Hoy

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BOTELLÓN
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Diego Algaba | 21-03-2016 | 21:38| 6

Antes de llegar al recinto amurallado donde hacían botellón vi a un muchacho de unos 16 años desmadejado en el suelo. Unos metros más adelante dos voluntarios de Cruz Roja llevaban a una niña de 15 años con los pies arrastrando y la mirada perdida. Apoyados en la pared, a la vista de todos,una pareja de adolescentes, que difícilmente se mantenían en pie, se morreaban con pasión. Ella tenía la falda en la cabeza mientras él intentaba desabrocharse los pantalones. Aquel sábado conocí los bajos fondos de la noche adolescente;El submundo de las cloacas juveniles para el que no iba preparado; un universo tan desconocido para muchos padres como para mi. Seguí andando por el interior de ese muladar sórdido, acompañaba a una madre que buscaba a su hija. Nos pararon cuatro mocosas “Cuidado que aquí hay botellón”. Las niñas hacían un círculo protegiendo botellas de whisky, ron, ginebra y vodka. salían a botella por cabeza. Seguimos sorteando cristales y adolescentes borrachos. Mientras más avanzamos más intenso era el hedor, una mezcla de vómitos, alcohol y hachís; la cocaína y las pastillas no huelen. Nunca, y no soy ningún ñoño, había visto un panorama tan desolador: adolescentes borrachos vomitando y tirados por el suelo. Seguramente esos cientos de niños como cubas no tengan padres porque a todos los que he preguntado han respondido que sus hijos van al botellón pero no beben.

Muchos de estos adolescentes se harán alcohólicos viviendo con el hándicap de no poder beber cuando sean adultos por tomar sin conocimiento los fines de semana. En el futuro tendrán que privarse del placer de una charla animada por una copa de vino.

Nos vamos. La madre no ha encontrado a la hija. Le pregunto porque deja que vaya, me responde lo mismo que los demás padres “ todas las amigas y compañeras de clase van. ¿Que hago? No sé que responder, solo estoy seguro de que hay que buscar respuestas.

 

 

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CUENTO INFANTIL
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Diego Algaba | 10-03-2016 | 16:43| 0

Cuando era niño me preguntaba como sería el mañana, como sería ese Badajoz de tierra y barro donde jugaba a ser mayor. Me hubiese gustado mirar por un agujerito y ver el futuro.

Cuando era joven deseaba llegar a esa madurez sobrevalorada por los adultos. La madurez consistia en integrarse en un sistema de rígidas normas sin espacio para la fantasía.

El primer paso de madurez era tener hipoteca: un atentado a la libertad que esclaviza durante treinta años a las personas que pagan casi la mitad del sueldo al banco para poder tener una casa donde vivir.

El modelo de adultos respetados eran aquellos de trajes caros, con el tiempo supimos que eran regalados, y que dedicaban el dinero público a enriquecerse.

La madurez consiste en trabajar durante todo el día, ganar más, tener más, aunque esto impida tener tiempo para jugar con tus hijos.

Para muchos adultos la madurez consiste en repetir con solemnidad las palabras de Ronaldo como propias, y que nos parezca natural los sueldos de los futbolistas mientras hay personas que pasan hambre. La madurez consiste en llamar genio a Messi que sale entre entre aplausos  del juzgado mientras tienen dificultades económicas para desarrollar su trabajo científicos anónimos que luchan para descubrir los secretos del cáncer.

Los adultos observamos sin inmutarnos a políticos que se insultan. Hasta el comedido Vara dijo: “Se piensan que somos gilipollas” y es que si Vara quiere ser un Presidente moderno y respetado tendría que familiarizarse con el lenguaje soez y estudiar videos de Belen Esteban y Kiko Matamoros para que ese “gilipollas” suene con la rotundidad de un político actual.

Algunas veces pienso que todavía soy aquel niño que mira por un agujerito el porvenir y que en cualquier momento volveré a la realidad de mis pantalones cortos, mi balón de curtis y mis libros de Julio Verne, y que Rita Barbera, Putin, Donald Trump,Artur Mas, Otegui,Rato,Urdangarin,Pujol… solo sean personajes sacados de un cuento de ficción y Valencia vuelva a ser la tierra de las flores de la luz y del amor.

 

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LIBROS
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Diego Algaba | 18-02-2016 | 22:16| 0
ÁNGEL GATA fotografiado por Manuel Durán Viondi

ÁNGEL GATA fotografiado por Manuel Durán Viondi, Angel Gata, trabajador de la libreria Universitas murio la noche antes de la publicación de este artículo, sirva como mi pequeño homenaje

Empiezo a pensar este artículo cuando cruzo la puerta de una librería con suelo de mármol y estanterías llenas. Huele a invierno, a chimenea, a libro nuevo, a historias diferentes, a formas de vida, eso es la literatura: vida. Me topo de frente con la sección de libros de autoayuda, como si no fueran todos de autoayuda. Avanzo. Me da el alto Don Quijote con adarga en mano, Marcel Proust busca el tiempo perdido, García Márquez escucha a Florentino Ariza, el Jinete Polaco en Mágina, Umbral en el Gijón, la poesía de Juan Ramón y Fray Luis. Enredado en un laberinto de sombras Kakfa. Al fondo, a oscuras y con telerañas Allan Poe. Vuelvo a la luz de la poesía de los Angeles: Ángel Valente Ángel González y Ángel Espada. Cavafis va a Ítaca. En lo alto veo a Monterroso, hombre de pocas palabras.

Como un hada mágica, casi sin tocar el suelo, se desplaza por la tienda, morena y delgada,no sé su nombre, siempre me atiende Ángel Gata que me dice el precio de “Un árbol solo”, como si tuviera precio Valhondo.

Entre naranjos camino por la Avenida Santa Marina. Encuentro una cueva. Bajo las escaleras. Descubro el tesoro de cientos de libros: VargasLlosa sin novia, a quien le importa su novia, Thomas Mann, Alicie Munro, Dostoyevski…

Entro en el Corte Inglés, paso delante de los libros electrónicos. No me gustan aunque tenga grabados más del doble de títulos que en mi estantería, detesto esa línea en la parte inferior que avanza indicando el tanto por ciento leído, como si participase en una carrera, cuando uno lo que busca en la literatura es parar el tiempo y no velocidad.

No hay nada como acariciar la hoja, oler, subrayar,y charlar de nuevo con Aureliano, Sancho, Ignatius, Platón, Zaratustra… gozar el privilegio de escuchar a los vivos y sobre todos a los muertos.

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BARES
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Diego Algaba | 02-02-2016 | 18:39| 0

“Bares que lugares tan grato para conversar” cantaba Gabinete Caligari mientras bebíamos cerveza acodados en la barra. Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina.

Me gustan los bares de barrio donde los clientes participan de tertulias comunes, porque no siempre las tertulias son en el café Gijón.

Un buen cliente nunca se emborracha. Al bar no se entra para beber sin control si no para relacionarse.

Un día de diario es difícil encontrar en un bar a personas que no superen los 40. Los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en una noche.

Se está perdiendo la costumbre, entre compañeros, de entrar en el bar después del trabajo, donde en el ambiente relajado de la barra se habla sin la tensión de la faena pudiendo limarse las susceptibilidades que hayan surgido. Los grupos de “wuasa”, sin verse las caras y protegidos con la pantalla del móvil desde el sillón de casa, no son lo mismo.

Bares nocturnos donde la música y el gin-tonic hace ver la sonrisa donde no hay sonrisa y la belleza donde no hay belleza. La belleza se esconde debajo de la piel. Embellece más a una persona la palabra,que ninguna cirugía estética.

Me gustan los bares con olor a bar,a pestorejo, vino, conversación y máquinas tragaperras.

Bares familiares con olor a puchero y ambiente hogareño donde los clientes se sienten como en su casa, algunos hasta mejor.

El secreto de los bares esta en el aperitivo. No entro en los que ponen patatas fritas congeladas.

Aunque no fumo ni he fumado algunas veces echo de menos ceniceros llenos y botellas vacías; tardes de humo y charlas sin horas; de cuatrola y dominó; de risas y lágrimas. Porque La poesía no solo se descubre sentado en el sillón de casa leyendo a la luz de un flexo.

Como dice Gabinete “No hay nada como el calor del amor en un bar”

 

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LA CAFETERÍA DEL TANATORIO
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Diego Algaba | 19-01-2016 | 21:52| 0

Escribo esta Plaza Alta el día en el que realmente empieza el 2016 con la intención de no hacerlo sobre gimnasios, dietas de adelgazamiento ni clases de inglés.

El 7 de enero es cuando las campanadas golpean con la fuerza de la realidad. El 7 de enero ya no hay uvas, serpentina ni brillos. Volvemos a un mundo sin disfraz. Cristina Pedroche se quita el traje transparente para ser María, Carmen o Pilar. Después de tres semanas de fantasía regresamos a la cup, a los que quieren gobernar a cualquier precio. Pedro Sánchez no tiene sufiente con ser guapo, también quiere ser Presidente, y es que tiene que ser guay para un Sánchez presidir el país.

Las campanada de realidad golpean de nuevo y me encuentro otra vez en una sala del tanatorio de Puente Real. En pocas horas he cambido los pinos con luces por oscuros cipreses. Mi tía Marina aprovecha el final de la Navidad para su final. Murió la mujer que vivió como quiso disfrutando las ventajas de estar sola sin sentir el aguijón de la soledad. Empiezo el año en un tanatorio aunque el día de Reyes sea un mal día para morir. Si ella hubiera sabido que la cafetería estaba cerrada hubiese muerto al día siguiente. Un tanatorio es una empresa a la que nunca les falta clientes y la cafetería es tan importante como la venta de flores o la gestión de las esquelas. A los familiares y amigos vivos no le basta recordar al fallecido sentados en la sala donde las agujas del reloj retroceden para recorrer toda una vida, también es necesario pasar el mal trago con algún trago.Todos los servicios son necesarios aunque sean insuficientes para digerir la perplejidad de la muerte.

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“LA MONTAÑA MÁGICA” THOMAS MANN
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Diego Algaba | 01-01-2016 | 01:17| 0

Salgo de casa sin rumbo. No se donde ir, solo quiero salir. Tengo los ojos cansados de leer. Me quiero escapar de esta “Montaña Mágica” que me tiene atrapado.

Hace un día gris. En la calle no sé si girar a la derecha o a la izquierda. Tengo la misma duda que el domingo que salí a votar. Respiro fuerte. El aire es de una calidad extraordinaria, igual que en el sanatorio de Hans Castorp.

Empiezo a andar. Llego al MEIAC, hace mucho que no entro. Cada vez que voy a una ciudad visito todos sus museos, Sin embargo, ya no sé el tiempo que hace que no piso el nuestro, el que tengo al lado de casa. Me gusta la tercera planta, la de Barjola. Pero sobre eso no escribo, el arte se explica por si mismo.

Cada vez que atravieso el silencio de los jardines del museo recuerdo esa otra estampa de cuando era una cárcel, a sus pies estaba el LEDA. Autobuses que buscaban otros destinos. Era como una metáfora de libertad para los presos que permanecían encerrados en sus celdas soñando con poder subir a algunos de aquellos autobuses y escapar. Reanudo el paseo, me propongo subir hasta la Plaza Alta aunque ya he agotado el espacio del artículo y apenas he avanzado trescientos metros. Con lo rápido que avanza el mundo y yo sigo sin salir del aquí, de mi barrio, de mi gente, de lo cercano, de lo que tengo a tiro de piedra, de lo que conozco. A mi también,algunas veces, me gustaría subir a uno de esos autobuses y huir, sobre todo en Navidad. Doy la vuelta para regresar a Thomas Mann y continuar leyendo sobre ese tiempo distinto y monótono del balneario para tuberculosos, cada uno es preso de sus pasiones. El paseo hasta la Plaza Alta puede esperar.

 

 

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NAVIDAD ¿FIESTA RELIGIOSA?
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Diego Algaba | 22-12-2015 | 22:01| 1

Que fácil es escribir de la infelicidad desde la felicidad. Que fácil es escribir de la navidad en navidad, cuando no existen dificultades para ganar la batalla contra la maratón del atracón, y tener la suficiente resistencia para aguantar todas las etapas sin desfallecer ni física ni mentalmente.

Un desmesurado afán por engullir, por beber nos posee durante dos semanas, casi tres, como si fuéramos pollos de granja a los que engañan durante noches que transforman en días con potente iluminación para que sigan cebándose.

La primera meta de la maratón es la comida con los compañeros de trabajo. Que fácil es asistir a la comida con los compañeros cuando tienes un trabajo al que regresar, y ponerte estupendo y meter la nariz en el vaso como un experto y observar el vino como si mirases un documento secreto sin secretos para ti.

Los que hacen cola en el SEXPE no se reúnen para comer. Quizás algunos coincidan en comedores sociales.

Que fácil es criticar la navidad y no perderse ninguno de sus pasos: turrones de Castuera, cava de Almendralejo, abrazos al jefe, besos a las compañeras, la lotería, Rapahel…

Que fácil es emocionarse en navidad para los que tienen a quien querer y quien les quieran. Que fácil es llorar en navidad para los que tienen que fingir el amor del que carecen con una sonrisa sin tener nadie a quien abrazar. Que fácil es vivir la navidad para los que no piensan en la navidad.

Que fácil es pasar el amargo trago de la navidad a los que no nos gusta, a los espartanos que preferimos la austeridad antes que el brillo, aunque cambiemos de pensamiento cuando los hijos son pequeños… Que fácil es la navidad para los niños y para los adultos a partir del 7 de Enero.

Navidad para héroes con estómagos de hierro y bolsillos elásticos.

 

 

 

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PERROS SUELTOS
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Diego Algaba | 14-12-2015 | 21:11| 1

Caminaba solo por la acera de la Avenida Juan Sebastián Elcano, con los andares pausados de los pastores alemanes. Llevaba la cabeza baja. Su baba caía al suelo deslizándose por sus enormes colmillos. Bajé de la acera cuando me crucé con él. Unos metros más atrás, con la correa en la mano, su dueño me sonrió. “No hace nada”. me dijo. En realidad quería decir, eres un cobarde que te asustas de un perro. No hace nada dijo con la rotundidad de la ignorancia, como si pudiera controlar la improvisada reacción del instinto animal. No hace nada excepto ir asustando a hombres, mujeres, ancianos y niños. Su dueño, con la correa en la mano, repetía con chulería “no hace nada” ante la cara de pavor de los peatones.

“No hace nada”, “solo quiere jugar”. “¿Quieres que lo ate?”, me preguntó, riéndose, una señora cuando vio la cara de terror de mi hija de tres años,que salió corriendo a refugiarse entre mis brazos cuando jugaba en del parque de la calle Alconchel, “¿Quieres que lo ate?” No soy yo quien tiene que responder. ¿Acaso no tiene la obligación a esas horas de llevarlo atado?

Voy en bicicleta por el nuevo paseo del río cuando un perro suelto se cruza en mi camino. Doy un frenazo, estoy a punto de caer. Unos pasos por delante, el dueño, con la correa en la mano,camina y habla de fútbol con otros, ni siquiera se da cuenta del percance. El perro, suelto, corre por la tierra, por el césped… va sin control deambulando entre las personas que a esa hora frecuentan el paseo. Su dueño mira hacia atrás. Lo ve y sigue su apasionada conversación y su marcha.

Me gustan los perros. Tuve perro cuando viví en el campo, pero creo que lo peor de los perros es que no pueden elegir a sus dueños.

 

 

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COMO TODOS LOS DÍAS
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Diego Algaba | 05-12-2015 | 06:41| 0

Bajamos las escaleras como todos los días. No quiere ir en el ascensor. Tampoco le gusta que la lleve en coche, prefiere ir andando. Salimos a la calle,me da la mano.El paseo Condes de Barcelona ha adquirido esa tonalidad amarilla del otoño. Han empezado a caer las primeras hojas de los castaños de indias. Un manto amarillo intensifica, en toda la avenida la sensación de alfombra mullida. En la tienda de perros está sentada la chica de todos los días que nos saludaba con una sonrisa. Me dice “¡mira!” señalando un cartel de Dora la Exploradora que anuncia un espectáculo ya pasado. ¿A que soy mayor? me pregunta extendiendo los brazos hacia el cielo. todavía no ha descubierto la estafa del paso del tiempo. Con ella cada día es igual aunque sea nuevo, aunque crezca sin darme cuenta, aunque me sorprenda con una reflexión que considero impropia de su edad. Atravesamos la avenida, seguimos por el parque de la vaca. Todas las mañanas pasamos por los mismo sitios. Se agacha y coge del suelo dos piedras. Me da una “toma, un regalito para ti y esta para mamá” y se la guarda con mimo en el bolsillo del baby. Seguimos andando por la calle Rota a esa hora en la que la acera se convierte en un río de padres con niños. Los padres retomamos una infancia lejana como si fuéramos nosotros los escolares. Los hijos nos devuelven a un tiempo pasado. Volvemos a coger lápices de colores dándole brillo y sentido a nuestras vidas. Llegamos a la escuela. La dejó con Inmaculada, su maestra. Tardamos 15 minutos. los 15 minutos de todos los días en los que me trasformo en otra persona y olvido: Siria,Francia, Vara, Monago,Rajoy, PSOE Iglesias,Ciudadanos, las elecciones…15 minutos en el que estoy ausente de este mundo imperfecto que a lo mejor debería estar gobernado por la generosidad de los niños.

 

 

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LA FIESTA DE LA DOPAMINA
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Diego Algaba | 24-11-2015 | 21:23| 0

Cuatro tardes a la semana cruzaba Badajoz con una bolsa de deporte camino del campo de la Federación para entrenar con el Flechas Negras. Los bares estaban llenos de hombres fumando y tomando vino. Las mujeres hacían la cena en casa. Nadie iba en chándal por la calle y a los pocos que corrían en pantalón corto se le etiquetaba de raros o locos. Hace tantos años de aquello, que el 20N era un día más. Hoy, cualquier tarde de diario, los bares están casi vacíos, ya nadie fuma dentro, excepto en algunos. La calle se ha transformado en una fiesta de colores alegres y centelleantes; pantalones cortos, mallas ajustadas, camisetas reflectantes; personas andando, corriendo, en patines y bicicletas; Hombres, mujeres, mayores y jóvenes. El paisaje urbano ha cambiado transformado aquellos colores tristes de hombres vestidos de gris que consumían sus horas de ocio y de vida en el interior de un vaso, aumentando en las estadísticas el número de viudas.

Ahora, desde hace algunos años, en Badajoz tenemos el polideportivo de La Granadilla siempre lleno de deportistas: los que corren por el camino de tierra, los que lo hacen por la hierba, los del rugby que mueven sus más de cien quilos por el césped como elefantes en estampida, los del fútbol que están en todas partes, los nuevos y los de siempre: Manolo Unión, Tina María Ramos, Antonio Villar, Juan José Nuñez…

Los corredores populares corren por el placer de correr. Gozan cada kilómetro sin tener la necesidad de llegar primero, de competir. Es la fórmula para disfrutar las carreras, también de la vida. Los hay de todos tipo: Solitarios que corren sin estar pendiente de otros. los que se dejan llevar por el grupo, los que se aíslan con auriculares, los que van escuchando los sonidos del campo, de su corazón, de sus pensamientos

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