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ARSENIO CAMPOS, EL ESCRITOR BORRACHO (3ª ENTREGA)
Diego Algaba 21-05-2017 | 6:08 | 0

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Era un bar en el que no había entrado nunca.

Olía a tabaco a pesar de que una ley no permitía fumar desde hacía años. Me gustaba ese olorcillo de lo prohibido. El bar tenía una barra en forma de L y la esquina estaba ocupada. En la televisión ponían una película de boxeo con la voz apagada. Por los altavoces se oía a todo volumen música de salsa. Muchas botellas, casi todas vacías, estaban colocadas en repisas de madera. Se notaba que era un lugar donde se bebía, y eso me gustaba. No quería que me miraran raro, ni como un tipo sospechoso igual que pasaba en los bares pijos del centro cuando llenará la copa una y otra vez… Detrás de la barra había una camarera con un vestido negro de gran escote, era brasileña. Junto a mi, un hombre alto, con cara triangular, grandes orejas, ojos pequeñitos y mirada huidiza, tomaba un combinado de color naranja. Como sería el interior de un tipo grandón que bebía una bebida anaranjada, de qué podría hablar conmigo. Solo con la composición tan desigual entre alguien alto agarrando con la mano un vaso de tubo de color naranja echaba para atrás, decía muy poco de él. Poca y vacía conversación se le podría sacar, ni siquiera en la lucidez de la borrachera. Parecía fuerte y débil, seguro y timorato,alguien vulgar que se creería interesante como todos los vulgares. Yo, esa noche, quería hablar y no importaba con quién, incluso alguien así podría valer, aunque no pudiera llegar a algo más lejos que el próximo partido de fútbol, daba igual, para comerme el tarro ya tenía bastante con mi propia cabeza. El tipo bebía con la boca muy abierta, a grandes tragos, era serio, pero me miró con una sonrisa de dientes diminutos, como si se los hubiese limados, me señaló con el vaso el escote de la camarera, era mi oportunidad. “Está buena” dije, arrimando mi banqueta a la suya. Mientras daba un trago a mi whiski. “Has visto hoy el Madrid” la cara se le iluminó, había dado en la diana, ya podíamos ser amigos de una noche, de unas horas. El escote de la camarera y el Madrid nos había unido para siempre en aquella noche negra y solitaria. Allí nos quedamos durante horas bebiendo. No recuerdo bien de que habló. Sé que se había peleado con su pareja y por eso estaba allí, Decía que no acostumbraba a salir, que estaba enamorado de su mujer. En definitiva. un “pringao” que le dio llorona, así que le dije que fuéramos a otro bar. Una discoteca que no cerraban en toda la noche y donde había mujeres.

Creo que se llamaba Juan, aunque para mi siempre será el triangular, con aquella cara de insecto palo y cuello largo y delgado. Se le marcaban las mejillas, parecían las quijadas de un burro. Sería albañil o cualquier oficio en el que se utilizara la fuerza, las manos las tenía encallecida, como para acariciar a alguien, no me extraña que su mujer le hubiese dado puerta. Quizás fuese la naturaleza la que le dotó de esos brazos fibrosos, parecía un ciclista después de haber terminado un tour.

Lo que pasó luego es algo que nunca podría haber imaginado.

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BARES
Diego Algaba 02-02-2016 | 7:24 | 0

“Bares que lugares tan grato para conversar” cantaba Gabinete Caligari mientras bebíamos cerveza acodados en la barra. Eran otros tiempos. Hace unos días nos juntamos. Ya no somos los mismos: Uno da un trago para pasar la pastilla de la tensión, otro bebe sin alcohol, todos tenemos un sobre de Almax y endulzamos con sacarina.

Me gustan los bares de barrio donde los clientes participan de tertulias comunes, porque no siempre las tertulias son en el café Gijón.

Un buen cliente nunca se emborracha. Al bar no se entra para beber sin control si no para relacionarse.

Un día de diario es difícil encontrar en un bar a personas que no superen los 40. Los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en una noche.

Se está perdiendo la costumbre, entre compañeros, de entrar en el bar después del trabajo, donde en el ambiente relajado de la barra se habla sin la tensión de la faena pudiendo limarse las susceptibilidades que hayan surgido. Los grupos de “wuasa”, sin verse las caras y protegidos con la pantalla del móvil desde el sillón de casa, no son lo mismo.

Bares nocturnos donde la música y el gin-tonic hace ver la sonrisa donde no hay sonrisa y la belleza donde no hay belleza. La belleza se esconde debajo de la piel. Embellece más a una persona la palabra,que ninguna cirugía estética.

Me gustan los bares con olor a bar,a pestorejo, vino, conversación y máquinas tragaperras.

Bares familiares con olor a puchero y ambiente hogareño donde los clientes se sienten como en su casa, algunos hasta mejor.

El secreto de los bares esta en el aperitivo. No entro en los que ponen patatas fritas congeladas.

Aunque no fumo ni he fumado algunas veces echo de menos ceniceros llenos y botellas vacías; tardes de humo y charlas sin horas; de cuatrola y dominó; de risas y lágrimas. Porque La poesía no solo se descubre sentado en el sillón de casa leyendo a la luz de un flexo.

Como dice Gabinete “No hay nada como el calor del amor en un bar”

 

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LA FIESTA DE LA DOPAMINA
Diego Algaba 24-11-2015 | 10:23 | 0

Cuatro tardes a la semana cruzaba Badajoz con una bolsa de deporte camino del campo de la Federación para entrenar con el Flechas Negras. Los bares estaban llenos de hombres fumando y tomando vino. Las mujeres hacían la cena en casa. Nadie iba en chándal por la calle y a los pocos que corrían en pantalón corto se le etiquetaba de raros o locos. Hace tantos años de aquello, que el 20N era un día más. Hoy, cualquier tarde de diario, los bares están casi vacíos, ya nadie fuma dentro, excepto en algunos. La calle se ha transformado en una fiesta de colores alegres y centelleantes; pantalones cortos, mallas ajustadas, camisetas reflectantes; personas andando, corriendo, en patines y bicicletas; Hombres, mujeres, mayores y jóvenes. El paisaje urbano ha cambiado transformado aquellos colores tristes de hombres vestidos de gris que consumían sus horas de ocio y de vida en el interior de un vaso, aumentando en las estadísticas el número de viudas.

Ahora, desde hace algunos años, en Badajoz tenemos el polideportivo de La Granadilla siempre lleno de deportistas: los que corren por el camino de tierra, los que lo hacen por la hierba, los del rugby que mueven sus más de cien quilos por el césped como elefantes en estampida, los del fútbol que están en todas partes, los nuevos y los de siempre: Manolo Unión, Tina María Ramos, Antonio Villar, Juan José Nuñez…

Los corredores populares corren por el placer de correr. Gozan cada kilómetro sin tener la necesidad de llegar primero, de competir. Es la fórmula para disfrutar las carreras, también de la vida. Los hay de todos tipo: Solitarios que corren sin estar pendiente de otros. los que se dejan llevar por el grupo, los que se aíslan con auriculares, los que van escuchando los sonidos del campo, de su corazón, de sus pensamientos

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