Hoy
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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
ME GUSTARÍA SER DE PUEBLO
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Diego Algaba | 28-07-2015 | 3:43| 0

Me gustaría ser de pueblo para poder visitarlo cada 15 de agosto. Me gustaría ser de pueblo para ir a la casa de los abuelos y ver la habitación donde dormí y el comedor donde compartí el pan con mis hermanos. Me gustaría ser de pueblo para volver a mirar el gato entre las macetas del patio. Me gustaría ser de pueblo para ver a los amigos con los que me crié y volvamos  durante unos días a ser: el pecas, el rubio y el largo aunque en la ciudad seamos Don Angel, Don Luis y el Diego. Me gustaría ser de pueblo para patear la plaza y sentarme en un velador o en el suelo de los soportales y abrazar a los amigos que se quedaron a vivir en sus casas de siempre. Me gustaría ser de pueblo para ir a la era donde di mi primer beso. Me gustaría ser de pueblo para oír cantar a las chicharras y el zumbido hipnotizador de las moscas a la hora de la siesta. Me gustaría ser de pueblo para escuchar el sonido del silencio debajo del limonero.

Me gustaría ser de Olivenza para ir a la Farrapa, al bar de Carrapiso a tomar Jali jai, hablar portugués con los mayores en el paseo, tomar café en el Liceo y comprar técula mécula en casa Fuentes. Me gustaría ser de Pallares y ver el chiringuito y la carretera del culebrín que lleva a Monesterio y comer jamón en el Puerta del Sol. Me gustaría ser de Castuera para pedir mollejas de cordero en el bar de la piscina y visitar la Iglesia de la Magdalena. Me gustaría ser de Llerena para subir la calle Aurora y encontrarme con la magia de la Plaza y ver la Iglesia de la Granada y entrar en la peña flamenca y comprar dulces a las monjas de Santa Clara. Me gustaría ser de Reina para ir al teatro romano y subir al castillo. Me gustaría ser de Herrera del Duque para ver la fuente de cuatro chorros e ir a Consolación para ver a la Virgen a la que tanto le rezó mi madre. Me gustaría ser de Alburquerque y subir al castillo de Luna y comprar dulces en la Plaza y entrar en ese bar que antes era una Iglesia. Me gustaría ser de pueblo… pero aquí estoy, otro verano en Badajoz porque no tengo pueblo

 

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FUNCIONARIOS A LA ESPERA
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Diego Algaba | 17-07-2015 | 7:36| 0

Para mi todavía es sábado aunque sea domingo. Son las dos de la madrugada y el calor no me deja dormir. Abro el procesador de texto y el Facebook donde veo una fotografía del recién estrenado Presidente en Olivenza. Vara tiene aspecto de buena persona, de que le importa la gente y no solo los números, aunque va a tener que hacer muchos números para contentar a los que le esperan como una salvación.
El buen funcionamiento de la región también dependerá de quién se rodee. Nosotros, los de Sanidad, según dicen, hemos tenido suerte con Vergeles. Los que le conocen hablan de su capacidad, sensatez y sentido común, además de estar comprometido con el sistema sanitario, al menos es médico y no maestro. Aunque la Sanidad la formamos los profesionales el objetivo principal es el usuario.
Ahora llega todo ese rollo de nombramientos y ceses, es madrugada y me atrevo a escribir rollo en lugar de proceso, por la noche las cosas se ven diferentes.
Los funcionarios estamos a la espera. Primero cambia el Gobierno,después el Presidente,Consejero,Directores, Subdirectores, Gerentes. Los nuevos Jefes de Recursos Humanos, llaman a los suyo, algunos con el único mérito haber subido a la escalera para pegar carteles. Toda va cambiando hasta que llega a nosotros, los de abajo. Algunas veces los que tenemos cargos menores sin vínculos políticos somos cesados y cambiados por los que mejor dan palmadas en la espalda. Cuando llega un nuevo Director de Recursos Humanos lo cambia todo pensando que lo anterior es malo, así, lo que antes se resolvía con un documento,ahora

foto de internet

foto de internet

necesita tres, hasta que el tiempo devuelve la cordura a las administraciones y se dan cuenta, después del caos,que quien mejor conoce el trabajo son las trabajadores y se vuelve a hacer como siempre: simplificando la cosas, haciéndolas fácil para el usuario y el funcionario. Hay algunos que llegan avasallando, dando golpes en la mesa, no saben que para ser jefe no hace falta exhibir músculo delante de los trabajadores, que lo mejor es pasar desapercibido y mandar con el ejemplo, como los árbitros de fútbol, el destacado es el que controla el partido pasando inadvertido.
Luego, cuando todos los cargos directivos están nombrados, le toca el turno al material, otro pico para una región pobre. Los sobre que dicen “Consejería tal” cambian por “Consejería cual” igual que: carpetas, carteles, folios con membrete…Un pellizco que se pueden destinar a otras necesidades.

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CAER Y LEVANTARSE
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Diego Algaba | 09-07-2015 | 7:39| 0

 

Crisis, esa maldita palabra que se ha colado en nuestro vocabulario como los nenúfares en el Guadiana dando al trasto con la ilusión de muchos sueños,proyectos y apuestas personales. Surgió el emprendedor de la estéril tierra del paro. Emergió de la nada el que confunde yelmo con bacía y molinos con gigantes retando a la suerte: una hiedra venenosa que concede sus favores a uno y desprecia a miles. Detrás de cada fracaso hay una ilusión perdida, una persona, una familia, un caerse para volver a levantarse y volver a caer y siempre volver a levantarse. Es la forma de vivir del creativo, del que tiene una idea y la trabaja hasta la extenuación dedicándole horas, días,meses, como una obsesión para que luego, algunas veces, se derrumbe como un castillo de arena,como miles de fichas de dominó que se arrastran unas a otras. Época de crisis, de tiendas que abren y cierran, kioscos de prensa que se oxidan, abogados que pasan hambre, aparejadores que venden pollos asados. Un paisaje que parecía imposible en nuestra frondosa comodidad hipotecaria de bloques de pisos de hasta nueve plantas.

Podría ser cualquier otro, pero hoy me he fijado en el Dropo de Zafra o en Federico López Pellisa que viene a ser lo mismo. Inventor de ese prodigio gastronómico en uno de nuestros pueblos más bonitos. El Dropo situado en pleno casco histórico, un local no solo se valora por lo que vale también por lo que le rodea. Platos nuevos, conciertos, cenas con violín, canta-autores, flamenco, exposiciones, cuenta-cuentos; arte en la cocina, en el comedor, en el trato, en su diseño; un placer para el paladar, para la belleza,para todos los sentidos; una joya en el corazón de esa otra joya que es Zafra, pero el Dropo también desapareció.

Locales que siguen cerrando, que siguen golpeando a nuestra juventud hasta dar con ellos en la lona. Ahora que más del 50% de la población tiene más de 50 años y nuestros jóvenes, los más preparados, tienen que marcharse fuera, es el momento de apoyar a aquellos que tengan ideas y ganas y quieran quedarse entre nosotros, con su gente,con su familia,en su entorno,en nuestra Seguridad Social,en nuestra caja de pensiones, entre nuestros impuestos, en nuestras vidas para ayudarnos a seguir caminando y no quedarnos sentados cada tarde en los bancos de los pueblos con la mirada perdida en el horizonte preguntándonos ¿estarán bien?

 

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EL PICHI
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Diego Algaba | 01-07-2015 | 7:51| 0

 

Cuando todavía no entraba en los bares y lo único que había probado fuera de casa sin la presencia paterna era la casera del Nene y los espumoso del quiosco de Ronda del Pilar, atravesar el umbral del Pichi con los amigos era como dar el paso definitivo al mundo adulto. Traspasar la puerta del bar era como aprobar esa asignatura última de fin de carrera. No me gustaban las discotecas oscura con bolas giratorias. Entrar en el Pichi era como dejar la oscuridad de la sala de baile para penetrar en el interior de esa otra luz de sabiduría popular donde se podía hablar y discutir viendo los gestos y las caras de tus contertulios si estar distorsionado por frenéticos rayos de colores ni el ensordecedor martilleo de la música. Se empezaba hablando de política para terminar hablando de la vida, y sobre todo de ellas y del futuro. Siempre me ha preocupado el futuro, lo que esta por venir que se sueña como un maná desconocido cuando lo que más satisfacciones produce es recrease en lo vivido, en un tiempo pasado que es añorado con nostalgia y que se recuerda después de filtrarlo por una memoria selectiva diseñada para desechar desperdicios. Recordar es como vivir dos veces pero mejor. Un día cruce la puerta del Pichi y la cerveza dejó de ser amarga para convertirse en esa compañera sabia de reflexiones y charlas. Y así, Jugando a ser mayores, nos hicimos mayores.En el Pichi había dos ambientes uno el de los que aún no habíamos terminado los estudios y teníamos pendiente la mili y otro los que tenían unos años más y habían acabado la carrera, a este grupo pertenecía mi hermano Manolo al que en la calle conocían como Santiago. Ellos pedían pepinillos con anchos y unos exquisitos berberecho que se bebían hasta el caldo, mientras nosotros juntábamos toda la calderilla que teníamos en los bolsillos para pedir una jarra de cerveza. La pandilla de mi hermano eran casi todos maestros y profesores. Cada vez que me encontraba con él en el Pichi pagaba nuestra cuenta, costumbre que todavía sigue practicado como una atribución de hermano mayor. Él hablaba con mis barbilampiños amigos, yo con los suyos, a los trataba de usted porque algunos eran mis profesores

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UN TIPO DURO
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Diego Algaba | 23-06-2015 | 8:13| 0

 

Nunca tuve miedo de vivir ni a las consecuencias que tiene vivir sin miedo: salía, bebía, fumaba, no reparaba a la hora comer grasas o dulces. Si tenía que coger el coche por carreteras peligrosas lo hacia; montaba en bicicleta por caminos abruptos con grandes pendientes llenas de obstáculos;volaba en parapente; nadaba alejado de la orilla sin pensar en el tamaño de las olas; no me importaba perder el trabajo, ya encontraría otro. Sin embargo,desde hace tres años, comencé a cuidarme: empecé a controlar mi peso, hacerme analíticas,dejé de coger la bici por caminos peligrosos, ya no conduzco la moto por terrenos desconocidos buscando aventura porque no quiero fallarle ni una sola vez. Quiero estar siempre dispuesto cuando me diga que  empuje el columpio, o que le de la mano cuando la llevo al colegio, o que le prepare el zumo. Ahora que ya no estoy solo tengo miedo de que ella me necesite y yo no este.

Tiene tres años pero le basta con decir papá para hacer que salte del sillón y decir te quiero para que las lágrimas que siempre retuve asomen a mis ojos.

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