Hoy

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ME ASOMO AL BALCÓN
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Diego Algaba | 28-01-2017 | 21:52

 

El sol aparece por el horizonte tiñendo de naranja la mañana, y la mañana viste al día con los colores de la vida mientras se lava la cara con las manos limpias del amanecer.

Una mañana de domingo donde el silencio de la calle se oye desde los balcones más madrugadores. Las macetas se asoman por la barandilla buscando su desayuno de luz. Los enfermos ingresados recobran la esperanza después de una noche de incertidumbre. Un domingo silencioso sin coches, sin bocinas, sin reggaeton. Por la carretera solo se ve pasar los colores chillones de ciclistas, los que sacan a los perros, y los que caminan tambaleantes después de buscar toda la noche la felicidad dentro de un vaso de cristal.

Un instante, un momento, un clip de máquina fotográfica, un parpadeo, lo que tarda el ojo en distinguir el color, un cuadro de Antonio López, un tic sin tac del reloj, un sístoles sin diástoles, un paisaje sin pasado ni futuro, un fotograma de Víctor Erice en una mañana naranja sin frío ni calor, un minuto sin tiempo que no se volverá a repetir. Ni políticos, ni religiones, ni siquiera Trump puede impedir este instante. Un segundo al que no se le puede poner muros ni barrotes que dura la inhalación de una bocanada de aire fresco y que es un golpe de vida, un impulso para empezar un domingo igual a otro domingo pero diferente a todos los demás.