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La Estación

POR EL CAMINO DE LA HONESTIDAD
Diego Algaba 30-10-2015 | 10:32 | 0

Me acuerdo muchas veces de él. De sus pocas palabras pero certeras. De su mirada serena y bondadosa. Un espejo donde mirarme. Recuerdo cuando se jubiló. Creo que fue el inventor del senderismo urbano. Salía todas las mañana a andar por la ciudad a paso ligero, como decía él. Se le quedó grabada esa expresión después de hacer tres años de mili. Estuvo en la guerra. Pasó hambre, pero nunca le oí quejarse, ni darse golpes de pecho. Nació en un pueblo (Valle de la Serena).Vivió en el campo hasta que se traslado a Badajoz para que todos sus hijos estudiasen. Siempre se adaptó a la circunstancia sin rechistar. Cuando se jubiló te lo podías encontrar andando por San Roque, por la Estación… todos los días salía y siempre terminaba sentado en el banco de San Francisco, su banco.

Ya no fumaba, dejó un día sin más. “Voy a deja de fumar”, y dejó sin programas de desintoxicación, sin terapia de grupo, sin pastillas, a pelo, como hacían las cosas los hombre de entonces. Guardó el paquete de celtas y nunca más volvió a cogerlo. Bebía vino, como todos los hombres de su generación. Nunca lo vi borracho. Hoy me he acordado de él cuando he visto escrito a pluma en la portada de una carpeta con letras clara y serena: “papeles de Diego”. Mi padre, al contrario que yo, era muy ordenado con sus cosas y la de los demás. Siempre lo tenía todo guardaba en aquellas carpetas rojas que se cerraban con una goma.

Fuera ha empezado a llover. Hace frío. Una tarde de otoño para estar en una chimenea con un libro y la mujer amada, también para escribir, para escribir un artículo sobre la actualidad: Cataluña, la fecha para la aprobación de los presupuestos extremeños, las elecciones nacionales. Una tarde para opinar sobre las noticias que salen en el telediario. Telediario que él siempre veía y al que llamaba parte. Pero Hoy, viendo las noticias, me acuerdo de él. Un hombre cabal, sensato, un hombre bueno que hace que sea más difícil para mi escribir sobres lo que veo y leo: Acorex, Caja Rural,mordidas del 3%, Artur Mas, hoy pienso más en ese otro camino por el que anduvo y me enseño a andar, el camino de la sencillez y la honestidad.

 

 

Diego Algaba Mansilla

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TOMÁS Y EL GALEÓN
Diego Algaba Mansilla 30-10-2013 | 8:33 | 4

El Galeón, el bar donde he desayunado estos últimos años, cerró como consecuencia de esta situación que esta dejando a tanta gente en el camino. Lo peor de su cierre, para mi, es que ya no veo a Tomás. A Tomás lo conocí a esa hora temprana en la que la dura la realidad comienza a anular los sueños. Intensos instantes que duran lo que tarda en enfriarse un café hirviendo. Tendría más de 70 años. Cuando llegaba al bar se sentaba junto a mi. Echaba en la taza un poco de gasolina,coñac; Yo, le cedía el periódico; Él, se ajustaba las gafas; comprobaba el cupón. A continuación, comentaba, en voz alta, la noticia que le causaba mas impacto. Tenía una habilidad especial para sacar entre las páginas del HOY lo más destacado del día.Después del café, se colocaba el sombrero y salía del bar para recorrer durante toda la mañana las calles pacenses, sin rumbo. Un día iba a San Francisco, otro a la Estación, a San Roque… El único objetivo que tenía era rebajar el número de asteriscos de su analítica. Se aficiono al senderismo urbano desde que el médico de cabecera le recomendó que anduviese una hora diaria. Le gustaba observar la ciudad. Hacía el trayecto de un tirón, sin volver a repostar gasolina hasta el día siguiente.

Ya no veo a Tomás. Cuando cierran un bar algo de uno se va, a veces se pierde el contacto para siempre con personas a las que has cogido cariño, notas en la piel su ausencia, la falta de esos momentos, de esas pequeñas cosas que son las que nos hacen sentir vivos. De Tomas conocía su rutina como su propia familia. Ahora,los clientes del Galeón, andamos desperdigados, como pollos sin cabeza,los bares no solo son de los dueños también son nuestros.
Busco en otros locales el calor que me daba la esquina del Galeón, esa entrañabilidad perdida,la confianza, la seguridad de lo conocido. En otras barras me siento extraño, como si no perteneciera a ellas. No acabo de encontrar mi sitio. No encuentro el rincón desde donde desperezarme del sueño de la noche y empezar a mirar el mundo y donde aprender de gente como Tomas. Tomás pertenece a ese grupo invisible de personas mayores que entre ironías y bromas dicen sentencias que no hay que dejar escapar para que la vida sea más tuya, más llevadera. Conociendo las cosas es como se manejan. pero igual que los amores,las cosas, no hay que forzarlas, llegan solas, que si no luego pasa lo que pasa. mientras llega mi bar me conformo con una diferente cada día. Maldita crisis.

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BICICLETAS DE ALQUILER
Diego Algaba Mansilla 26-03-2013 | 8:17 | 2

En las oficinas de turismos del pasaje de San Juan de Badajoz hay colas y no porque haya aumentado el número de turista si no porque es el lugar elegido para darse de alta en el nuevo sistema de alquiler de bicicleta. Las bici son las mismas que cuando se puso en marcha este servicio por primera vez aunque el sistema de prestamos haya cambiado. Ya no hay que enviar un mensaje de móvil, ahora se utiliza una tarjeta de lectura con un pin para elegir bicicleta. Eso cuando las hay, porque escasean. Esta nueva etapa de alquiler de bicicletas esta teniendo más éxito que la anterior quizás sea porque ha aumentado el número de bases. Las bases son los aparcamientos de las bicis que están repartidas por los distintos barrios de la ciudad, antes no había en San Roque, ni en la Estación, ni en las Vaguadas, ni siquiera en la Plaza de España, también, el éxito, puede radicar en que sea gratis hasta abril. Se acabo el tiempo que lo gratis no se utilizaba; estaba mal visto, pero en estos tiempos de crisis, lo barato, esta recobrando la importancia que absurdos prejuicios rechazaba.
Puedes coger una bicicleta, por ejemplo,en Sinforiano Madroñero en una de esas deliciosas mañanas de domingo libre de coches y humo y donde el paisaje parece salido de los precisos pinceles de Antonio López. Se puede ir a la Granadilla, cruzar los puentes, pedalear por el carril bici, llegar hasta la antigua frontera de Caya para reponer fuerzas en el kiosco portugués con una bifana y una Sagres fría y volver recreándote en el paisaje de ese mastodóntico centro comercial cerrado en domingo o mirar a través de los cristales de la antigua Coca-cola, ahora parada, y donde antes se desplazaban por sus cintas con un orden marcial botellas llenas con la formula del secreto mejor guardado del mundo.
Es fácil usar la bici en un ciudad como la nuestra donde tenemos buena temperatura y pocas cuestas. una ciudad con bonito caminos a las orillas de los rios Rivilla y Calamón donde han diseñado un hermoso paseo para desplazarse en bici desde Ciudad Jardin a San Roque. Badajoz debería estar rodeada de carril bici igual que Sevilla, Barcelona o San Sebastián porque cada vez hay más pacenses que la utilizan, tanto la individual, como con porta-niños para pasear o para llevarlos a la escuela y así poder evitar la vorágine de los atascos y de las dobles y triples filas en las puertas de los colegios.
Existe un movimiento llamado Masa Crítica que reivindica el uso de este medio y que una vez al mes salen por la ciudad con sus bicis , timbres y eslogan “es más barato, no contamina y no gasta gasolina”

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LA ESQUINA
Diego Algaba Mansilla 21-09-2012 | 7:49 | 0

Calle Menacho de Badajoz.

Calle Menacho de Badajoz.

Desde esta esquina veo la calle de la derecha y de la izquierda. Veo los árboles y el asfalto, veo los contenedores, la acera, la hierba, las paredes blanqueadas y las desconchadas. Veo Badajoz y Elvasel Faro, la calle Menacho, que ahora está desierta. La plaza Alta, San Francisco, San Roque y la Estación.

No hay nada como una esquina para los que nos gusta mirar. Celestino va por una calle, y por otra,  Celdrán. Rajoy camina dando tumbos, por mitad del asfalto, arrasando con lo más frágil, como un Atila de barba recortada. Como a él le gusta.

Veo el campo, las casas bajas, y los edificio altos. Desde esta esquina veo pasar septiembre y cómo llega octubre, y cómo caen las hojas. Veo a los niños que nacen y los ancianos que mueren, a mujeres guapas,  a hombres de gimnasios y universitarios en bici.

Desde esta esquina veo pasar la vida, y a Pedro y a Juan y a Elena, desde aquí, desde de esta esquina, veo la montaña y el mar. Y el desempleo y la tristeza y la esperanza, veo al borracho y al deportista.

A Proust, a Leon Felipe, a Serrat y a Sabina.  Por una calle van los Chunguitos con el Porras, por la otra la Orquesta de Extremadura.

Esta es mi esquina donde me paro, me siento y miro, para una vez en semana, en esta blog, poderlo contar.

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