Hoy

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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
NO QUIERO MÁS NOCHES
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Diego Algaba | 09-07-2017 | 6:55| 0

dscn0453-2Dices que vendrás por la noche. A esa hora en la que Antonio López ya ha recogido los pinceles y el sol deja de dar luz a los membrillos para entrar en los grises de una tarde que anuncia la oscuridad. Una oscuridad que hace confundir colores y sueños; Vida y muerte,

La noche tiene ese escenario de máscaras que esconde el rostro de la verdad. Un mundo donde no se aprecia la belleza de las imperfecciones y donde los sentimientos bajan los peldaños de dos en dos.

Luego, mañana, como todos los mañana, la luz de la tarde regresará igual aunque con formas diferentes. Volverá a gozar de la tierra, a enrojecer los campos, a sosegar el alma, a calmar la tarde de las incertidumbres del día que se va.

Lindes arropadas por la hierba que cubre como un manto sagrado las orillas de los surcos donde el agua corre libre y ligera hasta que la noche la transforme en estática escarcha.

Dices que vendrás por la noche. Si vienes ven de día. Ya no quiero más noches.

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PERIÓDICOS MULTIUSOS
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Diego Algaba | 30-06-2017 | 5:12| 0

dscn1266-1Después de los primeros sonidos de berbiquí y martillazos para colgar cuadros y espejos se hizo el silencio en el bloque. Un silencio que ha durado unos 20 años. Todo era una balsa cuando lo compramos, pero los pisos se deterioran.

El vecino de arriba está de obras.

Según García Lorca las cinco de la tarde es una hora torera. Fue la hora en la que Antonio Torres Heredia cogió su vara de mimbre y  fue a Sevilla a ver los toros. Los albañiles del piso de arriba empiezan a coger los trastos una hora antes. A las cuatro de la tarde arrancan berbiquí y radiales empezando a funcionar al máximo de su volumen. Las cuatro, esa hora en la que uno busca el sofá para recuperar una noche de mosquitos y sudores. Ahora que las compañías telefónicas me habían dado una tregua vienen los albañiles cargado de sonoras herramientas.

Al día siguiente del primer día de la obra un vecino puso un cartel: “Protejan las paredes y la limpieza del ascensor”. Cuando bajé, el ascensor estaba envuelto en cartones y el suelo lleno de periódicos y ahí es donde quería llegar, a los periódicos. A esos periódicos que se hacen viejos a los dos minutos de leerlos, periódicos por el suelo donde casualmente había una foto mía encabezando un artículo manchado con la huella de una bota manchada de yeso. Quizás la única huella que dejó el texto. Todo el peso de una pisada cayó como una metáfora sobre mi artículo. Un artículo que tanto me costó parir en una noche de insomnio y calor con el portátil ardiendo entre las piernas.

La suciedad que generan los ripios de los albañiles se protege con periódicos viejos, igual que los periódicos protegen del desconocimiento a los ciudadanos sacando a la luz las oscuridades. Decía un eslogan: “una persona sin información es una persona sin opinión”. Esta tarde vuelvo a enfrentarme con el teclado teniendo como música de fondo unos martillazos y el penetrante sonido de la radial pensando no solo en entretener, también en proteger el suelo de un ascensor, o como decía Ruano para envolver el pescado. o como digo yo, para hacer un gorro de payaso.

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…Y ESTAMOS EMPEZANDO JUNIO
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Diego Algaba | 14-06-2017 | 5:08| 0

dsc04662-2El Sol asoma cada año más temprano, más fuerte y altanero, con más fuego en su interior, repartiendo rayos como palos por el sur. Sube la temperatura y mi lápiz, ligero de ropa, no se agarra al papel igual que cuando lleva encima todo el peso del abrigo invernal. Un lápiz liviano garabatea sin forma ni ideas. No tengo nada que decir, nada entre manos y menos en el pensamiento, solo esta pesadez que inunda mi cabeza con el daño de un sol que cae como una enorme piedra sin imaginación gritando: ¡ vacaciones! Intento escribir cerrando los ojos para oír el frío de la lluvia de meses pasados pero el calor se posa en mi ánimo anulando el viaje de regreso a noviembre, paralizando mi pensamiento. Aunque intente prescindir de este fuego no me deja, no puedo, se adhiere a la piel como una pesada carga, como una cuerda que me ata y me convierte en un ser inútil, lento y torpe, como un astronauta dentro de un escafandra.

Verano de bichos, de mosquitos, de cucarachas rojas, de chicharras invisibles y monótonas. Veranos de coches descapotables con cabezas descapotadas.

Empieza a llegar el calor de Badajoz a mi cabeza como una enfermedad neurológica. No tengo cuerpo ni para escribir sobre las ambulancias baratas de Tenorio, ni de que lo barato sale caro,ni siquiera de poner el ejemplo de los vigilantes de centros sanitarios, esos a los que su nueva empresa, también barata, les quieren rebajar 200 euros mensuales. ¡ay los trabajadores!, siempre los trabajadores. Alguien tendrá que pagar la diferencia entre un precio y otro y nadie mejor que ellos.

En verano vivo en un error geográfico. Tendría que ir al norte si no quiero renunciar al veneno de la tinta, ni a la nicotina que desprende el teclado. ¿Y por la noche?, me preguntan. La noche es peor. El sonido de las horas se hace más metálico, pesa como un bloque de acero que cae en el alma. Cuando el reloj anuncia las doce queda todavía muchos tic tac para alcanzar la siguiente hora. El sueño desaparece cubriendo de sudor la nuca, y algunas veces, en este trance extraño, como una fiebre, viene a la mente el pensamiento del sueño eterno.

El sol me roba tardes delante del papel donde uno sueña con poder ser otros y algunas veces con ser quién quiero ser.

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REFLEXIÓN DE DOMINGO,REFLEXIONES DE LO EVIDENTE
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Diego Algaba | 11-06-2017 | 10:22| 0

A quién más cansa ser joven es a ellos mismos. Pasan su tiempo siendo otros. y en esos otros buscan su personalidad. Se buscan en las modas,en los gestos, en 18387166_1519975788027114_763775167_nlas palabras, con su argot particular, un código de signos y movimientos. Tantas vuelta dan por caminos diferentes que no acaban de encontrar el suyo perdidos en un laberinto de dudas y huidas. Sin embargo,con el transcurrir de los años, cuando el calendario deja de ser una amenaza y lo abandonan en la pared colgado sin cambiar de hoja, llega un día en que esa búsqueda desaparece. Es entonces, en ese abandono, cuando se comienza a vivir sin miedos, sin complejos, sin pensar en una felicidad dictada por otros, cuando encuentran el camino que en la mayoría de las ocasiones está en lo sencillo, en un paseo, en un paisaje, en una mirada, en cocinar para otros, en un hola, en un perfume. La juventud busca cosas nuevas cuando todavía no saben que en la rutina de lo cotidiano está el abrigo que el interior necesita para estar protegido de la intemperie. Hay otros, que ya han cumplido algunos años, que continúan esa búsqueda de felicidad de películas de fin de semana por la tarde. Los hay que se quedaron colgados de los cristalitos de la bola multicolor de las discotecas, de los campos de fútbol, de la guitarra eléctrica, de los pelos largos y pantalones ajustados, de los porros de maría. Luego, después de muerto, quizás no haya eternidad para seguir buscando, o quizás si. Hay cosas importantes que llegan, sin provocarlas, sin buscarlas.

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EL VIEJO
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Diego Algaba | 27-05-2017 | 11:05| 0

dsc01407-3En algunas ocasiones pienso más en las cosas que no me han ocurrido que en las vividas. Esas otras vidas que las circunstancias o las casualidades me negaron. Hoy veo como ha pasado el tiempo sin detenerse en amores idílicos, pasionales, viajes a los lugares más desconocidos y profundos de los sentimientos. Mi corazón se entristece pensando en ello, ¿quien lo entristece?, ¿alguien ajeno a mi?, ¿o fui yo solo caminando por las veredas del riesgo al buscar la meta sin disfrutar del recorrido? Descubrí caminos desconocidos cada día como si naciera cada mañana de nuevo, sin dejar raíces, sin dejar poso, siempre descubriendo nuevos paisajes sin reparar en el pasado, correr siempre hacia adelante sin detenerme a mirar el paisaje. Despreciaba las veces que el sol me inundó con su plácida calidez para acurrucarme entre sus brazos. Tenía unas expectativas que me alejaron de la realidad dejándome ciego de avaricia. Ahora, quizás, lo más importante es lo que dejé, pero lo no vivido ya no importa, no sé caminar marcha atrás, es un retorno imposible, ya no se puede retomar el camino de inicio, me da vergüenza, no tengo años y estoy viejo. El principio queda lejos para unas piernas cansadas, unas piernas con varices en los sentimientos y ampollas en la alma. Estoy mayor y el dolor físico de piernas y brazos sustituyen a los dolores del corazón.

La puerta que da al balcón de la vida se ha cerrado. Fuera hace frío. El viento helador me da miedo. Es demasiado fuerte para unos huesos desvanecidos que ya no pueden soportar sin quebrarse el peso del fracaso.

Sin darme cuenta transcurrieron los años, atravesando caminos en los que no me detuve a escuchar el silencio. Siempre vivía agitado por el ruido de la música que sonaba en el siguiente prado.

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