Hoy

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Las tres preguntas
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Diego Algaba Mansilla | 14-02-2011 | 08:21| 0
Se nos acabo la juventud cuando se quedaron sin respuestas las tres grandes preguntas de nuestra adolescencia, el ábrete sésamo de la felicidad que tantas puertas nos abrió: ¿Estudias o trabajas? ¿Fumas? ¿Bailas? Ya pocos trabajan, fumar es una aberración y bailar pegados no es bailar. Los que nos relacionábamos en la calle, los que lucimos pecho sin haber conocido las caricias al calor de las ultimas técnicas del láser, los que gastamos barbas y empezamos a brillar por la cabeza, desterramos para siempre de nuestro vocabulario las tres llaves de la esperanza.
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Comienza la fiesta
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Diego Algaba Mansilla | 09-02-2011 | 09:06| 0
Besan a niños y ancianos. Toman menú de 9 euros. Duermen en hostales. Pasean con camisetas azules. Estrechan manos. Sonríen. Visten chaquetas de pana y vaqueros. Escuchan al ciudadano con calma. Visitan barrios periféricos. La marquesinas de los autobuses muestran sus fotografías. Los carteles les realzan; Monago esta guapo, Celestino elegante. Celdrán no quiere debate; que si me ha llamado borracho, que si tú cuando tomas unas copas cantas, que por algo presides las peñas flamencas. Monago propone que el debate se produzca sentados en la mesa camilla de padres en paro que hayan agotado los 420 euros. Viene Esperanza Aguirre para unirse a la marea azul; hay que tener cuidado con la elección del amigo, ser de la misma cuadrilla que Zapatero perjudica. Que si Celdrán tenía un compromiso con la limpieza, que la culpa de la suciedad de Badajoz la tienen los socialistas por la deuda que dejaron. Hace 16 años. Hablan de cotidianidades, de lo sencillo. Su principal preocupación, en campaña, es el empleo. En Badajoz arreglan aceras, por todas partes hay hombres de verde limpiando las calles y sembrando flores. Del Revellín han sacado 14 camiones de maleza, de la Alcazaba no sé cuántas toneladas de basura. Parece que la ciudad estuviera habitada por Diógenes. Los analistas políticos afinan sus plumas. El HOY hace encuestas. Que si tú, que si yo. Empieza la fiesta.
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BABEL
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Diego Algaba Mansilla | 04-02-2011 | 08:44| 0

OPINIÓN

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EL Español, como consecuencia de su proceso de expansión histórica, lo hablan casi 380 millones de personas en todo el mundo, siendo la lengua oficial de 22 países. El Español, lengua común, hace que no nos sintamos extranjeros en más de medio mundo, al poder entendernos con nuestros semejantes y leer con la misma facilidad a García Márquez y a Vargas Llosa que a Cervantes o a Cela. El Español de España se quiere acotar, ponerle límites, desplazarlo a un segundo lugar en aquellas comunidades que comparten idioma oficial. El lugar elegido para fraccionar la lengua ha sido el órgano del sistema político español que representa a todo el territorio: el Senado. Todos hemos oído hablar de la Cámara Alta, pero ¿conocemos cual es su función? ¿Su organización? ¿ Sus competencias? O solo lo conocen los propios senadores y los que alguna vez han estudiado oposiciones al Estado. El Senado sale poco en los telediarios y en los periódicos, y quizás sea lo más innecesario dentro del sistema político actual, ya que está solapado por el Congreso. Muchos piensan que el Senado es como un privilegiado club que reúne a políticos de distintas localidades y partidos para discutir sobre la actualidad nacional e internacional con poca o nula repercusión, ni consecuencias para el país. Cuando se habla de los senadores hay ciudadanos que dicen que son esos señores que viven en provincias y que, de vez en cuando, se ponen sus trajes para viajar en Ave o Avión a Madrid y reunirse en un palacio, junto a los jardines de Sabatini, para debatir acaloradamente y luego regresan a sus casas para seguir viviendo sus cotidianidades. No son conocidos. Si se hiciese una encuesta en la calle preguntando si se sabe el nombre de algún senador, seguro que pocos podrían responder. Sin embargo, se han puesto de actualidad. Se escriben numerosos artículos en periódicos; los columnistas afinan sus plumas indignados y no solo porque cada senador valenciano, catalán, vasco o gallego haya comenzado a hablar en su lengua y los senadores necesiten de los servicios de traductores para entenderse, a pesar de que conocen y utilizan el mismo idioma. El ciudadano esta indignado por la alegría con que se gastan los dineros públicos, los que sacan del pellejo de los pocos que trabajan, incluso de los que no lo hacen. No se puede ser mas inoportuno, en la etapa de más recortes económicos de la historia de la democracia, nunca antes habían rebajado nóminas, ni se veía tanta escasez en la calle ni en las oficinas, donde se cuentan hasta las grapas y los folios. En una etapa de austeridad absoluta, el Senado gasta 12.000 euros por sesión, dos millones de pesetas, más de 50 millones al año en pinganillos y traductores. Por muchos que expliquen a los ciudadanos y justifiquen esta decisión con el argumento de la cultura de las lenguas históricas, aquellos que se agarran con fuerza a los últimos resortes antes de caer en la exclusión social por culpa del paro, o aquellos treintañeros que han estudiado dos carreras, y no sé cuántos másteres y solo han tenido un trabajo de camarero en Navidad no van a entender una decisión que solo origina rechazo e indignación y construye en la sociedad una idea de cosa inútil e innecesaria. No es el momento de pinganillos ni de traductores. La cultura es algo muy importante, pero también lo es poder comer y la dignidad y el orgullo y que el ciudadano se sienta protegido por su Gobierno y por sus legisladores y no tener sensación de abandonado. Ni vivir una bipolaridad de mundos diferentes; uno visto desde la irrealidad de la cima y otro desde la mas cruda realidad del suelo.

Ahora que entramos en la fiesta de las campañas electorales, la preocupación mayor para los políticos es el paro, el pueblo, la gente sencilla, una preocupación que le quita el sueño a políticos durante los días de

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NIEBLA
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Diego Algaba Mansilla | 26-01-2011 | 08:20| 0

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Buscando al poeta que llevo dentro me asomo al puente del atardecer para encontrar inspiración entre la niebla. Espero que aparezca esa metáfora que no soy capaz de conseguir. Palabras que expresen la belleza y el color que componen el sol, el agua del Guadiana y la bruma, pero, quizás, yo no lleve ningún poeta dentro y no transmita sensaciones. La vista se me va a la decenas de hombres y mujeres de verde que no paran de limpiar los restos de una mañana de mercadillo en Badajoz y me acuerdo del artículo de Alberto González (en HOY) en el que establecía un paralelismo entre lo absurdo de prohibir fumar en los bares y el de sentir rechazo si se pone a tu lado, en una cafetería, un operario de limpieza con el traje de faena aduciendo que va poco aseado. Veo a los que pasean en bicicleta y andando, a los que hacen fotografías y mi curiosidad, que ya no es de poeta, gira hacia la rotonda que va al polígono de La Paz. ¿Cómo no habrá más accidentes en estos días sin visibilidad? Mientras miro como me mira el gigante edificio de la Caja Badajoz se me va la vista a lo pequeño, a ese candado con el nombre de María y Pablo ‘fechados’ para siempre en la barandilla. Me gustaría firmar esta carta como poeta y ser capaz de escribir todo lo que siento, pero me sale lo que veo.
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EL FLAMENCO HA LLEGADO AL HOY
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Diego Algaba Mansilla | 21-01-2011 | 08:19| 0

OPINIÓN

Cuando era chico vivía en la calle Prim. Jugaba con otros niños en la plaza de Portugal, junto al edificio del HOY. Los niños de aquel barrio fuimos creciendo con la imagen y sonido de los engranajes de la maquinaria del periódico. El periódico cambió de sede. Nosotros también, pero mi padre mantuvo la costumbre de ir a comprarlo todos los días. Nosotros, cinco hermanos, leíamos por turnos las noticias aún frescas y crujientes de la mañana. Ahora mi padre tiene 90 años y le seguimos comprando el periódico. Desde aquellos años de la plaza de Portugal la evolución del periódico ha sido notable, viviendo uno de sus mejores momentos en la actualidad. No hace mucho, el alcalde de Almendralejo escribía una carta referida al bien hacer de sus columnistas. A mí también me gustan: Gratis total, de Juan Domingo, que todos sus artículos los adorna con citas. El postigo, de Rodríguez Lara, que escribe cada sábado con ironía e inteligencia sobre cualquier tema. Los domingos, Ángel Ortiz hace una reflexión sobre la actualidad; la prosa fresca de Enrique Falcó, la casera y viajera de Alonso de la Torre y la ácida de Liñán. El periódico tiene una nueva sección, de flamenco, a cargo de María Isabel Rodríguez Palop. Me alegro mucho por ella, por el periódico y por sus lectores. Conozco el entusiasmo y la pasión que pone María Isabel en todo lo que hace. Sabe mucho de flamenco y lo sabe contar. Desde pequeña lo ha vivido en su casa. Así que mi enhorabuena a ella y al HOY.
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PROHIBIR
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Diego Algaba Mansilla | 18-01-2011 | 19:59| 0

Prohibir. Palabra fea. La letra (h)resulta misteriosa en medio de las otras letras, sorda e inutil para el mundo de los sonidos, como una enfermedad silente,al acecho.Prohibir con la rotundidad de los infinitivos.Prohibir. Una palabra que nos traslada a otros tiempos, que da miedo,que impone.Nuestro gobierno paternalista la utiliza para domesticar conductas. Prohibir no significa dejar de hacer, sino que nos obligan a caminar por caminos de lindes marcadas: una, por el color blanco, otra, azulgrana. Una: de Belen Esteban, otra, de Campanario. Avanzamos por un camino extrecho,sin riesgo, pero sin emoción, de esta forma, no molestamos a nuestro gran protector, que con una gran sonrisa, lo mismo firma una bajada de sueldos, que suprime la ayuda a los mas necesitados. Nosotros seguimos caminando por un sendero sin obstaculos, sin creatividad, sin pensar, sin plantearnos otras formas de vida porque la nuestra ya esta demasiado amaestrada, imposible escapar saltando las altas tapias fabricadas por el fútbol porque los toros ya no son de estos tiempos,también estan prohibidos, ya que en algo tendremos que diferenciarnos de gobiernos de brazo en alto y camisa azul.Nos dan una de cesped y otra de arena.Los mismo que prohiben el tabaco por nuestra salud subencionan su cultivo.Ya no nos dejan ni fumar la pipa de la paz en paz.

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ONESIMO,EL ALEMAN
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Diego Algaba Mansilla | 18-01-2011 | 10:08| 0


Puede que fuese martes el día que observé como desde el fondo de la sala un hombre mayor con apariencia juvenil  miraba inquieto intentando averiguar si aquel funcionario tan tan grande sería  capaz de  resolver su pequeño problema. Llevaba unos papeles doblados en la mano, y una cartera de cartero colgada del hombro. ¿Mucho trabajo?,  preguntó usando un tono amable intentando buscar complicidad con una sonrisa carente de malicia, luego con el tiempo descubrí que siempre tenía ese rictus bondadoso que a veces parecía un poco bobalicón.
Cuando llegó su turno se sentó  al otro lado de la mesa, se dirigió al funcionario con educación y un acento raro de extranjero; dice el médico que no aparezco en su ordenador, que estoy de baja en la Seguridad Social. Habló muy tranquilo, sabiendo que eso era  peccata minuta, un problema fácil de resolver, un error administrativo leve. No tenía ninguna duda de los derechos que le asistían después de haber trabajado durante 40 años en Alemania. Aquel día fue la primera vez que lo vi; se llamaba Onésimo, era de Higuera de Vargas, llevaba un pantalón vaquero, un Chemise Lacoste de imitación, y un bisoñe con abundante pelo. Aquel hombre quería maquillar sus años con efluvios de juventud, envolvía su presencia. con un fuerte olor a colonia   y una agradable sensación de limpieza 
Un día me dijo que le querían mucho allí, le pregunte que si las Alemanas,y una gran carcajada encendió su cara, algo de eso también hubo, me dijo, mientras su risa fue dando un giro hacia la nostalgia. Observé, como cuando pronuncié la palabra ?mujer se le agrandaron los ojos, desde entonces, tuve ganada su confianza y empezó a   considerarme  uno de los suyos. en ese momento pasó a nuestro lado una chica morena alta  de formas redondeadas y andares rotundos, le miré, la miró, y  me miró con unos pícaros ojillos buscando mi complicidad.
A pesar de sus exagerados gestos buscaba en la mujer el pasado y no el gozo. Buscaba en la mujer la juventud que no vivió, como si ellas pudieran  devolverle ese tiempo que se fue para siempre. Mujeres como estas son las que quiero, me dijo. 
Tantas horas encerrado entre tornillos y chapas no le enseñaron que  mujeres como aquellas ya no eran las suyas. La belleza de la mujer le presenta un paraíso imaginado que no conoce ni conocerá ni siquiera sabe si existe. Después de tantos años viviendo en soledad tiene a la mujer idealizada, no miraba a las de su edad, sino a las que veía en la televisión y en las revistas, aunque alguna vez le oí decir que ya no hay mujeres como las de antes: Sofia Loren, Claudia Cardinales o Marylin de la que me enseñó un calendario con una foto en la que sujetaba una falda blanca subida por el viento.
Onesimo Vivía en una calle que tenía nombre de flor en un barrio donde los pisos comienzan a perder altura igual que la vida pierde calidad. Desde  sus ventanas se oyen musica metálica mezclada con el flamenco de  Chichos y  Chuguitos mezclada con voces de madres llamando a sus hijos, un barrio donde los niños juegan descalzos en el barro entre Audis,  Mercedes y carros del Carrefour y que utilizaba para recoger chatarra, los contenedores de basura rebosan pestilentes bolsas del Mercadona llenas con restos de comida.
Después de trabajar en Alemania,y de haber ahorrado mucho dinero se arruinó.
Cuando llegó a España echó en falta una familia, los hijos que nunca tuvo y le hubiera gustado tener, echaba de menos a la mujer que soñó y nunca tuvo, así que la familia que nunca creó en una juventud dedicada al trabajo, viviendo  físicamente en un país y mentalmente en otro, la sustituyó por la barra del bar. Cambio la ternura de la caricia femenina por la musica machacona y multicolor de las máquinas  tragaperras, y por la retahíla de numeros cantados en el bingo. Moneda a moneda y cartón a cartón perdió todos sus ahorros, comenzó a pasear su pena por las calles  con las manos en los bolsillos y los bolsillos vacíos, hasta que con la ayuda de los especialistas se fue curando de sus adiciones. Estaba solo, pero no quería estarlo, se apuntaba a todos los viajes programados por el INSERSO, en los bailes se colocaba una pajarita negra después de embadurnar su piel y sus ropas de Varon Dandy.Bailaba toda la noche como una peonza enloquecida,no podía parar, a las pensionistas no les atraía aquel  hombre bailarín que provocaba mas la burla que la ternura, a él tampoco le gustaban ellas, decía que prefería las finas piernas de las inaccesibles azafatas que dirigían los ocios de los pensionistas, antes que aquellas gordas con  varices. Onesimo bailaba y bailaba, así fue  como muchos años antes en la feria de su pueblo había conocido a Carmen la churrera. Se fue a trabajar a Alemania el mismo día en el que se casó Carmen con el hijo del churrero del pueblo vecino,ella se enamoró de la costumbre y del penetrante olor a aceite de semillas requemado que tenía guardado en su olfato e impregnado en su ropa desde la niñez, Carmen sustituyó al romántico bailarín de boleros por la comodidad de lo conocido.
Onesimo, trabajó en Alemania tantas horas al día que no tuvo tiempo para  conquistar mujeres, nunca fue capaz de aprender el idioma,cuando se jubiló, vino a España. Y fue aquí donde despilfarró todos los ahorros teniendo que vivir de forma espartana con una mínima pensión. Un día dejé de verle, cambio de domicilio, me enteré que se había casado con una cubana joven pero que a las pocas semanas esta lo abandonó.
La Trabajadora Social le buscó un asilo. 
Nadie le echa de menos en Alemania, ni en España,ni en su pueblo,donde  hay una plaza llamada de los Emigrantes y que cambió de nombre en las ultimas elecciones. Yo, lo recuerdo algunas tardes cuando escucho en la radio las canciones de José Luis Perales con las que soñaba para bailarlas abrazado a la mujer que nunca abrazó. Quien sabe si en el asilo por fin vive su vejez mirando el presente o sigue bailando con su pajarita negra  buscando los 40 años que la fábrica de un país extranjero le arrebató.




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MI GENERACIÓN
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Diego Algaba Mansilla | 15-01-2011 | 12:21| 0

Mi generación creció sin dinero, sin botellón, sin prisa y sin pausa. Creció dando patadas a balones de caucho, pedradas a los de otros barrios y algún beso. Mi generación aprendió con los libros heredados de los hermanos mayores, con profesores que daban palmetazos en aulas de un solo sexo. Mi generación se abrigaba con jerséis hechos a mano. Crecimos escuchando a Paco Ibáñez a Víctor Jara y a Jarcha. Todos aquellos niños de pantalones cortos y rodillas ensangrentadas, que íbamos a la escuela con desgana, que jugábamos al pincho y llevamos los bolsillos llenos de bolindres, dirigen hoy hospitales, quieren ser alcaldes, son profesores, médicos, ingenieros, bomberos, salen en los periódicos y los lo compran. Somos los que salimos de la dictadura y conocimos la libertad. Una generación que empieza a estar decepcionada con la política y cada vez la siente más alejada, pero con el trabajo que nos ha costado llegar aquí no podemos abandonar. Este año vuelve a haber elecciones y, más que nunca, nuestra generación tiene que participar.

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teatro de papel
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Diego Algaba Mansilla | 12-01-2011 | 09:09| 0


Ha pasado por a Badajoz el gran musical Chicago después de hacerlo por Broadway, Londres y París. Una obra de grandes dimensiones y de la que solo conozco su versión cinematográfica.

También el Lago de los Cisnes en una magnifica representación por parte del ballet estatal Ruso de Rostov
Hace unos 30 años estos espectáculos no venían a Badajoz. La ciudad carecía de vida cultural. Recuerdo que en aquella época se publicó, con buenas intenciones pero sin porvenir, una guía del ocio; El primer número recomendaba ir a comer el cochinillo de los Gabrieles, el segundo darse una vuelta por los restaurantes de Portugal y el tercer número no se publicó por falta de contenidos. La ciudad fue evolucionando. Con el tiempo fue recuperando estas ausencias injustificada en una ciudad de 100.000 h.
Pero de nuevo dejé de ir al teatro, cuando comenzó a navegar por el arriesgado mundo de las modas. Allá por los 90 las vanguardias tendían a la homogeneidad. La mayoría de las compañías utilizaban al público como parte del espectáculo. los actores ponían en un tris a los espectadores sacándolos al escenario. Recuerdo haber pasado obras enteras escondido en el asiento como un mal estudiante para que no repararan en mi, pero ser grande y fuerte:( eufemismo empleado para no decir gordo), me a traído mas inconvenientes que ventajas. Siempre se fijaban en en mi cuerpo que encogido como una tortuga asustada sobresalía de la butaca. Subí a las tablas del López en dos ocasiones. Después de la segunda no fui más. Mi novia dejó de ir antes. Fue una noche de invierno. El tenebroso escenario era el patio de la cárcel antes de convertirse en museo. Un actor de la Fura del Baus disfrazado de zombi la cogió en brazos y la llevó a la primera planta transformada en un infierno de calderas de fuego.
Los últimos coletazos como espectador los dí en e teatro de Mérida. Sentado en las ardientes piedras romanas,me he tragado bastantes bodrios; Lisístrata raras, soldadados persas vestidos como nuestros soldados. Gladiadores Romanos que en lugar de decir-”Ave Cesar decían “que pasa tio” o Simbología que no entendía aunque leyera las explicaciones del programa dos o tres veces.
Así que por todas estas circunstancias dejé de ir definitivamente. Perdí el hábito.
Sin embargo, sigo siendo fiel a la compañía “Teatro de papel”, el grupo Llerenense compuesto por actores aficionados que nunca me ha decepcionado. Desde aquellas inolvidables “Brujas” que tuvo el reconocimiento a través de numerosos premios, hasta las últimas Cyrarno de Bergara o el médico imaginario. Estoy deseando que Miguel Murillo traiga al López su última obra: “El Retrato de Doryan Grey”. A los componentes de Teatro de Papel no les hace falta vender su alma al diablo, porque la regalan en todos sus espectaculos.

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OBEDIENTES
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Diego Algaba Mansilla | 08-01-2011 | 20:28| 0

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Dejamos de cantar como beben los peces en el río. Se acabaron las mañanas de Facebook, las felicitaciones de Navidad, las compras innecesarias. En los dos días sin periódico he releído columnas y cartas al director, he completado el sudokus, he descubierto las siete diferencias entre dos viñetas, me he perdido dos ‘postigos’. Se acabaron los programas de televisión que repiten las noticias importantes sucedidas durante el año. Ya no me acordaba de la operación del rey, ni de los mineros chilenos. Murió Saramago, Morente y el negro de Boney M: el que bailaba como el boliche de las ollas de garbanzos. Se acabaron los peces en el río. Volvemos a la nómina reducida, a la subida de la gasolina, de la luz, del gas y de los transportes. Mi perro, indiferente a todo, me mira con cara rara, como pensando: que estará escribiendo que no me tira el palo. Quizás, para algunos, la vida consista en ir detrás de un amo para recibir algún trozo de pan, una caricia, una moneda, alguna dirección general y así, obedeciendo a caprichos, llegar al próximo año, y volver a lucir delante del jefe el gorro de Papa Noel y la nariz de payaso.
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Sobre el autor Diego Algaba Mansilla