Hoy

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VECINOS
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Diego Algaba | 22-01-2017 | 08:44| 0

Estás cerca. A mi lado. Casi puedo tocarte si estiro los brazos. Sin embargo, estás lejos. Eres tan igual y tan distinta a mi que me provocas dudas y ganas de seguir conociéndote. Quizás por eso también te quiero. Cada vez que me acerco te siento como un olor a guiso que se cuece en la lumbre a fuego lento. Hueles a madera en invierno, a la paz que da un libro viejo cien veces leído, mil veces descubierto como si fuera nuevo. No existen veranos ostentosos  todo es normal y  asequible en ti. Nunca tienes prisa y cuando te veo siempre te encuentro esperando aunque sé que nunca me esperas. Muchas veces te ignoro y otras te amo y siempre me recibes bien a pesar de mis injustificadas ausencias. Te conocí mucho antes de conocerte y te soñaba tal y como eras. Con esa serenidad, con esa naturalidad que da la sencillez, con esa falta de prisas, da igual que llegue la noche y luego de nuevo el día acompañado de tu conversación musical.

Antes no te veía porque los muros eran altos y yo bajo. Las puertas eran de difícil acceso. Me intimidaban los guardias que había entre tú y yo. Me vigilaban cada vez que entraba en ti. Sentía sus miradas de sospecha en mis ojos. ¿Que pensaban? ¿Qué tú y yo no eramos la misma cosa? El tiempo ha pasado y ya no me basta con mirar desde lejos, ahora quiero verte, tocarte, sentirte cerca y dentro de mi, conocer tus debilidades, tus sentimientos. Hueles a café solo, a cilantro, a fachadas pintadas de azul, a domingo en sábado.

Dicen que una raya imaginaria nos separa como si alguien pudiera separarnos.

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DE CAJA BADAJOZ A IBERCAJA
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Diego Algaba | 20-01-2017 | 18:08| 0

Cuando empecé a trabajar y necesite tener una cuenta bancaria lo hice en Caja Badajoz.

Caja Badajoz sonaba a cercano, a lo nuestro, a las furgonetas de APROSUBA, al local de ASPACEBA,a libros con pintura de Luis de Morales y Eugenio Hermoso.

Ahora se llama Ibercaja. Badajoz desapareció de sus rótulos. Según dicen por una mala operación realizada con Caja Zaragoza. Han jubilado o trasladado a la mayoría de los trabajadores con los que tenía un trato más cercano. Ya nadie me tutea cuando entro en las oficinas; muchas sucursales han cerrando; los cajeros no funcionan los fines de semana, sobre todo el del Juan Sebastián Elcano. Algunos hemos mantenido la cuenta más por inercia que por cariño.(aunque cariño sea una palabra que rechine hablando de bancos).

El día de Nochebuena el cajero se trago mi tarjeta. Estuve llamando incansablemente al teléfono escrito en la pared, un 902 donde me saltaba continuamente un contestador diciendo que en breve me atenderían. La brevedad duro 6 horas. A los dos días tuve que ausentarme de mi trabajo para recuperar la tarjeta. En el banco había un empleado donde antes había dos y una cola que llegaba hasta la puerta. El paso de Caja a Badajoz a Ibercaja ya está casi terminado.

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EL SECRETO DEL AGUA
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Diego Algaba | 18-01-2017 | 08:11| 0

Me encuentro con un día de vacaciones. Aprovecho para hacer unas gestiones en Aqualia. Camino despacio por calles silenciosas después del bullicio de la navidad: puertas grandes, zaguanes con macetas, casas de una planta, balcones con flores, fachada de colores, bares, tiendas. Camino contemplando la belleza del casco antiguo. Bonito para ver, difícil para vivir. Llego a Aqualia. Hay una cola importante, todos están callados mientras esperan su turno, no se oye un solo murmullo, una sola protesta. Yo vengo de otro ambiente más bullicioso. Es acogedora la silenciosa sala de espera de la oficina del agua frente al ruido de los centros sanitarios. Queda lejos aquellos años en los que las cosas médicas eran más respetadas.

Subo a la Plaza Alta. Compro un libro en la churrería de Moreno Zacudo por un euro. Regreso despacio. Hago fotos. En la calle del Obispo entro en la exposición de la sala Vaquero Poblador, no me llama la atención. Entro en la librería de la Diputación, compro un CD de la Kaita y el libro de Tomas Martín Tamayo, me lo dan en una bolsita blanca, coqueta, con asas de cuerda, meto también el comprado en la churrería: Francisco Umbral, Las ninfas, lo tengo, lo he leído, pero lo habré perdido en una de las mudanzas, es una de las desventajas que tiene vivir de alquiler.

Me gusta tener los libros leídos, tarde o temprano vuelvo a ellos. Desde hace años elijo a cuentagotas los nuevos. Me estoy perdiendo a “zafones”, catedrales y santo grial. Dedico mi tiempo a libros conocidos que me hacen sentir, pensar, reír, llorar… esos que sé que no me van a defraudar. El de Martín Tamayo, a pesar de ser nuevo, hay que leerlo. Hasta ahora solo llevo cien páginas pero me ha enganchado El secreto del agua: el maestro Antonio Godoy, su mujer Cristina, a su hijo Blas, al pueblo de Pajar de los Encinares y el cortijo de los Ojeda.

Siempre tengo dos libros encima de la mesa uno en prosa y otro en verso. Al de Tamayo, le acompaña Valente aunque El secreto del agua también es poesía. Ese pueblo de los Encinares ya siempre formará parte de mi como Macondo o Comala.

 

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20 de enero 2017
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Diego Algaba | 15-01-2017 | 15:46| 0

fotografía de Diego Algaba

Algunas veces caigo en la tentación de escribir sobre mi: de lo que me gusta o disgusta, de si estoy contento o triste, de amores correspondidos o contrariados, de tediosas tardes de domingo donde el reloj avanza lento, de analizarme en los textos como si mi vida pudieran atraer a otros más interesantes que yo, escribir como si mis experiencias fueran importantes para los demás.

Podría narrar la belleza del paisaje que encabeza el texto, pero la belleza no es igual para todos. Hay quien no tiene la tranquilidad suficiente para contemplar con ojos sublimes, esos para los que la luz del sol son negros nubarrones a punto de estallar en una tormenta de truenos. Todos esos a los que le faltan lo indispensable para vivir, los que no saben como van a conseguir el pan de mañana. Es fácil escribir sentado en el sillón de un hogar feliz sobre la infelicidad. ¿Qué beneficios obtendrán con esta inútil lectura todos a los que el mañana les crea tanta incertidumbre como al mundo los días posteriores al 20 de enero?, esa fecha fatídica en la que empezará a dirigir el planeta un rico de la construcción, un blanco lechoso llamado Donald Trump. No sabemos con que ojos volveremos a ver los próximos atardeceres.

 

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HACE FRÍO FUERA
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Diego Algaba | 07-01-2017 | 21:57| 0

Un corazón vaga solo entre la gente. Camina sin destino ante la indiferencia de los demás en un desierto gélido de almas donde nadie importa a nadie. Hace tiempo que dejó de tener lunes, martes... vive en días sin nombre. Deambula sin rumbo explorando senderos desconocidos, perdido entre una multitud de personas con bolsas llenas en las manos que se dirigen a sus cálidos hogares. Algunas veces, el líquido tinto del tetrabrik, quita el frío y le hace sentirse dentro del mundo aunque siga siendo invisible para todos.

Oscurece. Cae la noche como una losa. Sentado en el banco de madera observa como se encienden las luces dentro de las casas. Mientras tanto, él, sigue descubriendo bares de vino barato, conociendo corazones tan heridos como el suyo en noches desesperadas de alcohol y silencio, para regresar al vacío helador de una casa de cartón tan frágil y desprotegida como sus pensamientos, cada vez más huecos, cada vez más confusos. Duerme acompañado por el silencio de una radio sin pilas que no habla. Duerme sin un susurro, sin unos brazos que le abracen, sin nadie que le toque, sin caricias en el cuerpo, ni en el alma.  

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JÓVENES
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Diego Algaba | 02-01-2017 | 21:04| 1

Tengo la suerte de haber podido ir a la comida de los compañeros de trabajo porque sé que hay muchos que no tienen compañeros ni trabajo.

Ese día hablé con ella en un escenario distinto del laboral. Es enfermera. Una de esas jóvenes que pertenecen a la generación mejor preparada. María realiza una sustitución por baja maternal, eso quiere decir que en unos meses volverá a las listas del paro. No son los que más valen los que más oportunidades tienen. Si tuviera que utilizar los servicios hospitalarios me gustaría caer en sus manos, toparme con una profesional que sabe lo que hace, que transmite seguridad a pesar de su juventud.

Cuando se quita la bata solo es una chica de 27 años, una joven como todas las de su generación, guapa a rabiar que derrocha entusiasmo y vitalidad. Disfruta de su ciudad, de su trabajo y pelea por seguir trabajando y viviendo aquí. No quiere marcharse al extranjero como muchos de su promoción. Me contó que pertenece a una murga, Las Polichinelas, canta, actúa y colabora en la composición de las letras. Le dije que estaba interesado en conocer los intríngulis de las murgas  para escribir una columna sobre el trabajo realizado antes de salir al escenario. Quería verlas en el tajo, en pantalón vaquero y chándal sin el glamour del López. Así que, engrandecido por el vino, me metí en el papel de columnistas como si fuera uno de los grandes, como un Alonso de la Torre o Antonio Tinoco. María me invitó a uno de los ensayo. Ahora, que ya pasó la euforia etílica, y soy consciente que no juego en la primera división del columnismo, no iré. Que pinto yo con una libreta y un bolígrafo en un ensayo,si no sé que preguntar ni en que tengo que fijarme para escribir un artículo. Sin embargo, María me ha hecho pensar en esos jóvenes que viven con pasión las cosas de su ciudad y que tienen que marcharse dejando familia, amigos y costumbres por falta de oportunidades, ahora que es cuando más falta hacen personas ilusionadas y preparadas para trabajar en nuestros Centros de Salud y Hospitales. Algo por lo que tienen que luchar nuestros gobernantes y toda la sociedad aunque solo sea por egoísmo, ¿Qué haremos cuando solo quedemos los viejos? Ir a buscarlos a Alemania,Suiza, Ámerica…

 

 

 

 

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NAVIDAD
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Diego Algaba | 27-12-2016 | 17:41| 0

La luz vuelve a mis ojos y el sosiego a mi estómago. Se hizo el silencio en la calle. Los petardos dejaron de sonar, el ruido de los coches también, de vez en cuando pasa uno sin aspaviento ni música de reggaeton, solitario, como despistado, sin querer hacer ruido, intentando pasar desapercibido, Se oye su motor como una sinfonía silenciosa para saber que seguimos en el mundo de los vivos después de los excesos de la noche.

Me gusta estar sentado en la paz del brasero mientras en el exterior la noche se espesa, me gusta arroparme con la saya, sentir el calor en las piernas subiendo por el cuerpo hasta provocar un estado letárgico. En esta misma casa y en este salón estuvieron ayer todos a los que quiero, faltaron algunos. Vivir es fácil algunas veces.

Quiero estar en todos las emociones donde tu estés, en todas tus sorpresas. Mi pequeña derrocha ternura y amor. Me gusta ver como juegas con tus primos en esta tarde fría, observar y buscar en tus gestos los gestos de tu madre y en tus palabras mis silencios. Nunca te volveré a ver como hoy, mañana serás otra, más grande,más alta y el uno treinta y cinco pasará a ser uno treinta y seis. Creces mientras los demás permanecemos igual.

Rápidos siguen los días a los días, esto no tienen freno.

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LA MALA EDUCACIÓN
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Diego Algaba | 23-12-2016 | 08:19| 0

Llega ese momento de la tarde que lo único que quieres es ponerte las zapatillas, sentarte en tu sillón, enchufar el televisor, coger un libro, y tener al lado alguien a quien querer y que te quiera. Una tarde donde buscas mantener la distancia con los acontecimientos diarios.

Contagiado por el ambiente navideño de luces que te llevan en volandas hasta las tiendas. Una atmósfera que enternece el corazón y afloja la cartera y te hace entrar en ese trance en que las emociones vencen al rencor.

Estamos en Navidad desde últimos de Noviembre. Ya no dan el pistoletazo de salida los niños de San Ildelfonso. El comercio le ha tomado el relevo al espíritu católico, todo en esta vida lo estamos traduciendo a euros. Bueno… Sigo por donde iba.

Hace una tarde navideña perfecta, hasta se ha espesado la niebla, solo me falta la paz de una chimenea con un perro peludo tumbado en la alfombra. Un día de navidad de catálogo hasta que enciendo el ordenador y entro en Facebook. Compruebo que todo sigue igual. Algunos grupos se están convirtiendo en el Sálvame Deluxe Extremeño. Kikos Matamoros y Belenes Esteban locales echan espuma por la boca, personas que parecen tener como referentes esos programas televisivos de gran aceptación que tanto daño hacen a los débiles de mollera. Muchos adolescentes quieren ser famosos en lugar de ingenieros, ganan más, estudian menos.

La falta de educación se esconde detrás de la pantalla repercutiendo en el comportamiento de la calle.

Días atrás, cuatro adolescentes circulaban en bici por la Avenida Villanueva haciendo caballitos de forma peligrosa para los peatones. Un señor mayor les llamó la atención; en lugar de amilanarse se encararon con él; le llamaron viejo riéndose de sus limitaciones; tampoco se intimidaron cuando yo intervine. Muchachos en edad de aborrecer lo que sus mayores estiman, desprecian la seguridad y se burlan de la convivencia.

No creo que estos niños lean este artículo, quizás sean los elegidos de muestra para el informe PISA en Extremadura, aunque haya otros muy diferentes, pero ese es otro tema largo y complejo.

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BADAJOZ
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Diego Algaba | 17-12-2016 | 22:14| 0

Te miro desde arriba. Desde la muralla de tu castillo y me gustas, y no me gustas, y a veces te quiero y otras no. Subido en estas piedras te observo y tú me ignoras. Soy para ti una pieza perdida de un puzzle que se desencaja cada mañana. A veces no quiero verte, otras no soy capaz de dejar de mirarte. Son esos días en los que te pones guapa y pareces una mujer recién salida de la ducha oliendo a espuma. Entonces es cuando salgo y recorro tus calles. Las miro como si fuera la primera vez que las veo, tan distintas como ayer, tan iguales como siempre y te recorro eufórico, y me lleno de holas y adioses y apretones de manos y miradas curiosas. Cada día soy distinto , igual que tú, que tu sol, que la luz que ilumina tus rincones, portales y balcones llenos de geranios.

Aprendí a quererte en la distancia, cuando estaba por otros mundo, y en otras cosas.

Hoy te veo bonita, otras veces siento la desolación de tus mediodías de agosto. Hoy te siento como esos momentos buenos de atardeceres naranjas vistos desde el puente viejo, o desde aquí, o esos días que te escondes en el misterio de tus nieblas invernales.

Detrás de mi, una pareja de jóvenes se besan con pasión al volver del laberinto de la noche, una noche deformada por el humo de las luces centelleantes y el ruido que dejan las palabras en el aire perdidas en la desmemoria de vasos vacíos.

Estoy delante del Convento San José, a lo lejos se levanta majestuosa la Catedral, a la derecha el río pasa por debajo del puente viejo.

Me quedo mirando a un pájaro que vuela buscando el calor del sur entre los tejados más altos.

Escucho silbar al viento ahora que cesó el ruido de la noche, ese ruido que para algunos es un susurro de sirenas. Todos hemos sido jóvenes, hasta yo que nací siendo viejo.

Se apagaron los cantes flamencos que salen de las entrañas empujados por la fuerza del vino.

Me quedo con el silencio de la mañana, con este olor a limpio de domingo, y miro, protegido por las capas del tiempo, el amanecer que da brillo a tus edificios.

Respiro hondo y me siento como si el sol saliera desde dentro de mi e iluminara mi interior a la vez que da luz a las paredes del convento.

Y te miro desde arriba y me envuelves en tus sabanas silenciosas de domingo para quererte otra vez y volar por encima de tus tejados rojos.

Hoy te quiero, aunque no sé hasta cuando.

 

 

 

 

 

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EL RÍO
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Diego Algaba | 11-12-2016 | 07:33| 0

En la soledad del río se escucha un inquietante silencio que te hace permanecer alerta como si en cualquier momento pudiera pasar algo. Por ejemplo,ver surgir del agua un barbado Neptuno amenazando con su tridente, aunque lo peor no es eso, lo peor es el silencio que te enfrenta contigo mismo. Si gritas, el eco te devuelve tu propia voz como un bumerán amenazante.

Navegando por el sigiloso río no puedes huir del enfrentamiento, de estar solo contra ti sin aderezos, mentiras, maquillajes, ni aduladores.

Inquietantes aguas que se renuevan sobre si mismas engullendo la vanidad hasta llevarla al fondo oscuro, donde se mezcla con el lodo para salir purificada y emerger en la humildad del yo diminuto, de ese ser insignificante que eres ante la magnitud de la naturaleza.

Quién se crea importante que venga al río y se enfrente a su silencio.

 

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