Hoy
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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
VIAJE EN AUTOBÚS
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Diego Algaba | 22-08-2016 | 5:46| 0

Intentando averiguar donde iban tantas personas de madrugada los domingos con utensilios playeros en una ciudad que solo tiene un río plagado de nenúfares, descubrí los viajes a la playa de un día en autobús, y me apunté.

Faltaban 10 minutos para las 8 de la mañana. Estaban todos los viajeros preparados en el lugar acordado armados con sillas, sombrillas y nevera para luchar contra el calor y la arena. El conductor abrió la puerta, colocamos las armas en el maletero vestidos como un ejercito desigual camuflado con chanclas, toallas, zapatillas, bañadores de colores: amarillos, celestes, naranjas,… Me senté junto a la ventanilla. Hacía tiempo que no me montaba en un autobús. La última vez que lo hice tenían un cartel donde se leía zona para fumadores y no fumadores.

Una suave y educada voz femenina nos daba la bienvenida por los altavoces anunciando que en dos horas llegaríamos a la playa de Meco en Portugal. Según la guía y organizadora del viaje, una playa aislada donde se perdían artistas y bohemios para abstraerse del mundo. Sería en ese tiempo libre que les queda mientras se dan premios entre ellos para quejarse de la falta de trabajo.

Quería hacer el viaje de los que no tienen tiempo o dinero para irse de vacaciones y he descubierto una opción para fines de semana de calor insoportable. Pasé un domingo sin fútbol, rebozado en arena junto a otros cuerpos pringosos de protección 50. Cuerpos brillantes por el sudor recorrían la orilla a toda velocidad, estilo Rajoy, hundiéndose en una suave y tibia arena. Cuerpos deformados por excesos juntos a hermosos cuerpos modelados con sudor. Cuando el mar empezaba a adquirir tonalidades plata y el sol provocaba a las cámaras de fotos para que salieran de su letargo llegó el momento de la retirada. Sombrillas recogidas, sillas plegadas,arena incrustada y otra vez camino del autobús para ver anochecer entre el murmullo de excursionistas enrojecidos por el sol. Hasta el próximo domingo.

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ESCRIBIR CON CALOR
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Diego Algaba | 08-08-2016 | 4:55| 0

 Resulta difícil escribir con este calor que ni ventiladores ni aires acondicionados son capaces de ahuyentar. Un calor que golpea día tras día como una gota malaya haciendo flaquear mi voluntad hasta la holgazanería. Hay algunos que a esto llaman buen tiempo.

Son las tres de la tarde. El termómetro marca 42 grados. En el tejado de la casa de enfrente están trabajando cuatro albañiles protegidos con un sombrero de paja.

Que difícil resulta escribir sobre Badajoz, sobre esa muchacha morena con tacones que pasa por la calle Menacho a toda velocidad, sobre el bar de la esquina, la panadería del pasaje Zafer, las colas en los Centro de Salud, las ferias de las pedanías, o los restaurantes de Portugal. Que difícil me resulta escribir después de haber visto su foto en Facebook compartida por sus amigos informando de su muerte. Recuerdo hace pocos meses como contaba en su columna semanal que la habían diagnosticado cáncer de pulmón. Las ganas que Luz Rueda tenía de vivir, pero vivir no solo depende de las ganas y la muerte siempre injusta y traicionera vuelve a dar otro zarpazo. A nosotros, sus lectores, nos quita los miércoles.

Ya son las 6 de la tarde,No puedo escribir, estoy atenazado, sigue haciendo calor. La sangre sube a mi cabeza lenta y espesa, carente de palabras, sin ideas. Me asomo a la ventana. Los albañiles siguen colocando tejas rojas al sol. Cuanto esfuerzo necesitan hacer algunos para ganar un humilde jornal, mientras otros siguen cobrando suculentos sueldos por gobernar sin gobernar. Quizás alguno de estos albañiles les hayan votado mientras ellos solo piensan en confortables sillones obtenidos sin sudor. Si se asomaran al balcón podrían ver los andamios y conocer el significado de la palabra sacrificio y recordar que los votos salen de las manos encallecidas de los que están sudando dolor. Algún día la gente se cansara. Este calor cada día me entristece más, el país también y el mundo empieza a dar miedo, o si no que me dicen de un tal Donald Trump

 

 

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FADO EN EL BAR NOVO
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Diego Algaba | 16-07-2016 | 12:52| 0

Fotografía de Miguel Cacho

Fotografía de Miguel Cacho

El sábado 8 de julio se cocía Badajoz a 42 grado. El asfalto era chicle derretido. No había nadie por la calle. En un acto de valentía e insensatez, retando a este calor que condiciona la vida y horarios de los pacenses, decidí ir a Portugal para estrenar las ruedas nuevas del coche. Por la mañana me las cambiaron en un taller de antes: mecánicos manchados de grasa, almanaque de pared con los meses sin actualizar, seguramente la chica morena de junio les gustaba más que la rubia de julio. Un joven con tatuajes de colores, pendiente de aro y coleta pide las ruedas a la fábrica por wasap. Me pide una señal, 20 euros, que anota en una libreta de alambres pequeñita. Le pido un recibo. Dice que no es necesario, que con él no hay “poblema”. No se fía de mi solicitándome una señal y yo de él si. Debe ser que las barbas, cuando se trata de ser honrado, generan más sospechas que las coletas.

En el restaurante no hay Españoles y pocos Portugueses. Le pido la cuenta y nos traen un beirao dice que no hay prisa y comienza a hablar con nosotros el camarero: 31 años, Teniente de Alcalde del pueblo, representante de vinos, socialista como su padre. Le pregunto por su ambiciones políticas. Dice que no tiene, que no cobra nada, que su mayor recompensa es poder ayudar a la gente de su pueblo. Al final terminaron todos sentados en nuestra mesa. El camarero político; el dueño del restaurante que cuenta sus años de forcado y de empresario de una cuadrilla de calzadiña y una cocinera gruesa con el mandil puesto. Somos los únicos que quedamos en el bar-restaurante. Supongo que estas cosas son las que les pasa a Alonso de la Torre cuando va de aventura gastronómica por los pueblos portugueses. Joao, trae otro beirao. El tiempo se detiene con la pausa que le dan los portugueses al hablar con la musicalidad nostálgica del fado  dulcificando un  ambiente de charla pausada y serena. Fuera el asfalto sigue cociéndose en un chup chup de fuego lento y constante.

 

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CUBISMO EN EL MEIAC
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Diego Algaba | 06-07-2016 | 10:23| 0

 Una vez tuve una novia pintora que vivía en Madrid. Todos los fines de semana íbamos a una exposición pero ni por eso eduqué mi ojo. En una ocasión fuimos a un prestigioso premio. Señalé el cuadro que más me gustaba. Era un cuadro que se parecía a la portada de cartón duro de un libro de Kierkegaard y que utilizaba de raqueta para jugar al ping-pong con mi hermano Primitivo. Y es que el arte tiene mucho de magdalena Prousiana, de evocación del pasado, de sentimientos. Ella se fijo en otro que a mi me parecía una mamarrachada. Decía que era el mejor y me dio las razones: trazos, composición,armonía,equilibrio,ritmo y no se cuantas cosas más. A los pocos días, una vez resuelto el concurso, fuimos y el cuadro que ella eligió fue el premiado. Fue cuando me di cuenta de que el arte no respondía a mi simplismo de bonito y feo y si a unas reglas establecidas y desconocidas para mi. La belleza natural frente a la belleza cultural, la belleza cultural no tenía que ser bella

Fui con ella y otros dos Licencidos en Bellas Artes a una exposición de diez cuadros de Rothko. un reconocido pintor americano. Todos los cuadros eran rojos, uno tenía un punto en una parte del cuadro y otro en otra, ellos tardaron en analizar la exposición casi una hora mientras yo termine esperando en el bar.

Aquella relación acabó,como era de esperar, pero me quedó la costumbre de visitar los museos. Hace unos días fui a el MEIAC a la exposición sobre cubismo. No pretendo escribir sobre lo que no sé pero me gustó. le acompaña un video sobre la vida de Juan Gris, siempre pensé que las cifras que se mueven en el arte son un engaño como simbolizó el artista Piero Masori en su obra “mierda de artista” 90 latas con 30 gramos de sus propios excrementos  que vendió al precio que tenía el oro. Hoy multiplica su valor. sin embargo esta exposición del MEIAC me gusta aunque no entienda esa deformación de la realidad, quien sabe, quizás solo sea el recuerdo de aquellos maravillosos años en Madrid.

 

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MIRADAS PERRAS
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Diego Algaba | 11-06-2016 | 7:31| 0

Quizás este no sea el mejor artículo que he escrito, ese siempre esta por llegar,a escribir se aprende escribiendo, pero si es el que muchos me piden por la calle, así que contaré tres historia vividos por mi.

Salí de la cochera y me encontré con un perro haciendo sus necesidades. Esperé a que terminara, no podía pasar, El perro me vigilaba con esos ojos tiernos que ponen los perros cuando se alivian. El dueño huía de mi mirada. Cuando terminó, el joven tiro de la correa sin agacharse a recoger la deposición, se fueron andando a toda pastilla, el perro miró para atrás, el dueño no. La rueda de mi coche pasó por encima de los excrementos, no tenía otra salida, dejé restos por Badajoz como los Toreros Muertos dejaron su agüita amarilla.

Voy por la Avenida Condes de Barcelona. Un joven fuerte y alto cepilla un perro lanudo y grande que tiene subido al banco más próximo a los columpios donde todos los día se sientan niños y padres. No llamo a los Municipales porque no sé si por por esto se llama a los municipales, o porque quizás sigan de de baja laboral, o poniendo multas por exceso de velocidad en la carretera de tres carriles de las Vaguadas.

En el Paseo Condes de Barcelona, que la sabiduría popular terminará bautizando como Avenida de los perros, me cruzo con uno que parece un caballo, Dogo creo que es la raza, camina sin correa delante de su dueño, la presencia y el tamaño del perro causa impacto, pasa rozándome, me mira y miro para otro lado, Si va a morder que muerda sin que yo lo vea. A los dos días, el mismo perro, con el mismo dueño, pasea igual, sin correa. Esta vez voy con una niña pequeña que se asusta. Le digo que el perro hay que llevarlo atado, me pide perdón y sigue andando. A los tres días vuelvo a cruzarme con ellos, el perro suelto, el dueño detrás, me mira lo miro,no le digo nada.

 

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