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MÚSICA PARA EL ESPÍRITU
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Diego Algaba | 07-08-2017 | 22:03

dsc00435-2Viajé de Badajoz a Cáceres una tarde calurosa de últimos de julio. Paré en Puebla de Obando, por un café de un euro me regalaron una lata de Fanta. Paré en el paisaje de piedra de los Barruecos donde el sol iluminaba las piedras negras dándole el misterio del silencio y la inquietud de la soledad.

Para el museo de Vostell no había tiempo. Llegué a la iglesia de Garrovilla de Alconétar cuando comenzaron.

dsc00457-2Se llama Miguel Ángel y toca el Contrabajo en la Orquesta de Extremadura, Miguel Ángel es un Venezonalo de Badajoz y un entusiasta de la música,también es un estudioso de instrumento antiguos donde toca el Violone que es como un contrabajo pero con más cuerdas. Miguel Ángel, junto a Miguel del Barco, hijo del llerenese compositor del himno de Extremadura del mismo nombre, organizó un curso de músicas antigua en Garrovilla de Alconétar para alumnos aventajados. Por la mañana tenían las clases, por la tarde daban conciertos en la Iglesia de Santa María. Fui a escucharlos el viernes, el día que actuaban los alumnos, anteriormente lo dsc00467había hecho los profesores, prestigiosos músicos de todo el mundo.

Aquel viernes pudimos disfrutar con la música de Bach de Mozart, de Handel, interpretado por jóvenes talentos con instrumentos antiguos que sonaban a otros tiempos, a sonidos medievales, al relajante frescor de muros de Iglesia después de atravesar en coche un paisaje de campos amarillentos.

Cuando acabó la música salimos de la iglesia con los sentidos todavía agrandados por el hechizo de las últimas notas, dejando un rastro de espiritualidad muda a nuestro paso. Salimos al pueblo. Aquí quiero hacer otra parada para volver a escribir un ¡Oh! de asombro cuando descubrí aquella Plaza porticada en una noche donde la música puso la magia y la luna el embrujo. Una noche para enamorarse, para sentir,para prolongar ese misticismo de la sonoridad del órgano Renacentista de la Iglesia manejado por dsc00411los dedos prodigiosos de Miguel del Barco.

Aquella noche, sentados en la plaza del pueblo, frente al corral de comedias, Miguel Ángel, con esa musicalidad en sus ilustrativas palabras nos habló con el entusiasmo de un alumno y con la sabiduría de un maestro.