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plaza Alta

BADAJOZ
Diego Algaba 17-12-2016 | 11:09 | 0

Te miro desde arriba. Desde la muralla de tu castillo y me gustas, y no me gustas, y a veces te quiero y otras no. Subido en estas piedras te observo y tú me ignoras. Soy para ti una pieza perdida de un puzzle que se desencaja cada mañana. A veces no quiero verte, otras no soy capaz de dejar de mirarte. Son esos días en los que te pones guapa y pareces una mujer recién salida de la ducha oliendo a espuma. Entonces es cuando salgo y recorro tus calles. Las miro como si fuera la primera vez que las veo, tan distintas como ayer, tan iguales como siempre y te recorro eufórico, y me lleno de holas y adioses y apretones de manos y miradas curiosas. Cada día soy distinto , igual que tú, que tu sol, que la luz que ilumina tus rincones, portales y balcones llenos de geranios.

Aprendí a quererte en la distancia, cuando estaba por otros mundo, y en otras cosas.

Hoy te veo bonita, otras veces siento la desolación de tus mediodías de agosto. Hoy te siento como esos momentos buenos de atardeceres naranjas vistos desde el puente viejo, o desde aquí, o esos días que te escondes en el misterio de tus nieblas invernales.

Detrás de mi, una pareja de jóvenes se besan con pasión al volver del laberinto de la noche, una noche deformada por el humo de las luces centelleantes y el ruido que dejan las palabras en el aire perdidas en la desmemoria de vasos vacíos.

Estoy delante del Convento San José, a lo lejos se levanta majestuosa la Catedral, a la derecha el río pasa por debajo del puente viejo.

Me quedo mirando a un pájaro que vuela buscando el calor del sur entre los tejados más altos.

Escucho silbar al viento ahora que cesó el ruido de la noche, ese ruido que para algunos es un susurro de sirenas. Todos hemos sido jóvenes, hasta yo que nací siendo viejo.

Se apagaron los cantes flamencos que salen de las entrañas empujados por la fuerza del vino.

Me quedo con el silencio de la mañana, con este olor a limpio de domingo, y miro, protegido por las capas del tiempo, el amanecer que da brillo a tus edificios.

Respiro hondo y me siento como si el sol saliera desde dentro de mi e iluminara mi interior a la vez que da luz a las paredes del convento.

Y te miro desde arriba y me envuelves en tus sabanas silenciosas de domingo para quererte otra vez y volar por encima de tus tejados rojos.

Hoy te quiero, aunque no sé hasta cuando.

 

 

 

 

 

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PASEO POR EL CENTRO DE BADAJOZ
Diego Algaba 01-10-2015 | 10:45 | 1

Para curarme de tanto deporte, de tanta Granadilla, de horas de lecturas, de vacaciones en septiembre, de Artur Mas, del Facebook. Para curarme de mi mismo, o con el pretexto de escribir esta Plaza Alta voy al centro de Badajoz, al meollo del bollo, donde se cuecen las cosas, donde va la gente guapa. Voy sin prisa, a mirar, a recrearme para luego escribir.

En San Francisco hay poca gente. Un kiosco esta vacío,el otro también. Voy a la calle Menacho. Tiendas, mucha tiendas: ropa, zapatos,muebles, perfumes,agencias de viajes,telefonía, hasta una cafetería y la farmacia de Ramirez del Molino. Muchas chicas monas, todas van solas y en zapatillas para no quedarse atrapadas con los tacones en los huecos de las baldosas. Zara ya no hace esquina pero sigue haciendo caja donde estaba el cine Menacho. En la puerta, un joven de poco más de 20 años, toca la guitarra con la funda en el suelo: vacía, sin euros, malos tiempo para el ronck and roll. La calle Menacho huele a perfume de hombre a la caza de una ganga, a colonia de baño femenino, a la ropa de Intimissimi; sabe a dulces con café,a músicos callejeros, a gente pidiendo tabaco. Las cajas de muchas tiendas las oscurece la alargada sombra del Faro. Frente a las descalza hay un bar donde la caña vale a 0,40. En la calle del Obispo veo a gente que sube la cuesta vestida para una boda, pasan de largo por la Catedral donde entran turistas en pantalón corto y cámara de fotos. Las bodas se celebran en el Ayuntamiento. 

Quizás, así sea luego más fácil pedir la vez en las concurridas colas de los martes en el juzgado, ese mercadillo del desamor del que viven muchos abogados. Encontré, cuando estaba viendo los libros que venden a un euro en la churrería de la calle Moreno Zancudo, a Carlos Rivero que hace fotos para colgarlas en facebook. Vi a Germán López Iglesias y a Paloma Morcillo, concejala de cultura. Los dos muy trajeados. Todas las cosas importantes de la ciudad se cuecen en el centro con porte elegante, aunque para ello tengan que pedir autorización cada cuatro años a través del voto manchado de barro en el Cerro de Reyes, San Fernando, el Gurugu..

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UN DÍA DE VACACIONES
Diego Algaba Mansilla 08-01-2015 | 10:31 | 1

Soy un privilegiado. Tengo la suerte de trabajar. Elegí un oficio en el que era más importante para mi las tardes libres que el sueldo, aunque tengo que reconocer, que ahora, después de tanto abaratar y ningunear mi trabajo, me preocupa el salario.
Estas navidad disfrute de un día de vacaciones. Era martes. Fui a tiendas de ropa a las que nunca voy. Me agobia las aglomeraciones. Le tengo tirria al espejo del probador, a hacer colas con un pantalón en la mano y una camisa en la otra. Cuando salí de la tienda cogí el coche para vagabundear por la ciudad, una ciudad tranquila y desconocida para mi en una mañana de diario. Me metí en el polígono del Nevero buscando la gasolinera,que según dicen, es más barata. Siempre me pierdo en ese paisaje hostil de naves gigantes y calles sin nombres que me produce tristeza, una urbanización pensada en lo práctico sin ningún interés por lo estético. En mi deambular comprobé que Talleres Remedios se había convertido en Grúas Guerrero, que algunas naves de chinos habían cerrado,vi el parque de bomberos, el punto limpio, la I.T.V. busqué las Bodegas Maset, Pasé por el almacén de la Granja el Cruce, el del SES, Cristalería Lomas, Verdi, Muebles Saito, Habitacle,llegué al tanatorio,vi el letrero de Leroy Merlín, entre por primera vez en el gigante del bricolaje, vi taladradoras. Podía haber comprado una como la de mi vecino, esa que usa los domingos cuando estoy en casa. Había una sección de hachas y sierras tan bonitas y bien colocadas que entraban ganas de coger una para ir al bosque a cortar troncos como un aizcolari,vi tornillos, tuercas, puntas, arandelas… siempre me ha fascinado esa selva metálica tan bien colocada en las estanterías. Recorrí el edificio,quería comprar todas las herramientas,pero no sabía como se utilizaba ninguna. siempre he sentido envidia por los manitas que saben arreglar todas las averías caseras. Me traje unas perchas para colgar camisas y unas pinzas de tender la ropa, era lo único que sabía como utilizar. Cogí el coche, fui a Decathlon, chicas y chicos jóvenes me sonreían , me daban los buenos días, no creo que fuera por mi aspecto de atleta. Luego fui al mercadillo de los martes pero esto merece un artículo para él solo y termine mi mañana de vacaciones con una caña escribiendo esta Plaza Alta en la Plaza Alta.

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SIN RUMBO
Diego Algaba Mansilla 07-03-2014 | 8:38 | 0

Salgo de casa, sin rumbo, con las manos en los bolsillos y los bolsillos vacíos. Hoy no llueve. El sol amenaza con estropear un día melancólico de brasero y poesía. Camino por una Avenida de Huelva impregnada del dulzor de Ansorena y de la monótona melodía del hombre del acordeón. Una Avenida que Garcia Salas,en esta misma sección, soñó sin coches. Paso por la Delegación del Gobierno, ese edificio que sirve de muro de lamentaciones a manifestantes sin respuestas. Llego a correos. Paso delante de los buzones con el rótulo casi borrado de: Badajoz, Provincia, resto de España, Internacional. En resto España se echaban, sin dudar, las cartas que iban a Cataluña. Buzones que ya no recogen correspondencia escritas a mano donde se podía descubrir más secretos en el trazo que en el texto.”Espero que a la llegada de esta estés bien yo bien gracias a Dios”. Me siento en el banco de piedra de San Francisco que cuenta la historia de Pizarro,siempre regreso a los mismo lugares, no todos los extremeños somos aventureros. Sigo sin rumbo. Me encuentro con Julio o quizás es su hermano, el que caminaba por el filo de la navaja decidió dar un salto al lado bueno aunque no estoy seguro que ese sea el bueno,recuerdo nuestras largas conversaciones, ya no habla como antes, solo lee el marca y se le nota mucho.
Sigo andando, me encuentro con Carmen un amor no correspondido que me duro toda la vida, como la literatura.
Sigo, me cruzo con gente desconocida que caminan despacio con la cara monótona de la derrota,de la resignación. Me encuentro a los que hacen fotos para facebok, los que montan en bicicleta por las aceras, los que fuman andando,los que madrugan, los que compran en el Corte Ingles, los que no compran en ningún sitio, veo a uno que no lleva móvil,los que no entran en los bares pero se asoman, a dos que se dan un abrazo varonil como los de un cantao y su guitarrista. veo cara de hombres buenos sin futuro, de canallas forrados, una chica con minifalda tira continuamente de la tela, pero la tela no da más de si. En la sala Vaquero Poblador se ven cuadros colgados que la gente mira desde la calle como antes miraban las pajaritas de papel que hacía aquel hombre orondo sentado junto a la ventana,cuando la sala era el casino. ya no hay palomas blancas, ni siquiera de papel, se las llevo el euro. sigo caminado hacia esta Plaza Alta los chinos han montado una frutería en el establecimiento de fotos. Ahí esta la catedral que merece un articulo para ella sola. La Ria ya no es la Ria se ha convertido en los 100 montaditos, donde estará ahora Angel de España aquel camarero que quiso ser artista y que cantaba en las verbenas de las ferias por Marife de Triana.Me cruzo con los que llevan traje con naturalidad,con los que piden, con los que no piden por vergüenza. como si fueran ellos los que tienen que tener verguenza. Me cruzo con la única desconocida con la que baile una vez una canción lenta en la boite Zurbarán, ni me mira. Compro por un euro el cuaderno gris de Josep Pla en la churrería de Moreno Zancudo. Termino en la Plaza Alta. Me encuentro con Porrina, dice “creía que no ibas a llegar nunca”,emocionado con la última llegada de Paco de Lucía no sabe que a mi me queda mucho para llegar, voy, lento, sin prisa.

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MAYO, MES DE PALOMOS Y LIBROS
Diego Algaba Mansilla 22-05-2013 | 9:15 | 0

Que bonito esta Badajoz cuando empieza a lucir el sol y los árboles se visten con el verde nuevo de la temporada primavera/verano. La gente sale en desbandada de su cuevas de invierno como animalillos ávido de sol. Un día se celebra la fiesta de los Palomos que en realidad es la fiesta de la Fundación Triangulo, de Celdrán, de Wyoming, que actuó el día antes en el Mercantil aprovechando el tirón.
Los palomos me cogieron sentado en un banco de San Francisco, de pronto, el parque se convirtió en una pasarela improvisada de juventud, la juventud es más bella que la sabia arruga. Vi el desfile de moda urbana con destino a la Plaza Alta,vi: escotes, biceps, ombligos,pantalones caídos, short, camisetas ajustadas y sueltas, pendientes, anillos, piercing, brazos masculinos tatuados con nombres de otros hombres, banderas arco-iris. Chicas adolescentes buscaban el equilibrio dentro de unos tacones. Equilibrio que perderán cuando beban todo el arsenal de alcohol que llevan en bolsas de plástico. Jóvenes y menos jóvenes se amontona entre las flamencas paredes de la Plaza Alta al ritmo que marca Bebe. mientras ellos y ellas beben, beben y vuelve a beber haciendo un alto, de vez en cuando, para orinar donde se pueda.
En Badajoz el sol saca a la gente de sus casas.
A la semana siguiente de los palomos se celebra la feria de libro. San Francisco se llena de otro tipo de público, aunque algunos coinciden, aquellos que acuden a todas las convocatorias sea una opera o lanzamiento de huesos de aceituna. Veo a algunos de los que escriben en esta sección, a periodistas de radio, también veo a Miguel Murillo, el columnistas de los martes, que sale un rato, por la mañana, de la terraza del López para presentar su libro infantil “el niño que quería ser rascacielos” y se sube a recibir a la Yerbabuena por la noche.la feria le pilla a Don Miguel cerca,el ingenio también. Veo al cronista de Badajoz, Alberto Gonzalez, de barba recortada, fumando en pipa, sentado en un banco de hierro viendo el trasiego de personal. Javier Feijóo el poeta de la voz rota, el que hace poemas en castuo, ojea un catálogo de poesía. Veo a el vocalista del Desván del Duende, Jose Manauel Diez, con su premiado libro de poesía “Baile de máscara” debajo del brazo. San Francisdo se llena de gente y vendrán otros en los siguientes días, todos acudimos al olor adictivo de la tinta nueva rebajada al 10% y al final del recorrido muchos sucumbimos, a ese otro aroma más mundano de calamares fritos y cerveza fresca. Que sería de la literatura sin sus dosis de alcohol.

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