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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
LA CAFETERÍA DEL TANATORIO
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Diego Algaba | 19-01-2016 | 10:46| 0

Escribo esta Plaza Alta el día en el que realmente empieza el 2016 con la intención de no hacerlo sobre gimnasios, dietas de adelgazamiento ni clases de inglés.

El 7 de enero es cuando las campanadas golpean con la fuerza de la realidad. El 7 de enero ya no hay uvas, serpentina ni brillos. Volvemos a un mundo sin disfraz. Cristina Pedroche se quita el traje transparente para ser María, Carmen o Pilar. Después de tres semanas de fantasía regresamos a la cup, a los que quieren gobernar a cualquier precio. Pedro Sánchez no tiene sufiente con ser guapo, también quiere ser Presidente, y es que tiene que ser guay para un Sánchez presidir el país.

Las campanada de realidad golpean de nuevo y me encuentro otra vez en una sala del tanatorio de Puente Real. En pocas horas he cambido los pinos con luces por oscuros cipreses. Mi tía Marina aprovecha el final de la Navidad para su final. Murió la mujer que vivió como quiso disfrutando las ventajas de estar sola sin sentir el aguijón de la soledad. Empiezo el año en un tanatorio aunque el día de Reyes sea un mal día para morir. Si ella hubiera sabido que la cafetería estaba cerrada hubiese muerto al día siguiente. Un tanatorio es una empresa a la que nunca les falta clientes y la cafetería es tan importante como la venta de flores o la gestión de las esquelas. A los familiares y amigos vivos no le basta recordar al fallecido sentados en la sala donde las agujas del reloj retroceden para recorrer toda una vida, también es necesario pasar el mal trago con algún trago.Todos los servicios son necesarios aunque sean insuficientes para digerir la perplejidad de la muerte.

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“LA MONTAÑA MÁGICA” THOMAS MANN
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Diego Algaba | 01-01-2016 | 2:05| 0

Salgo de casa sin rumbo. No se donde ir, solo quiero salir. Tengo los ojos cansados de leer. Me quiero escapar de esta “Montaña Mágica” que me tiene atrapado.

Hace un día gris. En la calle no sé si girar a la derecha o a la izquierda. Tengo la misma duda que el domingo que salí a votar. Respiro fuerte. El aire es de una calidad extraordinaria, igual que en el sanatorio de Hans Castorp.

Empiezo a andar. Llego al MEIAC, hace mucho que no entro. Cada vez que voy a una ciudad visito todos sus museos, Sin embargo, ya no sé el tiempo que hace que no piso el nuestro, el que tengo al lado de casa. Me gusta la tercera planta, la de Barjola. Pero sobre eso no escribo, el arte se explica por si mismo.

Cada vez que atravieso el silencio de los jardines del museo recuerdo esa otra estampa de cuando era una cárcel, a sus pies estaba el LEDA. Autobuses que buscaban otros destinos. Era como una metáfora de libertad para los presos que permanecían encerrados en sus celdas soñando con poder subir a algunos de aquellos autobuses y escapar. Reanudo el paseo, me propongo subir hasta la Plaza Alta aunque ya he agotado el espacio del artículo y apenas he avanzado trescientos metros. Con lo rápido que avanza el mundo y yo sigo sin salir del aquí, de mi barrio, de mi gente, de lo cercano, de lo que tengo a tiro de piedra, de lo que conozco. A mi también,algunas veces, me gustaría subir a uno de esos autobuses y huir, sobre todo en Navidad. Doy la vuelta para regresar a Thomas Mann y continuar leyendo sobre ese tiempo distinto y monótono del balneario para tuberculosos, cada uno es preso de sus pasiones. El paseo hasta la Plaza Alta puede esperar.

 

 

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NAVIDAD ¿FIESTA RELIGIOSA?
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Diego Algaba | 22-12-2015 | 10:43| 0

Que fácil es escribir de la infelicidad desde la felicidad. Que fácil es escribir de la navidad en navidad, cuando no existen dificultades para ganar la batalla contra la maratón del atracón, y tener la suficiente resistencia para aguantar todas las etapas sin desfallecer ni física ni mentalmente.

Un desmesurado afán por engullir, por beber nos posee durante dos semanas, casi tres, como si fuéramos pollos de granja a los que engañan durante noches que transforman en días con potente iluminación para que sigan cebándose.

La primera meta de la maratón es la comida con los compañeros de trabajo. Que fácil es asistir a la comida con los compañeros cuando tienes un trabajo al que regresar, y ponerte estupendo y meter la nariz en el vaso como un experto y observar el vino como si mirases un documento secreto sin secretos para ti.

Los que hacen cola en el SEXPE no se reúnen para comer. Quizás algunos coincidan en comedores sociales.

Que fácil es criticar la navidad y no perderse ninguno de sus pasos: turrones de Castuera, cava de Almendralejo, abrazos al jefe, besos a las compañeras, la lotería, Rapahel…

Que fácil es emocionarse en navidad para los que tienen a quien querer y quien les quieran. Que fácil es llorar en navidad para los que tienen que fingir el amor del que carecen con una sonrisa sin tener nadie a quien abrazar. Que fácil es vivir la navidad para los que no piensan en la navidad.

Que fácil es pasar el amargo trago de la navidad a los que no nos gusta, a los espartanos que preferimos la austeridad antes que el brillo, aunque cambiemos de pensamiento cuando los hijos son pequeños… Que fácil es la navidad para los niños y para los adultos a partir del 7 de Enero.

Navidad para héroes con estómagos de hierro y bolsillos elásticos.

 

 

 

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PERROS SUELTOS
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Diego Algaba | 14-12-2015 | 10:11| 0

Caminaba solo por la acera de la Avenida Juan Sebastián Elcano, con los andares pausados de los pastores alemanes. Llevaba la cabeza baja. Su baba caía al suelo deslizándose por sus enormes colmillos. Bajé de la acera cuando me crucé con él. Unos metros más atrás, con la correa en la mano, su dueño me sonrió. “No hace nada”. me dijo. En realidad quería decir, eres un cobarde que te asustas de un perro. No hace nada dijo con la rotundidad de la ignorancia, como si pudiera controlar la improvisada reacción del instinto animal. No hace nada excepto ir asustando a hombres, mujeres, ancianos y niños. Su dueño, con la correa en la mano, repetía con chulería “no hace nada” ante la cara de pavor de los peatones.

“No hace nada”, “solo quiere jugar”. “¿Quieres que lo ate?”, me preguntó, riéndose, una señora cuando vio la cara de terror de mi hija de tres años,que salió corriendo a refugiarse entre mis brazos cuando jugaba en del parque de la calle Alconchel, “¿Quieres que lo ate?” No soy yo quien tiene que responder. ¿Acaso no tiene la obligación a esas horas de llevarlo atado?

Voy en bicicleta por el nuevo paseo del río cuando un perro suelto se cruza en mi camino. Doy un frenazo, estoy a punto de caer. Unos pasos por delante, el dueño, con la correa en la mano,camina y habla de fútbol con otros, ni siquiera se da cuenta del percance. El perro, suelto, corre por la tierra, por el césped… va sin control deambulando entre las personas que a esa hora frecuentan el paseo. Su dueño mira hacia atrás. Lo ve y sigue su apasionada conversación y su marcha.

Me gustan los perros. Tuve perro cuando viví en el campo, pero creo que lo peor de los perros es que no pueden elegir a sus dueños.

 

 

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COMO TODOS LOS DÍAS
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Diego Algaba | 04-12-2015 | 10:49| 0

Bajamos las escaleras como todos los días. No quiere ir en el ascensor. Tampoco le gusta que la lleve en coche, prefiere ir andando. Salimos a la calle,me da la mano.El paseo Condes de Barcelona ha adquirido esa tonalidad amarilla del otoño. Han empezado a caer las primeras hojas de los castaños de indias. Un manto amarillo intensifica, en toda la avenida la sensación de alfombra mullida. En la tienda de perros está sentada la chica de todos los días que nos saludaba con una sonrisa. Me dice “¡mira!” señalando un cartel de Dora la Exploradora que anuncia un espectáculo ya pasado. ¿A que soy mayor? me pregunta extendiendo los brazos hacia el cielo. todavía no ha descubierto la estafa del paso del tiempo. Con ella cada día es igual aunque sea nuevo, aunque crezca sin darme cuenta, aunque me sorprenda con una reflexión que considero impropia de su edad. Atravesamos la avenida, seguimos por el parque de la vaca. Todas las mañanas pasamos por los mismo sitios. Se agacha y coge del suelo dos piedras. Me da una “toma, un regalito para ti y esta para mamá” y se la guarda con mimo en el bolsillo del baby. Seguimos andando por la calle Rota a esa hora en la que la acera se convierte en un río de padres con niños. Los padres retomamos una infancia lejana como si fuéramos nosotros los escolares. Los hijos nos devuelven a un tiempo pasado. Volvemos a coger lápices de colores dándole brillo y sentido a nuestras vidas. Llegamos a la escuela. La dejó con Inmaculada, su maestra. Tardamos 15 minutos. los 15 minutos de todos los días en los que me trasformo en otra persona y olvido: Siria,Francia, Vara, Monago,Rajoy, PSOE Iglesias,Ciudadanos, las elecciones…15 minutos en el que estoy ausente de este mundo imperfecto que a lo mejor debería estar gobernado por la generosidad de los niños.

 

 

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