Hoy

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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
SANIDAD PÚBLICA
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Diego Algaba | 10-11-2015 | 11:16| 0

Me derivó el médico de cabecera a urgencia hospitalaria por lo que parecía una Neumonía. Me vuelvo ñoño y cobarde cada vez que veo la retorcida cruz verde del SES y el celador dice mi nombre en voz alta para pasar a la consulta.

El primer sanitario que me atendió fue un enfermero en la sala de triaje; un tío simpático, campechano, amable, si supiese su nombre lo escribiría aquí. Me dijó que me conocía de leerme en el periódico. Me gusta que me reconozcan por los artículos pero en esas circunstancias ni sus halagos sirvieron para atenuar mi nerviosismo. Ese día había disfrutado de la calle, de las tonalidades del amanecer y más tarde me encontré atrapado en una minúscula consulta con una camilla, una botella de oxígeno y aparatajes que parecían más de un cuarto de tortura que de un lugar para sanar.

Empezó el proceso: Radiografía, analísis y espera de diagnóstico en la sala que llaman de los sillones. Cada sillón tienen un número. Dejas de ser Diego para ser el tres. Junto al sillón hay tornillos que sobresalen para conectar oxígeno, goteros y toda esa parafernalia de aparatos del pánico. Menos mal que no me dieron el pijama verde abierto por atrás porque ese es el momento en el que uno entrega su orgullo a todas los que van vestidos de blanco y llevan un fonendo colgado del cuello. En analíticas y radiografías puede salir cualquier cosas y solo necesitas suerte para que en el bombo no toque la bola mala. No puedo dejar de pensar en negativo durante la larga y oscura espera de un diagnóstico. Para estar enfermo lo único que se necesita es estar sano.

En la sala de los sillones había una chica con aspecto remilgado retorciéndose de dolor por un cólico nefrítico conteniendo las arcadas ante la imagen del paciente de brazos burdamente tatuados y que tenía a pocos metros escupiendo en el suelo.

Una señora que estaba acompañando a su madre me dijo “si tienes neumonía, los cinco días de ingresos no hay quien te les quite”. No sabe esa señora el daño que le hizo en mi ánimo con aquel alarde de sabiduría médica.

Sobre las tres de la tarde el facultativo que me atendió, tampoco sé su nombre si no también lo escribiría, me diagnosticó de neumonía. Que sería de la sanidad pública sin sus trabajadores, profesionales que están manteniendo los que algunos han intentan canalizar hacia lo privado

 

 

 

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GRUÑON
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Diego Algaba | 05-11-2015 | 11:57| 0

Tengo una amiga que me llama gruñón. Yo me lo tomo como una expresión cariñosa, aunque cada vez pienso más que me lo dice en serio y es que me estoy haciendo mayor y gruñón  sin darme cuenta y para muestra ahí va un botón.

Como me creo joven y con fuerzas suficientes me inscribí en la medio maratón Elvas Badajoz. Me puse a entrenar como lo había hecho siempre. Un camino. el cronómetro en marcha y a correr. Esta vez, cuando llevaba menos de cinco minutos corriendo, me dio un tirón en el muslo trasero de la pierna izquierda. Me dijo la fisioterapeuta: “Aplicate frío”, “puedes comprar y ponerte una bolsa de guisantes congelados que como son pequeños se adaptan bien a la pierna. Como me parece que todavía soy joven , fui a comprar los guisantes al supermercado sin gafas. Fui a la sección de congelados y no había guisantes. Vi judías verdes a un euro y cogí una bolsa. fui apagar a la caja y me cobraron tres euros- Como soy mayor y gruñon protesté. Le dije a la cajera “en el cartel pone un euro y me has cobrado tres”, llamó a la encargada para que acompañara al lugar donde había cogido las judías y efectivamente había un cartel que ponía judías verdes un euro, y según la encargada,yo no veía sin gafas. al lado,con letras muy pequeña, decía; si se lleva la segunda unidad, una bolsa sola tres euros. Como soy viejo y gruñón le dije que no quería las judías verdes congeladas. Desconozco si la legislación vigente permite ese tipo de publicidad engañosos. Hasta puede ser que sea legal pero desde luego es muy poco ético. Si hubiera hecho una compra grande estoy seguro que  me llevó las judías verdes congeladas a tres euros, más caras que las frescas de la frutería.

Me estoy haciendo viejo y gruñón ya escribo cada vez menos del sexo de los ángeles y más de los cabreos.

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POR EL CAMINO DE LA HONESTIDAD
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Diego Algaba | 30-10-2015 | 10:32| 0

Me acuerdo muchas veces de él. De sus pocas palabras pero certeras. De su mirada serena y bondadosa. Un espejo donde mirarme. Recuerdo cuando se jubiló. Creo que fue el inventor del senderismo urbano. Salía todas las mañana a andar por la ciudad a paso ligero, como decía él. Se le quedó grabada esa expresión después de hacer tres años de mili. Estuvo en la guerra. Pasó hambre, pero nunca le oí quejarse, ni darse golpes de pecho. Nació en un pueblo (Valle de la Serena).Vivió en el campo hasta que se traslado a Badajoz para que todos sus hijos estudiasen. Siempre se adaptó a la circunstancia sin rechistar. Cuando se jubiló te lo podías encontrar andando por San Roque, por la Estación… todos los días salía y siempre terminaba sentado en el banco de San Francisco, su banco.

Ya no fumaba, dejó un día sin más. “Voy a deja de fumar”, y dejó sin programas de desintoxicación, sin terapia de grupo, sin pastillas, a pelo, como hacían las cosas los hombre de entonces. Guardó el paquete de celtas y nunca más volvió a cogerlo. Bebía vino, como todos los hombres de su generación. Nunca lo vi borracho. Hoy me he acordado de él cuando he visto escrito a pluma en la portada de una carpeta con letras clara y serena: “papeles de Diego”. Mi padre, al contrario que yo, era muy ordenado con sus cosas y la de los demás. Siempre lo tenía todo guardaba en aquellas carpetas rojas que se cerraban con una goma.

Fuera ha empezado a llover. Hace frío. Una tarde de otoño para estar en una chimenea con un libro y la mujer amada, también para escribir, para escribir un artículo sobre la actualidad: Cataluña, la fecha para la aprobación de los presupuestos extremeños, las elecciones nacionales. Una tarde para opinar sobre las noticias que salen en el telediario. Telediario que él siempre veía y al que llamaba parte. Pero Hoy, viendo las noticias, me acuerdo de él. Un hombre cabal, sensato, un hombre bueno que hace que sea más difícil para mi escribir sobres lo que veo y leo: Acorex, Caja Rural,mordidas del 3%, Artur Mas, hoy pienso más en ese otro camino por el que anduvo y me enseño a andar, el camino de la sencillez y la honestidad.

 

 

Diego Algaba Mansilla

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IGUAL QUE SIEMPRE
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Diego Algaba | 15-10-2015 | 9:41| 0

Con la calma que da tener por delante dos horas sin tener nada que hacer. Horas en las que esta mi hija pequeña en la escuela para que se vaya acostumbrando, ese tiempo que llaman periodo de adaptación y que tanto altera la vida de algunos padres.

Aprovecho ese hueco para tomar café y leer el periódico. En esta sección, Candela Carrera dice: “En el período de adaptación de los hijos, cuando trabajan el padre y la madre, quién termina encargándose de la tarea de llevar y recoger a los niños del colegio es la mujer”. ¡Eh! Sigue: “El sistema obliga a muchas madres a reservar dos semana de vacaciones para realizar esa tarea”. Lo estoy haciendo al revés. He cogido el mes de septiembre para llevar a la niña a la escuela y son las madres las encargadas de hacerlo. Cuando llegue a la puerta estarán ellas esperando y yo el único padre con una mochila de Dora la Exploradora en la mano. Sigo leyendo: “Se habla de igualdad y corresponsabilidad, pero desgraciadamente hay roles que se perpetúan y a pocos interesa cambiarlos”. Vuelvo a leer por si hay algo entre líneas que se me escapa. No, lo dice bien clarito. Cierro el periódico y voy a por la niña. Cuando llego me quedo más tranquilo al ver que hay madres y más o menos el mismo número de padres. Me entran ganas de abrazar a alguno. También veo más abuelos que abuelas, eso si se ve a simple vista. Quizás Candela se refiera a otros colegios, o quizás este artículo lo escribio años atrás y lo ha publicado ahora. Esta bien defender las injusticias pero nolas ya las superadas.

Por cierto, hay pocas cosas parecidas a coger la mano de tu hija para llevarla a la escuela.

Esto pasó en septiembre,dudé en publicarlo ante ese absurdo temor a ser calificado de machistas por contar lo que veo. Una cosa es que te califiquen de izquierda o de derecha y otra que te pongan la etiqueta de machista que es lo peor. Sé que no soy machista ni feminista y con eso me vale. Hoy leo en el periódico que solo 1 de cada 10 divorcio tienen la custodia compartida, los otros nueve se la dan a la madre. Lo mismo el artículo se refiere a la desigualdad en los tribunales con respecto a la realidad. Seguir insistiendo en algunas cosas favorecen otras.

 

 

 

 

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PASEO POR EL CENTRO DE BADAJOZ
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Diego Algaba | 01-10-2015 | 10:45| 0

Para curarme de tanto deporte, de tanta Granadilla, de horas de lecturas, de vacaciones en septiembre, de Artur Mas, del Facebook. Para curarme de mi mismo, o con el pretexto de escribir esta Plaza Alta voy al centro de Badajoz, al meollo del bollo, donde se cuecen las cosas, donde va la gente guapa. Voy sin prisa, a mirar, a recrearme para luego escribir.

En San Francisco hay poca gente. Un kiosco esta vacío,el otro también. Voy a la calle Menacho. Tiendas, mucha tiendas: ropa, zapatos,muebles, perfumes,agencias de viajes,telefonía, hasta una cafetería y la farmacia de Ramirez del Molino. Muchas chicas monas, todas van solas y en zapatillas para no quedarse atrapadas con los tacones en los huecos de las baldosas. Zara ya no hace esquina pero sigue haciendo caja donde estaba el cine Menacho. En la puerta, un joven de poco más de 20 años, toca la guitarra con la funda en el suelo: vacía, sin euros, malos tiempo para el ronck and roll. La calle Menacho huele a perfume de hombre a la caza de una ganga, a colonia de baño femenino, a la ropa de Intimissimi; sabe a dulces con café,a músicos callejeros, a gente pidiendo tabaco. Las cajas de muchas tiendas las oscurece la alargada sombra del Faro. Frente a las descalza hay un bar donde la caña vale a 0,40. En la calle del Obispo veo a gente que sube la cuesta vestida para una boda, pasan de largo por la Catedral donde entran turistas en pantalón corto y cámara de fotos. Las bodas se celebran en el Ayuntamiento. 

Quizás, así sea luego más fácil pedir la vez en las concurridas colas de los martes en el juzgado, ese mercadillo del desamor del que viven muchos abogados. Encontré, cuando estaba viendo los libros que venden a un euro en la churrería de la calle Moreno Zancudo, a Carlos Rivero que hace fotos para colgarlas en facebook. Vi a Germán López Iglesias y a Paloma Morcillo, concejala de cultura. Los dos muy trajeados. Todas las cosas importantes de la ciudad se cuecen en el centro con porte elegante, aunque para ello tengan que pedir autorización cada cuatro años a través del voto manchado de barro en el Cerro de Reyes, San Fernando, el Gurugu..

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