Cuando escribo esta Plaza Alta todavía es Navidad. Estoy de vacaciones, me pongo a escribir acompañado por el dulce bullicio de hermanos y sobrinos. Me fastidia ser feliz a plazo fijo pero no puedo evitar ese tono amielado de la fecha. Escribo desde el corazón dulce del turrón de Castuera y el mazapán de la Cubana.
Entre el murmullo de niños y adultos van surgiendo palabras sin ideas para formar un artículo que todavía no sé de qué tratará.
Estoy de vacaciones. Tengo tiempo para pensar y pasear. La vida social de la ciudad transcurre en los bares; entre vinos y tapas de jamón, entre langostinos y gin tonic.
Me gustaría escribir sobre muchas de las personas con las que me he encontrado en la calle y en las tabernas a las que he abrazado y me han abrazado deseándonos suerte, la vamos a necesitar. Pero, desde hace tiempo, llevo pensando en escribir sobre él: una persona desconocida, que quizás, en el edulcoramiento de estas fechas, recuerde más lo duro de su anónima existencia.
Me cuenta cosas, aunque sé, que son más interesantes las que calla. Basilio es un gitano que jugaba al fútbol en el Badajoz cuando yo lo hacía en el Flecha Negra, no me acuerdo mucho de él. Si de algunos de sus compañeros: Job,Fermín, Espinosa, Francis…
Juan, dueño de la frutería donde echa el rato los domingos, confirma que era muy bueno con el balón y que el Atlético de Madrid se intereso por él, pero dice que su mala cabeza lo llevó por caminos alejados del deporte. “Ya no tengo vicios, me busco la vida vendiendo ropita” “Padre,. cómprame una camiseta por seis euros”.
Basilio: simpático, parlanchin y orgulloso de ser gitano, que no sabe cantar ni bailar se arranca,de vez en cuando, por los Chichos. Recuerda, con nostalgia, cuando vivía en las Cuesta de Orinaza, donde se sentía libre rodeado de campo. Por la noche salían a las puerta de casa para hacer candela con palés viejos que le daban en el polígono del Nevero. Asaban pectorejo y panceta, bebían vino, cantaban por Porrina y los Chunguitos.
Ya no vive en las Cuesta, ahora vive en el Gurugú con su madre. El Gurugú no le gusta, no se respira esa libertad que existía en lo alto del cerro de las Cuestas. Le ahoga la falta de aire, de campo, de fuego; la libertad de respirar aire fresco oyendo el canto del gallo y el chu chu de un puchero con papas y bacalao en un paisaje de caballos comiendo hierba antes llevarlos a las ferias de “ganao”.
Todo iba bien Hasta que llegó el suculento negocio de los polvos blancos; eso que arruinaron vidas para enriquecimiento a unos cuantos.
El brillo de las luces en el centro de Badajoz anuncia la navidad. Este año empieza con comida entre compañeros; con menús baratos, con risas amargas,con el porvenir incierto,con miedo, con mucho miedo.
Comenzamos un año que termina en 13, mal inicio para supersticiosos; también para pobres, para pensionistas, para trabajadores de Caja Badajoz,funcionarios,dependientes,médicos,maestros,periodistas…Los abogados están que arden. La justicia pone precios prohibitivos. Ya no somos todos iguales para solicitar justicia en los triunales. Los juzgados se convierten en un servicio de lujo,quizás porque el lujo sea quien más necesite de juzgados.
Rajoy disfrutará de las navidades en la Moncloa mientras la calle se llena de gente protestando:parados,minusválidos, enfermos, gente vestida de verde,de blanco, de negro, entre todos forman los colores de una bandera, la bandera del pueblo que lucha sin éxito frente a la guadaña azul de los recortes.
Profesores,mineros,desahuciados, hombres y mujeres que de forma pacífica elevan voces y alzan pancartas ya forman parte del paisaje como un mobiliario urbano incómodo, pero cada uno protesta por lo suyo sin que exista una sola y solidaria voz. Los que se quedan en casa, resignados, callan pensando que ya solo quedan tres años. Tenemos que sacar adelante a bancos y políticos con el sacrificio de todos, o de casi todos.
2013, el año de Rajoy, ese hombre que estuvo en la oposición esperando su oportunidad sin cejar en su empeño y al que le llegó el momento para hacer todo lo contrario de lo que decía durante años sentado en el banquillo de reserva, ahora,que ha salido a jugar de titular,sale como un toro bravo enfurecido para establecer diferencias insalvables entre las dos España, la de ricos y pobres.
Es navidad. En centros de trabajo, en gimnasios,en los portales de las casas hay cajas grandes para que el que quiera deje bolsas de comida: judías garbanzos,verguenza e indignidad… Volvemos a la limosna, a sentar a un pobre a la mesa para enviarlo al día siguiente entre las endebles telas de los recortes donde tanto frío hace.
En 2013 las grúas están paradas.Los albañiles jóvenes han cambiado los suculentos sueldos de la contrucción por los mil euros de la ESO mientras los que terminan sus carrera con costosas matrículas estudian idiomas sabiendo que tendrán que buscar trabajo en el extranjero.
Es navidad, en la calle hace frío,los niños so saben que los reyes son los padres, y que en la mayoría de los casos,los padres ya no pueden ser reyes.
Es navidad. Este año, si no toca la lotería, es más importante que nunca la salud,y si falta la salud mejor que toque la lotería.
Dicen que otros están peor y es que, en Italia, vuelve el político de bragueta adolescente.
Salgo de casa. Hace frío. Es sábado. Lo primero que encuentro es el letrero de Ferretería el Candado. Mi fantasía se dispara ante ese mundo metálico y desconocido de tornillos tuercas y alcayatas.
Nunca entré en el local cuando tenía una alarma estridente e innecesaria, un pitido chillón que anunciaba la entrada del comprador. La señal obedecía más al capricho del dueño que a la efectividad,ya que él,desde el mostrador,veía entrar y salir a todos sin necesidad de avisos, una alarma que sobresaltaba a los vecinos y que sonaba con la misma intensidad a la hora de la siesta que a las 9 de la mañana de un sábado.
La timidez me impedía entrar en un lugar que pitaba con mi presencia, me sentía incomodo cuando las miradas se giraban hacia mi. Ahora,que el propietario ha desconectado la alarma, voy a la ferretería.
Hace días pase para comprar puntas y tacos, el ferretero las envolvió en periódico, la casualidad hizo que cortara por la mitad un articulo que escribí para Plaza Alta, sentí una sensación extraña, como si hiciera un ritual del vudú que me produjo un escalofrío en el cuerpo.
Periódicos hechos con el duro trabajo de muchos profesionales y colaboradores sirve tanto para el minucioso lector como para el rudo ferretero.
Voy a la ferretería de tarde en tarde. Soy un inútil,un peligro con un taladro en la mano. Igual que muchos torpes, conozco a un chapuzas que dominan los secretos del bricolaje. El mio: pone lamparas, coloca plafones, monta muebles, hace fontanería, electricidad, carpintería… y controla todo ese mundo de llaves,cables,adaptadores todos esas cosas desconocidos para inútiles que nos hace sentir inferiores.
No sé de qué hablar cuando el chapuza tienen una llave inglesa entre las mano, dice cosas que no entiendo, hace que me sienta incómodo ante mi incultura del bricolaje, se me dibuja una sonrisa bobalicona en la cara. Cuando termina le pregunto -¿cuanto te debo?, y él, adoptando un gesto de indiferencia, me dice, sin darle importancia: -dáme cien eurinos- Mientras, yo sigo con la sonrisa bobalicona un poco más agudizada. Coge los cien eurinos; coloca cuidadosamente el taladro en la caja, el cable en su sitio y cada broca en el número que le corresponde. Una caja mágica donde tiene muchos apartados pulcramente ordenados y se va con todo su material a la casa de otro inútil pardillo.
Yo,ese día,sustituyo, el libro de Proust, por el de los 100 secretos del bricolaje.
Badajoz es una ciudad pequeña donde podemos encontrarnos con muchas personas a las que conocemos de la infancia, del barrio,del gimnasio,de los bares… también nos suena el que sale en la pantalla del ordenador cuando navegamos por los mares azules de faccebok junto a la leyenda ¿conoces a fulanito?, tenéis no se cuantos amigo en común. A la mañana siguiente, la casualidad, puede que os haga coincidir en cualquier esquina de la ciudad, miras disimuladamente cuando la noche anterior has cotilleado descaradamente en su muro ridiculizando la fotografía que esta en bañador luciendo una barriga aumentada por la cerveza y donde alza, con un sonrisa beoda, un trozo de pectorejo pinchado en un tenedor.
Una foto donde también esta su mujer, una señora muy remilgada que luce, en la impunidad de la parcela, unos deformes michelines que el vestido de Carolina Herrera le disimula cuando se contonea por la Avenida de Europa camino de la Marina.
Badajoz es pequeño. Puedes encontrar gente conocida en Carrefur, el Corte Inglés,el Faro,o a unos cuantos románticos que todavía pasean por la calle Menacho.
En Ricardo Carapeto puedes cruzarte con ella, la chica con la que chateas durante la noche, a la que intenta deslumbrar con cultos comentarios cinematográficos sacados de un libro que siempre tiene junto al portátil por si se conecta. Compruebas que es más alta o más baja o más rubia de lo que se aprecia en la foto del perfil, dicen: ( nadie es tan guapo como en el “feisbu” ni tan feo como en el dni)
Cuando menos lo esperas aparece, te quedas petrificado.Todo el cine de Tarkosvski, de Antonioni, que la noche anterior surgió en conversaciones sin voz, hoy se olvidan para vivir una realidad rara, casi ficticia, como personajes de Wody Allen, que con voz en off, se lamente de no haber dicho “te invito a una cerveza”.
Se cruzaron, se miraron y cada uno siguio su camino porque el mundo real, el de la calle, no es el suyo. El suyo es el que esta detrás de la pantalla del ordenador con wifi sin cable, sin contacto, sin piel, sin besos. sin sexo, solo con palabras mudas, sin mirarse a los ojos ni tocarse , una farsa a la que están habituado y que no puede resistir la presión del cara a cara. Da igual que, ella, en persona, sea más guapa, que le guste su forma de andar sus gestos, no se atrevió a decir “yo soy el del feisbu” para no romper la fantasía de las palabras noturnas sin tacto. Sabe que ella también le ha reconocido y cuando llegue la noche continuara la mentira acariciando las frías teclas del ordenador. Para formar la frase “cuanto me gustaría acariciar tu pelo”.
El domingo 11 estuve como espectador en la media maratón Elvas Badajoz. 1.000
corredores tomaron la salida.
Cuando yo corría, en las primera ediciones, éramos unos 300. He visto a muchos de mi generación que todavía están en forma, han perdido posiciones en la meta, tardan más tiempo en llegar pero esto no es importante para los que corren solo por el placer de correr.Vi la carrera en la Avenida de Villanueva, próximo a la meta, reconocí, en un grupo de cabeza, a Manuel Perozo, de Llerena, siempre queda de los primeros, hace años que no lo veo vestido con ropa de calle. Perozo, siendo de un pueblo llano, ha sido campeón de España en carreras de altas montañas. También vi, entre los corredores populares: a Carmona Méndez, el que fue árbitro de fútbol en primera división, al presidente del club de atletismo“aacb” y que tiene una página en internet con la información de todas las carreras junto con amplios reportaje fotográfico de los participantes en distintos puntos de la competición; a un corredor manco, a mi cuñado Jorge, he visto a profesores, a militares,a la que me arregla los papeles en Muface. ¡Mira el pediatra de los niños! grito una madre a mi lado. He visto a gente que conozco de Badajoz que no imaginaba que corrían, a otros con camisetas de club de pueblos, a
portugueses a una corredora de Tenerife.
La llegada ha sido emocionante, dos atletas han disputado la victoria al sprint,eso esta bien, pero a mi me interesan más los últimos, los héroes anónimos que le dan a la prueba ese toque épico. Me interesan aquellos que llegan a la meta casi a rastras después de 21 kilómetros, un esfuerzo que comienza muchos días y meses antes, cuando se levantan del sillón, haga frío o calor, se ponen los pantalones cortos,y las zapatillas y empiezan a correr por la ciudad o los caminos sin dejar que la pereza gane a la voluntad.
El corredor popular sale a entrenar quitando tiempo a la familia, a los amigos, cuidando la alimentación,limitando su ocio, a cambio de todos estos sacrificio no obtendrán dinero, ni prestigio social, solo la satisfación de haber llegado a la meta, quizás un minuto antes que el año anterior, y tener, al día siguiente, unas placenteras agujetas que le dificultarán para alzar el brazo cuando explique a sus alumnos, en la pizarra, la rima del soneto, o pisar el embrague del taxi, o aguantar de pie en la cola del paro, o subir las escaleras del hospital para pasar consulta.
La maratón es un acto de generosidad, un sacrifio al que el banco, todavía, no ha puesto precio.
Voy solo por la calle. Camino hacia la plaza de España. Es 14 de noviembre, a la 18 comienza la manifestación. Paso por María Auxiliadora, por la Avenida de Villanueva, junto al Corte Inglés, entro en la Avenida de Huelva, huele a castañas asadas.
Veo a muchas personas que siguen su rutina, que van y vienen indiferente a la manifestación.
Paso por San Francisco, desde el kiosco de la música suena una canción de Serrat “entre esos tipos y yo hay algo personal” algunos llevan mi mismo camino, otra viven indiferente a esta manifestación pacífica que se concentra unos metros más arriba, quizás, muchas de ellos, serán los que estan sufriendo las consecuencias de las medidas del gobierno destinadas a los más débiles.
Muchos de los que pasan a mi lado piensan que esto no va con ellos, que las cosas llevan su propio camino, que son otros quien las tienen que resolver. Quizás la huelga no sea un buen sistema de protesta porque hay muchos que no pueden faltar al trabajo pero una manifestación no tiene coste.
Pienso en todas las medidas de Rajoy para sacar adelante al país, a los bancos y y a los suyos, no sabría elegir la más inhumana, quizás quitar parte del sueldo cuando enfermas o la rebaja de ayudas a los ancianos dependendientes, con esta crisis es mejor no enfermar ni envejecer.La gente se suicida porque no puede pagar sus casas al banco.
Muchas personas siguen paseando por Badajoz indiferente ante las protestas. Quizás sea verdad aquello de que tenemos lo que nos merecemos. quizás muchos de los que pasan indiferentes a esta manifestación son aquellos que gana 1.000 euros al mes y les has quitado parte de su sueldo y la paga extraordinaria y siguen pagando una hipoteca, que sube cada año, igual que la luz, el agua, el gas y el pan.Personas mileuristas que destina parte de su sueldo en pagar,durante 30 años, la casa donde viven y tienen el sueldo ajustado como el
guante de rita hauworth. O desempleados.
Se multiplican las personas a las que le quitan la casa y su deuda permanece para sacar adelante lo único que importa a este país dirigido desde fuera.
Los únicos no afectados por la crisis sabemos todos quienes son, esos que dicen que es el mayor problema del país y que no se bajan sueldos ni se quitan días de vacaciones y viven en un mundo diferente de las personas que un domingo se molestaron en ir a votarlos.
Andaba muy derecho, ni siquiera los pantalones caídos, por donde se le veían unos calzoncillos azules, le daban el porte desaliñado que buscaba y la naturaleza le negó. Se sentó en un banco del parque después de saludar a sus colegas estrechando manos, puños y hasta codos, una serie de gestos ensayados, saludos pandillero, complicidades para afirmar y delimitar un grupo cerrado.
Dos chicas de la misma edad sentadas en un banco próximo fumaban y hablaban, una de ella, la de los pantalones ajustados como una segunda piel, le explicaba a su amiga entre muchos “vale”, “me entiendes” y “jo tía que fuerte”, que ellas eran chonys, que las pijas son tontas, que tienen la melena larga peinada a un lado, llevan pendientes redondo como perlas, ropa de Tommy Hilfiger con pañuelos o fularares al cuello y complementos de Tous.
Cuando llegó el gallito, llamemosle Jonatan, la choni que hablaba con pinta de llamarse Jesica, se levantó y fue hacía él. “Acho dame un papel” él tenía el pelo de punta, fumaba con el cigarro colocado en un extremo de la boca, me recordaba a John Travolta en fiebre del sábado noche, Jonatan levantó un poco el culillo del asiento del banco y sacó del bolsillo trasero un papelillo, que sin mirar, le dio a la adolescentes.
Jesica, tendría unos 14 años, miraba fijamente a los ojos de Jonatan entre retadora y coqueta, cogío del fortuna el último cigarro, estrujó el paquete vacío y lo tiró al suelo del parque sin ningún pudor, se sentó juanto a él para liarse un porro, a su alrededor, adolescentes, de edades similares, hacían virguerías circenses y arriesgadas con bicicletas de rueda de colores, haciendo de pavo reales delante de ellas, luciendo, en lugar de majestuosa cola de ave, calzoncillos de colorines.
Presumian haciendo caballitos, frenadas bruscas saltos y demás virguerías entre niños pequeños y ancianos que paseaban con dificultad y temor sus muchos años. mientras Jesica y Jonatan, ajenos a todo el circo, se abrazaban y besaban apasionadamente con con los ojos rojos y brillantes entre risas incontroladas que salían de sus aniñadas bocas de 14 años




Olivenza





