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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
SEPTIEMBRE CUANTO TE ECHO TE MENOS
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Diego Algaba | 18-08-2015 | 4:07| 0

Otra vez estamos en agosto. Esto avanza a paso de gigantes. y este sol que me derrite los sesos y las ideas no se va. Un día tras otro golpea mi voluntad hasta hacer que me abandone a lo más profundo de la pereza intelectual, ya solo leo el As, ni eso, me limito a mirar a la chica de la última página. En estos días uno no sabe de que escribir, no soy capaz de ligar dos o tres reglones con sentido.

Oigo por todas partes: “tengo necesidad de desconectar” lo escucho en el trabajo, en Carrefur, en el bar. Y cuando llego a casa y enciendo el facebook veo las fotografías de los que están desconectando con una silla plegable en una mano, una sombrilla con publicidad en la otra y una mochila de colorines en la espalda de donde sobresale una toalla con grandes soles amarillos mientras intentan guardar el equilibrio andando por la arena caliente de una orilla que parece un concurso de imitadores de Chiquito de la Calzada. Se les ve con bañadores de colores del que sobresalen unas lorzas de un intenso invierno de sillón. Luego, por fin, se tumban en la silla y embadurnados con pringosas cremas se achicharran al sol rodeados de cuerpos tan lustrosos como los suyos y se hacen un selfie donde escriben en mayúsculas“ESTO ES VIDA”

Desconectan los trabajadores de Badajoz en Punta Umbria, Matalascañas, Costa Ballena… en esos paraísos que se pueden ver anunciados en los escaparates de las tiendas donde salen autobuses a las 6 de la mañana para volver de madrugada, después de que los viajeros hayan desconectado en un tostadero de arena. Las playas de Huelva son lugares donde puedes encontrar a un paisano al que solo conoces de hola y adios. -Coño fulanito ¿que haces por aquí? -vamos al chiringuito, y de repente te encuentras frente a un desconocido con la barriga al aire igual que la tuya tomando cervezas mientras hablas de las bondades de tu hotel y de los días que vas a estar mientras te ajustas las chanclas a un pie dolorosos acostumbrado a llevar cómodos zapatos y abres las piernas disimuladamente para aliviar el escozor de la entrepierna en carne viva por culpa de la sal marina.

Una vez en Badajoz sales a la calle con un traje blanco para resaltar el moreno y dar envidia a los que se quedaron diciendo “que maravilla de playa,He desconectado.

Septiembre cuanto te echo de menos.

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LA MARINA
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Diego Algaba | 08-08-2015 | 7:05| 0

Tenía ganas de escribir sobre la Marina ya que ha sido uno de los lugares más emblemáticos de Badajoz, aunque su apogeo me cogió en plena adolescencia y para mi era un templo prohibido donde iban personas importante a las que no tenía acceso. Un día entré con otros de mi edad, se nos quedó grabada la imagen del camarero uniformado sirviendo con gestos elegantes que provocó en nosotros el silencio. Estábamos asistiendo, sin ser consciente de ello, a un momento iniciático de nuestras futura vida social. La Marina era una escuela de camareros donde estaban los mejores dirigidos por Francisco Hinchado. Aquello era como una gran familia: Sebas,Reyes, Andrés, Manolo, Ani la cocinera, Canini el limpiabotas y muchos más que pasaron por el magisterio de Don Francisco.

Yo pasaba a diario por la cafetería. Veía sentado a mi profesor de literatura, Enrique Segura con Ricardo Puente,minutos después de que el

foto de internet

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anfiteatro del Instituto Zurbarán fuese invadido por la magia con la lectura y escenificación, por parte del profesor, con capítulos del Lazarillo o la Celestina. Ya por aquellos entonces, donde yo era futbolista del Flecha Negra, me atraía más ese otro mundo complejo y mágico de las letras que el de los Ronaldo y Mesi de la época.

En la Marina también se podía ver a un joven con aires bohemio que escribía en cuadernos de hojas blancas,vestía pantalones bombachos y fumaba en pipa, una imagen que llamaba mi atención y que era solo fachada como comprobé cuando cayó en mis manos una antología de jóvenes escritores pacenses en la que firmaba dos poemas ininteligibles.

No sé a quien escuche que Don Hipolito, director del psiquiátrico de Mérida, una noche de agosto en la que estaba sentado en los veladores de la Marina con todas las mesas llenas, ya que Badajoz veraneaba en el rio Guadiana y todavía no había descubierto la Antilla, vio como un paciente escaló hasta lo más alto de la estatua de Moreno Nieto, la que esta frente al López de Ayala, y con grandes voces y desproporcionados gestos agradecía, al prestigioso psiquiatra, su curación.

Así transcurría la vida de aquella cafetería pacense entre anécdotas y cotidianidades dirigida por Francisco Hinchado uno de los mejores profesionales que ha dado la hostelería badajocense y donde se hacían tratos de ganado, reuniones políticas y se escribían los páginas

Marina Actual

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más importantes de la historia de la ciudad.

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ME GUSTARÍA SER DE PUEBLO
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Diego Algaba | 28-07-2015 | 3:43| 0

Me gustaría ser de pueblo para poder visitarlo cada 15 de agosto. Me gustaría ser de pueblo para ir a la casa de los abuelos y ver la habitación donde dormí y el comedor donde compartí el pan con mis hermanos. Me gustaría ser de pueblo para volver a mirar el gato entre las macetas del patio. Me gustaría ser de pueblo para ver a los amigos con los que me crié y volvamos  durante unos días a ser: el pecas, el rubio y el largo aunque en la ciudad seamos Don Angel, Don Luis y el Diego. Me gustaría ser de pueblo para patear la plaza y sentarme en un velador o en el suelo de los soportales y abrazar a los amigos que se quedaron a vivir en sus casas de siempre. Me gustaría ser de pueblo para ir a la era donde di mi primer beso. Me gustaría ser de pueblo para oír cantar a las chicharras y el zumbido hipnotizador de las moscas a la hora de la siesta. Me gustaría ser de pueblo para escuchar el sonido del silencio debajo del limonero.

Me gustaría ser de Olivenza para ir a la Farrapa, al bar de Carrapiso a tomar Jali jai, hablar portugués con los mayores en el paseo, tomar café en el Liceo y comprar técula mécula en casa Fuentes. Me gustaría ser de Pallares y ver el chiringuito y la carretera del culebrín que lleva a Monesterio y comer jamón en el Puerta del Sol. Me gustaría ser de Castuera para pedir mollejas de cordero en el bar de la piscina y visitar la Iglesia de la Magdalena. Me gustaría ser de Llerena para subir la calle Aurora y encontrarme con la magia de la Plaza y ver la Iglesia de la Granada y entrar en la peña flamenca y comprar dulces a las monjas de Santa Clara. Me gustaría ser de Reina para ir al teatro romano y subir al castillo. Me gustaría ser de Herrera del Duque para ver la fuente de cuatro chorros e ir a Consolación para ver a la Virgen a la que tanto le rezó mi madre. Me gustaría ser de Alburquerque y subir al castillo de Luna y comprar dulces en la Plaza y entrar en ese bar que antes era una Iglesia. Me gustaría ser de pueblo… pero aquí estoy, otro verano en Badajoz porque no tengo pueblo

 

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FUNCIONARIOS A LA ESPERA
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Diego Algaba | 17-07-2015 | 7:36| 0

Para mi todavía es sábado aunque sea domingo. Son las dos de la madrugada y el calor no me deja dormir. Abro el procesador de texto y el Facebook donde veo una fotografía del recién estrenado Presidente en Olivenza. Vara tiene aspecto de buena persona, de que le importa la gente y no solo los números, aunque va a tener que hacer muchos números para contentar a los que le esperan como una salvación.
El buen funcionamiento de la región también dependerá de quién se rodee. Nosotros, los de Sanidad, según dicen, hemos tenido suerte con Vergeles. Los que le conocen hablan de su capacidad, sensatez y sentido común, además de estar comprometido con el sistema sanitario, al menos es médico y no maestro. Aunque la Sanidad la formamos los profesionales el objetivo principal es el usuario.
Ahora llega todo ese rollo de nombramientos y ceses, es madrugada y me atrevo a escribir rollo en lugar de proceso, por la noche las cosas se ven diferentes.
Los funcionarios estamos a la espera. Primero cambia el Gobierno,después el Presidente,Consejero,Directores, Subdirectores, Gerentes. Los nuevos Jefes de Recursos Humanos, llaman a los suyo, algunos con el único mérito haber subido a la escalera para pegar carteles. Toda va cambiando hasta que llega a nosotros, los de abajo. Algunas veces los que tenemos cargos menores sin vínculos políticos somos cesados y cambiados por los que mejor dan palmadas en la espalda. Cuando llega un nuevo Director de Recursos Humanos lo cambia todo pensando que lo anterior es malo, así, lo que antes se resolvía con un documento,ahora

foto de internet

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necesita tres, hasta que el tiempo devuelve la cordura a las administraciones y se dan cuenta, después del caos,que quien mejor conoce el trabajo son las trabajadores y se vuelve a hacer como siempre: simplificando la cosas, haciéndolas fácil para el usuario y el funcionario. Hay algunos que llegan avasallando, dando golpes en la mesa, no saben que para ser jefe no hace falta exhibir músculo delante de los trabajadores, que lo mejor es pasar desapercibido y mandar con el ejemplo, como los árbitros de fútbol, el destacado es el que controla el partido pasando inadvertido.
Luego, cuando todos los cargos directivos están nombrados, le toca el turno al material, otro pico para una región pobre. Los sobre que dicen “Consejería tal” cambian por “Consejería cual” igual que: carpetas, carteles, folios con membrete…Un pellizco que se pueden destinar a otras necesidades.

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CAER Y LEVANTARSE
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Diego Algaba | 09-07-2015 | 7:39| 0

 

Crisis, esa maldita palabra que se ha colado en nuestro vocabulario como los nenúfares en el Guadiana dando al trasto con la ilusión de muchos sueños,proyectos y apuestas personales. Surgió el emprendedor de la estéril tierra del paro. Emergió de la nada el que confunde yelmo con bacía y molinos con gigantes retando a la suerte: una hiedra venenosa que concede sus favores a uno y desprecia a miles. Detrás de cada fracaso hay una ilusión perdida, una persona, una familia, un caerse para volver a levantarse y volver a caer y siempre volver a levantarse. Es la forma de vivir del creativo, del que tiene una idea y la trabaja hasta la extenuación dedicándole horas, días,meses, como una obsesión para que luego, algunas veces, se derrumbe como un castillo de arena,como miles de fichas de dominó que se arrastran unas a otras. Época de crisis, de tiendas que abren y cierran, kioscos de prensa que se oxidan, abogados que pasan hambre, aparejadores que venden pollos asados. Un paisaje que parecía imposible en nuestra frondosa comodidad hipotecaria de bloques de pisos de hasta nueve plantas.

Podría ser cualquier otro, pero hoy me he fijado en el Dropo de Zafra o en Federico López Pellisa que viene a ser lo mismo. Inventor de ese prodigio gastronómico en uno de nuestros pueblos más bonitos. El Dropo situado en pleno casco histórico, un local no solo se valora por lo que vale también por lo que le rodea. Platos nuevos, conciertos, cenas con violín, canta-autores, flamenco, exposiciones, cuenta-cuentos; arte en la cocina, en el comedor, en el trato, en su diseño; un placer para el paladar, para la belleza,para todos los sentidos; una joya en el corazón de esa otra joya que es Zafra, pero el Dropo también desapareció.

Locales que siguen cerrando, que siguen golpeando a nuestra juventud hasta dar con ellos en la lona. Ahora que más del 50% de la población tiene más de 50 años y nuestros jóvenes, los más preparados, tienen que marcharse fuera, es el momento de apoyar a aquellos que tengan ideas y ganas y quieran quedarse entre nosotros, con su gente,con su familia,en su entorno,en nuestra Seguridad Social,en nuestra caja de pensiones, entre nuestros impuestos, en nuestras vidas para ayudarnos a seguir caminando y no quedarnos sentados cada tarde en los bancos de los pueblos con la mirada perdida en el horizonte preguntándonos ¿estarán bien?

 

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