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bar la parada

LA ESQUINA DEL BAR
Diego Algaba 20-11-2017 | 9:59 | 1

20171120_203658-2La esquina del bar es como un útero materno, como un líquido amniótico de cerveza fría y café caliente que nos protege en esos días en los que la soledad aprieta. La esquina del bar nos abraza cuando no tenemos a nadie a quien abrazar. La esquina del bar es el refugio de solitarios, observadores, tertulianos… Una esquina dotada con el don de parar relojes y esquivar navidades.

En el bar el Paso, detrás de los Maristas, todas las mañanas nos disputamos la esquina tres clientes en esa primera hora del café de salida, de la primera vuelta al periódico antes de entrar a trabajar.

20171120_203638-2El bar Leñador está en la Banasta, junto al ventanal que da a la calle hay un rincón por el que entra una luz generosa para leer el periódico acompañado con un vino de Esparragosa y aperitivos de cuchara.

El bar la Parada tiene una esquina junto a la ventana donde puedes leer el periódico de espalda al salón sin la distracción del resto de clientes. se puede poner a tñu lado algún conductor de autobús o Andrés, un señor mayor de agradable conversación.

En los pasajes de Zafer está el Emigrante ahora conocido como bar de Nino, este bar tiene una solicitada esquina los días de Fútbol donde casi siempre está Monchi. Este era el bar del llorado Angel de Universitas. El corcho del tablón de anuncio lo preside una foto suya con un poema. Todo lo que pueda escribir de Angelito ya lo ha hecho antes mejor que yo Alvarez Buiza.

En San Roque está el bar Calle Trece que tiene unas vistas excepcionales a la Plaza de la Iglesia de la Concepción desde donde sale la procesión de la borriquita y del silencio. Una esquina donde puedes disfrutar con los colores de los árboles en otoño y la fachada de la Iglesia mientras tomas una cerveza con un generoso aperitivo.

En la esquina del bar el Cortijo del Corazón de Jesús puedes encontrar los domingos, desayunando migas, cachuela o zurrapa a hombres del campo, cazadores,funcionarios de prisiones, columnistas del HOY, mujeres de presos de ETA hablando en eusquera,ese lenguaje de difícil fonética un lenguaje duro, de piedra.

dsc03748-2Mi esquina es la del bar que hay debajo de mi piso, una esquina que es la prolongación de mi salón donde voy con la misma naturalidad que a mi cocina. Entro después de tirar la basura con ropa de estar en casa. Esa esquina es mi esquina. mi útero materno donde la banqueta de madera es el más cómodo de los sillones, siento ese rincón tan mío como lo siente Romy,su propietaria.

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BADAJOZ DESAYUNA EN LA CALLE
Diego Algaba Mansilla 15-05-2015 | 9:56 | 1

Bar el Cortijo

Igual que los trabajadores de las grandes ciudades suelen tomar el menú del día en bares cercanos a sus trabajos, en Badajoz se desayuna en la calle. Yo voy a el bar la Parada que esta en la Estación de Autobuses. Manolo, cuando me ve entrar, pide al cocinero una catalana con jamón. Los que vamos a esa hora, sobre las once, nos conocemos: el fontanero, la portuguesa, Andrés,el señor que me pide el periódico para ver los resultados de la la loto… Todos los días tengo media hora para disfrutar de esos placeres sencillos que tanto me gustan: un café con leche, media tostada y el periódico.

iglesia del Corazón de Jesús

Iglesia del Corazón de Jesús

Los sábado y domingos voy a otros lugares, con menos prisas y más pausa. Entre los que repito esta el bar El Cortijo en el Corazón de Jesús. Siempre que voy llevo el periódico, porque al entrar, lo primero que se ve es un letrero donde dice que el que tenga el periódico más de un cuarto de hora tendrá que leerlo en voz alta para que se enteren todos los clientes, excepto si traes el tuyo. Este mismo texto lo he visto en otros bares, pero el del Corazón de Jesús fue el primero en ponerlo. El periódico se ha convertido en una ofertas imprescindible a la hora del desayuno. En todos los bares puedes encontrar el HOY y algún periódico deportivo.

En el Corazón de Jesús se respira la misma calma que en el campo que le rodea, se da esa otra forma de medir el tiempo, sin medirlo, sin reloj, dejándose llevar por la luna y el sol sin temor al imparable tic tac, un lugar donde nadie tiene prisa. Los que frecuentan el bar del Cortijo suelen ser vecinos que viven en las parcelas cercanas; también clientes y trabajadores de muebles Refolio; personas que van o viene de Olivenza; algunas veces entran los que van a visitar a sus familiares a la cárcel, y las novias o mujeres de los que ese día les toca el bis a bis arreglada de peluquería y bien perfumadas.

Hay otros lugares, otros bares :Villafranco, la Estación, San Roque, Valdepasillas, Pardaleras;muchos locales que dan desayunos; unos especializado en churros, otros en migas; existen distintos precios, distintos ambientes una variedad amplia que se necesitaría de varías Plazas Altas para poder escribir de todos. Badajoz desayuna en Los bares

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PLACERES SENCILLOS
Diego Algaba Mansilla 21-04-2014 | 8:30 | 0

Bar la Parada

Bar la Parada

Desde hace unos años Badajoz es una ciudad que desayuna fuera de casa. Hay desayunos muy variados a buen precio. Además,todas las cafeterías ofrecen a sus clientes la posibilidad de ver el periódico. La prensa circula por la barra de un extremo a otro sin descanso.

Yo, desde hace algún tiempo, voy al bar La Parada que esta situada a la entrada de la estación de autobuses y donde muchos clientes se sientan a esperar su hora de salida. Me pongo siempre en el mismo rincón con el periódico. Aunque luego, por la tarde, lo leo mas despacio en casa, lo compro. No me gusta sentir la presión de unos ojos clavados en mi nuca esperando a que termine, tampoco me gusta verlo en la pantalla del ordenador, quiero sentir su tacto su olor y y el sonido del paso de las páginas.

En todos los periódicos del bar la parada esta mi huella dactilar,excepto aquel día, lo tenía un señor que lo miraba con ojos de sueño, con pinta de no enterarse de lo que leía. Enmascaraba entre las páginas una timidez que desaparecería en cuanto volviese a su ambiente,con los suyos, cuando no oliera tan fuerte a colonia, ni estuviera tan bien peinado y se quitara el pantalón de tergal. Quizás pensaba en lo que le había dicho el médico o el hombre de la gestoría, en ese momento el periódico le servía de refugio para evitar estar solo en un bar en y una ciudad desconocida, pasaba las páginas mojando los dedos con la lentitud de los que viven en pueblos chicos, esos que todavía pueden jugar una partida de cartas durante horas sin tener mala conciencia, sin pensar en que deberían estar haciendo otra cosa, como si el tiempo no pasase, como si fuese siempre el mismo, sin pensar que la vida es corta para hacer todo lo que queda por hacer. A veces,los de ciudad, estamos tan metidos en nuestros proyectos de futuro que no nos damos cuenta que el mejor futuro consiste en vivir el presente. Vamos por el mundo con prisas, sin vivir los momentos, comiéndonos la vida sin saborearla. Quizás ya nos han acostumbrando a que sea más importante el dinero que la persona, abarcar mucho y vivir poco. Nos estamos olvidando de disfrutar de los placeres sencillos, como tomar un café con calma y tener un periódico entre las manos.

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BAR LA PARADA EN ESTACIÓN DE AUTOBUSES
Diego Algaba Mansilla 07-01-2014 | 8:27 | 0

Los lectores que todavía me siguen, a pesar de mis errores,  saben que el desayuno es una de mis placeres favoritos. También saben que cerraron el  Galeón por falta de clientes pero todavía no saben que después de recorrer  las cafeterías que hay alrededor del Centro de Salud donde trabajo buscando un bar para desayunar he elegido  el de la parada.

La parada esta situada en la estación de autobuses y me ofrece: proximidad a mi trabajo, catalana con jamón  y un rincón donde poder  leer el periódico. Me gusta sentir el tacto de la actualidad aunque la actualidad no me guste.

En el bar la parada hay clientes habituales pero la mayoría son los que esperan el autobús para que les lleve a su pueblo  después de pasar por la consulta del especialista. Viajeros que se sientan con los pies destrozado  después de entrar de tienda en tienda o de oficina en oficina tropezando con la antipática burocracia. Los clientes que aguardan el autobús se sientan con la calma de la espera. si cogen el periódico, se que no lo veré, porque esperar ralentiza  los movimientos. Los viajeros se recrean  alternando la lectura de todas las páginas con eléctricas miradas a la televisión  cada vez que oyen el nombre de Asunta,
María del Mar,la camarera, es de Villa del Rey siempre lleva algo rojo en su atuendo, sabe que le sienta bien a su expresiva cara,  sirve  café  cantando,  algunas veces, cuando hay poco público,se pone en el rincón conmigo y me cuenta cosas. Dice que es la asociación de mujeres rurales. “Tú que escribes en el periódico podías hablar de nosotras”, “de que hacemos encaje de bolillos, senderismo, cursos de portugués”… le digo,que en el periódico,  solo escribo de Badajoz.
Manuel es el dueño,un autónomo que ahora le dicen emprendedor, un tío joven con voz recia,y acento de pueblo. “Tu no eres de aquí” le pregunte el primer día, no soy de don Benito. Lely es la hermana, la otra propietaria, muy guapa, unos metros mas allá, en la calle Vicente Delgado Algaba, su novio regenta un gimnasio, con una espalda y unos brazos endurecidos por las mancuernas,al que llama “cari” aunque no le pegue ningún diminutivo.

Cuando termino el café voy a comprar el cupón a la estación de autobuses y me adentro en ese mundo sórdido donde dicen que se practica la prostitución en los urinarios, un mundo misterioso donde la gente mira de reojo pensando  en el deseo que esconde cada mirada intentando descubrir quien es o no del oficio, Desde que entro por la puerta hasta que llego al quiosco de los cupones, camino con paso enérgico sintiendo que estoy metido en los bajos fondos de la homosexualidad, en el meollo de la prostitución más sucia y que en cualquier momento alguien me tocara la espalda, un policía, o un chapero, y me dirá “usted que busca por aquí”.Así que cruzo hacia el quiosco de la once como si estuviera atravesando el Bronx entre  sexo con olor a orina.y braguetas fáciles de bajar a pesar de que solo me he encontrado viajeros que vuelven o vienen del pueblo o jubilados que solo pretenden refugiarse de la intemperie del parque y a los que todos, la historia maldita de la estación, les da  aspecto de sospechoso.

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