Hoy

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Autor: diegoalgabamansilla_1424851234
NAVIDAD
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Diego Algaba | 25-12-2016 | 9:27| 0

La luz vuelve a mis ojos y el sosiego a mi estómago. Se hizo el silencio en la calle. Los petardos dejaron de sonar, el ruido de los coches también, de vez en cuando pasa uno sin aspaviento ni música de reggaeton, solitario, como despistado, sin querer hacer ruido, intentando pasar desapercibido, Se oye su motor como una sinfonía silenciosa para saber que seguimos en el mundo de los vivos después de los excesos de la noche.

Me gusta estar sentado en la paz del brasero mientras en el exterior la noche se espesa, me gusta arroparme con la saya, sentir el calor en las piernas subiendo por el cuerpo hasta provocar un estado letárgico. En esta misma casa y en este salón estuvieron ayer todos a los que quiero, faltaron algunos. Vivir es fácil algunas veces.

Quiero estar en todos las emociones donde tu estés, en todas tus sorpresas. Mi pequeña derrocha ternura y amor. Me gusta ver como juegas con tus primos en esta tarde fría, observar y buscar en tus gestos los gestos de tu madre y en tus palabras mis silencios. Nunca te volveré a ver como hoy, mañana serás otra, más grande,más alta y el uno treinta y cinco pasará a ser uno treinta y seis. Creces mientras los demás permanecemos igual.

Rápidos siguen los días a los días, esto no tienen freno.

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LA MALA EDUCACIÓN
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Diego Algaba | 22-12-2016 | 7:44| 0

Llega ese momento de la tarde que lo único que quieres es ponerte las zapatillas, sentarte en tu sillón, enchufar el televisor, coger un libro, y tener al lado alguien a quien querer y que te quiera. Una tarde donde buscas mantener la distancia con los acontecimientos diarios.

Contagiado por el ambiente navideño de luces que te llevan en volandas hasta las tiendas. Una atmósfera que enternece el corazón y afloja la cartera y te hace entrar en ese trance en que las emociones vencen al rencor.

Estamos en Navidad desde últimos de Noviembre. Ya no dan el pistoletazo de salida los niños de San Ildelfonso. El comercio le ha tomado el relevo al espíritu católico, todo en esta vida lo estamos traduciendo a euros. Bueno… Sigo por donde iba.

Hace una tarde navideña perfecta, hasta se ha espesado la niebla, solo me falta la paz de una chimenea con un perro peludo tumbado en la alfombra. Un día de navidad de catálogo hasta que enciendo el ordenador y entro en Facebook. Compruebo que todo sigue igual. Algunos grupos se están convirtiendo en el Sálvame Deluxe Extremeño. Kikos Matamoros y Belenes Esteban locales echan espuma por la boca, personas que parecen tener como referentes esos programas televisivos de gran aceptación que tanto daño hacen a los débiles de mollera. Muchos adolescentes quieren ser famosos en lugar de ingenieros, ganan más, estudian menos.

La falta de educación se esconde detrás de la pantalla repercutiendo en el comportamiento de la calle.

Días atrás, cuatro adolescentes circulaban en bici por la Avenida Villanueva haciendo caballitos de forma peligrosa para los peatones. Un señor mayor les llamó la atención; en lugar de amilanarse se encararon con él; le llamaron viejo riéndose de sus limitaciones; tampoco se intimidaron cuando yo intervine. Muchachos en edad de aborrecer lo que sus mayores estiman, desprecian la seguridad y se burlan de la convivencia.

No creo que estos niños lean este artículo, quizás sean los elegidos de muestra para el informe PISA en Extremadura, aunque haya otros muy diferentes, pero ese es otro tema largo y complejo.

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BADAJOZ
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Diego Algaba | 17-12-2016 | 11:09| 0

Te miro desde arriba. Desde la muralla de tu castillo y me gustas, y no me gustas, y a veces te quiero y otras no. Subido en estas piedras te observo y tú me ignoras. Soy para ti una pieza perdida de un puzzle que se desencaja cada mañana. A veces no quiero verte, otras no soy capaz de dejar de mirarte. Son esos días en los que te pones guapa y pareces una mujer recién salida de la ducha oliendo a espuma. Entonces es cuando salgo y recorro tus calles. Las miro como si fuera la primera vez que las veo, tan distintas como ayer, tan iguales como siempre y te recorro eufórico, y me lleno de holas y adioses y apretones de manos y miradas curiosas. Cada día soy distinto , igual que tú, que tu sol, que la luz que ilumina tus rincones, portales y balcones llenos de geranios.

Aprendí a quererte en la distancia, cuando estaba por otros mundo, y en otras cosas.

Hoy te veo bonita, otras veces siento la desolación de tus mediodías de agosto. Hoy te siento como esos momentos buenos de atardeceres naranjas vistos desde el puente viejo, o desde aquí, o esos días que te escondes en el misterio de tus nieblas invernales.

Detrás de mi, una pareja de jóvenes se besan con pasión al volver del laberinto de la noche, una noche deformada por el humo de las luces centelleantes y el ruido que dejan las palabras en el aire perdidas en la desmemoria de vasos vacíos.

Estoy delante del Convento San José, a lo lejos se levanta majestuosa la Catedral, a la derecha el río pasa por debajo del puente viejo.

Me quedo mirando a un pájaro que vuela buscando el calor del sur entre los tejados más altos.

Escucho silbar al viento ahora que cesó el ruido de la noche, ese ruido que para algunos es un susurro de sirenas. Todos hemos sido jóvenes, hasta yo que nací siendo viejo.

Se apagaron los cantes flamencos que salen de las entrañas empujados por la fuerza del vino.

Me quedo con el silencio de la mañana, con este olor a limpio de domingo, y miro, protegido por las capas del tiempo, el amanecer que da brillo a tus edificios.

Respiro hondo y me siento como si el sol saliera desde dentro de mi e iluminara mi interior a la vez que da luz a las paredes del convento.

Y te miro desde arriba y me envuelves en tus sabanas silenciosas de domingo para quererte otra vez y volar por encima de tus tejados rojos.

Hoy te quiero, aunque no sé hasta cuando.

 

 

 

 

 

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EL RÍO
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Diego Algaba | 10-12-2016 | 9:28| 0

En la soledad del río se escucha un inquietante silencio que te hace permanecer alerta como si en cualquier momento pudiera pasar algo. Por ejemplo,ver surgir del agua un barbado Neptuno amenazando con su tridente, aunque lo peor no es eso, lo peor es el silencio que te enfrenta contigo mismo. Si gritas, el eco te devuelve tu propia voz como un bumerán amenazante.

Navegando por el sigiloso río no puedes huir del enfrentamiento, de estar solo contra ti sin aderezos, mentiras, maquillajes, ni aduladores.

Inquietantes aguas que se renuevan sobre si mismas engullendo la vanidad hasta llevarla al fondo oscuro, donde se mezcla con el lodo para salir purificada y emerger en la humildad del yo diminuto, de ese ser insignificante que eres ante la magnitud de la naturaleza.

Quién se crea importante que venga al río y se enfrente a su silencio.

 

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GERMÁN LÓPEZ IGLESIAS
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Diego Algaba | 03-12-2016 | 11:30| 0

Vengo impregnado del olor dulzón de Ansorena, de observar mi antiguo instituto,el Zurbarán, con el mismo respeto y solemnidad como lo miraba entonces, de oír el acordeón del hombre que se pone en la esquina, de ver la gerencia del SES y las ventanas de los despachos donde se gestiona la sanidad pacense, de sentir el frío entre la calidez de las luces navideñas.

Llego a casa y enciendo el ordenador, igual que aquel día, cuando todavía no había empezado la navidad. Aquella noche, lo primero que leí fue una noticia compartida en facebook por el director de este periódico, Ángel Ortíz, decía : Germán López Iglesias va ser nombrado Director de la Policía Nacional. Respondí sin tomar el tiempo de reflexión necesario. Critiqué que el elegido fuese alguien ajeno al cuerpo sin formación policial. Me contestaron “quizás sea un buen gestor”. Me precipite, la cosa hay que mirarla con calma, observar todas sus aristas. Creo que beneficia a la ciudad que alguien de aquí tenga un puesto importante en Madrid que es donde se cuecen las cosas, donde esta el meollo del bollo. Aunque no es de esto de lo que quiero escribir, si no de la anécdota que me pasó con él.

Cuando me casé, en la Soledad, estaban arreglando la plaza. No se podía pasar en coche hasta la puerta de la iglesia, a mi me daba igual,lo peor era la novia con su traje blanco arrastrado por el barro y los tacones de aguja clavándose en la arena. Así que fui al Ayuntamiento para poder solucionarlo. Ese mismo día, por la tarde, López Iglesias, al que no conocía de nada, ( todavía no escribía esta columna), me llamó por teléfono para decirme que no me preocupara, que iba hablar con los albañiles para que pudiera pasar el coche hasta la puerta, y así fue. Escribí, en carta al director de este periódico, mi agradecimiento.

Una mañana, estaba en Figueras visitando la casa de Dalí, recibí una llamada de Germán para darme las gracias y felicitarme por la boda.

Sé que es una tontería, un gesto que no le hace mejor ni peor director general de la Policía Nacional pero muestra una cosa importante, su preocupación por ciudadanos anónimos y la voluntad de resolver problemas.

 

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