Hoy

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CUBISMO EN EL MEIAC
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Diego Algaba | 06-07-2016 | 22:06| 0

 Una vez tuve una novia pintora que vivía en Madrid. Todos los fines de semana íbamos a una exposición pero ni por eso eduqué mi ojo. En una ocasión fuimos a un prestigioso premio. Señalé el cuadro que más me gustaba. Era un cuadro que se parecía a la portada de cartón duro de un libro de Kierkegaard y que utilizaba de raqueta para jugar al ping-pong con mi hermano Primitivo. Y es que el arte tiene mucho de magdalena Prousiana, de evocación del pasado, de sentimientos. Ella se fijo en otro que a mi me parecía una mamarrachada. Decía que era el mejor y me dio las razones: trazos, composición,armonía,equilibrio,ritmo y no se cuantas cosas más. A los pocos días, una vez resuelto el concurso, fuimos y el cuadro que ella eligió fue el premiado. Fue cuando me di cuenta de que el arte no respondía a mi simplismo de bonito y feo y si a unas reglas establecidas y desconocidas para mi. La belleza natural frente a la belleza cultural, la belleza cultural no tenía que ser bella

Fui con ella y otros dos Licencidos en Bellas Artes a una exposición de diez cuadros de Rothko. un reconocido pintor americano. Todos los cuadros eran rojos, uno tenía un punto en una parte del cuadro y otro en otra, ellos tardaron en analizar la exposición casi una hora mientras yo termine esperando en el bar.

Aquella relación acabó,como era de esperar, pero me quedó la costumbre de visitar los museos. Hace unos días fui a el MEIAC a la exposición sobre cubismo. No pretendo escribir sobre lo que no sé pero me gustó. le acompaña un video sobre la vida de Juan Gris, siempre pensé que las cifras que se mueven en el arte son un engaño como simbolizó el artista Piero Masori en su obra “mierda de artista” 90 latas con 30 gramos de sus propios excrementos  que vendió al precio que tenía el oro. Hoy multiplica su valor. sin embargo esta exposición del MEIAC me gusta aunque no entienda esa deformación de la realidad, quien sabe, quizás solo sea el recuerdo de aquellos maravillosos años en Madrid.

 

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MIRADAS PERRAS
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Diego Algaba | 11-06-2016 | 06:31| 0

Quizás este no sea el mejor artículo que he escrito, ese siempre esta por llegar,a escribir se aprende escribiendo, pero si es el que muchos me piden por la calle, así que contaré tres historia vividos por mi.

Salí de la cochera y me encontré con un perro haciendo sus necesidades. Esperé a que terminara, no podía pasar, El perro me vigilaba con esos ojos tiernos que ponen los perros cuando se alivian. El dueño huía de mi mirada. Cuando terminó, el joven tiro de la correa sin agacharse a recoger la deposición, se fueron andando a toda pastilla, el perro miró para atrás, el dueño no. La rueda de mi coche pasó por encima de los excrementos, no tenía otra salida, dejé restos por Badajoz como los Toreros Muertos dejaron su agüita amarilla.

Voy por la Avenida Condes de Barcelona. Un joven fuerte y alto cepilla un perro lanudo y grande que tiene subido al banco más próximo a los columpios donde todos los día se sientan niños y padres. No llamo a los Municipales porque no sé si por por esto se llama a los municipales, o porque quizás sigan de de baja laboral, o poniendo multas por exceso de velocidad en la carretera de tres carriles de las Vaguadas.

En el Paseo Condes de Barcelona, que la sabiduría popular terminará bautizando como Avenida de los perros, me cruzo con uno que parece un caballo, Dogo creo que es la raza, camina sin correa delante de su dueño, la presencia y el tamaño del perro causa impacto, pasa rozándome, me mira y miro para otro lado, Si va a morder que muerda sin que yo lo vea. A los dos días, el mismo perro, con el mismo dueño, pasea igual, sin correa. Esta vez voy con una niña pequeña que se asusta. Le digo que el perro hay que llevarlo atado, me pide perdón y sigue andando. A los tres días vuelvo a cruzarme con ellos, el perro suelto, el dueño detrás, me mira lo miro,no le digo nada.

 

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FERIA DEL LIBRO
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Diego Algaba | 28-05-2016 | 07:20| 0

Sentimientos, aventuras, conocimiento, todo escondido entre páginas con olor a tinta fresca recién sacadas de sus cuevas. Libros que salen al encuentro de lectores adictos y lectores nuevos.

Todo empezó un viernes por la tarde con la música y la poesía de Josele. el anterior vocalista del Desván del Duende. Después tomó la palabra Paloma Morcillo dentro de un vestido rojo y una sonrisa nerviosa de anfitriona satisfecha. El Alcalde leyó un texto que llevaba escrito. Eugenio Fuentes habló. lució con la delgadez de los que montan con frecuencia en bicicleta y la sabiduría de los que han cabalgado en más de una ocasión encima del rocín flaco con adarga en mano. Conocí a Agustín Muñoz del que he leído sus tribunas en este periódico, bien escritas y entretenidas en el día que Martín Tamayo le dedicó una columna. Fernando Valbuena: amable, campechano, cariñoso,me dijo con ese acento de vasco pacense que venía del homenaje de Copito celebrado la semana anterior. En la Cope habla de gastronomía, de toros en Onda cero, en este periódico escribe una columna los viernes, otra los domingos, participa en tertulias televisadas, hace presentaciones… Cada media hora se presenta un libro. Escritores sin lectores que igual que los reconocidos también han estado expuestos al relente de la soledad creativa y a horas y días de trabajo aunque no metan cabeza en el laberinto del mercado editorial. Pecellín Lancharro presentó su libro y Francisco Pilo y Plácido Ramirez  que siempre está  presente en todo lo que huele a poesía. Vi a Alfredo Liñan sentado en una banqueta. Lo conocí por su mirada escéptica, irónica y mordaz, como diciendo; chaval si sigues mirando te doy el domingo con el mazo de mi tambor. En la feria están las cosas importantes de la vida: amor, crimen, muerte pasión, risas y llantos, todo con el deseo de expandirse por Badajoz para que luego, en la intimidad, sentado en el sillón de casa, nos hablen al oído o nos griten a la conciencia. Libros prohibidos, lecturas nocturna, poesía, mujeres, hombres y niños muchos niños que miran con asombro a los cuentacuentos y a títeres sin banderas ni símbolos que los niños solo son niños y su patria es la imaginación.

 

 

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HISTORIAS DE SUPERMERCADO
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Diego Algaba | 07-06-2016 | 17:40| 0

Estaba comprando en el Super Sol que ya no se llama así. Cansado de cambios de propietario lo llamo por el nombre con el que lo conocí por primera vez. Recorría los pasillos pensando en un tema para escribir. Me rondaba por la cabeza lo de unas nuevas elecciones. Los líderes nacionales no han llegado a ningún consenso con lo fácil que ha sido para todos los partidos de Badajoz acordar subir el sueldo de sus Concejales. Le daba vueltas a la actualidad cuando de repente las vi en la sección de frutería: guapas, altas, delgadas, las dos tenían el pelo negro y sedoso; cada vez que giraban la cabeza se movían como a cámara lenta como si aquello fuera un anuncio de champú. Dos jóvenes elegantes. Dos diosas que parecían haberse escapado de la pasarela para mezclarse con la cotidianidad del supermercado; dos Venus de la belleza que desprendían sensualidad y deseo con cada paso, con cada movimiento; Dos ángeles caídos del cielo que se movían dentro de los tacones con una naturalidad que parecían una prolongación del pie, como si hubiesen nacido dentro de ellos. Las dos estaban delante de mi en la cola de la caja colocando en la cinta,con la suavidad de sus largos y delgados dedos, yogures light, leche desnatada, cocacola zero… todo era perfecto hasta que una de ellas dijo “Joder tía, hace un calor que te cagas” la otra contestó “es chica”. En un momento se rompió toda la magia. La realidad se impuso a la fantasía. Las diosas se transformaron en terrenales y pensé que la falsedad de la belleza se asemeja a las mentiras de las promesas. Las apariencias engañan, ¿a qué suena bien manos limpias? Las cosas no son lo que parecen, bueno, excepto Rita Barbera que es lo que parece. Obnubilado por los cinco minutos de magia de las modelos perdí el hilo de mis pensamiento. Mis dedos comenzaron a deslizarse sobre el teclado con la dudas de siempre para contar solo cosas que veo y que siento.

 

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EL CUPÓN
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Diego Algaba | 20-04-2016 | 20:56| 0
Ángel

Ángel

La primera vez que compré un cupón de la once me tocó. Era cuadrado, pequeño, con tres números y los tres salieron. Tenía 18 años. Lo compré a medias con mi amigo José el bombero. Cobramos 6.000 pesetas que repartimos entre los dos. Fui corriendo a las Tres Campanas a por un osito de peluche para la chica que me gustaba pensando que con eso la conquistaría. Me dijo que no le gustaban los peluches. Creo que quien no le gustaba era yo. Fue mi primer fracaso amorosos. Tiré a la basura el oso y parte de mi capital, ya que compré el más grande y más caro.

Jorge, Rey Baltasar

Jorge, rey Baltasar

En posteriores conquista aposté por la poesía, que salía más barata y me gustaba más. La que mejor resultado me dio fue el madrigal de Gutiérrez de Cetina, “Ojos claros serenos...” . La poesía sirve para conquistar, para lo inmediato, pero escribir no daba para la continuidad; para vivir, para convidar al cine y cervezas. Ya lo dijeron otros, “escribir es llorar” a no ser que te llames Belén Esteban.

Nunca volví a comprar en las Tres Campanas a pesar de la fascinación que sentía por ese ascensor de madera que crujía como si se fuese a romper, mientras sentía la mirada bonachona de aquel empleado gigante que decían ser el más alto de la ciudad y que alguna vez he vuelto a ver por San Roque. Era tan popular en Badajoz como hoy lo es Jorge, el que hace copias de llaves y echa suelas de zapatos. El rey Baltasar.

Ángel en la Granja del Cruce

Ángel en la Granja del Cruce

Hace unos días coincidí con el ciego que me vendió el cupón en la tienda de la Granja el Cruce de Juan Sebastián Elcano. Se llama Ángel, ya esta jubilado pero todavía recuerda el número premiado. no sé si por una memoria prodigiosa o porque solo dio aquel premio. Tuve un buen comienzo en los juegos de azar, aunque nunca más volvió a tocarme

 

 

 

 

 

 

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SAN ISIDRO
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Diego Algaba | 08-04-2016 | 21:48| 0

 No recuerdo cuantos años hace que lo inauguraron. Yo iba por la novelería de conocer algo diferente en aquellos tiempos en los que me gustaba más descubrir que profundizar en lo conocido.

Diseñaron una pista aprovechado la orografía de la dehesa. Un circuito de cinco Km donde Cada 800 o 900 metros instalaron aparatos para realizar ejercicios. Hace tanto tiempo de aquello que solo recuerdo una cuerda para escalar. Duró poco. Lo que no está vigilado lo rompen o se lo llevan.

Sigo yendo a San Isidro, me gusta correr entre encinas. Nunca había reparado que había un parque para niños hasta que tuve una hija. Hace poco la llevé. Había columpios normales de maderas, no como los de otros parques que parecen diseñados para futuras estrellas del circo del sol.

Cerca de los columpios sonaba bachatas y música de perreo que salían de los altavoces de varios coches, mientras unos colombianos bailaban, asaban panceta y bebían botellas de cocacola de dos litros. Para eso también está el parque, para que los que no tienen parcelina de los domingos.

A los dos o tres semanas volví; las escaleras del tobogán estaban rotas, de los dos columpios solo quedaba uno.

Cerca había dos familias de adultos con adolescentes, de pronto, un joven saca una escopeta de balines apuntando en todas las direcciones ante las risas de los mayores.

Otro adolescente cogió el BMW y empezó a derrapar a toda velocidad mientras los adultos jaleaban su habilidad, realmente era diestro con el volante, esquivó con soltura a dos niños que estuvo a punto de atropellar. Todo terminó bien, sin heridos y con una gran ovación de su familia. San Isidro, un parque público que tiene propietario cada domingo de sol. Impera la ley del más fuerte, del más macarra. La dehesa tiene dueño.

Lo que asusta de las cosas es la cercanía. Impresiona más una escopeta de balines en San Isidro que un kalashnikov en París. Duele más un atentado en Bruselas que otro en Pakistán

 

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BOTELLÓN
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Diego Algaba | 21-03-2016 | 21:38| 6

Antes de llegar al recinto amurallado donde hacían botellón vi a un muchacho de unos 16 años desmadejado en el suelo. Unos metros más adelante dos voluntarios de Cruz Roja llevaban a una niña de 15 años con los pies arrastrando y la mirada perdida. Apoyados en la pared, a la vista de todos,una pareja de adolescentes, que difícilmente se mantenían en pie, se morreaban con pasión. Ella tenía la falda en la cabeza mientras él intentaba desabrocharse los pantalones. Aquel sábado conocí los bajos fondos de la noche adolescente;El submundo de las cloacas juveniles para el que no iba preparado; un universo tan desconocido para muchos padres como para mi. Seguí andando por el interior de ese muladar sórdido, acompañaba a una madre que buscaba a su hija. Nos pararon cuatro mocosas “Cuidado que aquí hay botellón”. Las niñas hacían un círculo protegiendo botellas de whisky, ron, ginebra y vodka. salían a botella por cabeza. Seguimos sorteando cristales y adolescentes borrachos. Mientras más avanzamos más intenso era el hedor, una mezcla de vómitos, alcohol y hachís; la cocaína y las pastillas no huelen. Nunca, y no soy ningún ñoño, había visto un panorama tan desolador: adolescentes borrachos vomitando y tirados por el suelo. Seguramente esos cientos de niños como cubas no tengan padres porque a todos los que he preguntado han respondido que sus hijos van al botellón pero no beben.

Muchos de estos adolescentes se harán alcohólicos viviendo con el hándicap de no poder beber cuando sean adultos por tomar sin conocimiento los fines de semana. En el futuro tendrán que privarse del placer de una charla animada por una copa de vino.

Nos vamos. La madre no ha encontrado a la hija. Le pregunto porque deja que vaya, me responde lo mismo que los demás padres “ todas las amigas y compañeras de clase van. ¿Que hago? No sé que responder, solo estoy seguro de que hay que buscar respuestas.

 

 

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CUENTO INFANTIL
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Diego Algaba | 10-03-2016 | 16:43| 0

Cuando era niño me preguntaba como sería el mañana, como sería ese Badajoz de tierra y barro donde jugaba a ser mayor. Me hubiese gustado mirar por un agujerito y ver el futuro.

Cuando era joven deseaba llegar a esa madurez sobrevalorada por los adultos. La madurez consistia en integrarse en un sistema de rígidas normas sin espacio para la fantasía.

El primer paso de madurez era tener hipoteca: un atentado a la libertad que esclaviza durante treinta años a las personas que pagan casi la mitad del sueldo al banco para poder tener una casa donde vivir.

El modelo de adultos respetados eran aquellos de trajes caros, con el tiempo supimos que eran regalados, y que dedicaban el dinero público a enriquecerse.

La madurez consiste en trabajar durante todo el día, ganar más, tener más, aunque esto impida tener tiempo para jugar con tus hijos.

Para muchos adultos la madurez consiste en repetir con solemnidad las palabras de Ronaldo como propias, y que nos parezca natural los sueldos de los futbolistas mientras hay personas que pasan hambre. La madurez consiste en llamar genio a Messi que sale entre entre aplausos  del juzgado mientras tienen dificultades económicas para desarrollar su trabajo científicos anónimos que luchan para descubrir los secretos del cáncer.

Los adultos observamos sin inmutarnos a políticos que se insultan. Hasta el comedido Vara dijo: “Se piensan que somos gilipollas” y es que si Vara quiere ser un Presidente moderno y respetado tendría que familiarizarse con el lenguaje soez y estudiar videos de Belen Esteban y Kiko Matamoros para que ese “gilipollas” suene con la rotundidad de un político actual.

Algunas veces pienso que todavía soy aquel niño que mira por un agujerito el porvenir y que en cualquier momento volveré a la realidad de mis pantalones cortos, mi balón de curtis y mis libros de Julio Verne, y que Rita Barbera, Putin, Donald Trump,Artur Mas, Otegui,Rato,Urdangarin,Pujol… solo sean personajes sacados de un cuento de ficción y Valencia vuelva a ser la tierra de las flores de la luz y del amor.

 

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LIBROS
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Diego Algaba | 18-02-2016 | 22:16| 0
ÁNGEL GATA fotografiado por Manuel Durán Viondi

ÁNGEL GATA fotografiado por Manuel Durán Viondi, Angel Gata, trabajador de la libreria Universitas murio la noche antes de la publicación de este artículo, sirva como mi pequeño homenaje

Empiezo a pensar este artículo cuando cruzo la puerta de una librería con suelo de mármol y estanterías llenas. Huele a invierno, a chimenea, a libro nuevo, a historias diferentes, a formas de vida, eso es la literatura: vida. Me topo de frente con la sección de libros de autoayuda, como si no fueran todos de autoayuda. Avanzo. Me da el alto Don Quijote con adarga en mano, Marcel Proust busca el tiempo perdido, García Márquez escucha a Florentino Ariza, el Jinete Polaco en Mágina, Umbral en el Gijón, la poesía de Juan Ramón y Fray Luis. Enredado en un laberinto de sombras Kakfa. Al fondo, a oscuras y con telerañas Allan Poe. Vuelvo a la luz de la poesía de los Angeles: Ángel Valente Ángel González y Ángel Espada. Cavafis va a Ítaca. En lo alto veo a Monterroso, hombre de pocas palabras.

Como un hada mágica, casi sin tocar el suelo, se desplaza por la tienda, morena y delgada,no sé su nombre, siempre me atiende Ángel Gata que me dice el precio de “Un árbol solo”, como si tuviera precio Valhondo.

Entre naranjos camino por la Avenida Santa Marina. Encuentro una cueva. Bajo las escaleras. Descubro el tesoro de cientos de libros: VargasLlosa sin novia, a quien le importa su novia, Thomas Mann, Alicie Munro, Dostoyevski…

Entro en el Corte Inglés, paso delante de los libros electrónicos. No me gustan aunque tenga grabados más del doble de títulos que en mi estantería, detesto esa línea en la parte inferior que avanza indicando el tanto por ciento leído, como si participase en una carrera, cuando uno lo que busca en la literatura es parar el tiempo y no velocidad.

No hay nada como acariciar la hoja, oler, subrayar,y charlar de nuevo con Aureliano, Sancho, Ignatius, Platón, Zaratustra… gozar el privilegio de escuchar a los vivos y sobre todos a los muertos.

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BARES
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Diego Algaba | 02-02-2016 | 18:39| 0

“Bares que lugares tan grato para conversar” cantaba Gabinete Caligari mientras bebíamos cerveza acodados en la barra. Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina.

Me gustan los bares de barrio donde los clientes participan de tertulias comunes, porque no siempre las tertulias son en el café Gijón.

Un buen cliente nunca se emborracha. Al bar no se entra para beber sin control si no para relacionarse.

Un día de diario es difícil encontrar en un bar a personas que no superen los 40. Los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en una noche.

Se está perdiendo la costumbre, entre compañeros, de entrar en el bar después del trabajo, donde en el ambiente relajado de la barra se habla sin la tensión de la faena pudiendo limarse las susceptibilidades que hayan surgido. Los grupos de “wuasa”, sin verse las caras y protegidos con la pantalla del móvil desde el sillón de casa, no son lo mismo.

Bares nocturnos donde la música y el gin-tonic hace ver la sonrisa donde no hay sonrisa y la belleza donde no hay belleza. La belleza se esconde debajo de la piel. Embellece más a una persona la palabra,que ninguna cirugía estética.

Me gustan los bares con olor a bar,a pestorejo, vino, conversación y máquinas tragaperras.

Bares familiares con olor a puchero y ambiente hogareño donde los clientes se sienten como en su casa, algunos hasta mejor.

El secreto de los bares esta en el aperitivo. No entro en los que ponen patatas fritas congeladas.

Aunque no fumo ni he fumado algunas veces echo de menos ceniceros llenos y botellas vacías; tardes de humo y charlas sin horas; de cuatrola y dominó; de risas y lágrimas. Porque La poesía no solo se descubre sentado en el sillón de casa leyendo a la luz de un flexo.

Como dice Gabinete “No hay nada como el calor del amor en un bar”

 

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