Hoy
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Categoría: Aforismos
PENSAMIENTOS BREVES

 

 


Bondad y belleza:

De todo aquello

que te digan

que es muy bueno

o muy bello,

procura informarte

lo mejor,

y lo más pronto

que puedas.

No vaya a ser

que se vaya,

o que llegues tarde.

Heridas: A veces, las peores heridas son las que no sangran, porque se dificulta la topicidad de la curación.

Condenado‘: Mi abuela insultaba con la palabra ‘condenado’ (a veces decía ‘conxenado’). Creo que acertaba. Porque el condenado no solo es malo, sino que, además, está comprobado que lo es, ya que ha sido juzgado formalmente antes de colocarle este ‘sambenito’.

Machismo: Un amigo mío, nacido en la falda del monte Pedroso que mira a Santiago de Compostela, dice que el opuesto del machismo es hembrismo, y que también existe, aunque, en general, con una fenomenología bastante distinta. Mientras que el machismo no renuncia incluso al asesinato, el hembrismo suele ser más psicológico que físico. Pero, aún así, puede mostrarse persistente y ‘agotador’.

SES y ahorro: El Servicio Extremeño de Salud va a ahorrar 30 millones de euros en Fármacos (!), al unificar la compra general a proveedores convenidos. Esto se dice en el diario HOY de 14-04-17. Me gustaría saber por qué no se le había ocurrido ahorrarlos hasta ahora. Seguramente porque los correspondientes responsables de la ‘Cosa’ pública habrán estado algo ‘distraídos’ durante muchos años, por ‘rutina’. (Sin pensar, por mi parte, en la actual quinta acepción del verbo ‘distraer’ en el DRAE).

Jahvé: ¿Por qué no sabemos quién es Jahvé? Porque no sabemos lo que no es. Sabemos qué significa Heliodoro, porque sabemos lo que es el Sol (y lo que no es: todo lo demás), pero si se dice que Juan significa que ‘Dios es misericordioso‘ o ‘el fiel a Dios‘, nadie puede entender qué significa eso, porque no tenemos idea de su contrario. Esto va un poco en la línea del concepto de verdad de Popper, así como de la Dialéctica de Platón, Hegel y Marx.

Correa: Pienso que es de agradecer a cuantos colaboran a que el caso ‘Gürtel‘ no quede en el olvido, ni por insignificante, ni por pertenecer a lo malo de la ‘condición humana’ (predeterminación). Pero, como curiosidad, quiero recordar que el término alemán ‘Gurt‘ significa correa en Español, mientras que ‘Gürtel‘ significa cinturón. Que cada cual discurra acerca de la diferencia, si le apetece.

Fútbol: Después de lo sucedido en los últimos encuentros de la ‘Champions’ con el Madrid y el Barça, y teniendo en cuenta que algunos ‘equipos’ son ‘más que clubes’, supongo que muchos de los independendistas catalanes se lo replantearán.

 

Por Juan Verde Asorey

 

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LA PROPORCIÓN PITAGÓRICA

 

 

Con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien

Pitágoras

 

Seguimos con los consejos. Este es uno de Pitágoras. Y en realidad más bien “no es”, pues Pitágoras es un personaje de “leyenda”, perdido en la noche de los misterios, en concreto de los órficos. Además, también se le atribuye el no escribir nada, al igual que Sócrates. Pero situémosle.

Se le suele fijar entre el 570 y el 475 a.C., nacido en la isla griega de Samos, aunque se asentó en Crotona, (al sur de Italia). Matemático y filósofo – su vida, como dije, está envuelta en la leyenda – pasa por ser el fundador de una comunidad dedicada al estudio, a la vida en común, y con intereses científico-filosóficos, religiosos y políticos.

Son numerosas las vicisitudes y anécdotas provenientes de los pitagóricos (vegetarianos, místicos, “secretistas-silenciosos”). Mas su idea principal coloca a “los números” en el núcleo esencial del universo.

Digo “los números” porque ellos parecen ser que lo entendían bajo un prisma totalmente diferente al nuestro (el nuestro es el prisma “cuantitativo”, tras el siglo XVI-II, con la aparición de la moderna ciencia fisicomatemática); los pitagóricos hablan del número desde el prisma de lo “cualitativo”, quizás un prisma más profundo, (suponiendo que esta distinción nos aclare algo)

¿Qué sería eso de los números “poligonales”: cuadrado, triangular, pentagonal, oblongo? ¿Y la “tetraktys”? ¿Y los “números perfectos”? ¿Y los “números amigos”? (Se pueden ampliar a los “números sociables” hoy día) ¿De dónde bebieron estos conceptos? Parece ser que pudieran provenir de los viajes realizados por Pitágoras en su juventud: Egipto, sabia en Geometría; tal vez de Persia, sabia en Astronomía; y Grecia, sabia en la armonía musical. Sea como fuere, aparecen el ORDEN, la medida del espacio, y la PROPORCIÓN (la razón), la medida del tiempo. [Por otra parte, categorías propiamente filosóficas, ya presentes desde el principio]

Esta es la cuestión teórica fundamental de los pitagóricos: ¿cuál es el orden del mundo? Su solución es conocida: la esencia de las cosas, el orden mismo del mundo no es otro que el orden de “los números”. Conociéndolos a ellos, conocemos el mundo y por tanto a nosotros mismos. En este mundo todo se produce con relaciones armónicas expresables en números, con oscilaciones numéricas. Así, el dos y el cuadrado son los símbolos de la justicia equilibrada

No es banal lo que se puede obtener:” hacerlo todo y hacerlo bien”.

La escuela pitagórica enseñaba la “ascesis”, que significa entrenamiento, ejercicio – no ascesis en un sentido enemigo de la vida – sino en el sentido de un ejercicio moral y espiritual sobre la base de una vida órfica. “Ascesis” pues como educación moral y política contra la laxitud, la molicie y la opulencia (Crotona frente a Síbaris)

Hoy día, “especialistas habemus”: hacer una sola cosa pero excelente, en el más optimista de los casos. En caso contrario, obtenemos “chapuzas”.

Habría que pensar quién se toma tiempo y orden para vivir. Pitágoras nos invita a escuchar el secreto de la proporción; la armonía sostenida en la contraposición diferente, a veces contraria, de las cosas. Así obtendríamos visión global y acción pura. Así no seríamos “chapuzas” de nuestra propia vida.

Por Carlos Lozano Palacios

 

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LAS LEYES SON PARA LOS HOMBRES

 

 

 

 

Las leyes se hicieron para los hombres y no los hombres para las leyes.”.

 JOHN LOCKE (1632 – 1704)

 

Quizás nos olvidamos con demasiada frecuencia de esta perspectiva, que nos indica la prioridad de los fines sobre los medios cuando el fin es la humanidad. Si bien es cierto que las leyes constituyes elementos imprescindibles para regular la convivencia humana, y que, unas vez consensuadas y promulgadas, todos debemos tenerlas presentes como guía para nuestras acciones y para la cohesión social, no es menos cierto que las leyes, como los valores y los principios que las orientan e iluminan, no son eternas ni inmutables, dependen de la voluntad de los hombres y pueden ser alteradas o modificadas si existe la convicción mayoritaria y racional de que se pueden mejorar en beneficio de la colectividad.

 

 

Por Joaquín Paredes Solís

 

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CONSEJOS

 

Procura instruirte mientras vivas; no creas que la vejez trae consigo la razón

(Solón)

 

Parto del consejo de Solón, pero no porque sea uno de los Sietes Sabios (Cleóbulo de Lindos, Quilón de Esparta, Bías de Priene, Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene, Periandro de Corinto, y Solón de Atenas), sino porque me lo encuentro escrito en un sobrecito de azúcar (sí, de esos sobrecitos que te dan para  el café; sí, esa azúcar blanquilla y refinada tan denostada hoy día, y no sin razón) donde habitualmente tomo café.

Y me sorprende (“el rayo del momento”) por varias cuestiones: por ser un consejo; por hablar de la instrucción (quizás otra traducción se hubiera inclinado por educación); por la relación entre el tiempo – vejez – y el raciocinio; por lo que deja al margen, por lo que no dice.

¿Por qué un consejo?

De un tiempo acá, parece que no está bien visto dar consejos. O al menos se advierte en el lenguaje cotidiano: ´yo te lo doy, luego tú haz lo que quieras´, etc. El refranero, tan de consejos, muestra su cara ambivalente: “consejo no pedido, consejo no oído”; “con meros consejos, no se va muy lejos”, pero también “el que escucha consejo, llega a viejo”, son algunos ejemplos.

Por cierto, a la palabra, al sustantivo: “consejo” viene del latín, consilium (deliberación, consulta, debate en una asamblea) y este del verbo consulere (deliberar conjuntamente, consultar, pedir asesoramiento, ser experimentado y juzgar bien). De aquí, varias palabras de su familia: cónsul (célebre cargo en Roma); mas a mí me resultan atractivas dos, en especial: consulto – experto en un campo, docto, sabio – y consultorio – lugar donde la gente va para pedir consejos – , tan familiar, tan de andar por casa.

Y decía que no está bien visto, pero no ha sido así siempre. Desde antiguo han existido los Consejos, incluso permiten ganarse muy bien la vida: Consejo de Ancianos, Consejo de Administración, Consejo de Estado, Consejerías (estas no solo dan consejos,…) Cabe aquí recordar el “Consejo Nocturno”, (que aparece en Las Leyes de Platón, cuando habla de Magnesia) del cual formaban parte los filósofos, encargado de elaborar las leyes y asesorar a los gobernantes, cuyo cargo será temporal.

Volviendo a Solón, el consejo dista mucho del dogma, pero también de la ley. Es un territorio que quizá haya que volver a retomar y a explorar, pues nos devuelve a la filosofía: reflexionar sopesando, tomar resoluciones o medidas, y sobre todo, velar por los intereses de las personas.

 

Por  Carlos J. Lozano Palacios

 

 

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LAS CONVICCIONES ESTÁN PARA SER REFUTADAS

 

“Las convicciones son más peligrosos enemigos de la verdad que las mentiras.”

 

“Toda convicción es una cárcel.”.

 

 

FRIEDRICH NIETZSCHE  (1.844 – 1.900)

 

De grandes y profundas convicciones están construidos los radicalismos y sus derivados, y en ellas se fraguan también las creencias, los nacionalismos y los fanatismos más intransigentes, porque la convicción no admite dudas ni fisuras ni excepciones, como un inmenso desierto sin lugares donde refrescar la vacilación o la duda, la curiosidad, la sospecha o la perplejidad, que generan interrogantes imprescindibles para el progreso, el conocimiento y la salud mental de los seres humanos.

Las convicciones están, por el contrario, para ser refutadas, como cualquier conocimiento que se tenga por verdadero y que base sus afirmaciones y sus juicios en la experiencia. Sólo lo que es intrínsecamente falso, o inexistente, fruto de nuestra fantasía o de nuestra imaginación, o lo que es construido axiomáticamente, deductivamente, definido en sus límites, no puede ser falsado y, por tanto, puede ser considerado inmutable y ajeno a la corrosión del tiempo y a la búsqueda del saber a través de la experiencia, porque es ajeno a ella. Pero está en otro ámbito, en el de lo que no tiene existencia, al menos fuera de nuestra mente pensante.

La mentira, al contrario que el error, es intencionada; es decir, el que miente sabe que se está mintiendo, sabe que está falseando la realidad, salvo que su mente esté enferma o defectuosa, que viene a ser lo mismo. La convicción, sin embargo, no es capaz de separar la verdad, o lo real, de lo que no lo es, tal es la fuerza de su certidumbre o de su confianza en la solidez de sus ideas o de sus credos. Por eso es más peligrosa para el conocimiento, porque impide su avance, convencida de que posee ya la verdad absoluta y definitiva y, por lo tanto, impide y prohíbe la búsqueda, la investigación y la crítica.

Por eso también son barrotes carcelarios para el entendimiento la fe, las firmezas y las seguridades que consideran la propia subjetividad como infalible e inmune a las dudas y al paso del tiempo, porque así constriñen el natural dinamismo de la mente, su curiosidad y sus desconfianzas ante lo dado, y que constituye el dinamismo y el movimiento que ha permitido precisamente al hombre construir el edificio de la racionalidad y de la ciencia, cimentado en base a la sospecha permanente, al no considerar nada como seguro o definitivo.

Cierto es que este modo de proceder nos deja siempre al borde del abismo, hipotecados a la interinidad y a la intemperie; huérfanos de seguridades, de firmezas y de garantías; rehenes de nuestra propia singladura, limitada y efímera. Pero es más plausible, sin embargo, que este modo de ser y de proceder, buscador y cambiante, esté más en consonancia con el devenir de nuestra humanidad, siempre proclive a la sospecha, al análisis y a la curiosidad enmarcados en el espacio y el tiempo que nos toca habitar, que son las únicas coordenadas reales que limitan y acotan nuestro afán de ser y de conocer.

 

 

 

Por Joaquín Paredes Solís

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LÍMITES DEL CONOCIMIENTO

 

 

Yo sólo sé que no sé nada.”.

SÓCRATES (-470 a- 399. Filósofo griego.)

 

 

Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber.”.

 

CONFUCIO (Filósofo chino. –551 a– 478)

 

COMENTARIO:

 

La afirmación socrática es probable que sea de las más conocidas y repetidas de nuestra cultura occidental, e ilustra la anécdota que se cuenta del amigo de Sócrates, Querefonte, que fue a consultar al oráculo de Delfos para preguntarle cuál era el hombre más sabio de Grecia. El oráculo le contestó, a su manera, que era Sócrates, y cuando Querefonte le comunica la respuesta a su amigo, éste inicia una indagación dialéctica por las calles y plazas de Atenas, investigación incómoda para muchos, con la finalidad de comprender el por qué de tal afirmación, y llega a la conclusión, después de dialogar con unos y con otros, de que él es el más sabio porque sabe que no sabe, y los demás no lo saben, no tienen conciencia de su ignorancia.

La afirmación del sabio chino, anterior a Sócrates, es muy parecida a la de éste y abunda sobre lo mismo, sobre los límites del conocimiento. Saber qué se sabe o qué no se sabe es crucial para poder avanzar en el conocimiento de la realidad y de uno mismo, que son objetivos primordiales de la filosofía.

Pero para la construcción de un conocimiento válido no basta la intuición o la mera ocurrencia, aunque puedan ser el detonante del proceso del pensar, sino que se necesita de la disciplina y del rigor, del método.

La búsqueda de las definiciones universales y la dialéctica fueron, en el caso del pensador ateniense, los elementos, según él indispensables, para poder levantar el edificio seguro del saber.

Tanto uno como otro pensador insistieron en las responsabilidades sociales y morales del hombre, quizás convencidos de la necesidad de organizar y estructurar de modo adecuado la convivencia y las relaciones entre los seres humanos en lo que ya se podía intuir que era el futuro: habitar las ciudades, que se iban perfilando como el modelo social idóneo para conseguir seguridad, bienestar, beneficios y conocimientos.

Los límites del saber y de la razón, sin embargo, nacieron con pretensión científica en la modernidad y en Occidente, sobre todo con el empirismo y su manera de entender el conocimiento como un camino que se inicia a través de los sentidos y de la observación, enemiga de todo innatismo y de toda idea que se crea ya presente en el alma humana o en la conciencia y que sea determinante de todo saber. Que nada hay en el entendimiento que no haya pasado antes por la sensibilidad, era la consigna de estos pensadores, que pusieron las bases de un conocimiento racional, científico y riguroso, enemigo de patrañas, falacias y cuentos teológicos y míticos que acompañaban al ser humano desde sus más tenebrosas cavernas de ignorancias y miedos ante lo que era o parecía inexplicable en aquellos momentos de oscuridad.

Tener claro lo que se sabe y lo que no, y aquello de lo que puede alcanzarse algún conocimiento o certeza y lo que es fruto de nuestras creencias, imaginación o fantasía, forma parte de la distinción entre diferentes discursos que forman parte de la creatividad humana. Distinguirlos y separarlos es garantía no sólo de la verdad de nuestras afirmaciones y descubrimientos, de su consolidación y también de su provisionalidad, sino de la claridad necesaria para entenderlos en su devenir y evitar así, en la medida de lo posible, la confusión y la mezcla de discursos, así como la neblina que muchos se empeñan en extender sobre ellos y que es caldo de cultivo de fantasmagorías, imprecisiones, falacias y todo tipo de afirmaciones y fanatismos que tienen que ver más con creencias, fantasías y deseos que con el verdadero conocimiento o con la búsqueda de las verdades verosímiles que dan sentido, o desvelan su sinsentido, al mundo que habitamos.

 

 

 

 

       Por Joaquín Paredes Solís

2014.

 

 

 

 

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Desde la AFEx queremos que la actividad filosófica llegue no solamente a alumnos y profesores, sino también a la sociedad en general. La Filosofía es el instrumento intelectual que sirve para analizar y valorar los hechos humanos y las conductas. La Filosofía, como expresión crítica de la conciencia de su época, tiene que ejercer, sin dejar la ironía y el humor, la función del 'tábano' socrático para espabilar, despertar y espolear a la sociedad.