Hoy

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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
ATARDECER ONÍRICO
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Diego Algaba | 29-10-2016 | 9:02| 0

Escribo sobre lo construido antes de la obra final; sobre ese proyecto de cuadro que hay debajo del cuadro definitivo, ese que un día se empezó y nunca fue capaz de adquirir forma, música, poesía. Escribo desde lo que hay debajo de los lienzos más venerados, esos que al final se convirtieron en obras de arte después de muchos borrones. Escribo sobre esas formas torpes que aguantaron los pigmentos de colores diferentes a los iniciales. Escribo sobre ese boceto al que se le dio mil vueltas y del que no salió nada: un bodegón que nunca adquirió vida, un paisaje sin sol, un rey que se quedó en muñeco sin forma, sin expresión, como una sobredosis de botox. Escribo de lo que hay detrás de las cosas importantes: trabajo, tenacidad, fe. Escribo sobre lo que hay debajo del cuadro, debajo del escrito, esos trazos desaliñados que nunca vieron la luz quedando en un garabato del pensamiento, en un rugido del alma sin voz, en un sueño mudo que quiere gritar cada vez más fuerte aunque nadie lo oiga y se transforme en pesadilla, en un sobresalto sudoroso en mitad de la noche que te despierta sin dejar que vuelvas a dormir.

Escribo sobre las cosas que quiero decir y no soy capaz de decir; sobre el fracaso de lo que un día fue un proyecto de edificio majestuoso y nunca sobrepasó los cimientos. Busco las cosas que le den oxígeno a mi alma para seguir viviendo en los sueños.

Escribo desde la angustia de una idea que no es capaz de coger forma en el papel.

Escribo desde un sueño nocturno que no recuerdo y que no se deja escribir, acariciar con palabras hasta alcanzar lo sublime. Escribo de la nada aunque la nada no exista. Escribo sin escribir, solo por la necesidad de hacerlo, aunque no sepa decir lo que quiero decir. Quizás lo único que quiero, es gritar con palabras silenciosas, esas cosas que se dicen al oído, esas cosas que ya nadie quiere oír.

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LA CASA DESHABITADA
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Diego Algaba | 22-10-2016 | 8:52| 0

Hoy he vuelto a la casa grande, la que habitabas ¿Cuánto tiempo hace de aquello? ¿Que fue de ti?

Sé que no tienes un lugar donde asentarte, ni pertenencias. Es inútil buscarte en la mil formas con las que te representas. Eres una continua huida, una evasión, y, a veces, la razón que se presentaba en ti sólida como si fuera verdadera y para siempre, al instante, se desvanecía, aunque permanezca en nuestra esperanza,en el interior de nosotros, de los que somos diferentes a ti, los de moral intachable.

¿Dónde estas escondido? ¿Quien eres de entre tus mil formas tan próximas y tan distantes? Quiero verte, atraparte, clasificarte… pero cuando voy a cogerte con la confianza de haberte descubierto ya eres otro, ya no estas, y desapareces como el humo de la chimenea en el aire, te escapas, te vas, dejando solo la incertidumbre de no saber si eres o no eres, si estas o no estas.

Han pasado los años, sigues viviendo en la incertidumbre de las mil formas. Eres como ese navegante que vuelves después de mucho tiempo sin reconocer lo que amaba. El día que te marchaste, sin equipaje, abandonaste la ambición de poseer; abandonaste el odio, las zancadillas,la esclavitud, el engreimiento,el orgullo,la vanidad, todos esos lastres que impiden vivir. Solo te quedaste con la sonrisa, con la bondad, intentando mostrar al mundo la diferencia entre hombre y  sueño.

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UNA HORA MENOS
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Diego Algaba | 15-10-2016 | 10:47| 0

Mañanas portuguesas con sabor a cilantro, a garbanzos con presta, a guarnición de arroz cocido y patatas con piel.

Domingos portugueses de lentitud donde una hora menos parece un siglo menos.

Portugal de fachadas azules, de ventanas cerradas. de puertas abiertas,de amabilidad permanente,de hablar sereno, de gorras con viseras y mercadillos con pescado. Un país donde la altanería desciende a ras del suelo.

Un alentejo sin raya donde los pacenses nunca se sienten forasteros,

Pueblos silenciosos donde el reloj de la Iglesia se paró para siempre en las 10,50. No sé el motivo. No indagaré en acontecimientos pasados, ni leeré su historia. No escribiré las cientos de metáforas que me vienen a la cabeza de amores contrariados, de vida detenida, de episodios luctuosos. Las cosas son más sencillas, estamos en Portugal. Probablemente un día dejó de funcionar el reloj de la iglesia y nunca nadie se ocupó en arreglarlo en un pueblo donde desconocen las prisas y la gente se guía por la luna y el sol.

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CON LO QUE UNO HA SIDO
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Diego Algaba | 12-10-2016 | 8:24| 0

Pedaleaba en una bicicleta estáticas delante de mi. Ese día no había muchos deportistas en el gimnasio y podía ver sin dificultad como brincaba, sobre su espalda morena, una trenza larga que seguía el ritmo de las pedaladas. Un cuerpo lírico, fuerte, y femenino dentro de un maillot celeste. Se movía con una elegancia natural, gestos que no se aprenden y con los que algunos afortunados nacen y otros sueñan. Manos largas de uñas largas que prolongan un cuerpo de mujer atlético y femenino. Parecía una diosa que hubiese bajado a la tierra para mostrar a los humanos los secretos de la belleza. No suelo mirar en el gimnasio porque los demás tampoco lo hacen pero a ella si la miro, me gusta verla, me hipnotiza su ritmo, su cadencia,su elegancia, su belleza.

Pedalea sin descomponer la figura. Pasé a su lado. Me hubiera gustado invitarla a cenar, pero para prolongar la ilusión y evitar la crueldad del no, solo le pregunte la edad, ni siquiera su nombre. 30 años. No fue una pregunta cualquiera. No pregunté yo. Preguntó el subconsciente. Desde hace algún tiempo me preocupa el paso del tiempo. La injusticia de los años cumplidos y esa desigualdad entre deseo y vejez. Uno cada vez es menos deseable, aunque siga deseando.

Los niños quieren ser mayores porque todavía no conocen las trampas de los años. Las trampas de un mundo imperfecto y cruel en el que no hay relación entre el deseo que permanece y el cuerpo deteriorado. Caminan a ritmos diferentes años y mente. Me entristece que todo haya pasado tan rápido, que estén tan lejos esos 30. Poco a poco voy acolchando mi mente para acostumbrarla a las derrotas. Acomodado en la felicidad de mi rutina han pasado los años, ahora me toca asomarme al balcón alejando de la barandilla ante el vértigo de una juventud que ya no me pertenece. Diosa de la belleza pedalea delante de mi como un sueño inalcanzable. Esta ya no es mi guerra.

Me pongo a escribir mientras oigo el tic tac del reloj semejante a los latidos finitos de mi corazón. Escribo desde esta casa solitaria donde cada vez huele más a viejo y menos a esa fresca fragancia de la juventud. Esta noche de sábado me estoy acordando de ella, del día que le pregunté sus años, 30 me dijo, con una inaccesible sonrisa.

 

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PUENTE SOBRE AGUAS SERENAS
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Diego Algaba | 08-10-2016 | 5:13| 0

foto Diego Algaba

Puente sobre aguas serenas donde descansa la noche del ruido y de la luz, de promesas falsas, del vértigo de la vida.

Aguas serena hasta donde el corazón desciende bajando los peldaños de las apariencias para encontrarse cara a cara con él mismo. ¿Quien eres tu? Ya no te conozco. Has estado demasiado tiempo allí arriba, envejeciendo entre el bullicio desasosegado de una ciudad que te consume.

Tardaste mucho en venir aunque nunca es demasiado tarde para conocer el sosiego. Volverás a irte, quizás mañana, pero regresaras de nuevo a mi silencio para sanar las heridas del alma.

Un día aprenderás a distinguir entre el vacío acaparador de la ostentación y la libertad de lo sencillo. Entonces serás cuando te desprendas de todos los lastres y te quedes para siempre.

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