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Fecha: junio, 2017
PERIÓDICOS MULTIUSOS
Diego Algaba 30-06-2017 | 5:12 | 0

dscn1266-1Después de los primeros sonidos de berbiquí y martillazos para colgar cuadros y espejos se hizo el silencio en el bloque. Un silencio que ha durado unos 20 años. Todo era una balsa cuando lo compramos, pero los pisos se deterioran.

El vecino de arriba está de obras.

Según García Lorca las cinco de la tarde es una hora torera. Fue la hora en la que Antonio Torres Heredia cogió su vara de mimbre y  fue a Sevilla a ver los toros. Los albañiles del piso de arriba empiezan a coger los trastos una hora antes. A las cuatro de la tarde arrancan berbiquí y radiales empezando a funcionar al máximo de su volumen. Las cuatro, esa hora en la que uno busca el sofá para recuperar una noche de mosquitos y sudores. Ahora que las compañías telefónicas me habían dado una tregua vienen los albañiles cargado de sonoras herramientas.

Al día siguiente del primer día de la obra un vecino puso un cartel: “Protejan las paredes y la limpieza del ascensor”. Cuando bajé, el ascensor estaba envuelto en cartones y el suelo lleno de periódicos y ahí es donde quería llegar, a los periódicos. A esos periódicos que se hacen viejos a los dos minutos de leerlos, periódicos por el suelo donde casualmente había una foto mía encabezando un artículo manchado con la huella de una bota manchada de yeso. Quizás la única huella que dejó el texto. Todo el peso de una pisada cayó como una metáfora sobre mi artículo. Un artículo que tanto me costó parir en una noche de insomnio y calor con el portátil ardiendo entre las piernas.

La suciedad que generan los ripios de los albañiles se protege con periódicos viejos, igual que los periódicos protegen del desconocimiento a los ciudadanos sacando a la luz las oscuridades. Decía un eslogan: “una persona sin información es una persona sin opinión”. Esta tarde vuelvo a enfrentarme con el teclado teniendo como música de fondo unos martillazos y el penetrante sonido de la radial pensando no solo en entretener, también en proteger el suelo de un ascensor, o como decía Ruano para envolver el pescado. o como digo yo, para hacer un gorro de payaso.

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…Y ESTAMOS EMPEZANDO JUNIO
Diego Algaba 14-06-2017 | 5:08 | 0

dsc04662-2El Sol asoma cada año más temprano, más fuerte y altanero, con más fuego en su interior, repartiendo rayos como palos por el sur. Sube la temperatura y mi lápiz, ligero de ropa, no se agarra al papel igual que cuando lleva encima todo el peso del abrigo invernal. Un lápiz liviano garabatea sin forma ni ideas. No tengo nada que decir, nada entre manos y menos en el pensamiento, solo esta pesadez que inunda mi cabeza con el daño de un sol que cae como una enorme piedra sin imaginación gritando: ¡ vacaciones! Intento escribir cerrando los ojos para oír el frío de la lluvia de meses pasados pero el calor se posa en mi ánimo anulando el viaje de regreso a noviembre, paralizando mi pensamiento. Aunque intente prescindir de este fuego no me deja, no puedo, se adhiere a la piel como una pesada carga, como una cuerda que me ata y me convierte en un ser inútil, lento y torpe, como un astronauta dentro de un escafandra.

Verano de bichos, de mosquitos, de cucarachas rojas, de chicharras invisibles y monótonas. Veranos de coches descapotables con cabezas descapotadas.

Empieza a llegar el calor de Badajoz a mi cabeza como una enfermedad neurológica. No tengo cuerpo ni para escribir sobre las ambulancias baratas de Tenorio, ni de que lo barato sale caro,ni siquiera de poner el ejemplo de los vigilantes de centros sanitarios, esos a los que su nueva empresa, también barata, les quieren rebajar 200 euros mensuales. ¡ay los trabajadores!, siempre los trabajadores. Alguien tendrá que pagar la diferencia entre un precio y otro y nadie mejor que ellos.

En verano vivo en un error geográfico. Tendría que ir al norte si no quiero renunciar al veneno de la tinta, ni a la nicotina que desprende el teclado. ¿Y por la noche?, me preguntan. La noche es peor. El sonido de las horas se hace más metálico, pesa como un bloque de acero que cae en el alma. Cuando el reloj anuncia las doce queda todavía muchos tic tac para alcanzar la siguiente hora. El sueño desaparece cubriendo de sudor la nuca, y algunas veces, en este trance extraño, como una fiebre, viene a la mente el pensamiento del sueño eterno.

El sol me roba tardes delante del papel donde uno sueña con poder ser otros y algunas veces con ser quién quiero ser.

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REFLEXIÓN DE DOMINGO,REFLEXIONES DE LO EVIDENTE
Diego Algaba 11-06-2017 | 10:22 | 0

A quién más cansa ser joven es a ellos mismos. Pasan su tiempo siendo otros. y en esos otros buscan su personalidad. Se buscan en las modas,en los gestos, en 18387166_1519975788027114_763775167_nlas palabras, con su argot particular, un código de signos y movimientos. Tantas vuelta dan por caminos diferentes que no acaban de encontrar el suyo perdidos en un laberinto de dudas y huidas. Sin embargo,con el transcurrir de los años, cuando el calendario deja de ser una amenaza y lo abandonan en la pared colgado sin cambiar de hoja, llega un día en que esa búsqueda desaparece. Es entonces, en ese abandono, cuando se comienza a vivir sin miedos, sin complejos, sin pensar en una felicidad dictada por otros, cuando encuentran el camino que en la mayoría de las ocasiones está en lo sencillo, en un paseo, en un paisaje, en una mirada, en cocinar para otros, en un hola, en un perfume. La juventud busca cosas nuevas cuando todavía no saben que en la rutina de lo cotidiano está el abrigo que el interior necesita para estar protegido de la intemperie. Hay otros, que ya han cumplido algunos años, que continúan esa búsqueda de felicidad de películas de fin de semana por la tarde. Los hay que se quedaron colgados de los cristalitos de la bola multicolor de las discotecas, de los campos de fútbol, de la guitarra eléctrica, de los pelos largos y pantalones ajustados, de los porros de maría. Luego, después de muerto, quizás no haya eternidad para seguir buscando, o quizás si. Hay cosas importantes que llegan, sin provocarlas, sin buscarlas.

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