Hoy
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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
DONDE NACE LA ENVIDIA
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Diego Algaba | 15-09-2017 | 10:52| 0

dsc01777-2Escribo esta Plaza Alta desde otra ciudad donde se siente Badajoz como al hijo al que no vemos sus defectos. Desde esa otra ciudad castellana que cuando respiras el aire de sus calles sientes el deseo de matricularse en una de las filologías, y cuando entras en su Plaza Mayor quieres sentarte en una terraza para mirar, para ver a otras personas con vidas diferentes, marcadas por costumbres distintas. Aunque nos diferencie de ellos el paro, el tren, la pobreza… somos iguales o parecidos. La mano que da y la mano que espera. dsc01778-2Una plaza que absorbe mi atención sin olvidar que en los próximos días me espera San Francisco con su olor a bocadillos de calamares, sus palomas y sus roedores. Si en Sevilla se te pone el cuerpo rumbero, en Salamanca se impregna del olor de la tinta de los libros colocados en la estanterías de sus librerías. Hay tantas y tan bonitas como en Badajoz bares. En Salamanca entran ganas de sentarte en el huerto de Melibea a leer la Celestina, o a orillas del Tormes junto a la estatua del Ciego y el Lazarillo para leer sus aventuras y desventuras, igual que en nuestro río de nenúfares mexicanos apetece leer a dsc01851-2Valhondo, Lencero o Pacheco. Y cómo no hacerte una fotografía abrazado a la estatua de Unamuno igual que en Badajoz lo hacemos a altas horas de la madrugada con el Porrina y su guitarrista. Turistas con máquinas de fotos de grandes objetivos colgadas del cuello, que intentan llevar a la pantalla de su ordenador la Catedral, la Casa de las Conchas, el Palacio de Fonseca, o captar la luz del embrujo de las calles de color del oro, tan misteriosas y diferentes como los atardeceres naranjas del Guadiana fotografiados con nuestros móviles.

En los alrededores de Salamanca la gente habla terminando las palabras en s y ado y dice mucho majo, aunque la plaza mayor sea una Babel de idiomas y acentos diferentes donde de vez en cuando se alza entre las voces un acho.

Salamanca y su casco antiguo es una zona para fotografiar, para leer, para entrar en sus librerías y en sus bares aunque no te pongan a mediodía aperitivos como en Badajoz, y una voz familiar te diga, ¿Diego, lo de siempre? Y ahí es donde les nace la envidia.

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COLAS EN AGOSTO
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Diego Algaba | 31-08-2017 | 6:35| 0

dsc01285-2El termómetro que mide las ausencias de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos,las colas y horas de espera aumentan.

Fui a desayunar el domingo, dando un paseo en bici, a uno de los chiringuitos del río. Los de Badajoz nos hemos acostumbrado a desayunar en la calle así que solo había una mesa libre. Me senté. Había una camarera. Una camarera que tenía más aspecto de estudiante universitaria ganándose unas perrillas que de profesional de la hostelería. (ya escribí un artículo sobre la Marina y aquellos camareros de antes) Ella, sola, atendía todas las mesas. No daba abasto. Hacia un trabajo disciplinado: apuntaba a bolígrafo la consumición, luego lo comunicaba a la cocina, después venía con una remesa de cafés, luego salía con otra bandeja de tostadas para repartir entre las mesas. Me puso el café al cuarto de hora de pedirlo, cuando lo había tomado, me dijo, Ya queda poco para que salga la tostada”. Contesté que no se preocupase por la tostada. Pagué el café, 1,40 y me fui. Me pidió disculpa, pero ella no tenía la culpa, estaba sola para atender a todas las mesas y a los que había en la barra.

dsc01045Nos hemos acostumbrado, amparados en la crisis, a que un solo trabajador realice el trabajo de dos o tres.

En el Centro de Salud, donde en invierno hay cuatro personas atendiendo al público en verano hay una. Una administrativa corriendo para atrás y para adelante,un teléfono sonando sin ninguna mano para poderlo coger. Entran ganas de sentarse en alguna de las sillas que han quedado libre por vacaciones y no han sido ocupadas por ningún sustituto, para echar una mano. El trabajador atiende a dos o tres cosas a la vez. Personas enfermas guardando colas, gente enfadada, y un solo trabajador realizando la tarea de los compañeros ausentes.

dsc00104Dicen que ya no estamos en la misma situación, que la economía ha mejorado, pero los trabajadores siguen haciendo el mismo esfuerzo que se les exigía al principio de la crisis. Uno realizando el trabajo de tres.

Las colas de Badajoz en agosto son como las de los museos de las grandes capitales cuando anuncian una exposición de Sorolla, de Dalí,o exhiben de nuevo el Guernica.

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COLAS EN AGOSTO
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Diego Algaba | 27-08-2017 | 2:10| 0

dsc01285-2El termómetro que mide la tranquilidad de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos este mes en casa,las colas y horas de espera aumentan.

Fui a desayunar el domingo dando un paseo en bici a los chiringuitos del río. Los de Badajoz nos hemos acostumbrado a desayunar en la calle así que solo había una mesa libre. Me senté, solo había una camarera. Una camarera que tenía más aspecto de estudiante universitaria ganándose unas perrillas que de profesional de la hostelería. Ella, sola, atendía todas las mesas. No daba abastos hacia un trabajo disciplinado: apuntaba con un bolígrafo en una libreta la consumición, luego lo comunicaba a la cocina, después venía con una remesa de cafés en una bandeja, luego salía con otra bandeja de tostadas para repartir entre las mesas. Me puso el café al cuarto de hora de pedirlo, cuando ya me lo había tomado, me dijo que quedaba poco para que saliese la tostada, Contesté que no se preocupase por la tostada. Pagué el café, 1,40 y me fui. Me pidió disculpa, pero ella no tenía la culpa, estaba sola para atender a todas las mesas y a los que había en la barra. No hemos acostumbrado, amparados en la dsc01042-2crisis, a que un solo trabajador realice el trabajo de dos o tres.

En el Centro de Salud, donde en invierno hay cuatro personas atendiendo al público en verano hay una. Una administrativa corriendo para atrás y para adelante, entran ganas de sentarse en algunos de los sillones que han quedado libre por vacaciones y no han sido ocupados por ningún sustituto, para echar una mano. El trabajador atiende a dos o tres cosas a la vez. Personas enfermas guardando colas, gente enfadada, y un solo trabajador realizando la tarea de los compañeros ausentes.

dsc00100-3Dicen que ya no estamos en la misma situación, que la economía se restituye, pero los trabajadores siguen haciendo el mismo esfuerzo que se les exigía al principio de la crisis. Uno realiza el trabajo de tres.

Las colas en agosto son como las de los museos de las grandes capitales cuando anuncian una exposición de Sorolla, Dalí,o exhiben el Guernica.

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LLERENA
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Diego Algaba | 17-08-2017 | 6:11| 0

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Leo en el HOY un reportaje sobre los cortos de Llerena. Cada año se presentan más películas, este 870. Los mejores cortos que se hacen en España pasan por este concurso que tiene un origen curioso.

dsc00382-3Cuando empezó todo yo vivía en Llerena. Paco Freire se fue a estudiar audiovisuales a Sevilla. Eran pocos los que hacían esa carrera. Una vacaciones que Paco estaba en al pueblo, por la Virgen, se fueron a los alrededores del castillo de Reina con una cámara e improvisaron su primer corto que trataba sobre la pesca en secano. Con un caña y subidos a un olivo empezaron a improvisar ocurrencias y quedó una grabación graciosa y surrealista a esa hora de la mañana en la que empezaba a salir el sol y los bares nocturnos echaban el cierre para inundarse el pueblo con el olor a café y churros de la Coronela. De aquella anécdota viene esto. Las películas de un grupo de amigos que se pusieron el nombre de Morrimer y cuya obra mas conocida ha sido La columna de los ocho mil. Las películas se proyectan en las paredes blancas de un pueblo de cine que no tiene cine. Este años ha ganado en el apartado de la Campiña Sur y Tentudía el corto “La Venganza” de Rogelio Sánchez. Conocí a Rogelio cuando era un niño delgaducho y tímido que hablaba poco y observaba mucho. La película la protagoniza Tere Montero, que participa en algunas ocasiones en la sección de cartas al director de esté periódico y que es

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autora de 9 libros o libretos, como le gusta decir a ella.

Veo por televisión a Alvaro Martín Uriol Batuecas. Cuando vivía en Llerena, yo corría medias maratones. Salía a entrenar por el camino que va al pantano. Al contrario que ahora, que sales a a correr y tienes que ir sorteando corredores, cuando lo hacía en Llerena íbamos Lola Labrador y yo solo por caminos vírgenes de pisadas deportivas y llenos de huellas de herraduras. De pronto empezamos a cruzarnos con dos jovencitos que venían en sentido contrario, y si ya era raro encontrar a alguien corriendo más raro era verlos haciendo marcha. Lola, que era maestra y conocía a los muchachos del pueblo, me dijo que eran el hijo de Basilio el abogado, y Alvaro, de Macarena, la veterinaria. Ahora, años después, sentado frente a la televisión veo emocionado a aquel muchacho pecoso como queda noveno del mundo.

Para conseguir los sueños se necesita fe y constancia. Llerena sabe mucho de eso.

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UNA CIUDAD CON RÍO O EL PRIMER BESO
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Diego Algaba | 09-08-2017 | 6:21| 0

dsc00092-3No sé si hacía menos calor que ahora o lo soportaba mejor entonces. Los años. Esa pesadez del tiempo que no solo cae sobre nuestros cuerpos enlenteciendo sus movimiento, también en el alma arrastrando recuerdos en noches de vinos y nostalgias.

Aquel día de mediados de Junio sentí la sensación repentina de que me hacía mayor. Terminó el curso. Aprobé todo aunque solo obtuve buena nota en Literatura. El autor de aquel resultado no fui yo. Fue el profesor que tuvo la capacidad de sacar partido de un adolescente alelado. Enrique Segura me inyectó el veneno de las letras. No sé si estar agradecido por ello. Ha sido una carga que he soportado al ser ese tipo diferente, aburrido, que en lugar de decir lo mismo que todos para ser aceptado en el grupo se me escapaba de vez en cuando una frase leída en los libros, una cita del Quijote, o algún ejemplo del Lazarillo, o del Libro del Buen Amor. Era un bicho raro que tenía entre mis entretenimiento la lectura por la que había abandonado cosas importante como el argot juvenil, ese código secreto de palabras inventadas y gestos. Muchas veces me he preguntado qué habría sido de mi si en lugar de haber tenido aquel profesor de Literatura hubiese sido otro el que me sedujera. Por ejemplo el de Física, el de Química. Quizás en lugar de estar escribiendo estaría ahora con los ojos aumentados por la lente del microscopio intentado descubrir los secretos de las células de la rana, o buscando algo que sirviera para curar el cáncer, o quien sabe si me pondría a buscar la inmortalidad, aunque a eso he llegado demasiado tarde. Tendría que haberla encontrando antes de que muriera mi padre. Él fue el primero en dejarme un poco más solo. A fin de cuentas la literatura y la investigación es lo mismo, soñar.

Aquel último día del curso fuimos unos cuantos de la clase al río Guadiana, al embarcadero. Un lugar que forma parte de mis años de juventud y donde siempre acababa cuándo tenía que celebrar cosas importantes: primer amor, primeros amigos, primeros tragos.

Aquella mañana de Junio, con cinco compañeros que habíamos pasado por las penalidades y alegrías del bachiller, sentados en la hierba de la orilla con unas latas de sardinas que se abrían girando una llave, un pan y dos litro de cerveza que pasaban de mano en mano para beber todos de la misma botella, tuve la sensación de que mi vida iba a cambiar, de que iba a formar parte de ese numeroso club desconocido y aburrido de los adultos. Una nueva etapa en la que tenía que modelar mi vida, darle forma, comenzaba el momento de mudar la piel suave y protegida del niño por la áspera del hombre. Aquel día en el río sentí por primera vez todo el peso del porvenir en mi conciencia rodeado por unos compañeros con la misma inquietudes que yo y que pensábamos en el mañana con igual optimismo que pesimismo. Mirando el agua sentíamos sed de futuro. Uno quería ser banquero, otro arquitecto, profesiones más cercanas a las que conocían en el ambiente familiar que a sus gustos. Cinco vidas iguales que desde ese momento tomarían rutas diferentes . A uno se lo llevó por delante la heroína, otro se hizo maestro, otro médico, Miguel ingeniero y Luis, que no estudió, fue diputado después de pegar muchos carteles. Ahora es director general en una Consejería. Cuándo me ve por la calle me saluda con un fuerte abrazo, aprieta mi espalda con la seguridad que tienen los que viven unos escalones por encima de nosotros.

Recuerdo aquel día igual que aquel año. Fue cuando la conocí. Mi primera novia. Un primer amor para toda la vida que solo duró un verano. Un verano mágico y dulzón de besos y abrazos. Aquello era mejor que todo lo que había leído. Muchos años tuvieron que pasar para darme cuenta que las historias de los libros son mejores que los paralizantes amores románticos.

Por la tarde iba con ella al embarcadero. Fue en uno de aquellos atardeceres naranjas en los que se fundía el sol con la luna y teniendo como único testigo un río de agua clara, cuando di mi primer beso. El beso puro de dos jóvenes enredados en la hierba de la orilla. Aquel fue un momento mitológico en el que me pareció ver emerger del interior del agua un Neptuno de grandes barbas con tridente para guiñarme un ojo de complicidad. Una felicidad que nunca más volví a sentir con esa sensación primeriza de pasión y amor. Porque lo primero siempre fue lo primero aunque lo que estaba por llegar fuese mejor.

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