Hoy

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BARES
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Diego Algaba | 02-02-2016 | 18:39| 0

“Bares que lugares tan grato para conversar” cantaba Gabinete Caligari mientras bebíamos cerveza acodados en la barra. Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina.

Me gustan los bares de barrio donde los clientes participan de tertulias comunes, porque no siempre las tertulias son en el café Gijón.

Un buen cliente nunca se emborracha. Al bar no se entra para beber sin control si no para relacionarse.

Un día de diario es difícil encontrar en un bar a personas que no superen los 40. Los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en una noche.

Se está perdiendo la costumbre, entre compañeros, de entrar en el bar después del trabajo, donde en el ambiente relajado de la barra se habla sin la tensión de la faena pudiendo limarse las susceptibilidades que hayan surgido. Los grupos de “wuasa”, sin verse las caras y protegidos con la pantalla del móvil desde el sillón de casa, no son lo mismo.

Bares nocturnos donde la música y el gin-tonic hace ver la sonrisa donde no hay sonrisa y la belleza donde no hay belleza. La belleza se esconde debajo de la piel. Embellece más a una persona la palabra,que ninguna cirugía estética.

Me gustan los bares con olor a bar,a pestorejo, vino, conversación y máquinas tragaperras.

Bares familiares con olor a puchero y ambiente hogareño donde los clientes se sienten como en su casa, algunos hasta mejor.

El secreto de los bares esta en el aperitivo. No entro en los que ponen patatas fritas congeladas.

Aunque no fumo ni he fumado algunas veces echo de menos ceniceros llenos y botellas vacías; tardes de humo y charlas sin horas; de cuatrola y dominó; de risas y lágrimas. Porque La poesía no solo se descubre sentado en el sillón de casa leyendo a la luz de un flexo.

Como dice Gabinete “No hay nada como el calor del amor en un bar”

 

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LA CAFETERÍA DEL TANATORIO
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Diego Algaba | 19-01-2016 | 21:52| 0

Escribo esta Plaza Alta el día en el que realmente empieza el 2016 con la intención de no hacerlo sobre gimnasios, dietas de adelgazamiento ni clases de inglés.

El 7 de enero es cuando las campanadas golpean con la fuerza de la realidad. El 7 de enero ya no hay uvas, serpentina ni brillos. Volvemos a un mundo sin disfraz. Cristina Pedroche se quita el traje transparente para ser María, Carmen o Pilar. Después de tres semanas de fantasía regresamos a la cup, a los que quieren gobernar a cualquier precio. Pedro Sánchez no tiene sufiente con ser guapo, también quiere ser Presidente, y es que tiene que ser guay para un Sánchez presidir el país.

Las campanada de realidad golpean de nuevo y me encuentro otra vez en una sala del tanatorio de Puente Real. En pocas horas he cambido los pinos con luces por oscuros cipreses. Mi tía Marina aprovecha el final de la Navidad para su final. Murió la mujer que vivió como quiso disfrutando las ventajas de estar sola sin sentir el aguijón de la soledad. Empiezo el año en un tanatorio aunque el día de Reyes sea un mal día para morir. Si ella hubiera sabido que la cafetería estaba cerrada hubiese muerto al día siguiente. Un tanatorio es una empresa a la que nunca les falta clientes y la cafetería es tan importante como la venta de flores o la gestión de las esquelas. A los familiares y amigos vivos no le basta recordar al fallecido sentados en la sala donde las agujas del reloj retroceden para recorrer toda una vida, también es necesario pasar el mal trago con algún trago.Todos los servicios son necesarios aunque sean insuficientes para digerir la perplejidad de la muerte.

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“LA MONTAÑA MÁGICA” THOMAS MANN
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Diego Algaba | 01-01-2016 | 01:17| 0

Salgo de casa sin rumbo. No se donde ir, solo quiero salir. Tengo los ojos cansados de leer. Me quiero escapar de esta “Montaña Mágica” que me tiene atrapado.

Hace un día gris. En la calle no sé si girar a la derecha o a la izquierda. Tengo la misma duda que el domingo que salí a votar. Respiro fuerte. El aire es de una calidad extraordinaria, igual que en el sanatorio de Hans Castorp.

Empiezo a andar. Llego al MEIAC, hace mucho que no entro. Cada vez que voy a una ciudad visito todos sus museos, Sin embargo, ya no sé el tiempo que hace que no piso el nuestro, el que tengo al lado de casa. Me gusta la tercera planta, la de Barjola. Pero sobre eso no escribo, el arte se explica por si mismo.

Cada vez que atravieso el silencio de los jardines del museo recuerdo esa otra estampa de cuando era una cárcel, a sus pies estaba el LEDA. Autobuses que buscaban otros destinos. Era como una metáfora de libertad para los presos que permanecían encerrados en sus celdas soñando con poder subir a algunos de aquellos autobuses y escapar. Reanudo el paseo, me propongo subir hasta la Plaza Alta aunque ya he agotado el espacio del artículo y apenas he avanzado trescientos metros. Con lo rápido que avanza el mundo y yo sigo sin salir del aquí, de mi barrio, de mi gente, de lo cercano, de lo que tengo a tiro de piedra, de lo que conozco. A mi también,algunas veces, me gustaría subir a uno de esos autobuses y huir, sobre todo en Navidad. Doy la vuelta para regresar a Thomas Mann y continuar leyendo sobre ese tiempo distinto y monótono del balneario para tuberculosos, cada uno es preso de sus pasiones. El paseo hasta la Plaza Alta puede esperar.

 

 

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NAVIDAD ¿FIESTA RELIGIOSA?
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Diego Algaba | 22-12-2015 | 22:01| 1

Que fácil es escribir de la infelicidad desde la felicidad. Que fácil es escribir de la navidad en navidad, cuando no existen dificultades para ganar la batalla contra la maratón del atracón, y tener la suficiente resistencia para aguantar todas las etapas sin desfallecer ni física ni mentalmente.

Un desmesurado afán por engullir, por beber nos posee durante dos semanas, casi tres, como si fuéramos pollos de granja a los que engañan durante noches que transforman en días con potente iluminación para que sigan cebándose.

La primera meta de la maratón es la comida con los compañeros de trabajo. Que fácil es asistir a la comida con los compañeros cuando tienes un trabajo al que regresar, y ponerte estupendo y meter la nariz en el vaso como un experto y observar el vino como si mirases un documento secreto sin secretos para ti.

Los que hacen cola en el SEXPE no se reúnen para comer. Quizás algunos coincidan en comedores sociales.

Que fácil es criticar la navidad y no perderse ninguno de sus pasos: turrones de Castuera, cava de Almendralejo, abrazos al jefe, besos a las compañeras, la lotería, Rapahel…

Que fácil es emocionarse en navidad para los que tienen a quien querer y quien les quieran. Que fácil es llorar en navidad para los que tienen que fingir el amor del que carecen con una sonrisa sin tener nadie a quien abrazar. Que fácil es vivir la navidad para los que no piensan en la navidad.

Que fácil es pasar el amargo trago de la navidad a los que no nos gusta, a los espartanos que preferimos la austeridad antes que el brillo, aunque cambiemos de pensamiento cuando los hijos son pequeños… Que fácil es la navidad para los niños y para los adultos a partir del 7 de Enero.

Navidad para héroes con estómagos de hierro y bolsillos elásticos.

 

 

 

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PERROS SUELTOS
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Diego Algaba | 14-12-2015 | 21:11| 1

Caminaba solo por la acera de la Avenida Juan Sebastián Elcano, con los andares pausados de los pastores alemanes. Llevaba la cabeza baja. Su baba caía al suelo deslizándose por sus enormes colmillos. Bajé de la acera cuando me crucé con él. Unos metros más atrás, con la correa en la mano, su dueño me sonrió. “No hace nada”. me dijo. En realidad quería decir, eres un cobarde que te asustas de un perro. No hace nada dijo con la rotundidad de la ignorancia, como si pudiera controlar la improvisada reacción del instinto animal. No hace nada excepto ir asustando a hombres, mujeres, ancianos y niños. Su dueño, con la correa en la mano, repetía con chulería “no hace nada” ante la cara de pavor de los peatones.

“No hace nada”, “solo quiere jugar”. “¿Quieres que lo ate?”, me preguntó, riéndose, una señora cuando vio la cara de terror de mi hija de tres años,que salió corriendo a refugiarse entre mis brazos cuando jugaba en del parque de la calle Alconchel, “¿Quieres que lo ate?” No soy yo quien tiene que responder. ¿Acaso no tiene la obligación a esas horas de llevarlo atado?

Voy en bicicleta por el nuevo paseo del río cuando un perro suelto se cruza en mi camino. Doy un frenazo, estoy a punto de caer. Unos pasos por delante, el dueño, con la correa en la mano,camina y habla de fútbol con otros, ni siquiera se da cuenta del percance. El perro, suelto, corre por la tierra, por el césped… va sin control deambulando entre las personas que a esa hora frecuentan el paseo. Su dueño mira hacia atrás. Lo ve y sigue su apasionada conversación y su marcha.

Me gustan los perros. Tuve perro cuando viví en el campo, pero creo que lo peor de los perros es que no pueden elegir a sus dueños.

 

 

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COMO TODOS LOS DÍAS
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Diego Algaba | 05-12-2015 | 06:41| 0

Bajamos las escaleras como todos los días. No quiere ir en el ascensor. Tampoco le gusta que la lleve en coche, prefiere ir andando. Salimos a la calle,me da la mano.El paseo Condes de Barcelona ha adquirido esa tonalidad amarilla del otoño. Han empezado a caer las primeras hojas de los castaños de indias. Un manto amarillo intensifica, en toda la avenida la sensación de alfombra mullida. En la tienda de perros está sentada la chica de todos los días que nos saludaba con una sonrisa. Me dice “¡mira!” señalando un cartel de Dora la Exploradora que anuncia un espectáculo ya pasado. ¿A que soy mayor? me pregunta extendiendo los brazos hacia el cielo. todavía no ha descubierto la estafa del paso del tiempo. Con ella cada día es igual aunque sea nuevo, aunque crezca sin darme cuenta, aunque me sorprenda con una reflexión que considero impropia de su edad. Atravesamos la avenida, seguimos por el parque de la vaca. Todas las mañanas pasamos por los mismo sitios. Se agacha y coge del suelo dos piedras. Me da una “toma, un regalito para ti y esta para mamá” y se la guarda con mimo en el bolsillo del baby. Seguimos andando por la calle Rota a esa hora en la que la acera se convierte en un río de padres con niños. Los padres retomamos una infancia lejana como si fuéramos nosotros los escolares. Los hijos nos devuelven a un tiempo pasado. Volvemos a coger lápices de colores dándole brillo y sentido a nuestras vidas. Llegamos a la escuela. La dejó con Inmaculada, su maestra. Tardamos 15 minutos. los 15 minutos de todos los días en los que me trasformo en otra persona y olvido: Siria,Francia, Vara, Monago,Rajoy, PSOE Iglesias,Ciudadanos, las elecciones…15 minutos en el que estoy ausente de este mundo imperfecto que a lo mejor debería estar gobernado por la generosidad de los niños.

 

 

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LA FIESTA DE LA DOPAMINA
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Diego Algaba | 24-11-2015 | 21:23| 0

Cuatro tardes a la semana cruzaba Badajoz con una bolsa de deporte camino del campo de la Federación para entrenar con el Flechas Negras. Los bares estaban llenos de hombres fumando y tomando vino. Las mujeres hacían la cena en casa. Nadie iba en chándal por la calle y a los pocos que corrían en pantalón corto se le etiquetaba de raros o locos. Hace tantos años de aquello, que el 20N era un día más. Hoy, cualquier tarde de diario, los bares están casi vacíos, ya nadie fuma dentro, excepto en algunos. La calle se ha transformado en una fiesta de colores alegres y centelleantes; pantalones cortos, mallas ajustadas, camisetas reflectantes; personas andando, corriendo, en patines y bicicletas; Hombres, mujeres, mayores y jóvenes. El paisaje urbano ha cambiado transformado aquellos colores tristes de hombres vestidos de gris que consumían sus horas de ocio y de vida en el interior de un vaso, aumentando en las estadísticas el número de viudas.

Ahora, desde hace algunos años, en Badajoz tenemos el polideportivo de La Granadilla siempre lleno de deportistas: los que corren por el camino de tierra, los que lo hacen por la hierba, los del rugby que mueven sus más de cien quilos por el césped como elefantes en estampida, los del fútbol que están en todas partes, los nuevos y los de siempre: Manolo Unión, Tina María Ramos, Antonio Villar, Juan José Nuñez…

Los corredores populares corren por el placer de correr. Gozan cada kilómetro sin tener la necesidad de llegar primero, de competir. Es la fórmula para disfrutar las carreras, también de la vida. Los hay de todos tipo: Solitarios que corren sin estar pendiente de otros. los que se dejan llevar por el grupo, los que se aíslan con auriculares, los que van escuchando los sonidos del campo, de su corazón, de sus pensamientos

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SANIDAD PÚBLICA
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Diego Algaba | 11-11-2015 | 06:27| 1

Me derivó el médico de cabecera a urgencia hospitalaria por lo que parecía una Neumonía. Me vuelvo ñoño y cobarde cada vez que veo la retorcida cruz verde del SES y el celador dice mi nombre en voz alta para pasar a la consulta.

El primer sanitario que me atendió fue un enfermero en la sala de triaje; un tío simpático, campechano, amable, si supiese su nombre lo escribiría aquí. Me dijó que me conocía de leerme en el periódico. Me gusta que me reconozcan por los artículos pero en esas circunstancias ni sus halagos sirvieron para atenuar mi nerviosismo. Ese día había disfrutado de la calle, de las tonalidades del amanecer y más tarde me encontré atrapado en una minúscula consulta con una camilla, una botella de oxígeno y aparatajes que parecían más de un cuarto de tortura que de un lugar para sanar.

Empezó el proceso: Radiografía, analísis y espera de diagnóstico en la sala que llaman de los sillones. Cada sillón tienen un número. Dejas de ser Diego para ser el tres. Junto al sillón hay tornillos que sobresalen para conectar oxígeno, goteros y toda esa parafernalia de aparatos del pánico. Menos mal que no me dieron el pijama verde abierto por atrás porque ese es el momento en el que uno entrega su orgullo a todas los que van vestidos de blanco y llevan un fonendo colgado del cuello. En analíticas y radiografías puede salir cualquier cosas y solo necesitas suerte para que en el bombo no toque la bola mala. No puedo dejar de pensar en negativo durante la larga y oscura espera de un diagnóstico. Para estar enfermo lo único que se necesita es estar sano.

En la sala de los sillones había una chica con aspecto remilgado retorciéndose de dolor por un cólico nefrítico conteniendo las arcadas ante la imagen del paciente de brazos burdamente tatuados y que tenía a pocos metros escupiendo en el suelo.

Una señora que estaba acompañando a su madre me dijo “si tienes neumonía, los cinco días de ingresos no hay quien te les quite”. No sabe esa señora el daño que le hizo en mi ánimo con aquel alarde de sabiduría médica.

Sobre las tres de la tarde el facultativo que me atendió, tampoco sé su nombre si no también lo escribiría, me diagnosticó de neumonía. Que sería de la sanidad pública sin sus trabajadores, profesionales que están manteniendo los que algunos han intentan canalizar hacia lo privado

 

 

 

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GRUÑON
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Diego Algaba | 05-11-2015 | 23:00| 0

Tengo una amiga que me llama gruñón. Yo me lo tomo como una expresión cariñosa, aunque cada vez pienso más que me lo dice en serio y es que me estoy haciendo mayor y gruñón  sin darme cuenta y para muestra ahí va un botón.

Como me creo joven y con fuerzas suficientes me inscribí en la medio maratón Elvas Badajoz. Me puse a entrenar como lo había hecho siempre. Un camino. el cronómetro en marcha y a correr. Esta vez, cuando llevaba menos de cinco minutos corriendo, me dio un tirón en el muslo trasero de la pierna izquierda. Me dijo la fisioterapeuta: “Aplicate frío”, “puedes comprar y ponerte una bolsa de guisantes congelados que como son pequeños se adaptan bien a la pierna. Como me parece que todavía soy joven , fui a comprar los guisantes al supermercado sin gafas. Fui a la sección de congelados y no había guisantes. Vi judías verdes a un euro y cogí una bolsa. fui apagar a la caja y me cobraron tres euros- Como soy mayor y gruñon protesté. Le dije a la cajera “en el cartel pone un euro y me has cobrado tres”, llamó a la encargada para que acompañara al lugar donde había cogido las judías y efectivamente había un cartel que ponía judías verdes un euro, y según la encargada,yo no veía sin gafas. al lado,con letras muy pequeña, decía; si se lleva la segunda unidad, una bolsa sola tres euros. Como soy viejo y gruñón le dije que no quería las judías verdes congeladas. Desconozco si la legislación vigente permite ese tipo de publicidad engañosos. Hasta puede ser que sea legal pero desde luego es muy poco ético. Si hubiera hecho una compra grande estoy seguro que  me llevó las judías verdes congeladas a tres euros, más caras que las frescas de la frutería.

Me estoy haciendo viejo y gruñón ya escribo cada vez menos del sexo de los ángeles y más de los cabreos.

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POR EL CAMINO DE LA HONESTIDAD
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Diego Algaba | 30-10-2015 | 21:32| 0

Me acuerdo muchas veces de él. De sus pocas palabras pero certeras. De su mirada serena y bondadosa. Un espejo donde mirarme. Recuerdo cuando se jubiló. Creo que fue el inventor del senderismo urbano. Salía todas las mañana a andar por la ciudad a paso ligero, como decía él. Se le quedó grabada esa expresión después de hacer tres años de mili. Estuvo en la guerra. Pasó hambre, pero nunca le oí quejarse, ni darse golpes de pecho. Nació en un pueblo (Valle de la Serena).Vivió en el campo hasta que se traslado a Badajoz para que todos sus hijos estudiasen. Siempre se adaptó a la circunstancia sin rechistar. Cuando se jubiló te lo podías encontrar andando por San Roque, por la Estación… todos los días salía y siempre terminaba sentado en el banco de San Francisco, su banco.

Ya no fumaba, dejó un día sin más. “Voy a deja de fumar”, y dejó sin programas de desintoxicación, sin terapia de grupo, sin pastillas, a pelo, como hacían las cosas los hombre de entonces. Guardó el paquete de celtas y nunca más volvió a cogerlo. Bebía vino, como todos los hombres de su generación. Nunca lo vi borracho. Hoy me he acordado de él cuando he visto escrito a pluma en la portada de una carpeta con letras clara y serena: “papeles de Diego”. Mi padre, al contrario que yo, era muy ordenado con sus cosas y la de los demás. Siempre lo tenía todo guardaba en aquellas carpetas rojas que se cerraban con una goma.

Fuera ha empezado a llover. Hace frío. Una tarde de otoño para estar en una chimenea con un libro y la mujer amada, también para escribir, para escribir un artículo sobre la actualidad: Cataluña, la fecha para la aprobación de los presupuestos extremeños, las elecciones nacionales. Una tarde para opinar sobre las noticias que salen en el telediario. Telediario que él siempre veía y al que llamaba parte. Pero Hoy, viendo las noticias, me acuerdo de él. Un hombre cabal, sensato, un hombre bueno que hace que sea más difícil para mi escribir sobres lo que veo y leo: Acorex, Caja Rural,mordidas del 3%, Artur Mas, hoy pienso más en ese otro camino por el que anduvo y me enseño a andar, el camino de la sencillez y la honestidad.

 

 

Diego Algaba Mansilla

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