Monago arriesga

EN una campaña electoral se da por sentado que es el aspirante a desbancar al instalado el que debe arriesgar más. Y José Antonio Monago lo está haciendo, en el fondo y en la forma. Para darse a conocer entre un electorado invadido por la apatía y el desencanto nada mejor que hacer promesas llamativas – «no voy a freír a impuestos a la gente»– y diseñar una campaña que llame la atención. El candidato popular la inauguró vestido de corto en una pista de atletismo, como metáfora del inicio de la carrera de su vida. La última foto original que le hemos visto ha sido en el fin de fiesta del mitin de Almendralejo, tocado con casco de bombero como un guiño a su antigua profesión. Mientras Fernández Vara conserva su imagen presidencial, sin más concesión que haber prescindido de la corbata, Monago arriesga fotografiándose como bombero o como motero, y siempre con su uniforme de campaña: el polo, los vaqueros y la cazadora. ¿Acierta?_¿Cuánto de show puede haber en una campaña para que los electores no empiecen a pensar que el aspirante es simpático, cercano, sí, pero no acaba de encajar en el papel de presidente?

Con estas cosas ocurre como con el maquillaje:_en su justa medida hace milagros y mejora cualquier rostro; en exceso chirría y arruina el más perfecto. El marketing electoral es una ciencia inexacta en la que, igual que ocurre con la economía, los aciertos y errores se suelen ver a posteriori. La noche del 22-M, por ejemplo.

El PSOE inicia el sprint

Mientras Zapatero vendía ayer en Cáceres las inversiones que ha hecho su gobierno en Extremadura, los jóvenes que protagonizan las protestas de ‘Democracia real ya’ no se acaban de creer que hay más becas que nunca, como insistía el presidente en el mitin. O al menos no lo consideran suficiente para absolver a un sistema que nos ha metido de patas en la crisis. ¿A quién beneficia este movimiento florecido en vísperas electorales? ¿Quién lo sabe? Los políticos miran de reojo y no saben si hay que alabar las protestas, como hace Vara cuando dice que hay que escucharlos, o hay que mirarlos con inquietud y preocupación, come le ocurre a Mayor Oreja, según admitió ayer en Badajoz. Los que se apuntan a todas las conspiraciones andan averiguando quién puede haber montado las concentraciones de Sol y hasta apuntan a ZP, que desde hace ocho años tiene la culpa de todo lo que pasa en España. Mientras se descubre el cerebro de la operación, Vara cumplió ayer su palabra de que no iba a esconder a Zapatero en la campaña por temor a que le quitara votos y le regaló a su líder, ya en retirada, un mitin como los de antes, con el pabellón lleno, las banderas rojas tremolando y el entusiasmo de los militantes por las nubes. Socialismo en vena para subir la moral después del palo que le han dado las últimas encuestas. El sprint socialista ya ha comenzado

Vótenme, les prometo sufrir

SE pueden ganar unas elecciones sin hacer promesas? La historia dice que sí. Churchill prometió a los británicos sangre, sudor y lágrimas y tuvo el apoyo de su pueblo para ganar la guerra, aunque perdió las elecciones después. Pero en España estamos acostumbrados a campañas en que nos prometen de todo, puestos de trabajo por cientos de miles, autovías, palacios de congresos firmados por arquitectos famosos, museos de la ciencia, facultades, hospitales… Hasta hoy, en que la crisis ha puesto patas arriba la economía y ha convertido las promesas antiguas en cuentos de hadas. Quizá porque en 2007 anunció 60.000 puestos de trabajo y no ha habido tal sino destrucción de empleo, Vara se ha pegado al discurso ‘churchilliano’ y lo único que promete es que trabajará hasta la extenuación para fomentar la creación de empresas. Y, transmutado en líder moral más que político, anima a la sociedad a rearmarse moralmente para salir juntos de la crisis. Eso sí, se compromete a que antes de tocar una sola prestación social, sea en educación o sanidad, preferirá renunciar a desdoblar una carretera. ¿Es más creíble este programa que el de quién promete bajar impuestos e invertir en nuevos servicios? «No vienen tiempos para hacer muchas cosas», advierte Vara con la cara de pesar que pondría un padre que anunciara a la familia que se ha quedado en paro y se han acabado los caprichos. ¿Vende el discurso de la responsabilidad?¿O preferimos que nos mientan?

Presidente Monago

DE camino a casa, con la radio del coche encendida, escucho un tanto distraída unas declaraciones de un dirigente del PP extremeño. Habla del ‘presidente Monago’ una y otra vez. Presto atención. ¿Tan despistada soy que estamos a 23 de mayo, José Antonio Monago ha ganado las elecciones, ha tomado posesión de la Presidencia de la Junta y yo no me he dado cuenta? Pues menudo papelón que he hecho siendo periodista. Rebobino, escucho más atenta y caigo en la cuenta de que no, estamos todavía a 16 de mayo y no se han celebrado las elecciones. El tratamiento de ‘presidente’ que el político popular le da a Monago se deriva de que es el presidente del PP extremeño, no (todavía) del Gobierno autónomo. ¿O no se debe solo a eso?_Porque después leo a mi compañero Antonio Armero, que sigue esta semana los actos de campaña del PP, y me entero de que el partido de Rajoy ya se siente ganador en Extremadura. Las encuestas favorables les han dado un chute de euforia que les hace sentir que ahora sí tocan poder, que están a cuatro días del gran día. ¿Significará eso que el apelativo de presidente no se debe solo a la inocente obsequiosidad de un subordinado con el jefe, sino que tiene la nada secreta intención de que a los extremeños les empiece a sonar el nombre de Monago unido al cargo de presidente? Publicidad subliminal llamaban a eso. Estrategia electoral pura y dura. Lo de ‘Monago presidente’ se ha trastocado en ‘Presidente Monago’.

Gritos de guerra

Miguel Celdrán contempla las elecciones con la tranquilidad de que su sillón no está en peligro (o al menos eso dicen las encuestas). Pero ello no quiere decir que no entre en el juego a repartir un poco de leña a favor de su equipo. El viernes lanzó la piedra de adjudicarle a dirigentes socialistas yates y chalés sin cuento y hasta le sugirió a Vara que reparta su herencia. El candidato socialista por una vez se apeó de su habitual comedimiento para recordarle al alcalde de Badajoz una venta de terrenos familiares y lanzar la sospecha del tráfico de influencias o de la información privilegiada sobre la operación. Ahora es Celdrán el que amenaza al presidente de la Junta con acudir a los juzgados a defender su honor.

¿Influyen estas tarascadas en el voto? Vista la pasión que le echan los políticos cualquiera diría que sí, que la victoria en las urnas depende de quién resulte más convincente en su acusación, incluso de quién dé más voces al lanzarla. Mi impresión, en cambio, es que los ciudadanos en su inmensa mayoría tienen formado ya su criterio y que estas melés las descuentan a la hora de hacer su elección. Estos encontronazos sirven más para que los políticos quemen adrenalina y suelten la tensión que acumulan tras diez días de campaña que para arrastrar votos. Como los gritos de guerra que lanzan los contendientes al pisar la cancha, enardecen a los seguidores, pero no consiguen que nadie se cambie de bando. Solo un escándalo mayúsculo, una bomba del calibre de un Strauss-Kahn detenido por acusaciones de acoso sexual, un Luis Roldán en fuga o algo de similar envergadura rompería la campaña y derrotaría a quien resultara afectado.

Del coche oficial al mercadillo

¿Ustedes han visto a un político en el mercadillo cuando no es campaña electoral? Yo debo confesar que no. Pero si estos días se acercan ustedes a comprar fruta o camisetas baratas a cualquier mercadillo extremeño corren el riesgo de encontrarse con un candidato repartiendo folletos y dando besos a diestro y siniestro. No hay aspirante a alcalde que se precie que no se recorra una docena de puestos para pegar la hebra con vendedores y clientes. ¿Qué buscan los políticos en el mercadillo? ¿Hacerse la foto para el periódico y la tele o convencer a los votantes de que son como ellos, tan llanos que van a comprar cinco pares de calcetines por tres euros? Me escama ese repentino amor de los políticos, tanto de los que gobiernan como los que opositan para lograrlo algún día, por los tenderetes plagados de gangas. Y no me acabo de creer ese afán por darse un baño de realidad de quienes habitualmente no se mezclan mucho con el populacho y van acelerados, de despacho en despacho y de reunión en reunión ocupados en qué hacer con la crisis libia, la galopante deuda municipal y el déficit de la autonomía y no sobre qué vendedor tiene la caja de fresas más barata o las acelgas más frescas. Casi los prefiero cuando no disimulan. Cuando van en coche oficial.

La sangre siempre llega al río

TENÍA que pasar. Las campañas de guante blanco no existen, al menos en España. Aquí la sangre siempre llega al río. La batalla electoral nunca se queda en una mera confrontación de programas. Lo habitual es que los partidos tiren de dosieres para poner en evidencia al contrario. Primero fue el PP el que lanzó la piedra con los supuestos despilfarros de Feval, ese aljibe-jacuzzi lleno de agua sucia y en desuso. Lo más llamativo no es la inversión realizada, sino que al parecer ese complejo deportivo, inspirado en empresas tan modernas como Google, que tiene uno para sus empleados, en Don Benito no se usa. Dinero tirado a las burbujas del spa. El PSOE ha contraatacado con otra denuncia: Monago y su portavoz, Luis Alfonso Hernández Carrón, no han presentado en la Asamblea la declaración de la renta, a lo que están obligado como diputados. Y en esas estamos. El empeño que ponen populares y socialistas_para convencernos de que el adversario no es honrado merecería mejor causa. ¿Se creen ustedes la denuncia de que en Feval se ha derrochado el dinero en jacuzzis y pistas de squash? Pues voten al PP. ¿Piensan, como sospecha el PSOE, que Monago gana más dinero que el de su sueldo de senador y no quiere que los votantes lo sepamos? Den su voto a los socialistas. O a IU, o a UPyD; o voten en blanco. En todo caso no desesperen, de aquí al 22-M nos vamos a enterar de muchas más cosas. Y sospecho que todas serán muy feas.

VARA VA SOBRAO

LAS encuestas dicen que hay un empate, pero Vara no se las cree. Está tan convencido de que va a ganar que no se ha planteado ni la necesidad de un pacto con IU si no alcanza la mayoría absoluta ni la eventualidad de pasar a la oposición si Monago gana el match point del 22 de mayo. El presidente extremeño, que nunca ha presumido de haber logrado en su estreno como candidato más escaños que Ibarra, ayer sí sacó pecho en una entrevista concedida a la agencia EFE para recordar que obtuvo los segundos mejores resultados de la historia de la autonomía. Si entonces, cuando todo el mundo suponía que la hegemonía socialista estaba en peligro al retirarse el gran líder carismático, dio la sorpresa, Vara cree que ahora también lo hará. Los votantes le quitarán la razón a las encuestas y ganará por mayoría absoluta. Y_colorín, colorado…Ya no va de novato a la sombra de Ibarra sino de presidente con cuatro años de gobierno a sus espaldas (y vaya años) y el electorado le conoce más que en 2007. Como cada uno sabe lo que le favorece, Vara sostiene que aunque las encuestas le dan la victoria al PP, cuando se le pregunta a la gente quién quiere que sea presidente, la mayoría le prefiere a él frente a Monago. Y aquí le sale la vena personalista para remarcar una idea: que no olviden los extremeños que de lo que se trata el 22-M es de elegir al presidente, no otra cosa. Dicho en cristiano: PSOE_pierde, pero Vara, o Guillermo, como prefiere presentarse, gana.

MONAGO NO PARECE DEL PP

LLEVAMOS cinco días de campaña y ya están claras las estrategias, al menos en la imagen. Veo al día decenas de fotos de los candidatos y solo recuerdo una en que José Antonio Monago esté con chaqueta y corbata. La de la entrevista en TVE. Su uniforme de campaña son los vaqueros, la camisa de cuadros o el polo de manga corta y las zapatillas deportivas; y por la noche en los mítines una cazadora. De esa guisa ha recorrido las romerías, los mercadillos y las calles de los pueblos que visita. Ya sé que no va a ir encorbatado a saludar ancianos, niños y amas de casa por las calles de Fuenlabrada. Cantaría mucho. Pero también sospecho que si el PP ha centrado su campaña en los pueblos que son carne de voto socialista, también ha elegido conscientemente ese look. Incluso esa barriguilla incipiente que le marca el polo le aleja del ‘estilo Génova’ de sus antecesores que, incluso cuando iban de sport, parecía que se habían escapado de un catálogo de Ralph Lauren. Monago no quiere atraer el voto del señorito extremeño de toda la vida, que ya lo tiene, sino del paisano del tractor, del frutero que ve que la crisis hace bajar sus ventas y hasta del parado que quiere un cambio y que solo se pone corbata en las bodas. Y no de Hermés. Para lograr esos votos es mejor tener pinta de parcelero que de ejecutivo estresado. Si yo no conociera a Vara y Monago y me presentaran sus fotos de campaña para que les adjudicara una sigla no lo dudaría. Es Monago el que no parece del PP.

PACTAR NO ES PECADO

EN Extremadura están muy mal vistos los pactos. El que pacta es un vendido. Al contrario de lo que ocurre en comunidades como Aragón, Cantabria, Navarra, País Vasco o Canarias, donde los acuerdos para gobernar son obligados porque nadie obtiene una mayoría suficiente, aquí no tenemos costumbre. Y probablemente de esa falta de necesidad se derive que el pacto, más que un instrumento legítimo para sacar adelante un gobierno, es sinónimo de pasteleo, de traición y hasta de robo.

En Extremadura tiene más éxito la teoría de que siempre debe gobernar la lista más votada, aunque sea en un gobierno inestable. ¿Pero qué ocurre cuándo la que queda en segundo lugar es la que tiene al alcance alianzas que le aseguran una mayoría? Pongámosles nombres. Si, como dicen las encuestas, IU es la llave de la Junta porque ni PSOEni PPobtienen los 33 diputados necesarios, ¿qué debe hacer? ¿Apoyar al PSOE porque los dos son de izquierdas?¿Apoyar al PP para propiciar la alternancia después de 28 años de poder socialista? ¿O dejar que gobierne la lista más votada, sea la de Monago o la de Vara? De momento, Pedro Escobar se ha hecho el estrecho y ha dicho que no apoyará ni a la derecha declarada de Monago ni a la camuflada de Vara. Que se las compongan ellos. ¿Y qué dicen los aludidos? Vara no se cree que vaya a necesitar a nadie para gobernar y a Monago Rajoy le ha dado permiso para pactar hasta con IU. Aquí hay partido.

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