Hoy

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MARÍA VICTORIA GIL ÁLVAREZ
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Diego Algaba | 06-02-2017 | 20:54| 0

Cuando participo en alguna de las carreras populares que se celebran en Badajoz suelo verla cerca de mi, llevamos un ritmo parecido. En la carrera,con pantalones cortos y zapatillas de deportes todos somos iguales, solo nos diferencia el número del dorsal. Luego, en la calle, unos son ingenieros, otros conducen un taxi, me encuentro con corredores trajeados, desaliñados, pijos, perroflautas,hay periodista, médicos, barrenderos. A ella la reconozco por su abundante melena rizada y su belleza enigmática y tímida . Me resulta agradable su presencia, es de esas personas que te dan buen rollo. Cuando nos vemos nos saludamos con un “hola” o un “adiós”. No la conozco,nunca hemos hablado, no la asociaba con nada al margen de las carreras solidarias, pero de un tiempo a está parte la he empezado a ver en los medios de comunicación. Me he enterado que es profesora de Química en la UEx y que también dedica parte de su tiempo a otras actividades de forma altruista. En la última entrevista que he escuchado la presentaban como la mujer de las siglas, pertenece a: AEXAAL ADiCiTEx, CICYTEX UEx.

Fundó AEXAAL( Asociación Extremeña de Alérgicos a Alimentos) para dar respuesta a las dudas que puedan surgir en los colegios con alumnos alérgicos,un protocolo destinado a la prevención, aunque también informa como actuar si se da alguna urgencia y así poder salvar la vida de un niño. Si, he escrito. “ salvar la vida a un niño”. Las alergias, aunque suene a ronchas y tos, pueden producir la muerte de los más pequeños, también de adultos. Cada vez es mayor el número de niños con algún tipo de alergia.

Personas como Victoria están logrando con su esfuerzo que las cosas sean más fáciles y los padres de niños alérgicos estén más tranquilos..

Ella, ahora, esta saliendo en los medios, esperemos que no sea algo pasajero y sigamos interesándonos más por su trabajo que por el al último gol de Ronaldo. Que esta investigadora, luchadora y entusiasta de su profesión siga contando con el apoyo necesario y no tenga, si quiere seguir progresando en sus múltiples actividades,  pedir traslado a otra comunidad, o a otro país.

Aunque haya agotado el espacio de esta columna me gustaría terminar con algo de lo que me acabo de enterar: a Victoria le han concedido el premio a la excelencia docente. Enhorabuena y gracias por hacer que la vida sea más sencilla.

 

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MACARRA DE CEÑIDO PANTALÓN
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Diego Algaba | 04-02-2017 | 20:43| 0

Algunas veces volvería a mi 127 marrón; a los sábados por la tarde; a los cubatas de Larios con Cocacola; a embadurnarme con colonia Brummel; a las discotecas de Almendralejo,  Montijo, Olivenza,Valverde, esas que se llamaban Maikel, Yonisur, Mas Power. Algunas veces volvería a las bolas de colores girando en el techo; a mi vertiginosa cabeza; a preguntar una y otra vez, en ese momento que el disc jockey cambiaba a las lentas, ¿bailas? Aunque cuando estuviéramos bailando frente a frente todo un mar de hielo nos separase. Bailar lento era la única manera de estar cerca de ese misterio tan desconocido que era la mujer, y que ahora lo sigue siendo para mi. Aquellos tiempos en los que Charlot solo era una discoteca y no un tipo entrañable con bigote y bastón.

Algunas noches volvería a ser aquel aprendiz de macarra de ceñido pantalón y rizada melena. Volvería a aquellos años en los que solo existía el presente y la vida rebosaba vida y andaba por el mundo con la seguridad de no tener pasado, de no tener dudas, ni miedos. Cuando todavía me miraba en el espejo y utilizaba el secador y la brillantina y llevaba un peine en el bolsillo del ajustado vaquero; cuando todavía no me habían herido nunca con la amarga espada del desamor y el amor solo era un sueño. Cuando quería aprender a fumar como Bogart en Casablanca aunque el humo me produjera tos y arcadas. Pero incluso en aquellos tiempos, muchas veces, estaba deseando regresar a casa y cambiar la música bulliciosa sin letra de Boney M, de Michael Jackson por la de Víctor Jara, Paco Ibañez, Silvio Rodríguez, Amancio Prada, Jarcha y leer a a Miguel Hernández, a Machado, a Neruda, a León Felipe. Cuando era un joven aprendiz de macarra ya era tan viejo como lo soy hoy. Pero todavía, algunas veces, sueño con montar a cuatro amigos en el 127, poner Extremoduro a toda pastilla y buscar una discoteca con bola en el techo y futbolines y billar a cuatro bandas y volver a preguntar ¿bailas?

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ME ASOMO AL BALCÓN
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Diego Algaba | 28-01-2017 | 21:52| 0

 

El sol aparece por el horizonte tiñendo de naranja la mañana, y la mañana viste al día con los colores de la vida mientras se lava la cara con las manos limpias del amanecer.

Una mañana de domingo donde el silencio de la calle se oye desde los balcones más madrugadores. Las macetas se asoman por la barandilla buscando su desayuno de luz. Los enfermos ingresados recobran la esperanza después de una noche de incertidumbre. Un domingo silencioso sin coches, sin bocinas, sin reggaeton. Por la carretera solo se ve pasar los colores chillones de ciclistas, los que sacan a los perros, y los que caminan tambaleantes después de buscar toda la noche la felicidad dentro de un vaso de cristal.

Un instante, un momento, un clip de máquina fotográfica, un parpadeo, lo que tarda el ojo en distinguir el color, un cuadro de Antonio López, un tic sin tac del reloj, un sístoles sin diástoles, un paisaje sin pasado ni futuro, un fotograma de Víctor Erice en una mañana naranja sin frío ni calor, un minuto sin tiempo que no se volverá a repetir. Ni políticos, ni religiones, ni siquiera Trump puede impedir este instante. Un segundo al que no se le puede poner muros ni barrotes que dura la inhalación de una bocanada de aire fresco y que es un golpe de vida, un impulso para empezar un domingo igual a otro domingo pero diferente a todos los demás.

 

 

 

 

 

 

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VECINOS
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Diego Algaba | 21-01-2017 | 23:23| 0

Estás cerca. A mi lado. Casi puedo tocarte si estiro los brazos. Sin embargo, estás lejos. Eres tan igual y tan distinta a mi que me provocas dudas y ganas de seguir conociéndote. Quizás por eso también te quiero. Cada vez que me acerco te siento como un olor a guiso que se cuece en la lumbre a fuego lento. Hueles a madera en invierno, a la paz que da un libro viejo cien veces leído, mil veces descubierto como si fuera nuevo. No existen veranos ostentosos  todo es normal y  asequible en ti. Nunca tienes prisa y cuando te veo siempre te encuentro esperando aunque sé que nunca me esperas. Muchas veces te ignoro y otras te amo y siempre me recibes bien a pesar de mis injustificadas ausencias. Te conocí mucho antes de conocerte y te soñaba tal y como eras. Con esa serenidad, con esa naturalidad que da la sencillez, con esa falta de prisas, da igual que llegue la noche y luego de nuevo el día acompañado de tu conversación musical.

Antes no te veía porque los muros eran altos y yo bajo. Las puertas eran de difícil acceso. Me intimidaban los guardias que había entre tú y yo. Me vigilaban cada vez que entraba en ti. Sentía sus miradas de sospecha en mis ojos. ¿Que pensaban? ¿Qué tú y yo no eramos la misma cosa? El tiempo ha pasado y ya no me basta con mirar desde lejos, ahora quiero verte, tocarte, sentirte cerca y dentro de mi, conocer tus debilidades, tus sentimientos. Hueles a café solo, a cilantro, a fachadas pintadas de azul, a domingo en sábado.

Dicen que una raya imaginaria nos separa como si alguien pudiera separarnos.

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DE CAJA BADAJOZ A IBERCAJA
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Diego Algaba | 20-01-2017 | 18:08| 0

Cuando empecé a trabajar y necesite tener una cuenta bancaria lo hice en Caja Badajoz.

Caja Badajoz sonaba a cercano, a lo nuestro, a las furgonetas de APROSUBA, al local de ASPACEBA,a libros con pintura de Luis de Morales y Eugenio Hermoso.

Ahora se llama Ibercaja. Badajoz desapareció de sus rótulos. Según dicen por una mala operación realizada con Caja Zaragoza. Han jubilado o trasladado a la mayoría de los trabajadores con los que tenía un trato más cercano. Ya nadie me tutea cuando entro en las oficinas; muchas sucursales han cerrando; los cajeros no funcionan los fines de semana, sobre todo el del Juan Sebastián Elcano. Algunos hemos mantenido la cuenta más por inercia que por cariño.(aunque cariño sea una palabra que rechine hablando de bancos).

El día de Nochebuena el cajero se trago mi tarjeta. Estuve llamando incansablemente al teléfono escrito en la pared, un 902 donde me saltaba continuamente un contestador diciendo que en breve me atenderían. La brevedad duro 6 horas. A los dos días tuve que ausentarme de mi trabajo para recuperar la tarjeta. En el banco había un empleado donde antes había dos y una cola que llegaba hasta la puerta. El paso de Caja a Badajoz a Ibercaja ya está casi terminado.

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EL SECRETO DEL AGUA
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Diego Algaba | 17-01-2017 | 22:10| 0

Me encuentro con un día de vacaciones. Aprovecho para hacer unas gestiones en Aqualia. Camino despacio por calles silenciosas después del bullicio de la navidad: puertas grandes, zaguanes con macetas, casas de una planta, balcones con flores, fachada de colores, bares, tiendas. Camino contemplando la belleza del casco antiguo. Bonito para ver, difícil para vivir. Llego a Aqualia. Hay una cola importante, todos están callados mientras esperan su turno, no se oye un solo murmullo, una sola protesta. Yo vengo de otro ambiente más bullicioso. Es acogedora la silenciosa sala de espera de la oficina del agua frente al ruido de los centros sanitarios. Queda lejos aquellos años en los que las cosas médicas eran más respetadas.

Subo a la Plaza Alta. Compro un libro en la churrería de Moreno Zacudo por un euro. Regreso despacio. Hago fotos. En la calle del Obispo entro en la exposición de la sala Vaquero Poblador, no me llama la atención. Entro en la librería de la Diputación, compro un CD de la Kaita y el libro de Tomas Martín Tamayo, me lo dan en una bolsita blanca, coqueta, con asas de cuerda, meto también el comprado en la churrería: Francisco Umbral, Las ninfas, lo tengo, lo he leído, pero lo habré perdido en una de las mudanzas, es una de las desventajas que tiene vivir de alquiler.

Me gusta tener los libros leídos, tarde o temprano vuelvo a ellos. Desde hace años elijo a cuentagotas los nuevos. Me estoy perdiendo a “zafones”, catedrales y santo grial. Dedico mi tiempo a libros conocidos que me hacen sentir, pensar, reír, llorar… esos que sé que no me van a defraudar. El de Martín Tamayo, a pesar de ser nuevo, hay que leerlo. Hasta ahora solo llevo cien páginas pero me ha enganchado El secreto del agua: el maestro Antonio Godoy, su mujer Cristina, a su hijo Blas, al pueblo de Pajar de los Encinares y el cortijo de los Ojeda.

Siempre tengo dos libros encima de la mesa uno en prosa y otro en verso. Al de Tamayo, le acompaña Valente aunque El secreto del agua también es poesía. Ese pueblo de los Encinares ya siempre formará parte de mi como Macondo o Comala.

 

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20 de enero 2017
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Diego Algaba | 14-01-2017 | 22:18| 0

fotografía de Diego Algaba

Algunas veces caigo en la tentación de escribir sobre mi: de lo que me gusta o disgusta, de si estoy contento o triste, de amores correspondidos o contrariados, de tediosas tardes de domingo donde el reloj avanza lento, de analizarme en los textos como si mi vida pudieran atraer a otros más interesantes que yo, escribir como si mis experiencias fueran importantes para los demás.

Podría narrar la belleza del paisaje que encabeza el texto, pero la belleza no es igual para todos. Hay quien no tiene la tranquilidad suficiente para contemplar con ojos sublimes, esos para los que la luz del sol son negros nubarrones a punto de estallar en una tormenta de truenos. Todos esos a los que le faltan lo indispensable para vivir, los que no saben como van a conseguir el pan de mañana. Es fácil escribir sentado en el sillón de un hogar feliz sobre la infelicidad. ¿Qué beneficios obtendrán con esta inútil lectura todos a los que el mañana les crea tanta incertidumbre como al mundo los días posteriores al 20 de enero?, esa fecha fatídica en la que empezará a dirigir el planeta un rico de la construcción, un blanco lechoso llamado Donald Trump. No sabemos con que ojos volveremos a ver los próximos atardeceres.

 

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HACE FRÍO FUERA
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Diego Algaba | 07-01-2017 | 21:57| 0

Un corazón vaga solo entre la gente. Camina sin destino ante la indiferencia de los demás en un desierto gélido de almas donde nadie importa a nadie. Hace tiempo que dejó de tener lunes, martes... vive en días sin nombre. Deambula sin rumbo explorando senderos desconocidos, perdido entre una multitud de personas con bolsas llenas en las manos que se dirigen a sus cálidos hogares. Algunas veces, el líquido tinto del tetrabrik, quita el frío y le hace sentirse dentro del mundo aunque siga siendo invisible para todos.

Oscurece. Cae la noche como una losa. Sentado en el banco de madera observa como se encienden las luces dentro de las casas. Mientras tanto, él, sigue descubriendo bares de vino barato, conociendo corazones tan heridos como el suyo en noches desesperadas de alcohol y silencio, para regresar al vacío helador de una casa de cartón tan frágil y desprotegida como sus pensamientos, cada vez más huecos, cada vez más confusos. Duerme acompañado por el silencio de una radio sin pilas que no habla. Duerme sin un susurro, sin unos brazos que le abracen, sin nadie que le toque, sin caricias en el cuerpo, ni en el alma.  

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JÓVENES
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Diego Algaba | 31-12-2016 | 17:19| 1

Tengo la suerte de haber podido ir a la comida de los compañeros de trabajo porque sé que hay muchos que no tienen compañeros ni trabajo.

Ese día hablé con ella en un escenario distinto del laboral. Es enfermera. Una de esas jóvenes que pertenecen a la generación mejor preparada. María realiza una sustitución por baja maternal, eso quiere decir que en unos meses volverá a las listas del paro. No son los que más valen los que más oportunidades tienen. Si tuviera que utilizar los servicios hospitalarios me gustaría caer en sus manos, toparme con una profesional que sabe lo que hace, que transmite seguridad a pesar de su juventud.

Cuando se quita la bata solo es una chica de 27 años, una joven como todas las de su generación, guapa a rabiar que derrocha entusiasmo y vitalidad. Disfruta de su ciudad, de su trabajo y pelea por seguir trabajando y viviendo aquí. No quiere marcharse al extranjero como muchos de su promoción. Me contó que pertenece a una murga, Las Polichinelas, canta, actúa y colabora en la composición de las letras. Le dije que estaba interesado en conocer los intríngulis de las murgas  para escribir una columna sobre el trabajo realizado antes de salir al escenario. Quería verlas en el tajo, en pantalón vaquero y chándal sin el glamour del López. Así que, engrandecido por el vino, me metí en el papel de columnistas como si fuera uno de los grandes, como un Alonso de la Torre o Antonio Tinoco. María me invitó a uno de los ensayo. Ahora, que ya pasó la euforia etílica, y soy consciente que no juego en la primera división del columnismo, no iré. Que pinto yo con una libreta y un bolígrafo en un ensayo,si no sé que preguntar ni en que tengo que fijarme para escribir un artículo. Sin embargo, María me ha hecho pensar en esos jóvenes que viven con pasión las cosas de su ciudad y que tienen que marcharse dejando familia, amigos y costumbres por falta de oportunidades, ahora que es cuando más falta hacen personas ilusionadas y preparadas para trabajar en nuestros Centros de Salud y Hospitales. Algo por lo que tienen que luchar nuestros gobernantes y toda la sociedad aunque solo sea por egoísmo, ¿Qué haremos cuando solo quedemos los viejos? Ir a buscarlos a Alemania,Suiza, Ámerica…

 

 

 

 

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NAVIDAD
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Diego Algaba | 25-12-2016 | 20:27| 0

La luz vuelve a mis ojos y el sosiego a mi estómago. Se hizo el silencio en la calle. Los petardos dejaron de sonar, el ruido de los coches también, de vez en cuando pasa uno sin aspaviento ni música de reggaeton, solitario, como despistado, sin querer hacer ruido, intentando pasar desapercibido, Se oye su motor como una sinfonía silenciosa para saber que seguimos en el mundo de los vivos después de los excesos de la noche.

Me gusta estar sentado en la paz del brasero mientras en el exterior la noche se espesa, me gusta arroparme con la saya, sentir el calor en las piernas subiendo por el cuerpo hasta provocar un estado letárgico. En esta misma casa y en este salón estuvieron ayer todos a los que quiero, faltaron algunos. Vivir es fácil algunas veces.

Quiero estar en todos las emociones donde tu estés, en todas tus sorpresas. Mi pequeña derrocha ternura y amor. Me gusta ver como juegas con tus primos en esta tarde fría, observar y buscar en tus gestos los gestos de tu madre y en tus palabras mis silencios. Nunca te volveré a ver como hoy, mañana serás otra, más grande,más alta y el uno treinta y cinco pasará a ser uno treinta y seis. Creces mientras los demás permanecemos igual.

Rápidos siguen los días a los días, esto no tienen freno.

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