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agua

HORTELANA GENEROSA
Diego Algaba Mansilla 30-07-2014 | 7:28 | 2

Es cocinera, modista, madre, esposa pero yo la conozco por ser hortelana. Hace milagros con semillas, agua y cariño, mucho cariño. Quita la hierba, prepara la tierra, siembra y riega hasta que nacen calabacines que saben a calabacines, judías verdes, tomates…todo brota con la nostalgia de sabores antiguos. Tiene gallinas, sus huevos hacen tortillas de un amarillo desconocido para los que compramos en los supermercados. Se llama María y con frecuencia me regala alguno de los productos de su huerto. Dice que lo que da la tierra es un regalo de la tierra y hay que compartirlo con la gente que se quiere. Su calendario no está marcado con días de vacaciones, es un calendario sin fiestas porque en el campo todos los días son una fiesta. Su tiempo es distintos al nuestro.

Ellas se guía por la siega la siembra y la recolección que vienen marcados por el sol y la luna, por las lluvias y las heladas. Cuando está en Badajoz piensa en volver a su parcela para oír crecer la hierba, mirar las estrellas,respirar el aire limpio del campo y sentir como el viento mece las hojas de árboles, en esos momentos se olvida de coches, bocinas, ruidos, humos y las prisa de la ciudad. Su vida es la naturaleza. Hace tiempo que dejó de irritarse porque los mandatarios se salten las incompatibilidades, porque no pague los préstamos, porque el mundo lo dirijan quienes lo dirigen, quizás, por eso, ama el campo. Se siente afortunada por poder hacer lo que quiere y para eso no necesita mucho.
Dice que es vegetariana y siempre tiene una sonrisa para ofrecerte,como un rayo de sol permanente. Tiene la calma de la naturaleza, la paciencia de la que se sienta a ver como crece una sandía igual que una futura madre mira como va creciendo su barriga. En su huerta nada se repite, cada día el sol es nuevo,cada mañana es única y la vive como si fuera la primera. La sandía crece enredada en la mata salpicadas de manchas diferentes hoy que ayer. Sentada a la sobra de la higuera oye como cantan los pájaros y ve como baja el agua por el arroyo con su hilo de vida que hace crecer las raíces de los árboles y las suyas que la unen cada vez a la tierra.

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FÁTIMA GALLARDO LA MIREIA PACENSE
Diego Algaba Mansilla 03-02-2014 | 8:54 | 0

Jugaba a fútbol. Decían que era bueno pero lo dejó cuando llego ella. Unos años de noviazgo termino en boda. Luego vinieron los hijos: primero la niña, luego el niño. La mayor descubrió la piscina muy pronto. Le gustaba el agua. Empezó a nadar, era un juego del que no se cansaba nunca. En el agua destacaba sobre los demás. Siguió nadando. Llegaron las competiciones. Lo ganaba todo.

Fue creciendo, nadando, estudiando y nadando, jugando y nadando. Siempre quedaba la primera en el agua y lo que se veía venir llegó, aunque no quería alejarse de sus padres ni sus padres de ella, los entrenadores la convencieron para que fuera al centro de alto rendimiento de Cáceres. Y allí, Fátima, sigue nadando y estudiando. A sus 16 años, esta adolescente pacense se codea con las mejores. Este año ha compartido pódium con Milena Costa, ha nadado junto a Mirella Belmonte. Lolo Unión,ese incombustible señor del atletismo, escribió una carta al director dedicada a ella.

peluqueria de internet

foto sacada de internet

Yo solo la conozco de fotos, de los recortes de prensa que tiene su madre pinchados en el corcho de su peluquería donde voy una vez al mes a pelarme.
Cuando estoy sentado en el sillón de peluquero. Maria José, su madre, entre orgullosa y asustada,me cuenta las hazañas de la hija. La madre quiere que Fátima sea feliz y sabe que para ser feliz tiene que seguir siendo normal. Es más difícil ser normal para alguien que lleva una vida tan poco convencional. A la madre le gusta que su hija sea una campeona pero de lo que se siente orgullosa es de que saca buenas notas, de que las medallas no se le hayan subido a la cabeza, de que sigue siendo esa niña sencilla y alegre que no da importancia a lo que hace, que nadar, a pesar de los sacrificios y madrugones, le divierte y lo haga con naturalidad, que siga siendo un juego. Me dice su madre que lo que peor lleva Fátima es cuando la llaman de la televisión, de la radio o del periódico para entrevistarla.
En la calle Estadium, frente al colegio Virgen de Botoa, hay un pequeño local que siempre ha sido peluquería de caballeros y donde empecé a cortarme el pelo desde que tenía una abundante melena hasta hoy que apenas tengo . Pepe se llamaba el primer propietario, cuando se jubilo, se hizo cargo de la peluquería Maria Jose,la madre de Fátima. Hace unos años, era extraño ver a una mujer en una peluquería de caballero,pero se hizo un hueco entre los hombres y muchos de los clientes antiguos seguimos yendo. Ella le dio el toque femenino al local, fue quitando el olor a Varon Dandy, a los cuadros de rostros masculinos con muestras de peinados los cambio por recortes de periódico donde sale su hija. La peluquería es un rincón entrañable como aquellas barberías cinematográficas que tanto seducían a Garcí y donde se hablaba de boxeo. En esta, respiramos la serenidad azul del agua y celebramos las victorias de Fátima como nuestras. aunque para su madre y su padre su mayor triunfo es que es una niña estudiosa, buena y cariñosa, una niña sencilla y normal.

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VOLVER AL PUEBLO
Diego Algaba Mansilla 28-09-2012 | 9:24 | 4

PUEBLOA muchos, que somos de ciudad, nos gustaría ser de pueblo para poder reencontrarnos con nuestro pasado, con nuestra familia en navidad, con nuestros Santos en Semana Santa y con nuestros amigos en la feria de verano. Los que tienen pueblo les gusta volver al lugar donde nacieron para recordar, cada cierto tiempo, cuales fueron sus orígenes,como llegaron a ser lo que son, de donde vienen, las dificultades y alegrías pasadas. Muchos que son de pueblo, no acaban de acostumbrarse a las prisas, a los ruido de coches, al humo de la ciudad y están deseando que lleguen las vacaciones para poder respirar y volver a reencontrase con la niñez, con amigos, con algún amor que se perdió por el afán de superación, por el sueño de conquistar la capital, por no pasar las calamidades de los padres, todo el día en el campo, a la intemperie, con calor en verano y frío en invierno. Los que son de pueblo pasaron de los pantalones cortos, de pisar charcos, cazar pájaros con tirador y andar entre los surcos, al asfalto, al piso con ascensor,a semáforos en rojo. A los que son de pueblo les gusta volver al campo, a la tierra, a coger un tomate de la mata con sabor a tomate, oír el sonido de los pájaros, ver los nidos, sentir como crece la hierba, volver a la fuente de donde bebían agua fresca que saciaba la sed como nunca después fue saciada. A los que son de pueblo les gusta reencontrase con los suyos, saltar hacía atrás en el tiempo, volver a recobrar el lenguaje de entonces: el “chacho” y el “me he jundio” hablar como hablaban utilizando el lenguaje del lugar, retomando los años donde no eran el Dr. Gutierrez en el hospital Marañon, el famoso licenciado Martín de Barcelona o el empresario de la fábrica de mármoles en Sevilla y volver a ser el hijo de vinagre, el escarranchao o el Ternera y beber vino en vaso chico y barras altas. Un retroceso en el tiempo para no olvidar nunca quienes son y quienes fueron.

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