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YA NO ME MIRO EN LOS ESPEJOS
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Diego Algaba | 12-03-2017 | 16:02

Hace unos días me preguntaron que si lo que escribo es verdad o ficción.

La idea se transforma en verdadera cuándo pasa al papel. La historia es lo de menos cuando existe sentimiento. Los sentimiento son siempre reales.

Hablando de sentimientos verdaderos, puros y limpios.

Cada vez esta más alta la raya pintada a lápiz en un rincón de la pared de su habitación que como una escalera ascendente da testimonio del estirón. A la vez que la raya se aleja del suelo, también ella se aleja. Ya no esta todo el día pegada a mi. Tiene amigas y juegas con ellas. Tiene ese afán por crecer, nada puede parar su desarrollo. Aprende letras, números, sabe de memoria los cuentos que recita una y otra vez, canta las canciones de los dibujos animados y las de Shakira con mejor pronunciación que Shakira. Ella todavía no conoce el fraude que supone crecer. La vida es el tiempo que pasa, unas veces deprisa y otras lenta, pero que nadie es capaz de detener. El mundo de los mayores que tanto anhela es muy diferente al suyo de hadas y princesas. Las princesas adultas se dedican a cosas muy diferentes de las que cuentan los cuentos.

Cuando su pequeña mano agarra la mía buscando protección, soy yo el que estoy protegido, protegido de todos los males, inmunizado ante un mundo hostil donde la bondad está mal vista y la ternura es de ñoños.

Cuando siento sus manos todo se transforma, vuelvo a los colores vivos dejando los grises y las cosas adquieren formas redondeadas exentas de hirientes puntas. El mundo muestra su sonrisa y se hace amable. Me siento como un dios protector y protegido.

Ya no me miro en los espejos, ya no soy yo el importante.