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VECINOS
Diego Algaba 22-01-2017 | 12:23 | 0

Estás cerca. A mi lado. Casi puedo tocarte si estiro los brazos. Sin embargo, estás lejos. Eres tan igual y tan distinta a mi que me provocas dudas y ganas de seguir conociéndote. Quizás por eso también te quiero. Cada vez que me acerco te siento como un olor a guiso que se cuece en la lumbre a fuego lento. Hueles a madera en invierno, a la paz que da un libro viejo cien veces leído, mil veces descubierto como si fuera nuevo. No existen veranos ostentosos  todo es normal y  asequible en ti. Nunca tienes prisa y cuando te veo siempre te encuentro esperando aunque sé que nunca me esperas. Muchas veces te ignoro y otras te amo y siempre me recibes bien a pesar de mis injustificadas ausencias. Te conocí mucho antes de conocerte y te soñaba tal y como eras. Con esa serenidad, con esa naturalidad que da la sencillez, con esa falta de prisas, da igual que llegue la noche y luego de nuevo el día acompañado de tu conversación musical.

Antes no te veía porque los muros eran altos y yo bajo. Las puertas eran de difícil acceso. Me intimidaban los guardias que había entre tú y yo. Me vigilaban cada vez que entraba en ti. Sentía sus miradas de sospecha en mis ojos. ¿Que pensaban? ¿Qué tú y yo no eramos la misma cosa? El tiempo ha pasado y ya no me basta con mirar desde lejos, ahora quiero verte, tocarte, sentirte cerca y dentro de mi, conocer tus debilidades, tus sentimientos. Hueles a café solo, a cilantro, a fachadas pintadas de azul, a domingo en sábado.

Dicen que una raya imaginaria nos separa como si alguien pudiera separarnos.

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UNA HORA MENOS
Diego Algaba 15-10-2016 | 10:47 | 0

Mañanas portuguesas con sabor a cilantro, a garbanzos con presta, a guarnición de arroz cocido y patatas con piel.

Domingos portugueses de lentitud donde una hora menos parece un siglo menos.

Portugal de fachadas azules, de ventanas cerradas. de puertas abiertas,de amabilidad permanente,de hablar sereno, de gorras con viseras y mercadillos con pescado. Un país donde la altanería desciende a ras del suelo.

Un alentejo sin raya donde los pacenses nunca se sienten forasteros,

Pueblos silenciosos donde el reloj de la Iglesia se paró para siempre en las 10,50. No sé el motivo. No indagaré en acontecimientos pasados, ni leeré su historia. No escribiré las cientos de metáforas que me vienen a la cabeza de amores contrariados, de vida detenida, de episodios luctuosos. Las cosas son más sencillas, estamos en Portugal. Probablemente un día dejó de funcionar el reloj de la iglesia y nunca nadie se ocupó en arreglarlo en un pueblo donde desconocen las prisas y la gente se guía por la luna y el sol.

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VIAJE EN AUTOBÚS
Diego Algaba 22-08-2016 | 5:46 | 0

Intentando averiguar donde iban tantas personas de madrugada los domingos con utensilios playeros en una ciudad que solo tiene un río plagado de nenúfares, descubrí los viajes a la playa de un día en autobús, y me apunté.

Faltaban 10 minutos para las 8 de la mañana. Estaban todos los viajeros preparados en el lugar acordado armados con sillas, sombrillas y nevera para luchar contra el calor y la arena. El conductor abrió la puerta, colocamos las armas en el maletero vestidos como un ejercito desigual camuflado con chanclas, toallas, zapatillas, bañadores de colores: amarillos, celestes, naranjas,… Me senté junto a la ventanilla. Hacía tiempo que no me montaba en un autobús. La última vez que lo hice tenían un cartel donde se leía zona para fumadores y no fumadores.

Una suave y educada voz femenina nos daba la bienvenida por los altavoces anunciando que en dos horas llegaríamos a la playa de Meco en Portugal. Según la guía y organizadora del viaje, una playa aislada donde se perdían artistas y bohemios para abstraerse del mundo. Sería en ese tiempo libre que les queda mientras se dan premios entre ellos para quejarse de la falta de trabajo.

Quería hacer el viaje de los que no tienen tiempo o dinero para irse de vacaciones y he descubierto una opción para fines de semana de calor insoportable. Pasé un domingo sin fútbol, rebozado en arena junto a otros cuerpos pringosos de protección 50. Cuerpos brillantes por el sudor recorrían la orilla a toda velocidad, estilo Rajoy, hundiéndose en una suave y tibia arena. Cuerpos deformados por excesos juntos a hermosos cuerpos modelados con sudor. Cuando el mar empezaba a adquirir tonalidades plata y el sol provocaba a las cámaras de fotos para que salieran de su letargo llegó el momento de la retirada. Sombrillas recogidas, sillas plegadas,arena incrustada y otra vez camino del autobús para ver anochecer entre el murmullo de excursionistas enrojecidos por el sol. Hasta el próximo domingo.

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FADO EN EL BAR NOVO
Diego Algaba 16-07-2016 | 12:52 | 0

Fotografía de Miguel Cacho

Fotografía de Miguel Cacho

El sábado 8 de julio se cocía Badajoz a 42 grado. El asfalto era chicle derretido. No había nadie por la calle. En un acto de valentía e insensatez, retando a este calor que condiciona la vida y horarios de los pacenses, decidí ir a Portugal para estrenar las ruedas nuevas del coche. Por la mañana me las cambiaron en un taller de antes: mecánicos manchados de grasa, almanaque de pared con los meses sin actualizar, seguramente la chica morena de junio les gustaba más que la rubia de julio. Un joven con tatuajes de colores, pendiente de aro y coleta pide las ruedas a la fábrica por wasap. Me pide una señal, 20 euros, que anota en una libreta de alambres pequeñita. Le pido un recibo. Dice que no es necesario, que con él no hay “poblema”. No se fía de mi solicitándome una señal y yo de él si. Debe ser que las barbas, cuando se trata de ser honrado, generan más sospechas que las coletas.

En el restaurante no hay Españoles y pocos Portugueses. Le pido la cuenta y nos traen un beirao dice que no hay prisa y comienza a hablar con nosotros el camarero: 31 años, Teniente de Alcalde del pueblo, representante de vinos, socialista como su padre. Le pregunto por su ambiciones políticas. Dice que no tiene, que no cobra nada, que su mayor recompensa es poder ayudar a la gente de su pueblo. Al final terminaron todos sentados en nuestra mesa. El camarero político; el dueño del restaurante que cuenta sus años de forcado y de empresario de una cuadrilla de calzadiña y una cocinera gruesa con el mandil puesto. Somos los únicos que quedamos en el bar-restaurante. Supongo que estas cosas son las que les pasa a Alonso de la Torre cuando va de aventura gastronómica por los pueblos portugueses. Joao, trae otro beirao. El tiempo se detiene con la pausa que le dan los portugueses al hablar con la musicalidad nostálgica del fado  dulcificando un  ambiente de charla pausada y serena. Fuera el asfalto sigue cociéndose en un chup chup de fuego lento y constante.

 

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ALONSO DE LA TORRE
Diego Algaba Mansilla 04-03-2015 | 9:27 | 0

Alonso de la Torre publica seis días a la semana y el séptimo descansa. Tanto son los temas que ha tratado que me ha pisado alguno. Dos son los que más me han afectado: uno el de funcionarios que trabajan enfermos, ya lo tenía escrito. Me sigue indignado esa ley que descuentan la paga durante las bajas laborales.
La mayoría de funcionarios son auxiliares administrativos, bedeles, celadores… personas que no tiene grandes sueldos y que están metidos en un engranaje circular diseñada para que paguen lo que reciben. El funcionario divide la nómina en varias partes: hipoteca a 30 años, colegios, coche, Mercadona, Carrefur, Faro. Si enferma, por ejemplo, una gripe, la baja laboral le supone dejar de pagar alguna de estas partidas porque descuentan una cantidad importante.
El primero que coge la gripe, en lugar de quedarse en casa como manda el protocolo médico, va a la oficina y contagia a los demás. También puede que usted vaya a hacer cualquier gestión y salga con un trancazo. La imagen de muchas administraciones, en esta pasada epidemia, ha sido la del trabajador tosiendo, moqueando o con el desmadejamiento que provoca la fiebre.
Supongo que el fin de descontar sueldo en las incapacidades temporales es el de cazar a los profesionales de las baja. Yo, en mi vida laboral, he conocido a dos, son fáciles de detectar. Con el actual sistema estos individuos también buscan las vueltas para conseguir bajas sin que les descuenten, o bien simulan accidentes laborales u otros trapicheos legales que conocen al dedillo mientras que los perjudicados siguen siendo el 98% de funcionarios honrados. Recuerdo a un maestro que cuando no sabía quien había tirado la piedra castigaba a toda la clase sin buscar al culpable.
El otro artículo ha sido sobre un restaurante portugués que frecuentaba. Una tasquita típica próxima a Badajoz desconocida por la mayoría de pacenses. Era raro encontrar en su austero comedor a españoles. pero desde que lo ha sacado en el periódico Alonso de la Torre, hay cola de hasta treinta personas para entrar. Un sitio que ha perdido el encanto del silencio portugués convirtiéndose en otro Cristo de colas interminables.
Recuerdo que yo escribí en varias ocasiones del Galeón, una tasquita al lado de mi Centro de Salud donde iba a desayunar pero no por eso aumento la clientela, al contrario, cerró por falta de negocio. Así que aquellos que me dicen: tu que escribes en el periódico podías hablar de…les recomiendo que se lo cuenten a Alonso de la Torre si quieren que tenga repercusión.

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