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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
DE CAJA BADAJOZ A IBERCAJA
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Diego Algaba | 20-01-2017 | 7:08| 0

Cuando empecé a trabajar y necesite tener una cuenta bancaria lo hice en Caja Badajoz.

Caja Badajoz sonaba a cercano, a lo nuestro, a las furgonetas de APROSUBA, al local de ASPACEBA,a libros con pintura de Luis de Morales y Eugenio Hermoso.

Ahora se llama Ibercaja. Badajoz desapareció de sus rótulos. Según dicen por una mala operación realizada con Caja Zaragoza. Han jubilado o trasladado a la mayoría de los trabajadores con los que tenía un trato más cercano. Ya nadie me tutea cuando entro en las oficinas; muchas sucursales han cerrando; los cajeros no funcionan los fines de semana, sobre todo el del Juan Sebastián Elcano. Algunos hemos mantenido la cuenta más por inercia que por cariño.(aunque cariño sea una palabra que rechine hablando de bancos).

El día de Nochebuena el cajero se trago mi tarjeta. Estuve llamando incansablemente al teléfono escrito en la pared, un 902 donde me saltaba continuamente un contestador diciendo que en breve me atenderían. La brevedad duro 6 horas. A los dos días tuve que ausentarme de mi trabajo para recuperar la tarjeta. En el banco había un empleado donde antes había dos y una cola que llegaba hasta la puerta. El paso de Caja a Badajoz a Ibercaja ya está casi terminado.

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EL SECRETO DEL AGUA
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Diego Algaba | 17-01-2017 | 11:10| 0

Me encuentro con un día de vacaciones. Aprovecho para hacer unas gestiones en Aqualia. Camino despacio por calles silenciosas después del bullicio de la navidad: puertas grandes, zaguanes con macetas, casas de una planta, balcones con flores, fachada de colores, bares, tiendas. Camino contemplando la belleza del casco antiguo. Bonito para ver, difícil para vivir. Llego a Aqualia. Hay una cola importante, todos están callados mientras esperan su turno, no se oye un solo murmullo, una sola protesta. Yo vengo de otro ambiente más bullicioso. Es acogedora la silenciosa sala de espera de la oficina del agua frente al ruido de los centros sanitarios. Queda lejos aquellos años en los que las cosas médicas eran más respetadas.

Subo a la Plaza Alta. Compro un libro en la churrería de Moreno Zacudo por un euro. Regreso despacio. Hago fotos. En la calle del Obispo entro en la exposición de la sala Vaquero Poblador, no me llama la atención. Entro en la librería de la Diputación, compro un CD de la Kaita y el libro de Tomas Martín Tamayo, me lo dan en una bolsita blanca, coqueta, con asas de cuerda, meto también el comprado en la churrería: Francisco Umbral, Las ninfas, lo tengo, lo he leído, pero lo habré perdido en una de las mudanzas, es una de las desventajas que tiene vivir de alquiler.

Me gusta tener los libros leídos, tarde o temprano vuelvo a ellos. Desde hace años elijo a cuentagotas los nuevos. Me estoy perdiendo a “zafones”, catedrales y santo grial. Dedico mi tiempo a libros conocidos que me hacen sentir, pensar, reír, llorar… esos que sé que no me van a defraudar. El de Martín Tamayo, a pesar de ser nuevo, hay que leerlo. Hasta ahora solo llevo cien páginas pero me ha enganchado El secreto del agua: el maestro Antonio Godoy, su mujer Cristina, a su hijo Blas, al pueblo de Pajar de los Encinares y el cortijo de los Ojeda.

Siempre tengo dos libros encima de la mesa uno en prosa y otro en verso. Al de Tamayo, le acompaña Valente aunque El secreto del agua también es poesía. Ese pueblo de los Encinares ya siempre formará parte de mi como Macondo o Comala.

 

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20 de enero 2017
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Diego Algaba | 14-01-2017 | 11:18| 0

fotografía de Diego Algaba

Algunas veces caigo en la tentación de escribir sobre mi: de lo que me gusta o disgusta, de si estoy contento o triste, de amores correspondidos o contrariados, de tediosas tardes de domingo donde el reloj avanza lento, de analizarme en los textos como si mi vida pudieran atraer a otros más interesantes que yo, escribir como si mis experiencias fueran importantes para los demás.

Podría narrar la belleza del paisaje que encabeza el texto, pero la belleza no es igual para todos. Hay quien no tiene la tranquilidad suficiente para contemplar con ojos sublimes, esos para los que la luz del sol son negros nubarrones a punto de estallar en una tormenta de truenos. Todos esos a los que le faltan lo indispensable para vivir, los que no saben como van a conseguir el pan de mañana. Es fácil escribir sentado en el sillón de un hogar feliz sobre la infelicidad. ¿Qué beneficios obtendrán con esta inútil lectura todos a los que el mañana les crea tanta incertidumbre como al mundo los días posteriores al 20 de enero?, esa fecha fatídica en la que empezará a dirigir el planeta un rico de la construcción, un blanco lechoso llamado Donald Trump. No sabemos con que ojos volveremos a ver los próximos atardeceres.

 

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HACE FRÍO FUERA
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Diego Algaba | 07-01-2017 | 10:57| 0

Un corazón vaga solo entre la gente. Camina sin destino ante la indiferencia de los demás en un desierto gélido de almas donde nadie importa a nadie. Hace tiempo que dejó de tener lunes, martes... vive en días sin nombre. Deambula sin rumbo explorando senderos desconocidos, perdido entre una multitud de personas con bolsas llenas en las manos que se dirigen a sus cálidos hogares. Algunas veces, el líquido tinto del tetrabrik, quita el frío y le hace sentirse dentro del mundo aunque siga siendo invisible para todos.

Oscurece. Cae la noche como una losa. Sentado en el banco de madera observa como se encienden las luces dentro de las casas. Mientras tanto, él, sigue descubriendo bares de vino barato, conociendo corazones tan heridos como el suyo en noches desesperadas de alcohol y silencio, para regresar al vacío helador de una casa de cartón tan frágil y desprotegida como sus pensamientos, cada vez más huecos, cada vez más confusos. Duerme acompañado por el silencio de una radio sin pilas que no habla. Duerme sin un susurro, sin unos brazos que le abracen, sin nadie que le toque, sin caricias en el cuerpo, ni en el alma.  

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JÓVENES
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Diego Algaba | 31-12-2016 | 6:19| 0

Tengo la suerte de haber podido ir a la comida de los compañeros de trabajo porque sé que hay muchos que no tienen compañeros ni trabajo.

Ese día hablé con ella en un escenario distinto del laboral. Es enfermera. Una de esas jóvenes que pertenecen a la generación mejor preparada. María realiza una sustitución por baja maternal, eso quiere decir que en unos meses volverá a las listas del paro. No son los que más valen los que más oportunidades tienen. Si tuviera que utilizar los servicios hospitalarios me gustaría caer en sus manos, toparme con una profesional que sabe lo que hace, que transmite seguridad a pesar de su juventud.

Cuando se quita la bata solo es una chica de 27 años, una joven como todas las de su generación, guapa a rabiar que derrocha entusiasmo y vitalidad. Disfruta de su ciudad, de su trabajo y pelea por seguir trabajando y viviendo aquí. No quiere marcharse al extranjero como muchos de su promoción. Me contó que pertenece a una murga, Las Polichinelas, canta, actúa y colabora en la composición de las letras. Le dije que estaba interesado en conocer los intríngulis de las murgas  para escribir una columna sobre el trabajo realizado antes de salir al escenario. Quería verlas en el tajo, en pantalón vaquero y chándal sin el glamour del López. Así que, engrandecido por el vino, me metí en el papel de columnistas como si fuera uno de los grandes, como un Alonso de la Torre o Antonio Tinoco. María me invitó a uno de los ensayo. Ahora, que ya pasó la euforia etílica, y soy consciente que no juego en la primera división del columnismo, no iré. Que pinto yo con una libreta y un bolígrafo en un ensayo,si no sé que preguntar ni en que tengo que fijarme para escribir un artículo. Sin embargo, María me ha hecho pensar en esos jóvenes que viven con pasión las cosas de su ciudad y que tienen que marcharse dejando familia, amigos y costumbres por falta de oportunidades, ahora que es cuando más falta hacen personas ilusionadas y preparadas para trabajar en nuestros Centros de Salud y Hospitales. Algo por lo que tienen que luchar nuestros gobernantes y toda la sociedad aunque solo sea por egoísmo, ¿Qué haremos cuando solo quedemos los viejos? Ir a buscarlos a Alemania,Suiza, Ámerica…

 

 

 

 

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