aunque, en general, con una fenomenología bastante distinta. Mientras que el machismo no renuncia incluso al asesinato, el hembrismo suele ser más psicológico que físico. Pero, aún así, puede mostrarse persistente y ‘agotador’.

SES y ahorro: El Servicio Extremeño de Salud va a ahorrar 30 millones de euros en Fármacos (!), al unificar la compra general a proveedores convenidos. Esto se dice en el diario HOY de 14-04-17. Me gustaría saber por qué no se le había ocurrido ahorrarlos hasta ahora. Seguramente porque los correspondientes responsables de la ‘Cosa’ pública habrán estado algo ‘distraídos’ durante muchos años, por ‘rutina’. (Sin pensar, por mi parte, en la actual quinta acepción del verbo ‘distraer’ en el DRAE).

Jahvé: ¿Por qué no sabemos quién es Jahvé? Porque no sabemos lo que no es. Sabemos qué significa Heliodoro, porque sabemos lo que es el Sol (y lo que no es: todo lo demás), pero si se dice que Juan significa que ‘Dios es misericordioso‘ o ‘el fiel a Dios‘, nadie puede entender qué significa eso, porque no tenemos idea de su contrario. Esto va un poco en la línea del concepto de verdad de Popper, así como de la Dialéctica de Platón, Hegel y Marx.

Correa: Pienso que es de agradecer a cuantos colaboran a que el caso ‘Gürtel‘ no quede en el olvido, ni por insignificante, ni por pertenecer a lo malo de la ‘condición humana’ (predeterminación). Pero, como curiosidad, quiero recordar que el término alemán ‘Gurt‘ significa correa en Español, mientras que ‘Gürtel‘ significa cinturón. Que cada cual discurra acerca de la diferencia, si le apetece.

Fútbol: Después de lo sucedido en los últimos encuentros de la ‘Champions’ con el Madrid y el Barça, y teniendo en cuenta que algunos ‘equipos’ son ‘más que clubes’, supongo que muchos de los independendistas catalanes se lo replantearán.

 

Por Juan Verde Asorey

 

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SOMOS

 

Quizás no sabemos cómo somos ni por qué. Pero la falta de seguridad absoluta en nuestros saberes no nos condiciona a la hora de reflexionar, discurrir y teorizar.

Cuando reflexionamos estamos manifestando nuestra inclinación a entender y comprender algo que nos interesa, porque lo necesitamos o porque nos llama la atención. Reflexionar es darle vueltas al pensamiento, analizar, relacionar. Discurrir es pensar que se avanza. Teorizar es dar respuestas razonables, convincentes y satisfactorias a todas las cuestiones básicas relacionadas con lo reflexionado y discurrido.

Todo se hace a nuestra medida. Por eso no podemos estar totalmente seguros de que nuestro modo de ver y entender es verdadero y definitivo. Schopenhauer, en su obra El mundo como voluntad y representación, explica que todo quiere cambiar, como si nada estuviera conforme con ser como es, y que todo es como el ser humano es capaz de representarlo, según su capacidad mental. Por otra parte, la Historia nos demuestra que nuestra interpretación del mundo ha venido necesitando de variaciones, a veces muy significativas. De tal modo que ya estamos seguros de que nada es definitivo. Ni el Ser, ni nuestra manera de entenderlo y de hablar de él. Hemos llegado a descubrir que todo cuanto existe, en la forma que existe, ha tenido principio y tendrá término, desde la Naturaleza a la que pertenecemos, hasta la misma Tierra que habitamos o el Sol que cogenera la vida.

Pero el ser humano es un ser maravillosamente especial. Nunca se resigna ni se conforma con no saber. Por eso imagina, sueña y teoriza. A lo largo de la historia reciente (¿10.000 años?) se han creado, al menos, dos clases de teorías con cierto éxito entre la mayoría de las personas. Se trata de las teorías fantásticas y de las teorías científicas. Las teorías fantásticas generan conversaciones de esta clase:

  • O sea que tú estás de acuerdo en que venimos del mono.
  • Claro que sí. Es lo más razonable.
  • Pues yo, puestos a elegir, prefiero haber sido hecho directamente por Dios.
  • ¡Como si fuera cuestión de gustos!

Diálogos de esta clase se siguen dando todavía hoy en muchas partes del mundo. Incluso en la culta España y en la Ilustrada Europa.

Menos mal que, a veces, aparece un tercero que ‘tercia’ diciendo que no venimos del mono, ya que los monos no son nuestros padres sino nuestros primos. Y, por tanto, ellos y nosotros provenimos de troncos comunes anteriores. Pero, lo que es científicamente indudable (o sea, lo más indudable que es posible) es que somos resultado de un proceso evolutivo, como los demás seres del Universo. También sabemos (dentro del mejor saber posible) que somos resultado cambiante, que puede modificarse, y esto nos permite ser de voluntad optimista, aunque la razón nos amenace con el persistente silogismo pesimista.

Somos como somos porque, de momento, no hemos sido capaces de pensar de otra manera. Aun sabiendo que, para ello, podría bastar con que lo pensara uno solo. Los demás lo podríamos estudiar y aprender.

 

 

Por  Juan Verde Asorey

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TECNOLOGÍA Y ÉTICA

Tecnología y Ética

Supongamos una piedra, un cuchillo, un teléfono móvil y una bomba atómica.

Un señor del paleolítico ve que se acerca un oso hacia su mujer. Él coge la primera piedra que encuentra, se la tira al animal, pero le da con ella a su mujer. Ella queda gravemente herida y el animal huye. Erró la dirección. ¿Quién es el culpable del fallo, el ‘tecnólogo’ que inventó la piedra o el ceporro que la utilizó?

En su casa de campo, Eustaquio tiene muchas herramientas que sabe utilizar perfectamente para el cuidado de la finca, del huerto y del jardín. Hasta tiene una escopeta de caza que, en la época reglamentaria, le sirve para cazar perdices y conejos que se crían en la zona. El sábado pasado, pelando unas patatas para cocinarlas como guarnición para el guiso del conejo que había cazado, se le desvió la dirección del cuchillo a causa de un ojo de la patata, y se hizo un profundo corte en el pulgar de su mano izquierda. Tuvieron que darle tres puntos de juntura en el centro de salud. Y lo malo es que se quedó sin poder degustar su conejo. ¿Quién tiene la culpa de este accidente, el inventor del cuchillo o este cocinero ocasional?

Marcial salió de Cáceres hacia Madrid. Superado Navalmoral de la Mata, se detiene a desayunar. Al terminar, se sienta en el coche e intenta sacar el móvil de su bolso de viaje. Por más que busca, no lo encuentra. Recuerda entonces dónde lo había colocado antes de salir de casa. Quería llamar a su amigo Pepe para indicarle la hora en que esperaba llegar. Pero, además, había programado seguir hasta Barcelona, donde le esperaba Asunta, una compañera con la que estaba escribiendo un trabajo de investigación sobre las Transaminasas. Había calculado que estaría tres días en Madrid y unos seis en Barcelona. Sin móvil ya no podría llamar a nadie. Menos mal que sabía de memoria el número del teléfono de su casa de Cáceres. Se quedó pensando: ¿Sigo o vuelvo a buscarlo? Entró de nuevo en el bar. Pidió un botellín de agua. Se lo bebió lentamente, mientras hacía cábalas. Volvió al coche y regresó a su casa a por el móvil. Perdió trescientos kilómetros, lo equivalente a realizar dos veces el mismo viaje. ¿Es culpable el inventor del móvil de que esta persona ya no se arregle, razonablemente, sin él?

El 6 y 9 de agosto de 1945 fueron lanzadas sendas bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, con ocasión de la Segunda Guerra mundial. Quedaron carbonizadas doscientas cincuenta mil personas y erradicada la vida de todo lo viviente de la zona. ¿Se puede saber quiénes son los culpables de este pavoroso acontecimiento? A esta pregunta sí hay que responder, y sin hacer ahora referencia a la masacre de Pearl Harbor (07-12-1941). En primer lugar, son culpables los fabricantes de la bomba. Ya que, de salida, su finalidad no podía ser otra. Cosa que no le sucedía a la piedra, al cuchillo o al teléfono móvil. En segundo lugar, los gobernantes que dieron la orden de lanzarla. Y, en tercer lugar, los militares que ejecutaron ese mandato. Pero también, en cuarto lugar, el pueblo que apoyaba esa decisión. Y, en quinto lugar, todos los habitantes del mundo que lo han visto, o lo siguen viendo con ‘buenos’ ojos.

¿Qué valores entran en juego en cada caso? Esta es la cuestión eticológica.

 


                                                                                                                                                                                                                                                                           Por Juan Verde Asorey

 

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EL HORROR DE TREBLINKA

La ciencia, y en este caso la arqueología forense, desmiente empíricamente el negacionismo, esa «distorsión ilegítima del registro histórico» (v. Wikipedia).

Por si alguien daba todavía crédito a esa distorsión espuria que, mezcla de ignorancia y de abyección moral, se empecina en negar el Holocausto sobre la supuesta base de falta de evidencias físicas de cámaras de gas y fosas comunes, ahí están las últimas investigaciones sobre el campo de exterminio de Treblinka. La masacre masiva de judíos y gitanos revelada por los mapas computarizados, fotografías aéreas, sistemas de GPS y georradares empleados por un equipo de la Universidad de Staffordshire.

El descubrimiento, por sabido, no puede ser más macabro. Durante los 24 meses que funcionó (1942-1943), en este campo de exterminio polaco se asesinó a casi un millón de víctimas.


Por Guillermo da Costa Palacios

 

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Desde la AFEx queremos que la actividad filosófica llegue no solamente a alumnos y profesores, sino también a la sociedad en general. La Filosofía es el instrumento intelectual que sirve para analizar y valorar los hechos humanos y las conductas. La Filosofía, como expresión crítica de la conciencia de su época, tiene que ejercer, sin dejar la ironía y el humor, la función del 'tábano' socrático para espabilar, despertar y espolear a la sociedad.