Hoy
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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
MANOLO EL GORDO
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Diego Algaba | 16-02-2018 | 8:36| 0

26994155_137937767014940_7729192345299860305_nUn día que iba andando por el Paseo Condes de Barcelona se dirigió a mi un señor que estaba sentado en un velador. Se presentó como Fale Rivero, Presidente del equipo de fútbol Flecha Negra. Me dijo que quería agradecerme el haber mencionado a su hermano en alguna columna. ¿Quién es su hermano?, pregunté. Manolo el Gordo, en aquel momento algo se removió en mi interior que me trasladó a un pasado lejano y hermoso. Aquel mismo lugar donde nos estrechamos la mano, ahora asfaltado, lo había recorrido muchas veces, cuando la amplia avenida de frondosos árboles y edificios nuevos era un campo de hierba salvajes con un sendero hecho por por el ir y venir de muchachos al campo de fútbol de la Federación.

Son varias las generaciones anteriores y posteriores a la mía, relacionadas con el fútbol, que hubiera sentido la misma emoción que sentí yo al escuchar el nombre de Manolo Rivero. Manolo era mi entrenador. Un pintor de brocha gorda con vocación de maestro, un maestro sin título, ni escuela que educó en los valores de la amistad, el trabajo, el compañerismo y la solidaridad a cientos de muchachos. No nos enseñó matemáticas, ni literatura pero si el hacernos saber que con el esfuerzo se podía conseguir los sueños, Nos enseñó que nadie era mejor que nadie. En los partidos no sacaba a los mejores sino a los que iban a entrenar, a los que se esforzaban. Manolo era una buena persona y quería que sus futbolistas fueran, además de futbolistas, individuos íntegros. Su mayor enseñanza era el ejemplo que daba con su dedicación altruista al fútbol. Aquella tarde en la que Fale se presentó como su hermano, me quedé sorprendido. Siempre pensé que su familia era el fútbol, el Flecha Negra y todos los muchachos que pasamos por su equipo. Manolo murió joven. Se le recuerda por un trofeo de fútbol que lleva su nombre. Fue una de las personas grandes del deporte pacense que dedicó su vida a enseñar fútbol y hacernos crecer como personas.20180216_191019-2

Algunos compañeros triunfaron y fueron futbolista profesionales en primera y segunda división aunque todos fuimos ganadores al aprender con él el valor de la amistad, la solidaridad el sacrificio por el bien común y a saber que las cosas se consiguen con esfuerzo, esas cosas que valían para el fútbol y para la vida.

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RUIDO
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Diego Algaba | 26-01-2018 | 8:13| 0

dsc04791-2Si hay un día que me guste madrugar más que otros es el de año nuevo y así poder recorrer la ciudad sin obstáculos, sin el desagradable ruido de coches, sin ese sabor metálico que salen de tubos de escapes y poder contemplar una ciudad solitaria,desnuda como el Madrid de Antonio López o Amenábar. Calles vacías con semáforos innecesarios que siguen sus ritmos de rojos y verdes sin altibajos, igual que un corazón sano, el sístoles y diástole de una ciudad sin vida.

dsc04806-2La mañana del primer día del año, cuando me levanté y fui al balcón, una intensa niebla borraba la fachada de las casas de enfrente y apenas se distinguían a los que regresaban de celebrar la nochevieja dentro de sus tambaleante trajes de fiesta. Hay días en los que estar borracho no está mal visto, pero a mi no me deja de producir tristeza ver a jóvenes vomitando en las aceras.

Me gustan esas primeras horas del año que transcurren desde que se recogen los jóvenes como tristes zombis de trajes deshilachados hasta que comienzan a salir: los que tienen que sacar a perros gigantes de pisos pequeños; los enganchados al “running” que no pueden resistir sin correr después de la mala conciencia del atracón navideño; los ángeles anónimos que van y vienen de trabajar en centros sanitarios …

dsc04992En año nuevo se puede conducir por Sinforiano Madroñero relajadamente, sin sorpresas, sin tener la sensación de estar en un peligroso circuito de obstáculos. En Fernando Calzadilla están cerradas hasta las tiendas de los chinos, una avenida que ni siquiera Gallardo puede alterar desde su sillón de mando.

Parece que fue ayer pero ya está acabando este mes que empezó en silencio y termina con ruido, con mucho ruido, demasiado ruido para un ciudad silenciosa que ni siquiera cuando grita “tren digno” se la oye. Aunque si se oyen ruidos de tambores lejanos que viene de Ifeba; ruidos de terremoto que vienen de Portugal; Desde Villanueva ruido de martillazos en las placas y en los rencores de los nombres de las calles. Los ruidos no son buenos o si no que le pregunten a la exalcaldesa de Cáceres Carmen Heras pero sobre todo a los vecinos de la Madrila y como cuando las barbas de tú vecino veas cortar, en Badajoz se subvencionarán obras para proteger del ruido las casas del casco antiguo.

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LA INMORTALIDAD DE LOS SENTIMIENTOS
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Diego Algaba | 04-01-2018 | 5:42| 0

img-20170428-wa0003-1-miliHace unos días vi en la tienda de Granja el Cruce de la Avenida Juan Sebastián Elcano, ese negocio que Inma trabaja como si fuera suyo, una oferta de chorizo Revilla y me acordé de cuando hice la mili. En aquel año y pico que estuve sirviendo al ejercito por 130 pesetas al mes en Zaragoza, mi madre me enviaba paquetes con queso y chorizo, también me ponía giros y de vez en cuando me escribía una carta que firmaban todos los miembros de la familia. Aunque las cartas que más ilusión me hacían era la de una novia que unos meses antes de terminar aquel año militar me dejó por otro que estaba exento al tener los pies planos, el roce hace el cariño, aunque sea con pies planos. Pasé los indomables 20 años domado en un cuartel con cantina donde vendían las cervezas por cajas y los calimochos por litros. En la mili aprendí a beber y a hacer guardias con un CETME delante de un calabozo que tenía como único arrestado una bicicleta que estaba castigada porque un capitán,después de varias horas en el bar, se cayó de ella en mitad del patio.

dscn1682-3Mi madre me mandaba chorizos y giros y yo solo le regalé una estampa de la virgen del Pilar que compré en los puestos próximos a la basílica de tejas azules y verdes de Zaragoza. Han pasado muchos años de aquello. Mi madre murió hace cuatro. Sin embargo, días atrás, volví a verla sentada en su sillón emparejando calcetines con su sonrisa y esa mirada pura de bondad tan pasada de moda en estos tiempos. Con la piel tersa y el pelo cano regresó a casa cuando abrí la caja de colacao donde guardaba las cosas importantes:

foto de internetel libro de familia, su carnet de identidad,la esquela de su hermana, las fotos de la primera comunión de sus nietos y esa estampa de la Virgen del Pilar donde pude leer por detrás, escrito con letra redonda de grandes trazos, realizada con la lentitud de los que ponen mucha atención en lo que hacen por falta de práctica: “Protege a Diego en la mili y en la vida”. Aquella letra tan familiar me hizo entender que no solo los grandes escritores están vivos en la tinta de sus textos. Quizás alcanzar la inmortalidad no depende tanto de la ciencia como de los sentimientos.

Diego Algaba Mansilla

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FOTOGRAFÍAS
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Diego Algaba | 08-12-2017 | 10:17| 0

dsc04099-2Voy andando por senderos de tierra. No ha llovido y las botas mueven el polvo a cada paso. Hay piedras y jaramagos que crecen sin orden en el camino. El cielo azulea como en un mañana de agosto, como un cuadro de Sorolla. El sol acecha escondido como un cazador detrás de su camuflaje de pasto y plástico. Donde tenía que haber sombra hay sol y donde charcos tierra seca y estriada. De repente, como un espejismo, fiel a noviembre, aparecen los colores del otoño a los lados del camino y el paseo se convierte en varios paseos: aquí los ocres de las hojas en el suelo, allí el amarillo que todavía resiste en el árbol . Me quedo quieto para ver esas pinceladas de la naturaleza. Miro y mirando acoto el campo. La vista se me va a ese espacio finito del encuadre que no tiene límites en belleza y me acuerdo de Finicio. “La obra artística solo representa un modelo reducido del universo”. Saco la cámara y disparo. Disparo para retener el instante, como si los momentos no fueran irrepetibles. Algún día dejaré de fotografiar para disfrutar sin interrupción, no se puede atrapar la naturaleza que es lo mismo que retener el tiempo para que luego, en casa, sentado frente al ordenador, una foto sea incapaz de provocar lo que siento en el bosque, en el barbecho. Hay que pisar la tierra, oír caer las hojas, acariciar el pétalo de una flor. Mi niña corre sonriente hacia mí con las manos llenas de hojas secas y esa emoción no la puedo captar con la cámara, la apago y sigo paseando de su mano.

dsc04097-3Por el camino me cruzo con un corredor vestido de rojo, un pescador tira la caña protegido con unas botas de agua hasta la rodilla, una bandada de pájaros blancos vuelan en formación, un cardo borriquero parece que me dsc04023-2mira,como si quisiera gritar ¡quiero agua!, un ciclista pasa sigilosa a mi lado.

Es domingo. La ciudad duerme. El campo está salpicado con colores de Decathlon que vuelan libre como una bandera sin patria. Caen unas gotas, se levanta el aire, el frío nos acurruca, llega el invierno, se va noviembre, llega diciembre, el tiempo pasa tan rápido que nada se puede retener ni siquiera en una foto. La niña sigue creciendo. Papá, ¿cuánto queda para mi cumple?

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LA ESQUINA DEL BAR
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Diego Algaba | 20-11-2017 | 9:59| 0

20171120_203658-2La esquina del bar es como un útero materno, como un líquido amniótico de cerveza fría y café caliente que nos protege en esos días en los que la soledad aprieta. La esquina del bar nos abraza cuando no tenemos a nadie a quien abrazar. La esquina del bar es el refugio de solitarios, observadores, tertulianos… Una esquina dotada con el don de parar relojes y esquivar navidades.

En el bar el Paso, detrás de los Maristas, todas las mañanas nos disputamos la esquina tres clientes en esa primera hora del café de salida, de la primera vuelta al periódico antes de entrar a trabajar.

20171120_203638-2El bar Leñador está en la Banasta, junto al ventanal que da a la calle hay un rincón por el que entra una luz generosa para leer el periódico acompañado con un vino de Esparragosa y aperitivos de cuchara.

El bar la Parada tiene una esquina junto a la ventana donde puedes leer el periódico de espalda al salón sin la distracción del resto de clientes. se puede poner a tñu lado algún conductor de autobús o Andrés, un señor mayor de agradable conversación.

En los pasajes de Zafer está el Emigrante ahora conocido como bar de Nino, este bar tiene una solicitada esquina los días de Fútbol donde casi siempre está Monchi. Este era el bar del llorado Angel de Universitas. El corcho del tablón de anuncio lo preside una foto suya con un poema. Todo lo que pueda escribir de Angelito ya lo ha hecho antes mejor que yo Alvarez Buiza.

En San Roque está el bar Calle Trece que tiene unas vistas excepcionales a la Plaza de la Iglesia de la Concepción desde donde sale la procesión de la borriquita y del silencio. Una esquina donde puedes disfrutar con los colores de los árboles en otoño y la fachada de la Iglesia mientras tomas una cerveza con un generoso aperitivo.

En la esquina del bar el Cortijo del Corazón de Jesús puedes encontrar los domingos, desayunando migas, cachuela o zurrapa a hombres del campo, cazadores,funcionarios de prisiones, columnistas del HOY, mujeres de presos de ETA hablando en eusquera,ese lenguaje de difícil fonética un lenguaje duro, de piedra.

dsc03748-2Mi esquina es la del bar que hay debajo de mi piso, una esquina que es la prolongación de mi salón donde voy con la misma naturalidad que a mi cocina. Entro después de tirar la basura con ropa de estar en casa. Esa esquina es mi esquina. mi útero materno donde la banqueta de madera es el más cómodo de los sillones, siento ese rincón tan mío como lo siente Romy,su propietaria.

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