Hoy

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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
CUBISMO EN EL MEIAC
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Diego Algaba | 06-07-2016 | 10:23| 0

 Una vez tuve una novia pintora que vivía en Madrid. Todos los fines de semana íbamos a una exposición pero ni por eso eduqué mi ojo. En una ocasión fuimos a un prestigioso premio. Señalé el cuadro que más me gustaba. Era un cuadro que se parecía a la portada de cartón duro de un libro de Kierkegaard y que utilizaba de raqueta para jugar al ping-pong con mi hermano Primitivo. Y es que el arte tiene mucho de magdalena Prousiana, de evocación del pasado, de sentimientos. Ella se fijo en otro que a mi me parecía una mamarrachada. Decía que era el mejor y me dio las razones: trazos, composición,armonía,equilibrio,ritmo y no se cuantas cosas más. A los pocos días, una vez resuelto el concurso, fuimos y el cuadro que ella eligió fue el premiado. Fue cuando me di cuenta de que el arte no respondía a mi simplismo de bonito y feo y si a unas reglas establecidas y desconocidas para mi. La belleza natural frente a la belleza cultural, la belleza cultural no tenía que ser bella

Fui con ella y otros dos Licencidos en Bellas Artes a una exposición de diez cuadros de Rothko. un reconocido pintor americano. Todos los cuadros eran rojos, uno tenía un punto en una parte del cuadro y otro en otra, ellos tardaron en analizar la exposición casi una hora mientras yo termine esperando en el bar.

Aquella relación acabó,como era de esperar, pero me quedó la costumbre de visitar los museos. Hace unos días fui a el MEIAC a la exposición sobre cubismo. No pretendo escribir sobre lo que no sé pero me gustó. le acompaña un video sobre la vida de Juan Gris, siempre pensé que las cifras que se mueven en el arte son un engaño como simbolizó el artista Piero Masori en su obra “mierda de artista” 90 latas con 30 gramos de sus propios excrementos  que vendió al precio que tenía el oro. Hoy multiplica su valor. sin embargo esta exposición del MEIAC me gusta aunque no entienda esa deformación de la realidad, quien sabe, quizás solo sea el recuerdo de aquellos maravillosos años en Madrid.

 

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MIRADAS PERRAS
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Diego Algaba | 11-06-2016 | 7:31| 0

Quizás este no sea el mejor artículo que he escrito, ese siempre esta por llegar,a escribir se aprende escribiendo, pero si es el que muchos me piden por la calle, así que contaré tres historia vividos por mi.

Salí de la cochera y me encontré con un perro haciendo sus necesidades. Esperé a que terminara, no podía pasar, El perro me vigilaba con esos ojos tiernos que ponen los perros cuando se alivian. El dueño huía de mi mirada. Cuando terminó, el joven tiro de la correa sin agacharse a recoger la deposición, se fueron andando a toda pastilla, el perro miró para atrás, el dueño no. La rueda de mi coche pasó por encima de los excrementos, no tenía otra salida, dejé restos por Badajoz como los Toreros Muertos dejaron su agüita amarilla.

Voy por la Avenida Condes de Barcelona. Un joven fuerte y alto cepilla un perro lanudo y grande que tiene subido al banco más próximo a los columpios donde todos los día se sientan niños y padres. No llamo a los Municipales porque no sé si por por esto se llama a los municipales, o porque quizás sigan de de baja laboral, o poniendo multas por exceso de velocidad en la carretera de tres carriles de las Vaguadas.

En el Paseo Condes de Barcelona, que la sabiduría popular terminará bautizando como Avenida de los perros, me cruzo con uno que parece un caballo, Dogo creo que es la raza, camina sin correa delante de su dueño, la presencia y el tamaño del perro causa impacto, pasa rozándome, me mira y miro para otro lado, Si va a morder que muerda sin que yo lo vea. A los dos días, el mismo perro, con el mismo dueño, pasea igual, sin correa. Esta vez voy con una niña pequeña que se asusta. Le digo que el perro hay que llevarlo atado, me pide perdón y sigue andando. A los tres días vuelvo a cruzarme con ellos, el perro suelto, el dueño detrás, me mira lo miro,no le digo nada.

 

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FERIA DEL LIBRO
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Diego Algaba | 28-05-2016 | 8:12| 0

Sentimientos, aventuras, conocimiento, todo escondido entre páginas con olor a tinta fresca recién sacadas de sus cuevas. Libros que salen al encuentro de lectores adictos y lectores nuevos.

Todo empezó un viernes por la tarde con la música y la poesía de Josele. el anterior vocalista del Desván del Duende. Después tomó la palabra Paloma Morcillo dentro de un vestido rojo y una sonrisa nerviosa de anfitriona satisfecha. El Alcalde leyó un texto que llevaba escrito. Eugenio Fuentes habló. lució con la delgadez de los que montan con frecuencia en bicicleta y la sabiduría de los que han cabalgado en más de una ocasión encima del rocín flaco con adarga en mano. Conocí a Agustín Muñoz del que he leído sus tribunas en este periódico, bien escritas y entretenidas en el día que Martín Tamayo le dedicó una columna. Fernando Valbuena: amable, campechano, cariñoso,me dijo con ese acento de vasco pacense que venía del homenaje de Copito celebrado la semana anterior. En la Cope habla de gastronomía, de toros en Onda cero, en este periódico escribe una columna los viernes, otra los domingos, participa en tertulias televisadas, hace presentaciones… Cada media hora se presenta un libro. Escritores sin lectores que igual que los reconocidos también han estado expuestos al relente de la soledad creativa y a horas y días de trabajo aunque no metan cabeza en el laberinto del mercado editorial. Pecellín Lancharro presentó su libro y Francisco Pilo y Plácido Ramirez  que siempre está  presente en todo lo que huele a poesía. Vi a Alfredo Liñan sentado en una banqueta. Lo conocí por su mirada escéptica, irónica y mordaz, como diciendo; chaval si sigues mirando te doy el domingo con el mazo de mi tambor. En la feria están las cosas importantes de la vida: amor, crimen, muerte pasión, risas y llantos, todo con el deseo de expandirse por Badajoz para que luego, en la intimidad, sentado en el sillón de casa, nos hablen al oído o nos griten a la conciencia. Libros prohibidos, lecturas nocturna, poesía, mujeres, hombres y niños muchos niños que miran con asombro a los cuentacuentos y a títeres sin banderas ni símbolos que los niños solo son niños y su patria es la imaginación.

 

 

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HISTORIAS DE SUPERMERCADO
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Diego Algaba | 10-05-2016 | 10:22| 0

Estaba comprando en el Super Sol que ya no se llama así. Cansado de cambios de propietario lo llamo por el nombre con el que lo conocí por primera vez. Recorría los pasillos pensando en un tema para escribir. Me rondaba por la cabeza lo de unas nuevas elecciones. Los líderes nacionales no han llegado a ningún consenso con lo fácil que ha sido para todos los partidos de Badajoz acordar subir el sueldo de sus Concejales. Le daba vueltas a la actualidad cuando de repente las vi en la sección de frutería: guapas, altas, delgadas, las dos tenían el pelo negro y sedoso; cada vez que giraban la cabeza se movían como a cámara lenta como si aquello fuera un anuncio de champú. Dos jóvenes elegantes. Dos diosas que parecían haberse escapado de la pasarela para mezclarse con la cotidianidad del supermercado; dos Venus de la belleza que desprendían sensualidad y deseo con cada paso, con cada movimiento; Dos ángeles caídos del cielo que se movían dentro de los tacones con una naturalidad que parecían una prolongación del pie, como si hubiesen nacido dentro de ellos. Las dos estaban delante de mi en la cola de la caja colocando en la cinta,con la suavidad de sus largos y delgados dedos, yogures light, leche desnatada, cocacola zero… todo era perfecto hasta que una de ellas dijo “Joder tía, hace un calor que te cagas” la otra contestó “es chica”. En un momento se rompió toda la magia. La realidad se impuso a la fantasía. Las diosas se transformaron en terrenales y pensé que la falsedad de la belleza se asemeja a las mentiras de las promesas. Las apariencias engañan, ¿a qué suena bien manos limpias? Las cosas no son lo que parecen, bueno, excepto Rita Barbera que es lo que parece. Obnubilado por los cinco minutos de magia de las modelos perdí el hilo de mis pensamiento. Mis dedos comenzaron a deslizarse sobre el teclado con la dudas de siempre para contar solo cosas que veo y que siento.

 

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EL CUPÓN
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Diego Algaba | 20-04-2016 | 9:56| 0

Ángel

Ángel

La primera vez que compré un cupón de la once me tocó. Era cuadrado, pequeño, con tres números y los tres salieron. Tenía 18 años. Lo compré a medias con mi amigo José el bombero. Cobramos 6.000 pesetas que repartimos entre los dos. Fui corriendo a las Tres Campanas a por un osito de peluche para la chica que me gustaba pensando que con eso la conquistaría. Me dijo que no le gustaban los peluches. Creo que quien no le gustaba era yo. Fue mi primer fracaso amorosos. Tiré a la basura el oso y parte de mi capital, ya que compré el más grande y más caro.

Jorge, Rey Baltasar

Jorge, rey Baltasar

En posteriores conquista aposté por la poesía, que salía más barata y me gustaba más. La que mejor resultado me dio fue el madrigal de Gutiérrez de Cetina, “Ojos claros serenos...” . La poesía sirve para conquistar, para lo inmediato, pero escribir no daba para la continuidad; para vivir, para convidar al cine y cervezas. Ya lo dijeron otros, “escribir es llorar” a no ser que te llames Belén Esteban.

Nunca volví a comprar en las Tres Campanas a pesar de la fascinación que sentía por ese ascensor de madera que crujía como si se fuese a romper, mientras sentía la mirada bonachona de aquel empleado gigante que decían ser el más alto de la ciudad y que alguna vez he vuelto a ver por San Roque. Era tan popular en Badajoz como hoy lo es Jorge, el que hace copias de llaves y echa suelas de zapatos. El rey Baltasar.

Ángel en la Granja del Cruce

Ángel en la Granja del Cruce

Hace unos días coincidí con el ciego que me vendió el cupón en la tienda de la Granja el Cruce de Juan Sebastián Elcano. Se llama Ángel, ya esta jubilado pero todavía recuerda el número premiado. no sé si por una memoria prodigiosa o porque solo dio aquel premio. Tuve un buen comienzo en los juegos de azar, aunque nunca más volvió a tocarme

 

 

 

 

 

 

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