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EL COMENTARISTA ANÓNIMO
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Diego Algaba | 08-05-2017 | 20:47

He sacado un libro de la biblioteca. Es una colección de poemas de Pessoa. Otro lector habrá sacado el libro antes que yo porque hay palabras subrayadas y unas anotaciones escritas a lápiz en los márgenes.

Las interpretaciones que se hacen de un poema depende de cada uno de los lectores. Cada libro se transforma en único dependiendo de quién lo lea, del estado de ánimo que se tenga, del momento de su vida en el que esté. Un libro es algo íntimo, privado. Yo también hago anotaciones en mis libros. Cuando ha pasado un tiempo y regreso a ellos hubiera hecho comentarios diferentes, hubiera subrayado otras cosas. Un libro es un tesoro si es tuyo, cuando es público sobran las anotaciones. Sin embargo siento este libro con vida. Siento curiosidad por su recorrido como si se hubiera impregnado del alma del comentarista anónimo en esa letra que parece de adulto por el trazo firme y la transformación de la redondez infantil en letra picuda y afilada. Puede ser que el libro haya estado en el atril de una mesa de caoba con pluma y tintero; o en una mesa camilla de formica con brasero y tarima; o haya sido testigo mudo en una mesa de café de charla y alcohol. También ha podido estar en manos de algún experto filólogo; quizás entre las manos de esos que firman algunas tribunas de periódicos como escritor. La palabra escritor que tanto respeto me causa se emplea algunas veces con mucha alegría. No es filósofo el que ha estudiado filosofía, ni se es artista por haber hecho Bellas Artes.

Quizás este libro de pastas de cartón con el tejuelo de la biblioteca en el lomo haya estado encima del sofá de un indolente estudiante; o en la mesilla de noche de una mujer que ha pasado sus manos entre las mismas páginas que ahora toco yo; o haya llenado el hueco de alguna tarde dura de invierno; o quizás en manos de un inquieto jubilado; o en noches tormentosas de un insomne; o ha servido como medicina de un alma desgajada. A lo mejor alguien lo ha interpretado haciendo aspavientos con voz engolada delante de un espejo; o leído en voz alta ante un auditorio donde alguien ha dicho: “eso es lo que me pasa a mi aunque no sepa decirlo”